sábado, 17 de diciembre de 2016

Donald Trump, la gran estafa

Raúl Legizamón

Una buena parte de la prensa nacional, popular y de izquierdas en general, en Argentina y en mundo, está en una postura expectante y cuasi simpática, frente al triunfo de Donald Trump, alentando ilusiones tales como la de que terminaría con la globalización, las guerras de rapiña en el extranjero, la tiranía de los banqueros, el dominio de las grandes corporaciones, en fin, que sería una suerte de “populista americano”, un poco bruto en sus expresiones, pero al fin de cuentas un “outsider” que alteraría los planes del NOM. Y sin embargo, nada más lejos de la realidad.

Lo que ha sucedido en EE.UU. es algo totalmente distinto de lo que muchos analistas suponen, ya que lo que en realidad ha ocurrido es un verdadero golpe de estado mafioso-neocon para ubicar a uno de sus máximos exponentes en la presidencia de EE.UU.

Entre tantas cosas que se podrían decir sobre el pasado mafioso de Trump, basta recordar que su mentor político y abogado de confianza durante 13 años, y que lo introdujo en el mundo de la mafia y de la política (que en USA son una y la misma cosa) fue nada menos que el famosísimo y todopoderoso “capo dei capi” de la mafia neyorquina, Roy Cohn. (1)

Este Cohn, cuyos antecedentes se remontan al caso de los esposos Rosenberg (Cohn fue el que le torció el brazo al juez Irving Kaufman para que condenara a los Rosenberg a la silla eléctrica, lo cual no correspondía), fue más tarde la mano derecha del senador Joseph McArthy, haciéndolo paranoico en su campaña contra el “comunismo”.

Siguiendo con su carrera ascendente Cohn, quien murió de SIDA en 1986, fue luego el consultor y abogado de insignes mafiosos tales como Tony (el gordo) Salerno, capo de la familia Genovese –la más importante familia mafiosa de New York–y de Paul Castellano, el jefe de la segunda familia mafiosa más importante, los Gambino. Aunque también hubo otros, como Frank Costello.

Pero la atención de Cohn estaba centrada en un joven alto, rubio, bien parecido, millonario, que estaba destacándose en el negocio de bienes raíces en New York: Donald Trump. Tanto, que a comienzos de los 70, Cohn le dijo a la cronista de sociales Cindy Adams, señalando a Trump: “este es el futuro dueño de New York”. (2)

Además de las empresas de bienes raíces heredadas de su padre, los comienzos de Trump como empresario en “otros rubros”, fueron a partir de casinos en Atlantic City, la capital del juego en la costa este americana y su trayectoria se puede resumir en el lema negocios, placer y poder.

Siempre metido en negocios turbios (por decirlo suave), siempre acompañado por despampanantes “top models” y –aunque sin publicidad– con frecuentes visitas al resort que su amigo Jeffrey Epstein tiene en las Islas Vírgenes, con niñas de 13 o 14 años, junto con su amigo Bill Clinton y el príncipe Andrew, de Inglaterra. Si hemos de creer a lo que dice la prensa. (3) Como se ve, todo queda en familia. Si este es un “outsider”, no quiero ni pensar lo que sería un “insider”.

Durante la campaña, muchos criticaron a Trump por su falta de preparación para la presidencia, pero la verdad es que los antecedentes de Trump le proporcionan una preparación más que perfecta para la presidencia, ya que él es una figura de primera línea del crimen organizado que se hizo en los círculos de Meyer Lansky a través de su mentor Ray Cohn. (4)

El autor del libro «Temples of Chance: How America Inc. Bought Murder Inc. To Win Control of the Casino Business» (Templos del Azar: Cómo Estados Unidos S.A. Compró a Asesinato S.A. para Ganar Control del Negocio de los Casinos), afirmó además que hay “múltiples hilos” de vinculación entre Trump y la mafia.

Además del abundantísimo material asequible en Internet acerca del pasado mafioso de Trump, para el lector interesado en profundizar el tema me permito sugerirle el excelente libro «Trump: The Deals and the Downfall», de Wayne Barrett, 1992 y también «The Makind of Donald Trump», de David Cay Johnston, 2016.

Más allá de la feroz campaña de desinformación (y censura) respecto del pasado mafioso de Trump por parte de la prensa “prostituta”, en las últimas elecciones ha habido un inmenso fraude electoral. Desde que se votó con sistema electrónico, esto es relativamente fácil de llevar a cabo, como bien lo sabe la pandilla de rufianes que gobierna la Argentina y que por eso están desesperados por sacar la famosa ley del voto electrónico.

Hay alrededor de 10 millones de votos demócratas que han desaparecido. Por eso lo demócratas no dijeron, “hemos perdido” la elección, sino “nos han robado” la elección. Y tienen razón. (5)

Lo que sucede es que su discurso fue cuidadosamente pensado para llegar al corazón del pueblo americano. Su xenofobia (los yanquis siguen siendo tan racistas como siempre), su machismo, su denuncia sobre la difícil situación económica que padece el americano blanco pobre, su exaltación y defensa de los valores de la clase media y media-baja americana, su imperialismo (el destino manifiesto), su absoluta insensibilidad a lo que pueda ocurrir en el mundo a consecuencias de su política exterior, etc.

Valga la pena recordar que el yanqui promedio es un ser bastante primitivo, que sólo le interesa tener una casa confortable, un carro grande, una lancha, vacaciones en alguna playa de México y ver televisión. Lo que suceda en el resto del mundo le tiene absolutamente sin cuidado. Si hay que arrojar 20 o 30 bombas atómicas en el medio oriente, pues se arrojan y listo. Y después lo miran por TV y comiendo “pop-corn”, como si fuera una serie televisiva más.

