Prebisch y la adhesión de La Argentina al FMI: El plan de ajuste de 1955-57

 Por Noemí Brenta*

Resumen

En 1955, Prebisch aconsejó al gobierno de la “Revolución Libertadora” que recientemente había depuesto a Perón, adherir a los convenios de Bretton Woods, a fin de aprovechar los créditos blandos del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, para impulsar el desarrollo económico. Pero éstos fueron escasos y esporádicos hasta la década de 1980, en tanto que el alistamiento de la Argentina para ingresar al Fondo exigió la transformación estructural de su economía y el replanteo de sus relaciones económicas internacionales, coincidente con la ideología de los sectores que asumieron el poder luego de derribar al caudillo.

Para poner en marcha estos cambios, las autoridades lanzaron el primero de los doce programas de ajuste aplicados en Argentina entre 1956 y 2001, enmarcados en el enfoque monetario del balance de pagos. La formalización del modelo se hallaba entonces en estado embrionario, pero éste ya era reconocible en el abordaje teórico del Fondo de los años 1950 y en sus recomendaciones a los países miembros que solicitaban el uso de sus recursos.

En este trabajo se comparan los lineamientos de política económica que Prebisch, como asesor presidencial, recomendó al gobierno postperonista, con las medidas efectivamente implementadas entre 1955 y 1957, y con las concepciones de la CEPAL, que este prominente economista dirigía en esos años.

 1. La adhesión de Argentina a los Convenios de Bretton Woods, en 1956

Argentina no asistió a la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas y Asociadas celebrada en Bretton Woods, donde se discutieron y firmaron los acuerdos que crearon. el 22 de julio de 1944, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, debido a que sólo se invitó a los países aliados, grupo que Argentina no integraba, ya que declaró la guerra al Eje recién en marzo de 1945. 

En enero de 1946, el presidente Farrell adhirió al Fondo y al Banco Mundial, a través del decreto 3185. En julio del mismo año, el presidente Perón solicitó al Congreso la ratificación del decreto, que fue aprobado por el Senado, pero no llegó a tratarse en la Cámara de Diputados. En 1948 Perón pidió al Congreso que dejara sin efecto la adhesión a los organismos financieros internacionales, considerando que su estructura no podía llevar al cumplimiento de la reorganización financiera internacional, tal como lo planteaban sus objetivos1. La expresión "estructura" aludía a la distribución de votos entre los países en función de su aporte de cuotas, que aseguraba el predominio de los más grandes y ricos. Por otra parte, numerosos fundamentos de la política económica de la Argentina se apartaban de los exigidos por el Fondo, tales como el tipo de cambio múltiple, orientado a transferir recursos entre sectores productivos; los acuerdos bilaterales de comercio; el control de cambios; el sistema financiero centralizado y nacionalizado, el cuasi monopolio estatal del comercio exterior. Además, el presidente Perón desconfiaba del capital financiero mundial; su alineamiento político distaba de los Estados Unidos y de la Unión Soviética, y resistió las presiones para incorporar a la Argentina a los organismos financieros internacionales y al GATT2.

En 1956, por consejo de Raúl Prebisch3 y en consonancia con la ideología liberal del gobierno de facto del general Aramburu, Argentina ingresó al Fondo. Según el Informe Prebisch, esta adhesión perseguía  el objetivo de aprovechar los créditos blandos del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, aplicables al desarrollo de infraestructura. Esta previsión no fue acertada, ya que el Banco Mundial no proveyó financiamiento significativo a la Argentina hasta la década de 1980 (Cuadro 1). Desde el comienzo de sus actividades hasta 1985, el Banco Mundial prestó a la Argentina un total de $ 1.918, notablemente menos que a Brasil o a México (Cuadro 2),  comparando sólo con los países latinoamericanos y del Caribe.

 Cuadro 1

Argentina

Préstamos aprobados por el Banco Mundial 1956-1995

Fuente: Elaboración propia. Datos de 1961-88 en García y Junco, 1989,

p. 50; 1989 en adelante, Corbalán (2002), p. 90. 
 
 

Cuadro 2

Préstamos del Banco Mundial

a Países de América Latina y el Caribe

Total acumulado al 15 de marzo de 1985

PaísMillones de DólaresParticipación en el total
Brasil10.31432%
México7.31623%
Colombia4.42414%

Argentina

1.9186%
Perú1.6945%
Chile7522%
Jamaica6972%
Ecuador6942%
Panamá5452%
Uruguay5202%
Otros países3.48911%
Total32.365100%

Fuente: Elaboración propia. Datos de Lisboa Bacha (1986), p. 79. 
 

Es necesario analizar el contexto de la adhesión de Argentina al Fondo, luego de diez años de escarceos; y examinar el proceso de permanente uso de los recursos del organismo, en muchos casos, sin necesidad real. Apenas adherida a los convenios de Bretton Woods, Argentina utilizó el tramo de reserva, que permitía obtener liquidez sin condiciones, y contrajo en 1957 los primeros compromisos de política económica con el Fondo, para acceder al primer tramo de crédito, bajo condicionalidad débil. A partir de 1958 y hasta 1963, cada año firmó un nuevo acuerdo de derechos de giro (stand by), bajo las condicionalidades de rigor.  

