Marta Ezcurra, encargada de destruir la Fundación Eva Perón: “Maldita tu eres entre todas las mujeres...”

 Por Pepe Muñoz Azpiri

Esta es la catadura moral de los que vinieron a redimirnos de "La segunda tiranía". 



Esta charla ya no charlada, es una restitución. Es un homenaje a las víctimas, una mojada de oreja al sistema que quiere que siempre olvidemos. La hicimos en la radio, pero sentí que estaba incompleta. No teníamos ningún dato biográfico de su protagonista. La biografía de Marta Ezcurra ha sido, durante décadas, sutilmente ocultada, para que no sepamos qué fue de ella, para que no podamos imaginar qué cosa origina una mente tan perversa, para que no podamos preguntarle a los parientes, para mantenerla lejos del destino que sufrió la enemiga que eligió y creyó vencer, a la querida compañera Eva Duarte de Perón. Pero, bueno: desde su cielo, Evita ilumina y hemos podido desenmascarar a esta verdadera hija de puta, la asistente social Marta Ezcurra.

Cuando la Revolución Fusiladora usurpó el poder, el designado ministro de salud, Coronel Ernesto Alfredo Rottger, saqueó primero la casa de Ramón Carrillo, antecesor en el cargo. Carrillo tenía cuadros y libros muy queridos.

Rottger pone al frente de la Fundación Eva Perón a un personaje infame: la asistente social Marta Ezcurra, con el cargo de Directora de Asistencia Social. Fundadora en 1931, de la juventud de la Acción Católica, Ezcurra estuvo toda su larga vida ligada a distintos estamentos de la jerarquía católica y de esa especie de agrupaciones que la van de benéficas, practicantes de la dádiva instituida que las familias patricias consienten para no ser alcanzadas por impuestos altos.

También fue presidenta de ALPI, esa organización que decía velar por los niños víctimas de la polio.

Marta María Ezcurra Real de Azúa, cuyo apodo interno en la Acción Católica era “el azote de Dios”, nació el 2 de mayo de 1900 en Buenos Aires. Fue la cuarta de doce hermanos y tataranieta del hermano de Encarnación Ezcurra, esposa del Restaurador Juan Manuel de Rosas. Y por lo tanto, sobrina tataranieta de Pepa Ezcurra, la novia de Belgrano con la que tuvo a su hijo Pedro Rosas, del cual era sobrina bisabuela. Su padre, Pedro Tomás Dionisio de Ezcurra Pardo, más conocido como Pedro Ezcurra, fue un ingeniero y ministro de agricultura de la Nación durante la presidencia de Figueroa Alcorta. Durante su gestión, el 13 de diciembre de 1907, se descubrió petróleo en Comodoro Rivadavia. Un equipo enviado por el gobierno había estado buscando el llamado “oro negro” desde 1904, pero al ser descubierto, Ezcurra lanzó la versión, aún difundida, de que el hallazgo había sido casual, lo que generó una reprimenda postal de quien estaba a cargo del equipo de exploración. La madre de Marta Ezcurra, que también se llamaba Marta y su apellido era Real de Azúa, había nacido en el Uruguay, aunque ya muy joven, el censo nacional la encuentra viviendo en Trelew.

Pedro Ezcurra muere a sus 53 años, en 1913.

Marta Ezcurra fue pupila del Colegio Sagrado Corazón de Almagro, ahí en Avenida La Plata y Rivadavia. De allí egresó en 1915. Estudió en la Universidad del Museo Social Argentino, escribió el Manual de Doctrina Social de la Iglesia y un par de libros relacionados con su profesión de asistente social. Durante su larga vida participó de varios congresos de su especialidad, donde siempre representaba a la Iglesia y era catalogada como “ultraconservadora” por sus propios colegas, y eran muy discutidas y criticadas sus intervenciones. Durante su estada en la Argentina, Marta trazó lazos de amistad con Spruille Braden, el embajador norteamericano que se oponía abiertamente a la candidatura de Perón. El mismo de Braden o Perón.

La familia Ezcurra y la familia Mitre terminan vinculadas por parentescos y uno de los sobrinos de Marta, periodista de La Nación, muere en la guerra de VietNam. Por acá vino el encubrimiento de su persona.

El ingreso de hordas vikingas en las ciudades europeas de los siglos IX o X fue más civilizado que la entrada de Marta Ezcurra a la obra de Eva Perón.

