• Manifiesto escrito a las pocas horas del golpe militar del 10 de marzo de 1952
¡Revolución no, zarpazo! Patriotas no, liberticidas,
usurpadores, retrógrados, aventureros sedientos de oro y poder.

No había orden, pero era el pueblo a quien le correspondía
decidir democráticamente, civilizadamente y escoger sus gobernantes por voluntad
y no por la fuerza.
Correría el dinero en favor del candidato impuesto, nadie
lo niega, pero ello no alteraría el resultado como no lo alteró el derroche del
Tesoro Público en favor del candidato impuesto por Batista en 1944.
Se sufría el desgobierno, pero se sufría desde hace años
esperando la oportunidad constitucional de conjurar el mal, y usted, Batista,
que huyó cobardemente cuatro años y politiqueó inútilmente otros tres, se
aparece ahora con su tardío, perturbador y venenoso remedio, haciendo trizas la
Constitución cuando solo faltaban dos meses para llegar a la meta por la vía
adecuada.
Todo lo alegado por usted es mentira, cínica
justificación, disimulo de lo que es vanidad y no decoro patrio, ambición y no
ideal, apetito y no grandeza ciudadana.
Bien estaba echar abajo un gobierno de malversadores y
asesinos, y eso intentábamos por la vía cívica con el respaldo de la opinión
pública y la ayuda de la masa del pueblo. ¿Qué derecho tienen, en cambio, a
sustituirlo en nombre de las bayonetas los que ayer robaron y mataron sin
medida? No es la paz, es la semilla del odio lo que así se siembra. No es
felicidad, es luto y tristeza lo que siente la nación frente al trágico panorama
que se vislumbra. Nada hay tan amargo en el mundo como el espectáculo de un
pueblo que se acuesta libre y se despierta esclavo.
Otra vez las botas; otra vez Columbia dictando leyes,
quitando y poniendo ministros; otra vez los tanques rugiendo amenazadores sobre
nuestras calles; otra vez la fuerza bruta imperando sobre la razón
humana.
Nos estábamos acostumbrando a vivir dentro de la
Constitución, doce años llevábamos sin grandes tropiezos a pesar de los errores
y desvaríos. Los estados superiores de convivencia cívica no se alcanzan sino a
través de largos esfuerzos. Usted, Batista, acaba de echar por tierra en unas
horas esa noble ilusión del pueblo de Cuba.
No llame revolución a ese ultraje, a ese golpe perturbador
e inoportuno, a esa puñalada trapera que acaba de clavar en la espalda de la
República. Trujillo ha sido el primero en reconocer su gobierno, él sabe quiénes
son sus amigos en la camarilla de tiranos que azotan la América, ello dice mejor
que nada el carácter reaccionario, militarista y criminal de su zarpazo. Nadie
cree ni remotamente en el éxito gubernamental de su vieja y podrida camarilla,
es demasiada la sed de poder, es muy escaso el freno cuando no hay más
Constitución ni más ley que la voluntad del tirano y sus secuaces.
Sé de antemano que su garantía a la vida será la tortura y
el palmacristi. Los suyos matarán aunque usted no quiera, y usted consentirá
tranquilamente porque a ellos se debe por completo. Los déspotas son amos de los
pueblos que oprimen, y esclavos de la fuerza en que sustentan la opresión. A su
favor lloverá ahora propaganda mentirosa y demagógica en todos los voceros, por
las buenas o por las malas, y sobre sus opositores lloverán viles calumnias; así
lo hizo Prío también y de nada le valió en el ánimo del pueblo. Pero la verdad
que alumbre los destinos de Cuba y guíe los pasos de nuestro pueblo en esta hora
difícil, esa verdad que ustedes no permitirán decir, la sabrá todo el mundo,
correrá subterránea de boca en boca en cada hombre y mujer, aunque nadie lo diga
en público ni la escriba en la prensa, y todos la creerán y la semilla de la
rebeldía heroica se irá sembrando en todos los corazones; es la brújula que hay
en cada conciencia.
No sé cuál será el placer vesánico de los opresores en el
látigo que dejan caer como caínes sobre la espalda humana, pero sí sé que hay
una felicidad infinita en combatirlos, en levantar la mano fuerte y decir: ¡No
quiero ser esclavo!
Cubanos: Hay tirano otra vez, pero habrá otra vez Mellas,
Trejos y Guiteras. Hay opresión en la Patria, pero habrá algún día otra vez
libertad.
Yo invito a los cubanos de valor, a los bravos militantes
del Partido glorioso de Chibás; la hora es de sacrificio y de lucha, si se
pierde la vida nada se pierde, "vivir en cadenas, es vivir en oprobio y afrenta
sumidos. Morir por la patria es vivir".