2. Contexto del ingreso de Argentina al Fondo Monetario Internacional

Argentina fue el último país latinoamericano que adhirió a los organismos financieros internacionales de Bretton Woods, el 31 de agosto de 1956, mediante el decreto-ley 15.970, firmado por el Tte. Gral. Pedro E. Aramburu4, denotando su realineamiento conservador en lo político y liberal en lo económico, y su posicionamiento internacional pronorteamericano, luego de la destitución de Perón.

El gobierno de Aramburu, iniciado el 13 de noviembre de 1955, estaba integrado por los elementos más ultraliberales y vindicativos de la clase militar y política de la Argentina, que abrigaban un gran resentimiento contra el peronismo y deseaban eliminarlo completamente de la vida nacional. Aplicando un tratamiento similar al otorgado a los nazis al fin de la II Guerra e invocando la defensa de la libertad y de la democracia, disolvieron la central de trabajadores (CGT) e intervinieron la confederación general de empresarios (CGE)5, proscribieron el partido peronista –situación que se extendió hasta 1973-, prohibieron el uso de sus símbolos y hasta la evocación del nombre de sus líderes, encarcelaron a sus dirigentes en la cárcel de Ushuaia, cerrada años atrás por inhumana, y en otras prisiones, y en junio de 1956 fusilaron a veintisiete rebeldes que se alzaron en armas contra este gobierno6.

En los primeros tiempos de la Revolución Libertadora, entre septiembre y noviembre de 1955, confluyeron en el gobierno diversos sectores que coincidían que el peronismo tal como estaba era inaceptable7. Pero mientras que algunos grupos sostenían que luego de un tiempo se sanearía, eliminando los rasgos más autoritarios, otros deseaban suprimirlo para siempre. Esta división cruzó enteramente a la sociedad civil y militar por muchos años, pero en 1955 era la cuestión central. El juego se definió a favor de los “gorilas”, el sector más polarizado, en lo que influyó no poco la insistencia del G. Eduardo Lonardi en sumar  a su presidencia funcionarios simpatizantes del nazismo8, circunstancia que los sectores de la derecha conservadora del liberalismo clásico9 aprovecharon para tratar de retornar por la fuerza a la democracia limitada de los años 1930, objetivo imposible, habida cuenta del cambio de la estructura económica y social devenida de la industrialización, la sindicalización y la creciente complejidad de la economía y de la sociedad argentina10.

Días antes de su retiro, Lonardi creó una Junta Consultiva, bajo la presidencia del acérrimo antiperonista contraalmirante Isaac F. Rojas, integrada teóricamente por todos los partidos políticos, excepto el peronismo y el comunismo. De este órgano, de discutible representatividad y escasa influencia11, surgió el primer director ejecutivo argentino en el Fondo, el doctor Rodolfo Corominas Segura12. 
 

3. Los Informes de Prebisch

Apenas asumido, el nuevo gobierno solicitó a Raúl Prebisch un informe completo sobre la situación de la economía argentina, y una orientación acerca del rumbo a seguir, hasta que se entregara nuevamente el poder a un gobierno elegido democráticamente.

El 7 de octubre de 1955, apenas tres semanas después del golpe militar, Raúl Prebisch, entonces secretario ejecutivo de la CEPAL13 -el cargo jerárquico más elevado-, y flamante asesor gubernamental, presentó al presidente Lonardi, al vicepresidente Rojas y a su gabinete, el Informe Preliminar acerca de la situación económica, a fin de “servir de base a la consideración de medidas que no podrán postergarse”, recomendando enfáticamente que la Argentina adhiriera a los organismos financieros internacionales, a fin de obtener financiamiento del BIRF para el desarrollo económico (ver más arriba, punto 1). El Informe Preliminar y los documentos Moneda sana o inflación incontenible y el Plan de restablecimiento económico, entregados el 9 de enero de 1956, definieron la política económica de la Revolución Libertadora y sentaron las bases para la nueva configuración estructural de la Argentina. Por ello vale la pena detenerse a analizar su contenido.

Si bien suele mencionarse que economistas argentinos colaboraron en el Informe Preliminar 14, y que Prebisch lo suscribió sin leerlo en detalle, esto último no es cierto. El Informe Preliminar se basó enteramente en la información que elaboraba la CEPAL, bajo la dirección de Prebisch, por eso el Informe se redactó en un plazo mínimo: menos de un mes. Esta coincidencia se verifica al cotejar el Informe Preliminar con las ediciones del Estudio Económico de América Latina, publicación anual de esta organización,. Como el mismo Prebisch admitiera, el Informe Preliminar contiene exageraciones y omisiones que responden a una visión sesgada, antiperonista, de la economía argentina. En cambio, las publicaciones de la CEPAL necesariamente debían guardar cierta objetividad, ya que Estados Unidos, principal país miembro aportante, no deseaba romper abiertamente con la Argentina15, criticando al gobierno a través de un organismo intergubernamental en el que había designado a un reconocido opositor al peronismo16. Comparar el Estudio Económico de América Latina con el Informe Preliminar permite apreciar la intensidad de la brecha entre lo dicho en uno y otro escenario, y comprender mejor el contexto en el que Argentina adhirió al Fondo.

