Abelardo Ramos a cien años de su nacimiento. Lo que no se sabe de él

 Por Víctor Ramos

para Perfil

publicado el 24 de enero de 2021

He tenido oportunidad de presenciar distintas situaciones que pueden ser de interés político y que tienen gran actualidad en las acciones de mi padre, Jorge Abelardo Ramos.



Ahora que festejamos el centenario de su natalicio puede ser el momento de dar a conocer algunas de las cuestiones que sus detractores ocultan.

Sobre sus enemigos vale recordar la obra de Ernesto Sábato, «Sobre héroes y tumbas» cuando en referencia a Abelardo dice: “Un individuo notable. Con la gente que lo odia podría levantarse una sociedad de socorros mutuos más o menos del tamaño del Centro Gallego.”

Uno de los puntos desconocidos de la vida política de Abelardo es su enfrentamiento con el gobierno de los Estados Unidos de George Bush y el canciller argentino Guido Di Tella durante la primera presidencia de Carlos Menem.

Esto ocurrió durante su breve paso por la embajada argentina en México.

Su contendiente norteamericano no fue otro que el jefe de la CIA en México y Centroamérica, John Negroponte.

La analogía de esta crisis diplomática nos retrotrae a la ocurrida entre Manuel Ugarte y el presidente Juan Perón en 1950, cuando el gobierno justicialista desplaza al latinoamericanista Atilio Bramuglia de la cancillería y en su lugar designa a Hipólito Paz para recomponer las relaciones con los Estados Unidos, luego de la polarización “Braden o Perón”.

En la nueva estrategia argentina, Manuel Ugarte al frente de la embajada en México era un escollo, en la frontera con el imperio y fue desplazado.

John Negroponte se destacó por organizar los escuadrones de la muerte en Honduras y el ejército de mercenarios “los contras” para invadir Nicaragua.

Luego participó en el planeamiento de la invasión a Panamá y secuestro de su presidente.

Con esos antecedentes el Senado de los EEUU lo consideró apto para designarlo embajador en el país azteca.

Su misión fue que México firmara el TLC, Tratado de Libre Comercio con EEUU y Canadá.

Por su lado, y simultáneamente, llega a México Abelardo con la misión auto impuesta de vincular a México al Mercosur.

La controversia entre ambos embajadores no se hizo esperar.

Al descender del avión, varios periodistas mexicanos lo interrogan sobre sus propósitos diplomáticos, a lo que responde:

“Ante nada debo repudiar la invasión yankee a Panamá que no es otro que un acto de piratería internacional.

Debemos responder con la integración de nuestras repúblicas divididas.

He venido a contribuir en ello”.

El año 1989 fue uno de los que marcó los grandes cambios geopolíticos más destacados del Siglo XX.

La caída del Muro de Berlín, la del comunismo, y el fin de la bipolaridad.

Si bien para Menem, había que modificar el rumbo del nacionalismo popular y la Tercera Posición, para Abelardo era imprescindible ratificarlo.

Di Tella se aprontaba a asumir la cancillería argentina, mientras que Abelardo en México, organizaba un Consejo de Embajadores Latinoamericanos -del que participaba el canciller mexicano Fernando Solana- con el propósito de volcar a este país hacia el Mercosur.

Las actividades políticas y culturales en esa dirección fueron intensas y el socio diplomático que encontró fue el embajador del Brasil, Luiz Felipe de Seixas Correa.

Di Tella lanzó la política de “relaciones carnales” con Estados Unidos y de “desperonizar” la diplomacia argentina.

En una carta personal que me envía mi padre el 8 de enero de 1990 me dice sobre la ocupación militar norteamericana a Panamá y la situación política: “aunque parezca inaudito, he sido el único diplomático en México que ha abierto la boca contra esta infamia.

En un encuentro protocolar de funcionarios en el Palacio de Gobierno me he negado a saludar al Embajador John Negroponte, el tipo buscaba acercarse a mi, quizás no para saludarme sino para pedirme explicaciones por mis declaraciones sobre la mafia de la Casa Blanca.

Y probablemente, provocar un incidente público que desencadenara mi relevo en México.

La hipótesis está lejos de ser fantasiosa.

La distención en el Este ha provocado una euforia demencial en el imperialismo norteamericano.

Se han convencido a sí mismos de que el socialismo ha fracasado.

Tienen la convicción de que llegó la hora de merendarse a la América Latina y que deben arreglar las cuentas con los nacionalismos revolucionarios.

Ni preocuparse de llamarlos “fascistas” como a Perón en otro tiempo; basta con enjuiciarlos como “narcotraficantes”, y lanzar sus infantes de marina.

Esta gentuza, con el bloqueo marítimo de Colombia y la amenazas reiteradas a Nicaragua y Cuba se preparan para otro Vietnam en gran escala en Centroamérica y el Caribe.

Creen gozar de una inmunidad militar completa.

De modo que la situación se ha vuelto muy peligrosa.

Al concluir la guerra fría después de 40 años, EEUU solo se enfrenta al Tercer Mundo y jadea por apretarles las clavijas a los países más díscolos.

En la esfera de mis posibilidades ya he lanzado una colección de libros y revistas, de algún modo nos haremos oír!»

Mientras, los encuentros del Consejo de Embajadores Latinoamericanos en México continuaban generando un sentido de unidad y rechazo al TLC, la permanente presión a México para volcarse al sur, como la reunión de Abelardo con Fidel Castro en La Habana, no hicieron más que acelerar la conspiración de Di Tella y Negroponte, quien estuvo al frente del Consejo de Seguridad Nacional en Vietnam desde 1971 hasta 1973 y, en febrero de 2005, George Bush lo designó director de la Inteligencia Nacional, con la misión de coordinar las 15 agencias de espionaje existentes en el país, luego de ser designado embajador en Irak tras el asesinato de Sadamm Hussein.

El desplazamiento de Abelardo de la embajada de México es simultaneo al de todos los embajadores peronistas en América Latina, entre ellos a Julián Licastro del Perú y Miguel Unamuno del Ecuador.

Al regresar al país creó el área Cultural del Mercosur y sostuvo que “desde los días de la guerra de la independencia a la fecha, no ocurrió en América Latina nada más importante que la fundación del Mercosur.”

Falleció el 2 de octubre de 1994 pero no olvidó de decir a los compañeros: “hay que sumarse al peronismo, yo me voy con lo negros”.

Su crítica implacable al imperialismo como a la izquierda cipaya, le valió el mote de “maldito”.

Un día dijo: “Es cierto, tengo enemigos, pero he dado motivos para ello”.

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