Ahora bien, el 95% de las cosas que dijo Trump en su campaña son ciertas, tales como la responsabilidad de Bush y su pandilla de criminales y mentirosos en el 11S y post 11S, el manejo de la economía mundial que hacen los banqueros internacionales, la farsa de las elecciones en EE.UU., la mentira de las armas de destrucción masiva de Irak (y la cruel realidad de la guerra de Irak). La creación y financiamiento del ISIS por parte de Obama y Hillary, la estafa que representa la OTAN, la aceptación de la política Rusa en Ucrania y Siria, el reconocimiento de que el NOM es nefasto, etc.

Todas cosas que una buena cantidad de americanos sabe perfectamente que son ciertas y es por eso que Trump enganchó con su discurso a numerosos “paleo-cons”, (de la “alt-right”) como Pat Buchanam, Paul Craig Roberts, Kevin Mac Donald (de los más lúcidos en cuanto a su postura crítica en estos temas), que venían denunciando todo esto desde hace varios años, y por consiguiente están ahora exultantes con el triunfo de Trump.

Pero además, si uno quiere infiltrase en territorio enemigo, tiene que mimetizarse con el enemigo. De la misma manera que en la famosa novela de Chesterton El Hombre que fue jueves, cuando el detective que va a infiltrarse en un grupo anarquista le pregunta al jefe de la sección de lucha contra el anarquismo de Scotland Yard, qué tiene que hacer para pasar desapercibido, el jefe le responde: ¡pues compórtate abiertamente como un fanático anarquista idiota! Elemental Watson…

Si yo fuera Trump (Dios nos libre y guarde) y realmente quisiera destruir al establishment (lo cual es imposible. Ni Dios puede hacerlo…), habría llenado de elogios y de halagos al establishment. Para hacerle bajar la guardia. Y luego golpear.

Lo mismo vale para el discurso pro-vida, con el cual Trump se metió a millones de estadounidenses en el bolsillo (aclaro que yo también soy pro-vida, pero no idiota). Además, con sus frecuentes apelaciones a “Dios” (como lo hacen todos los presidenciables en USA) y sus vagas promesas de defensa de la familia y los “valores cristianos”, Trump se ganó el apoyo de una buena parte de la jerarquía católica y de la poderosísima derecha evangélica, sumamente peligrosa por los cuantiosos medios económicos de que dispone. Sarah Palin y el “Tea Party”, sin ir más lejos. (Mike Pompeo del “Tea Party” acaba de ser nombrado Director de la CIA).

El discurso de Trump estuvo perfecto. El establishment se dio cuenta que los Bush y los Clinton (en sus dos versiones) estaban totalmente agotados y sumamente desprestigiados. Hillary no se diferenciaba lo suficiente de Obama, que defraudó a vastos sectores del pueblo americano y necesitaban una nueva figura.

Además –y este no es un dato menor– Trump es multimillonario, esto es, “un preferido por Dios”, en la concepción calvinista-puritana que está en la matriz cultural del pueblo americano.

El asunto es lo que se viene ahora. Que por algo lo han puesto a Trump como presidente de la nación más poderosa del planeta. Personalmente, soy muy pesimista respecto de lo que vaya a hacer Trump en EE.UU. y en el mundo.  Pero además, el discurso de Trump es el discurso de Macri, claro que este último en una versión light, desnutrida, tilinga y berreta. No olvidemos que USA es, al fin y al cabo, el imperio. Y nosotros, una colonia del imperio. De manera que cuando Trump dice que hay que promover el empleo, la industria, el comercio, la tecnología, el poder bélico, la educación, etc., se está refiriendo naturalmente a USA. Lamentablemente, cuando lo dice Macri, también se está refiriendo a USA.

A propósito. Las consignas y los balbuceos discursivos de la caterva macrista son idénticos a las frases de los libros de autoayuda, de la misma manera que el discurso de Trump es exactamente el discurso de Ronald Reagan, con parrafadas idénticas a las de Barry Goldwater.

Pero atención a la relación Trump-Macri. ¿Se enemistaron realmente o esto sólo fue “pour la galerie”? Lo mismo pasa con Carlos Slim en México. Y si ampliamos nuestra mirada, vemos a Colombia con la mafia de Uribe (Plan Colombia, con 7 bases militares yanquis e israelíes en el oeste del país, desde donde tratarán de destruir a las FARC, invadir Venezuela, y eventualmente derrocar a Correa); Perú con el tiburón de Pedro Pablo Kuczynski (hombre de altísimo rango en el Banco Mundial y en el FMI); Temer en Brasil y Macri en Argentina.

Y ahí está la pinza geoestratégica ominosa que nos puede esclavizar definitivamente. Creo que a Trump lo han puesto donde está para terminar de cerrar esa pinza y así consolidar definitivamente el “patio trasero” después de aniquilar Siria e Irán, objetivo prioritario de su administración, como se lo ha hecho saber su gran amigo y mandamás “Bibi” Netanyahu. De hecho, Trump va a denunciar a la brevedad el pacto de EE.UU. con Irán, con lo cual la horda macrista se le va a lanzar al cuello a Cristina para atacarla por el famoso Memorándum de entendimiento con Irán.

En síntesis. Nada de Trump “populista americano” o candidato antiestablishment. Trump es más de lo mismo, sólo que peor. Según el historiador, economista y periodista especializado F. William Engdahl, Donald Trump, por sus antecedentes y sus lazos con personajes como Roy Cohn, lo hacen un narcisista y patético empresario de bienes raíces y casino-gánster que no cualifica, por razones de seguridad nacional, ni para jardinero de la Casa Blanca.

Notas:





DONALD TRUMP: EL CANDIDATO DE LA MAFIA





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