El Informe Preliminar fundó su diagnóstico de la economía argentina y de sus limitantes del desarrollo en el desequilibrio del sector externo (p. 15 y ss.), la insuficiencia de energía y la descapitalización del sistema de transporte (pp. 10-11), que imposibilitaban elevar las importaciones de materias primas, combustibles y bienes de capital necesarios para aumentar la producción: el estrangulamiento externo obedecía enteramente a las malas políticas del peronismo. Pero los Estudios de la CEPAL de aquel momento mencionaban reiteradamente que el deterioro de los términos del intercambio que afectaba a los países en desarrollo, agudizado desde el fin de la guerra de Corea, era responsable de la reducción del ingreso bruto y de la capacidad de importar de Argentina y los demás países latinoamericanos17 (Cuadro 3). Según el Informe Preliminar, la crisis de pagos obedecía al desfavorable tratamiento que el gobierno peronista otorgaba al sector agrícola generador de divisas, del cual se extrajo mano de obra sin impulsar su sustitución por maquinarias; y a las características de la industrialización sustitutiva de importaciones, basada en la producción de bienes de consumo, demandante de insumos y bienes de capital importados. Todas estas cuestiones ya se mencionaban acerca de Argentina y de otros países latinoamericanos, en el Estudio Económico de América Latina 1951-52, sin endilgarlas a ningún gobierno en particular, sino al orden internacional prevaleciente, en el que funcionaban el centro y periferia18 

Cuadro 3

América Latina

Precios de exportación de productos seleccionados (principales rubros de exportación de Argentina) y términos de intercambio de estos productos respecto bienes importados.

AñosTrigoMaízCarne vacunaLana sucia
PrecioTérminos de intercambioPrecioTérminos de intercambioPrecioTérminos de intercambioPrecioTérminos de intercambio
194771.878.687.195.489.598.086.194.3
1948100100100100100100100100
194971.774.670.973.8139.3145.0118.7123.5
195037.343.352.861.3103.3119.8145.7169.0
195143.342.09895.1135.3131.2177.6172.3
195245.043.7Sdsd144139.8105.0101.9

Fuente: Elaboración propia. Datos de CEPAL, Estudio Económico de América Latina 1951-52, México, 1954, p. 145. 

En 1954, la CEPAL planteaba que el problema de abastecimiento de energía era una preocupación general para todos los países latinoamericanos, pero que en Argentina existía un plan nacional de electrificación a cargo de un organismo del gobierno central, que operaba y construía nuevas plantas. Señalaba que desde 1946 habían entrado en servicio unos 200.000 kilovats adicionales, y que se encontraban en construcción 31 centrales hidroeléctricas y nueve termoeléctricas, que se proyectaba terminar hasta 1957 (pp. 214-215). El Informe Preliminar sugería importar grupos electrógenos para abastecer a la industria y resolver transitoriamente el cuello de botella energético, hasta tanto se dispusiera de la producción eléctrica de San Nicolás, en 1957 (p. 67), y omitía toda mención a las plantas proyectadas y en construcción.

El estudio de CEPAL publicado en 1954 estimaba que hacia 1957 Argentina se acercaría a la autosuficiencia en combustibles (p. 222), gracias al desarrollo de la industria petrolera, del gas natural y del carbón, y a la construcción de ductos desde el yacimiento de petróleo y gas en Campo Durán, provincia de Salta, descubierto en 1950, estando ya en marcha el gasoducto desde Comodoro Rivadavia a Capital Federal también desde 1950. En el Informe Preliminar Prebisch consideraba que Argentina podría autoabastecerse de petróleo a fines de los años ’50, si se realizaran las inversiones necesarias en perforación, explotación y ductos. Para su financiamiento, recomendaba tomar crédito externo o, en última instancia, “usar las reservas de oro del país, o vender empresas comerciales o industriales en manos del Estado” (p. 66). El desarrollo petrolero fue un objetivo del gobierno peronista, que procuró negociar con empresas británicas y norteamericanas la concesión de áreas en exploración y explotación.  El escándalo en torno a los contratos petroleros que Perón firmó con la California Argentina Standard Oil, y que el Congreso no llegó a aprobar porque fue disuelto por el nuevo gobierno, fue uno de los temas que nucleó a los sectores políticos opositores,  y que se esgrimieron entre las razones deponer al presidente, acusado de entregar recursos estratégicos a empresas extranjeras.

