Por Gabriel García Márquez para El País (España) Publicado el 29 de septiembre de 1982 Lo más increíble de todo es que Menájem Beguin sea premio Nobel de la Paz. Pero lo es sin remedio -aunque ahora cueste trabajo creerlo- desde que le fue concedido en 1978, al mismo tiempo que a Anuar el Sadat , entonces presidente de Egipto, por haber suscrito un acuerdo de paz separada en Camp David . Aquella determinación espectacular le costó a Sadat el repudio inmediato de la comunidad árabe, y más tarde le costó la vida. A Beguin, en cambio, le ha permitido la ejecución metódica de un proyecto estratégico que aún no ha culminado. Pero que hace pocos días propició la masacre bárbara de más de un millar de refugiados palestinos en un campamento de Beirut. Si existiera el Premio Nobel de la Muerte, este año lo tendrían asegurado sin rivales el mismo Menájem Beguin y su asesino profesional Ariel Sharon . En efecto, vistos ahora, los acuerdos de Camp David no tendrían para Beguin otra ...