El negociado Sofina-CHADE

Por Roberto Muñoz
publicado el 15 de septiembre de 2006

Edificio de la CHADE en Balcarce 184
El mayor escándalo que soportó el Concejo Deliberante porteño en su azarosa existencia, fue cuando una mayoría, previo cobro de coimas, votó en 1936 dos ordenanzas que prorrogaban hasta el año 2000 la concesión de electricidad de la británica CHADE, no obstante que recién iban a vencer en 1957.

Aquel fraude contó con el respaldo de una mayoría de ediles radicales “alvearistas” y conservadores, con la oposición de los socialistas. Gobernaba la Argentina el fraudulento Agustín Pedro Justo, cuyo ministro de Guerra era Basilio Pertiné, familiar de Fernando de la Rúa.


Eran los tiempos de la mentada "Década infame", cuando “todo era extranjero”, al decir de Raúl Scalabrini Ortiz. Por entonces, el senador demo-progresista Lisandro De la Torre era baleado en el recinto del Senado por haber denunciado los negociados de las carnes en los frigoríficos ingleses.

Un tiempo en el que la dependencia de los capitales británicos era tan grande que la Argentina tuvo que aceptar el Pacto Roca-Runciman, el cual imponía la creación de un Banco Central manejado por financistas extranjeros y comerciantes testaferros. Gran Bretaña manejaba la moneda y el crédito nacional.

Por entonces, la CHADE (Compañía Hispano Americana de Electricidad) era filial de SOFINA, trust internacional con sede en Bruselas, del cual dependían otras empresas de servicios públicos de la Argentina. Sus directores representaban capitales británicos. 

Esta empresa desde 1907, y la CIADE (Compañía Italo Argentina de Electricidad) desde 1912, gozaban de la concesión para el suministro de electricidad a la ciudad de Buenos Aires. Ambas habían sido concedidas por medio siglo.

Pero la impunidad en el despojo del patrimonio nacional que campeaba en aquellos años, animó a esos monopolios a “ir por más” . Juzgaron que era el momento propicio para prorrogar la vida de sus privilegiados negocios. Entonces, mediante el pago de suculentas coimas, veinte años antes de que vencieran los contratos, las dos empresas lograron que le extendieran el dominio del sistema eléctrico porteño hasta 2000.

La maniobra, sin embargo, necesitaba ser disimulada, escondida. De allí que no fue nada casual que se esperara hasta la noche del 23 de diciembre, para votar las ordenanzas 8028 y 8029, que habían promovido hombres del radicalismo.

Además, las autoridades de la CADE y la CIADE habían firmado que al vencer las concesiones, sus propiedades pasarían a manos de la Municipalidad porteña, sin indemnización alguna.

En realidad, no regalaban nada. Porque en las tarifas que cobraban a los usuarios, se había cargado un porcentaje para amortizar el costo de todas esas instalaciones e inmuebles.

Los concejales, no obstante, incluyeron en unas de las cláusulas de la prórroga que "la Municipalidad comprará las Empresas a un precio a convenir". Eran más papistas que el Papa.

Claro que las denuncias sobre esas graves irregularidades, fueron tantas que obligaron a que en 1941 el gobierno nacional ordenara la disolución del Concejo Deliberante porteño.

Pero en realidad, el escándalo recién salió a la luz con el gobierno de los militares que el 4 de junio de 1943 había puesto fin a aquella Década Infame, al derrocar al conservador Ramón Castillo.

Los papeles sobre la mesa los puso la Comisión Investigadora que presidía el coronel Matías Rodríguez Conde, cuando documentó que aquel proyecto de prorrogar las concesiones había sido redactado en las oficinas de la CHADE.

Esa comisión había sido designada por el gobierno que encabezaban el general Edelmiro Farrell y el entonces coronel Juan Perón.

Sofina y el dominio Británico

En aquel año 1936, el comienzo de la Guerra Civil española, había obligado a SOFINA a trasladar la sede de la CHADE, desde Madrid a Buenos Aires. Sus directivos justificaron la mudanza aduciendo que la autoridad argentina obligaba a la “nacionalización jurídica” de la empresa.

Por esa razón, también, la CHADE cambió su nombre por CADE (Compañía Argentina de Electricidad). Y como la transferencia obligaba a la Compañía a pagar un impuesto de sellos, el Congreso Nacional la exceptuó expresamente. El fraude era completo.

SOFINA tenía además otras subsidiarias de servicios públicos en la Argentina: Compañía Primitiva de Gas, Compañía de Gas de La Plata, Compañía Exploradora de Gas de Bernal, Compañía Americana de Inmuebles y Créditos, Sociedad de Electricidad de Rosario, Compañía General de Tranvías (incluía la Compañía de Tranvías Anglo, Compañía de Tranvías Limitada y CATITA).

Frondizi repudia a los concejales

Por "apresuramiento injustificado", la Convención radical porteña a instancia de Arturo Frondizi, condenó a los concejales correligionarios que habían votado a favor de las concesionarias de electricidad.

En un documento, Frondizi sostuvo que aquellos ediles "no representaban a la Unión Cívica Radical, porque con su voto traicionaban el programa electoral por el que el pueblo los eligió".

En contrario, la conducción nacional de la UCR, en manos de Marcelo Torcuato de Alvear, respaldó la prórroga de las concesiones, incluyendo la devolución de los fondos de reinversión y previsión establecidos en las primitivas concesiones que sumaban: 87.499.811 de pesos para la CADE y 25.677.765 para la CIADE.

Luego, un secreto a voces cubrió la opinión pública: la sede de la conducción nacional de la UCR, inaugurada a principios de los años ’40 de la calle Tucumán, que hoy cobija al Comité Capital del radicalismo, se suponía costeada con aquellos fondos de las compañías de electricidad.

La labor de Forja

La creciente resistencia a las fuerzas que conducían la Argentina durante la Década Infame, tuvo una expresión política clave con el surgimiento de la yrigoyenista Fuerza Orientadora Radical de la Joven Argentina ( F.O.R.J.A). Un agrupamiento donde Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz eran el alma intelectual.

Desde el primer cuaderno que editan, precisamente, Scalabrini inicia las notas que más tarde constituyeron el libro “Política Británica en el Río de la Plata. Las dos políticas: La visible y la Invisible”.

Al decir de Jauretche, FORJA era una organización cuyo objetivo “si bien político, principalmente era cultural: promover el modo nacional de ver las cosas como punto de partida, previo a toda doctrina política. Es decir, lo inverso de lo que hacían los partidos de doctrina”.

FORJA es una corriente divulgadora, que a través de más de 1.400 conferencias, contribuye a regenerar un “pensamiento nacional” que tendrá su expresión mayúscula el 17 de octubre de 1945.