En el Informe Preliminar, Prebisch afirmaba que Argentina entró en cesación de pagos en 1949, cuando dejó de cumplir los compromisos emergentes de los créditos documentarios por operaciones de importación (pp. 19-20), y que por este motivo, el Banco Central debió prestar divisas a los bancos del país (aprox. u$s 150 millones, p. 20). Sin embargo, el Estudio Económico de CEPAL 1951-52  atribuía esta situación a la inconvertibilidad de los saldos en libras y pesetas que mantenía la Argentina, a los elevados déficits del intercambio con Estados Unidos19 y a la escasez mundial de dólares, que afectaba la capacidad de importar en esta moneda (p. 101). Y en su obra clave El desarrollo económico de la América Latina20, Prebisch mentaba la escasez del dólar y la inconvertibilidad de la libra entre los problemas más graves del comercio internacional de las economías periféricas.

El Informe Preliminar criticaba los convenios bilaterales y las importaciones de pagos diferidos, y sugería obtener arreglos con la Unión Europea de Pagos similares a la reciente negociación  de Brasil en el Club de La Haya (p. 57), extremo que Argentina llevó a la práctica, a través del Club de París, lo que implicó adoptar la multilateralidad de los pagos, en consonancia con los requerimientos exigidos a los países miembros del Fondo. El Informe Preliminar atribuía la inflación argentina a causas monetarias y reales. Entre las primeras, la expansión de los medios de pago a causa del déficit en las operaciones de granos, de transportes, e hipotecarias, luego de abolido el régimen de cédulas hipotecarias (p. 40). De este diagnóstico, ampliado en el siguiente informe, Moneda sana o inflación incontenible, surgía la recomendación de limitar el crédito interno, medida consistente con las condicionalidades de los acuerdos con el Fondo. Los aumentos de salarios no acompañados por aumentos en la productividad encabezaban las causas reales de la inflación argentina puntualizadas en el Informe Preliminar. Sin embargo, la CEPAL afirmaba que la inflación era un fenómeno generalizado en América Latina en esos años (Cuadro 4), debido a la rigidez estructural de las economías en crecimiento, a la volatilidad de los precios de las exportaciones de materias primas y a las expansiones de crédito interno con que los gobiernos procuraban evitar la deflación en las fases recesivas de los ciclos económicos, características asociadas a la dinámica centro-periferia de la economía internacional.  De hecho, la inflación argentina de 1954 y 1955 era inferior a la de varios de sus vecinos, como Chile y Brasil.  

Cuadro 4

América Latina

Inflación en países seleccionados. 1950-1955

Variación del índice de precios al consumidor, promedio anual

AñosArgentinaBrasilChileUruguay
195025.714.415.2-7.1
195136.721.322.215.4
195238.711.730.615.6
19534.012.224.05.8
19543.821.072.014.5
195512.322.675.07.9

Fuente: INDEC y CEPAL, Estudio Económico de América Latina. 

El Informe Preliminar (p. 18) estimaba que en 1955 la deuda externa argentina era de 757 millones de dólares, cifra que  la mayoría de los escritos21 sobre la época repiten, citando como fuente el siguiente cuadro 5:  

Cuadro 5

Compromisos externos de Argentina a fines de 1955 (estimación)

ConceptoMillones de dólares
Uso de crédito en los convenios bilaterales233
Deuda por importaciones de pagos diferidos409
Deuda al Banco de Exportaciones de Importaciones57
Varios58
Total757

Fuente: Prebisch, Informe Preliminar, 1955, p. 18. 

El uso de crédito en los convenios bilaterales constituían pasivos a compensar con exportaciones en futuras operaciones comerciales, y la deuda por importaciones de pago diferido era deuda comercial, que usualmente no se computa como deuda financiera.. El tema de fondo era que para adherir a los organismos financieros internacionales, y modelar la economía según la ideología de los sectores triunfantes en la Revolución Libertadora, se debía reformar el régimen del comercio exterior y de pagos internacionales, liquidar el IAPI y adoptar el sistema multilateral, a fin de que los déficits comerciales con un país miembro pudiera pagarse con la moneda de cualquiera de ellos, aunque, de hecho, las monedas utilizables eran unas pocas, la más importante, el dólar estadounidense, ya que las divisas europeas aun no habían recobrado su convertibilidad.

La transformación de deuda comercial en deuda financiera se consolidó en 1956 en el Club de París, además de otros arreglos financieros. Se extendieron los plazos de las deudas de vencimientos cercanos y se obtuvo la renovación de créditos de los gobiernos europeos. El incremento de la deuda externa financiera del Estado argentino fue el precio del cambio estructural correspondiente al nuevo posicionamiento externo de la Argentina, que no reportó los beneficios esperados en el trato con sus socios mayores. Estados Unidos no consideró el nuevo alineamiento argentino como razón para otorgarle preferencias de ninguna clase, y el establecimiento de la política agrícola comunitaria en la Comunidad Económica Europea, a partir de 1958, redujo los mercados de las exportaciones tradicionales de la Argentina, resentidas también por los subsidios estadounidenses a sus productores, sus políticas de ayuda alimentaria y de créditos baratos para la importación de granos norteamericanos. También los países de Europa del Este, en particular, la Unión Soviética, ajenos al sistema multilateral de pagos internacionales, disminuyeron sus importaciones de productos argentinos, deteriorando el balance comercial.

