México: El costo de un fraude electoral
Enrique Calderon Alzati La Jornada S e trata de una pregunta interesante, aunque su repuesta resulta deprimente. En esto contamos con experiencias recientes: podríamos hablar del cometido por Carlos Salinas y su equipo de colaboradores (por no decir cómplices), pero prefiero usar el caso más reciente, el de Felipe Calderón, porque se trata de algo tan fresco que aún lo estamos viviendo. En este caso, los costos de la comisión del fraude mismo fueron relativamente pequeños, porque en su logro no se utilizaron ni la compra masiva de votos ni fueron dispendios tan groseros, aunque tampoco despreciables. Los verdaderos costos vinieron después, y tuvieron que ser pagados con recursos de la nación, pero también con sangre –y mucha– del pueblo mexicano. Las razones para ello fueron varias, pero todas se resumen en un par de ideas: la primera fue la necesidad de que el nuevo presidente y su equipo de gobierno pagasen los servicios que hicieron posible su acceso al poder, lo que implicó...