El 23 de septiembre de 1955, una semana después del golpe y cuando aún algunas provincias resistían, ordena “intervenir, desmantelar y disolver la Fundación Eva Perón” y hace ocupar militarmente todas las Escuelas Hogar, en las que vivían niños. Delante de esos niños, delante de sus ojos, la fundadora de la juventud de Acción Católica, reconocida por su firme vocación mariana, retira y destruye todos los símbolos del gobierno. Los valientes soldados de la Patria arrancan de las manos de los niños frazadas, sábanas, colchones, pelotas y juguetes de todo tipo con el logo de la Fundación Eva Perón, y los hacen arder en fogatas. Los bustos de Eva son decapitados. Al día siguiente, 24 de septiembre, convoca a los miembros de Acción Católica que componían los Comandos Civiles, esos grupos armados en los que había militantes de la UCR, del socialismo, de familias acomodadas, y también católicos que realizaban atentados con bombas contra el gobierno constitucional de Perón, y dispone la intervención de cada uno de los institutos que tenía la Fundación. La Clínica de Recuperación Infantil Termas de Reyes, en  Jujuy es desalojada y sus niños dejados en la calle de inmediato, para cedérsela a un grupo que inaugura allí, un casino para la oligarquía.

Tropas armadas ingresaron en la Escuela de Enfermería de la Fundación, donde se habían formado 858 enfermeras y 430 especialistas, y era una de las envidias de Marta Ezcurra. Desmantelaron toda la estructura sanitaria, entre ella, el Hospital de Niños más grande de Latinoamérica, quemando en los patios y en la calle, aparatología y toda la ropa de cama y colchones, disponiendo su cierre definitivo.

En previsión a la epidemia de polio que hacía estragos en Europa, la Fundación Eva Perón había comprado pulmotores al principio de la década del ´50.

A las llamas se arrojaron los costosos pulmotores, porque tenían el logo de la Fundación.  Cuatro meses después, Aramburu, Rojas y varios “salvadores de la república”, ante el avance de la poliomielitis, tuvieron que comprar 31 pulmotores.

Manda tirar al río Mendoza toda la vajilla y cristalería, importada de Finlandia y Checoslovaquia en la que comían los chicos en las unidades turístico-termales de alta montaña de Puente del Inca y Las Cuevas. El odio sigue: destruye todos los frascos de los Bancos de Sangre de los hospitales de la Fundación porque contenían “sangre peronista”.

Determina la confiscación de todos los muebles de los hospitales, hogares para niños, hogares escuelas y hogares de tránsito por ser demasiado lujosos para niños. Pero los “Comandos Civiles” se los roban y se los llevan a sus casas. Los camiones del Ejército entraban a los edificios y depósitos de la Fundación y partían llenos. Desactiva  absolutamente todos los programas de turismo social en Córdoba, Mar del Plata y Buenos Aires por ser “un peligroso ejemplo de demagogia populista y antidemocrática”. Decide el cierre definitivo de las casi 200 proveedurías de alimentos de primera necesidad, la clausura del Plan Agrario, el Plan de Trabajo Rural y los Talleres Rodantes. Interviene los Hogares de Ancianos y cierra los Hogares de Tránsito. A pedido de su jefe Rottger  ordena que sean expulsados a la calle todos los estudiantes de la Ciudad Estudiantil “Presidente Juan Perón”, y usan las instalaciones como centro de detención de todos los miembros del gobierno constitucional que habían sido arrestados.

Cuando los interventores le envían los primeros informes de las Escuelas Hogar, Marta Ezcurra descubre con escándalo que “Desde el punto de vista material, la atención de los menores era múltiple y casi suntuosa. Puede decirse, incluso, que era excesiva, y nada ajustada a las normas de la sobriedad republicana que convenía para la formación austera de los niños. Aves y pescado se incluían en los variados menúes diarios. Y en cuanto al vestuario, los equipos mudables, una vez renovados cada seis meses, se destruían”. Es decir, la ropa que se le daba a los chicos, se la cambiaban a los seis meses, y se destruía aquello que se retiraba. Marta Ezcurra cambiará el menú y los nombres de todas esas escuelas.

Señala Alicia Dujovne Ortiz que “Una dama católica, doña Adela Caprile, que formó parte de la comisión liquidadora de la Fundación instaurada tras la caída del peronismo, nos ha confesado haber sentido una impresión similar: ‘Nunca hubiera creído que se pudiera reunir semejante cantidad de raquetas de tenis. Era un despilfarro y un delirio, pero no era un robo. No se ha podido acusar a Evita de haberse quedado con un peso. Me gustaría poder decir lo mismo de los que colaboraron conmigo en la liquidación del organismo’”.

Nadie pudo cuestionar ni un peso de los gastados en la Fundación Eva Perón. Sus cuentas estaban inmaculadas, no así sus saqueadores.

Marta Ezcurra nunca recibió castigo por lo que hizo, nunca un juicio ni condena. Nunca se casó ni tuvo hijos. Murió en 1996, a sus 95 años.

(Extracto de editorial de Se acabó la merluza)