En Moneda sana o inflación incontenible, entregado el 9 de enero de 1956, Prebisch afirmaba que el poder de compra estable de la moneda sana era esencial para la recuperación económica argentina, y que ese era el momento oportuno para vencer las fuerzas que conspiraban contra la estabilidad de la moneda, ya que los hombres que gobernaban carecían de aspiraciones políticas22. Celebraba que la devaluación hubiera mejorado el precio de los bienes agropecuarios exportables, y advertía que era necesario otorgar aumentos salariales, que debían ser absorbidos por el beneficio de los empresarios y el incremento de productividad, pero estos incrementos se acordaron recién dos años más tarde, en febrero de 1958. También sugería que los empresarios formaran juntas gremiales por sectores productivos, para firmar acuerdos de estabilización de precios.

Prebisch recomendaba limitar el crecimiento de los medios de pago a lo requerido por la producción de bienes y servicios, para evitar presiones inflacionarias, y nuevamente aconsejaba reducir la planta de empleados estatales, particularmente en los ferrocarriles, que estimaba excedida en unas 40.000 personas.

Para financiar el déficit fiscal sin emisión monetaria, en Moneda sana o inflación incontenible Prebisch aconsejaba obtener la mitad de los 22.700 millones de pesos requeridos a través de la colocación de títulos, del aumento de impuestos, de un fondo de energía en base a un gravamen especial sobre los combustibles, del recorte de los gastos corrientes del presupuesto, y de otros recursos, como la venta de decomisos de aduanas, o la liquidación de empresas del Estado. Aplicando la teoría cuantitativa del dinero, Presbisch afirmaba que para que la emisión de la suma restante para financiar al sector público no causara inflación, se debía aumentar la producción de bienes y evitar sumar factores inflacionarios a los ya existentes.

Prebisch también recomendó llevar a cabo un estudio profundo de la evolución de la economía argentina, que abarcara un largo período para identificar con más precisión el origen de las dificultades que impedían un crecimiento sustentable en el largo plazo. En enero de 1956 el gobierno argentino solicitó a la CEPAL su realización23. El resultado de esa investigación se publicó en cinco de volúmenes en 1958 bajo el título de El desarrollo económico argentino, y constituyó la primera base de la programación de largo plazo de la economía argentina. 

 4. Medidas inmediatas surgidas de los Informes Prebisch acordes con la adhesión al FMI: la primera etapa del plan de ajuste de 1955-57

Luego del diagnóstico, el Informe preliminar aconsejaba las siguientes medidas inmediatas, típicamente encuadradas en los planes de ajuste y estabilización bajo programas del Fondo:

  1. Liberar los precios (p. 48), eliminando paulatinamente su control (p. 73).
  2. Liberar progresivamente el mercado de cambios; devaluar el peso (p. 46), y trasladar su incremento a los precios agropecuarios, a medida que aumentaran los costos internos. Prebisch sugería fijar una cantidad de divisas que los exportadores deberían liquidar obligatoriamente en el banco central, y permitir que el resto se negociara en el mercado libre de cambios, a implantar, (pp. 53-54), y que las exportaciones no tradicionales, menos importantes en monto, se liquidaran en el mercado libre de cambios (p. 55).
  3. Provocar una transferencia de ingresos a través de la reducción del salario real por medio de la devaluación y la inflación (p. 48): “el alza moderada de los precios internos ... es la única forma de transferir a los productores rurales el incremento de ingreso real que necesitan para acrecentar la producción.” (p. 78). Si bien la devaluación también haría subir los precios, estimularía la producción agropecuaria. (p. 76). Ciertamente, el consumo urbano caería, pero “es el precio inevitable que el país tendrá que pagar ahora para poder tener en el futuro una masa creciente de productos a disposición de sus consumidores” (p. 77).
  4. Liberar los movimientos financieros con el exterior. El mercado libre de cambios permitiría transferir servicios financieros privados acumulados de años anteriores, pero debía hacerse paulatinamente para evitar trastornos en la economía. “Mientras tanto, las transacciones financieras corrientes, así como las transferencias de fondos ya existentes entre cuentas de titulares extranjeros, podrán realizarse sin permiso y sin limitación alguna” (p. 54).

    El gobierno peronista había limitado las sumas que las filiales de empresas extranjeras podían transferir a sus casas matrices, y este tema generó permanentes roces con el gobierno estadounidense, que reclamaba por los intereses de sus empresas. Estados Unidos fue el principal país que realizó inversiones externas directas en América Latina durante los años 1950, por ello, el problema de las transferencias afectaba particularmente a las firmas norteamericanas, y la recomendación de liberar los movimientos financieros internacionales obedecía a esta coyuntura, y formaba parte del catecismo del Fondo.

  1. Tomar crédito del exterior –explícitamente, del BIRF y del Eximbank (p. 69)- para financiar importaciones especialmente de bienes de capital (p. 47); aunque era necesario contener las importaciones realizadas con recursos corrientes, y limitarlas a las de materias primas y combustibles, mientras el país no recuperara un nivel satisfactorio de exportaciones (p. 56).

