Banderas
Sandra Russo Hace muy poco, cuando se cumplieron diez años del estallido del 2001, volvió con fuerza una imagen que el tiempo había esfumado: fue en esos días de quiebre institucional y de indignación que volvieron a aparecer en las calles, en manos anónimas, las banderas argentinas. Después de la década de la entrega y la fragmentación, después de la tierra arrasada en la que la democracia no había podido darse a sí misma una versión aceptable, cuando todo voló por los aires, reapareció la bandera y también el himno, que se cantaba en las puertas de los bancos. Recuerdo a un hombre mayor, en una localidad bonaerense, alzando su voz sobre las demás, que eran todas insultos y gritos, entonando tembloroso “Oíd, mortales...”, y rompiendo en llanto cuando se le unieron las otras voces. El diario mexicano La Jornada publicó al día siguiente una crónica con la foto del anciano abrazado a los demás que cantaban el himno. El título era “No llores por mí, Argentina”. Los símbolos pat...