jueves, 13 de julio de 2017

Brasil: El golpe contra Dilma fue también contra Rusia

Raúl Zibechi*
Publicado el 23 de mayo de 2017

La página de información militar Defesanet.com.br difundió el lunes 14 de mayo la noticia de que los gobiernos de Luis Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff estaban trabajando junto a la constructora Odebrecht y al gobierno de Rusia para crear una empresa aeroespacial.
Vladímir Putin, el presidente de Rusia y la ex presidente de Brasil, Dilma Rousseff
El nuevo ente competiría con la brasileña Embraer, con base en datos recogidos de los servicios de inteligencia.

La información es sumamente relevante, y grave, ya que permite comprender las razones de fondo por las cuales la presidenta fue destituida un año atrás, con argumentos pueriles como el maquillaje de las cuentas fiscales que, en realidad, realizan todos los gobiernos.
Hasta ahora no había trascendido este proyecto al que estuvieron vinculados los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), desde 2003 hasta 2016, pero permite comprender también por qué la justicia y los medios se han focalizado en las denuncias contra Odebrecht, siendo que muchas empresas tienen prácticas similares.
El presidente Lula, señala Defesanet, quería que Rusia y Embraer “construyeran un avión militar” para ofrecérselo a la Fuerza Aérea que necesitaba renovar su flota de cazas que ya había cumplido su vida útil. Luego de muchas idas y venidas, la Fuerza Aérea eligió el sueco Gripen de la SAAB, descartando el Sukhoi SU-35 así como el caza europeo Typhoon. Según la publicación, el dirigente del PT Luis Marinho, ex alcalde de Sao Bernardo do Campo (donde se asienta el complejo industrial-militar), estaba actuando como intermediario en esas negociaciones.
En diciembre de 2014, el vice primer ministro ruso Dmitry Rogozin, encargado del área aeroespacial, visitó Brasil con una nutrida delegación de trece miembros. Cuando se propuso visitar Embraer, la empresa rechazó la visita, argumentando que no tenía lugar en la agenda. Rogozin continuó su visita con Mectron, una empresa militar vinculada a Odebrecht Defensa y Tecnología (ODT).
El incidente generó hondo malestar en las relaciones bilaterales. Embraer era la primera empresa a ser visitada por la comitiva rusa ya que, según el diario Valor, sería elegida para el proceso de “nacionalización de los sistemas de baterías antiaéreas Pantsir e Igla, que Rusia estaba en proceso de vender a Brasil”.
Durante la visita, Rogozin dijo que la delegación rusa quería proponer a Embraer la producción conjunta de un avión civil. “Pero Embraer en realidad es una empresa norteamericana, según creemos. De todos modos vamos a intentar establecernos en el mercado aeronáutico local”, según dijo uno de los portavoces del viceprimer ministro a Defesanet durante la visita a Mectron.
En los meses siguientes, siempre según Defesanet, sucedieron algunos hechos que muestran el grado de injerencia extranjera en las relaciones ruso-brasileñas. “El vice presidente de Vnesheconmbank, banco ruso para el desarrollo de negocios en el extranjero, y presidente de la sección rusa del Consejo Empresarial Brasil-Rusia, Sergey Vasilyev, dijo que Rusia ofreció a Embraer la utilización de un área industrial para implantar una línea de producción de la compañía en el país para la fabricación de aeronaves”.
Las negociaciones marchaban bien y se comenzó a negociar la fabricación de aviones militares y helicópteros rusos en Brasil. Pero ante la negativa de Embraer de recibir al vice primer ministro ruso, el gobierno de Lula habría optado por involucrar a Odebrecht en la fabricación de aviones, empresa que ya tenía una buena experiencia en el área de Defensa por los acuerdos firmados con Francia en 2008 para fabricar submarinos.
En este punto es donde la publicación militar, queriéndolo o no, engancha la crisis política con el papel que empezaban a jugar Rusia y Odebrecht bajo los gobiernos del PT.
“La fábrica de aviones estaba caminando y el proyecto sólo fue paralizado por las investigaciones de Lava-Jato que amenaza de tiempo en tiempo los contratos militares de los gobiernos Lula-Dilma”, como los submarinos, con Odebrecht, los helicópteros de combate, con la europea Helibras, y los cazas Gripen con la propia Embraer.
Una vez destituida la presidenta Rousseff, el gobierno de Michel Temer en “un cambio de parámetros”, comunicó a Moscú la cancelación de las negociaciones para la compra del sistema de Defensa Antiaérea Pantsir.
De este modo se cierra el círculo. El proyecto del PT de establecer una base industrial de defensa independiente de los Estados Unidos no pudo concretarse con la aeronáutica Embraer, pero cuando se consiguió destrabar la negociación con la incorporación de Odebrecht para trabajar junto al gobierno ruso, sonaron las alarmas en el Pentágono y en Washington.
La operación Lava Jato fue el arma utilizada para conseguir dos objetivos con un solo disparo: destituir al gobierno del PT y desguazar la principal empresa de Defensa no sometida a Washington. Con el paso de los meses, comienzan a conocerse los detalles en boca de medios que no son sospechosos de simpatía con el PT ni con Rusia, pero que mantienen la importancia de una industria de defensa propia para el país.
Vale decir, en paralelo, que Embraer no es cualquier empresa. Es la tercera compañía aérea mundial en la fabricación de aviones civiles, detrás sólo de Boeing y Airbus, y por delante de la canadiense Bombardier. Fue una empresa estatal hasta su privatización en la década de 1990 bajo el gobierno neoliberal de Fernando Henrique Cardoso. Actualmente está especializada en aviones de hasta 150 asientos y en jets ejecutivos, y tiene una pequeña área de defensa que fabricará los cazas Gripen, proceso que se ha ralentizado por la crisis económica brasileña.
Pero Embraer tiene una estrecha relación con los Estados Unidos que es uno de los principales mercados de la empresa. Aunque formalmente la mayoría de las acciones pertenecen a fondos de pensiones como Previ (ligado al Banco do Brasil y al gobierno federal) y a inversores brasileños, Embraer se ha mostrado reticente a la hora de apoyar la Estrategia Nacional de Defensa, diseñada por el gobierno Lula, para incorporarse como empresa destacada al complejo industrial-militar nacional.
Según los observadores, aún no está dicha la última palabra. El 12 de junio el presidente Temer visitará Moscú, luego de la visita realizada por el ministro de Defensa Raul Jungmann, el pasado 25 de abril cuando se reunió en la capital rusa con su par Sergey Shoigu.
Uno de los temas que discutirán es el uso de la base de Alcántara, en cuya utilización se han mostrado interesados EEUU, Francia, Rusia e Israel. Las potencias espaciales desean utilizar esa base brasileña por su posición geográfica estratégica, a sólo dos grados al sur de la línea del Ecuador y más próxima a la órbita geoestacionaria, lo que garantiza un ahorro de cerca del 30% en combustible.
*Raúl Zibechi: Periodista e investigador uruguayo, especialista en movimientos sociales, escribe para Brecha de Uruguay, Gara del País Vasco y La Jornada de México.

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