    El criterio de tomar deuda externa para importar es una extensión internacionalizada de la política del Nuevo Orden, de Roosevelt -“para exportar hay que importar”-, y complementaria de la ampliación de los mercados de exportación estadounidenses, una de las estrategias para asegurar el pleno empleo en el país hegemón, junto con la política de rearme en el marco de la guerra fría24. Prebisch propuso también liberar las importaciones de maquinaria agropecuaria, de algunas materias primas indispensables y de papel de diario, fuera de la cuota oficial (p. 62-63).

  1. Eliminar el IAPI como intermediario en el financiamiento e instrumento de realización de ciertas importaciones, que podían hacerse directamente con entidades bancarias.
  2. Preparar un programa de restablecimiento de la economía argentina, que incluyera las inversiones necesarias para aumentar la eficiencia agropecuaria, renovar los ferrocarriles, superar la crisis energética, sustituir importaciones, aumentar la productividad y corregir la vulnerabilidad exterior (pp. 50-51);
  3. Requerir empréstitos e inversiones privadas del extranjero para las inversiones e importaciones de bienes de capital, y esclarecer ante la sociedad el papel de estos capitales, habida cuenta de las controversias que la participación foránea en la economía despertaba en la Argentina (p. 51). Prebisch distinguía el capital “que viene a invertirse en libre concurrencia” del que “responde a combinaciones internacionales, que suelen ejercer influencias inconvenientes en el seno de los países en que desenvuelven sus actividades”, frente a los que se debía mantener cautela (p. 64). Para acceder al capital extranjero,  era necesario “contener la inflación y tomar severas medidas para equilibrar el balance de pagos” (p. 52), así el país “podrá negociar empréstitos con honor y dignidad...”;
  4. Como política antiinflacionaria, el Informe Preliminar recomendaba reducir el crédito interno para frenar la inflación (p. 84) e impedir la espiral salario-precios, evitando aumentos de salarios superiores a los de la productividad, o no acompañados por redistribución.
  5. Eliminar la regulación bursátil del precio de las acciones y de las obligaciones de las empresas privadas (p. 74).
  6. Siendo la Argentina el único país latinoamericano que no formaba parte del BIRF, institución que “podría jugar un papel importante en el funcionamiento del programa de restablecimiento” junto con el Eximbank (Banco de Exportación e Importación de Estados Unidos), Prebisch recomendaba ingresar al Fondo para tomar créditos del BIRF para importaciones de bienes de capital y préstamos para inversión (p. 69). El economista afirmaba que si bien había criticado al Fondo por su rigidez y falta de perspectiva real, “en los últimos diez años [esto es, los años de actividad del organismo] parece haber mejorado desde el punto de vista técnico, aunque sus atribuciones crediticias han probado ser un tanto limitadas”  (p. 69) . Las críticas de Prebisch al Fondo se formularon en la etapa de discusión de los planes de reforma del sistema monetario internacional25.
  7. El informe Prebisch recomendaba no realizar despidos masivos del sector público porque el país no podía absorber masas de desocupados, pero sí congelar las vacantes. Tampoco aconsejaba la contracción general de la actividad económica ni debilitar el sector industrial, con la consiguiente desocupación, porque la experiencia de la aplicación de programas recesivos en otros países latinoamericanos, mostraba que las consecuencias económicas y sociales aparejadas terminaban desencadenando otro impulso inflacionario (p. 86-87).

Las medidas que sugería el Informe Preliminar se pusieron en práctica inmediatamente.

Las negociaciones colectivas de salarios se suspendieron, el IAPI y otros organismos de intervención económica estatal se desmantelaron, los subsidios sobre los alimentos básicos se eliminaron, facilitando la reducción del salario real. El 2 de agosto de 1956 el gobierno dispuso la autarquía del Banco Central, que Perón nacionalizó en 1946, y comenzó el proceso de reforma financiera culminado en diciembre de 1957. Esta reforma apuntó a liberalizar el sistema financiero, a restringir la participación de los bancos públicos, y a limitar la expansión monetaria a través del crédito doméstico.

En octubre de 1955 el gobierno anunció el abandono del sistema de tipos de cambio múltiples, desdobló el mercado cambiario en oficial y libre, y comenzó a devaluar el peso, acumulando un 50% hasta enero de 1956. Según lo previsto en el Informe Preliminar, la inflación disminuyó el salario real y mejoró considerablemente el precio de los granos, el ingreso del sector agrícola (Cuadro 6), y los ingresos por exportaciones. Las autoridades postergaron el aumento de salarios hasta febrero de 1956, de modo que éstos acusaron plenamente los incrementos de los precios de bienes básicos, su participación en el ingreso nacional cayó en dos y medio puntos porcentuales.

 

Cuadro 6

Argentina

Inflación, devaluación, variación salarial y del precio del trigo

Octubre 1955 a enero de 1956

 Variación porcentual respecto al mes previo
MesIndice de precios minoristasTipo de cambioSalario nominalPrecio del Trigo
Octubre-0,18,00,0-4,0
Noviembre0,111,50,019,6
Dic5,610,80,015,3
Ene-1,212,50,08,5
Variación acumulada4,350,10,043,6

Fuente: INDEC y Vitelli (1986). 

En síntesis, la política económica emprendida desde 1956 bajo las recomendaciones de Prebisch acercó a la Argentina al modelo del FMI, antes solicitar su ingreso al organismo: multilateralismo, liberación cambiaria, devaluación, apertura comercial, limitación del crédito interno, medidas típicas de los planes del Fondo.  

La pregunta que aquí se abre, y que recorre toda la relación de Argentina con el Fondo, es en qué medida esta institución impuso estos cambios estructurales como condición para aceptar al país como miembro, y en qué medida ellos reflejaron la concepción y los intereses de los grupos que tomaron el poder, cuyos ingresos dependían de la renta agropecuaria y de las exportaciones primarias, favorecidos con la nueva política; y de la intermediación financiera, agraciada luego por la reforma de 1957. Estos sectores recuperaron un lugar de poder en la Argentina a partir de la llamada Revolución Libertadora, pero ahora se encontraban limitados como clase dirigente por los industriales nacionales, que si bien criticaban el dirigismo del gobierno justicialista, demandaban políticas activas de apoyo al desarrollo industrial. Esta puja de intereses entre industrialistas y exportadores agropecuarios –que a su vez albergaban subconjuntos heterogéneos- fue constante en la Argentina de la segunda mitad del siglo XX. El sesgo de los programas del Fondo tendió a favorecer a estos últimos, a través de su insistencia en profundizar la apertura comercial –que implicaba también menor protección de la industria nacional-, y en minimizar el rol los bancos de fomento, o directamente, eliminarlos, por efecto de las reformas financieras de 1957, 1977 y 1992. Pero el hecho de que el gobierno argentino practicara políticas que el Fondo objetaba, como monetizar el déficit fiscal o profundizar la industrialización, muestra que la Argentina guardaba aun cierta independiente en el diseño de su política económica, que se redujo a medida que la adopción reiterada de los programas del Fondo convirtieron a éstos en la guía central de la política económica.  

 5. El ingreso de Argentina al Fondo

En abril de 1956, el gobierno argentino dispuso26 iniciar las gestiones necesarias para ingresar al Fondo y al BIRF. Una semana más tarde, aprobó27 las recomendaciones del “plan Prebisch”, contenidas en los documentos mencionados, y  el día 27, declaró “vigente la Constitución sancionada en 1853, con las reformas de 1860, 1866, 1898 y exclusión de la de 1949”, retornando a la democracia liberal.

En junio de 1956, al tiempo que entraba en vigencia el sistema multilateral de pagos y la consolidación de deudas acordada con el Club de París, la misión financiera oficial a Estados Unidos, encabezada por Carlos Coll Benegas28, e integrada también por Adalbert Krieger Vasena, ratificó el ingreso de Argentina al Fondo Monetario, y comenzó a gestionar ayuda financiera gubernamental, de bancos privados, e intergubernamental, con magros resultados. Echando por tierra las previsiones del Informe preliminar, el BIRF se negó a financiar inversiones en electricidad, argumentando que existía capital privado interesado en invertir en el sector energético, y debía recurrirse a éste y no al crédito público, a pesar de que otorgó en la misma época, u$s 1.000 millones en créditos a Brasil para desarrollo de infraestructura, incluyendo electricidad. La misión Benegas estimaba que Argentina requería unos 1.200 millones de dólares en los cinco años siguientes, urgiendo las inversiones en transportes y electricidad, mas sólo obtuvo un crédito del Eximbank por 100 millones de dólares, de los cuales 85 debían destinarse al transporte público y el resto a préstamos a empresas privadas. En las negociaciones, Estados Unidos priorizó la resolución de las dificultades de las empresas con participación de capital norteamericano, la liberalización financiera y el tratamiento a los inversores externos. El gobierno argentino creó un mercado libre de capitales; facilitó la remisión de ganancias; removió los controles estatales, restringió las actividades comerciales gubernamentales y solucionó los reclamos de los envasadores de carne, pero el apoyo financiero estadounidense y el Banco Mundial continuó siendo exiguo.

El 31 de agosto de 1956 el decreto-ley 15.970, publicado en el Boletín Oficial del 12 de septiembre, ratificó los Convenios Constitutivos del Fondo y del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, que el peronismo había enviado al Congreso antes de su destitución, pero fueron retirados a causa de la oposición radical. El 20 de septiembre de 1956 Argentina completó la suscripción de su cuota, fijada en 150 millones de dólares, integrada 25% en oro, perfeccionando su ingreso al Fondo.

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1 García Vizcaíno (1974), pp. 119-121.

2 Rapoport (1994), p. 116.

3 Presbisch (1955), p. 69.

4 Aramburu  fue el segundo presidente de facto luego del derrocamiento del presidente constitucional  G. Juan D. Perón, el 16 de septiembre de 1955. El antecesor de Aramburu, Gral. Eduardo Lonardi, nacionalista católico, fue desplazado debido a su postura de evitar revanchismos y divisiones entre peronistas y antiperonistas, y al filonazismo de sus funcionarios, entre ellos, los secretarios presidencial  y de prensa y el ministro de relaciones exteriores.

5 La CGE defendía posiciones proteccionistas e industrialistas, en oposición a la UIA, la Unión Industrial Argentina, enrolada en el liberalismo.

6 Rapoport et al (2000), p. 500.

7 Romero (2004), p. 136.

8 Rock (2001), pp. 327-333; Rouquié (1982), pp. 100-133; Peterson (1985), pp. 242-246.

9 La derecha argentina, definida en el sentido tradicional de oposición al cambio político y social a fin de conservar la estructura social jerárquica, engloba a grupos nacionalistas, neoliberales, militares y clericales. Rock y otros (2001) proveen un estudio reciente y completo de su rol en la política argentina.

10 Rapoport et al (2000), p. 535.

11 López Alonso (1982), p. 150.

12 Corominas Segura fue gobernador de Mendoza entre 1938 y 1941, e integraba la fracción antiperonista del Partido Demócrata, separada del ala conciliadora, representada por Vicente Solano Lima.

13 La Comisión Económica para América Latina (y el Caribe, desde 1984) es una de las cinco comisiones regionales de Naciones Unidas. Fue creada por resolución 106 (VI) del Consejo Económico y Social de la ONU, el 25 de febrero de 1948, y empezó a funcionar en diciembre del mismo año. Raúl Prebisch fue secretario ejecutivo de la CEPAL desde mayo de 1950 a junio de 1963. Actualmente, son miembros de la CEPAL los 33 países de América Latina y el Caribe, junto con Estados Unidos, Alemania, España, Francia, Países Bajos, Portugal, y Reino Unido.

14 Según Arturo Jauretche, Roberto Alemann, Adalberto Krieger Vasena y Julio Cueto Rúa habrían participado en la confección del informe, bajo la dirección de Rodolfo Katz, director del Economic Survey. (Galasso, 2001, p. 183).

15 Estados Unidos y el gobierno peronista de 1946-55 mantuvieron una relación de desconfianza mutua, matizada con algunos acercamientos. Ver en Rapoport y Spiguel (1994) un riguroso estudio del período 1949-1955.

16 En 1948 Prebisch debió renunciar a la Universidad de Buenos Aires por razones políticas: negarse a aportar compulsivamente al “monumento al descamisado”  y a explicar el segundo plan quinquenal. Aceptó entonces una oferta de trabajo en el Fondo Monetario, que el directorio de este organismo revocó para evitar roces con el gobierno argentino. Prebisch fue entonces contratado como consultor en la CEPAL, organismo sin funciones ejecutivas ni crediticias, cuya secretaría general había rechazado previamente, y se hizo cargo de la dirección en mayo de 1950. Dosman (2001), pp. 94-97.

17 Sólo en las primeras 50 páginas de CEPAL (1954), el deterioro de los términos del intercambio desde 1950 se refiere nueve veces, (pp. 2, 7, 16, 22, 33, 36, 39, 42, 49). Esta publicación anuncia como un importante aporte de CEPAL que ha logrado por primera vez calcular efectos de los términos de intercambio exterior sobre las economías latinoamericanas (p. 2).

18 CEPAL (1954), pp. 36-50. En las págs.  101-112, 120-122, 186-189, 204-205, 214-215, 222-223 se anticipa buena parte del Informe Preliminar.

19 Entre 1947 y 1949 los saldos negativos en el comercio con Estados Unidos sumaron 933 millones de dólares, cifra cercana a un año entero de exportaciones argentinas.

20 Prebisch (1949), pp. 492-493) y 509-527.

21 Peterson (1985), p. 233; Zalduendo (1987), p. 194; Rouquié (1982), pp. 132-133.

22Sin embargo, los militares de la línea posterior a Lonardi, los “colorados”, planeaban quedarse en el poder por largo tiempo, hasta conjurar toda amenaza de retorno del peronismo. La descomposición política, el descontento popular y la resistencia peronista obligó a llamar a elecciones a comienzos de 1958. Contradiciendo la neutralidad política del sector militar, a la que Prebisch apelaba, Rouquié refiere que la reiterada participación de las fuerzas armadas en el gobierno, así como el manejo de las empresas públicas, abrió el acceso a mecanismos de poder económico que quebraron la automentada “reserva moral de la Nación”, y que algunos militares comenzaron a concebir la participación en política como un modo de mejorar sus economías personales. Rouquié (1982), pp. 139-140.

23 Decreto 6778/56.

24 Block (1989), p. 62-65.

25 Prebisch (1945).

26 Decreto-ley 7.130, 19 de  abril de 1956.

27 Decreto-ley 7.756, del 26 de abril de 1956.

28 Carlos Coll Benegas fue un financista argentino, ministro de economía del 15 de enero al 26 de marzo de 1962; Adalbert Krieger Vasena fue ministro de hacienda entre el 26 de marzo de 1957 y el 30 de abril de 1958, y ministro de economía desde el 5 de enero de 1967 al 30 de junio de 1969.

*Dra. Noemí Brenta, Instituto de Investigaciones en Historia Económica y Social, Fac. de Cs. Económicas, Universidad de Buenos Aires.