viernes, 23 de junio de 2017

CFK y la reinvención de su campaña

Esteban De Gori y Bárbara Ester 

CFK se presentó como una rock star en la Provincia de Buenos Aires al aire libre. Armó una suerte de Woodstock político del conurbano, sin desnudos, pero con muchos “damnificados” por el gobierno macrista. El escenario estaba en el medio, como indica la filosofía de Paulo Freire y las nuevas disposiciones del mundo del espectáculo. Gente alrededor, ni atrás ni adelante como en las tarimas tradicionales. Corriéndose del estilo peronista clásico. Algo parecido hicieron Massa -una especie de pasarela donde se paseó con Margarita Stolbizer-, Macri y Obama y tomando nota los publicistas de CFK se sumaron a la renovación estética y electoral.  Trató de dejar atrás esa “mujer del látigo” que buscaba pedagogizar e hiperpolitizar el ambiente. Esta vez no fue sólo para los propios. No había que encender la llama del pasado, ni de la gestión anterior. Era un discurso para afuera, para ganar votos, para tratar de obtener aquello que podría lograr –su imposible competidor- Florencio Randazzo. Los dos puntitos que le faltaron a Scioli.
CFK y la reinvención de su campaña
Dos situaciones la obligaron a modificar su estrategia: el pedido de los intendentes de “bajarse” al territorio y hablar para esos sectores (sobre todo, los populares)  y la necesidad de generar las mejores posibilidades competitivas para obtener más votos y reposicionarse.
Lucas Ontivero
En el Estadio de Arsenal lanzó su campaña. Existen grandes posibilidades de que sea candidata. Este acto electoral se suma a los ya realizados por Macri y Massa. Pero la de CFK es la mayor concentración “frentista” opositora que recibió Cambiemos hasta el momento. Si bien la cantidad de personas no dice nada per se, es un “mensaje” hacia los adversarios. A CFK le sienta cómodo el espacio público. Pisa fuerte en un escenario político que ha borrado las fronteras entre información, entretenimiento y privacidad. En ese show colectivo toma el centro del ring, mientras que a Macri esto lo incomoda. El presidente no ve sentido a la movilización, considera que fueron “acarreados” o que se trata simplemente de  fanáticos. Apuesta al face to face del timbreo –siempre cuidado y recortado- y por la virtualidad de las redes sociales. Busca la adhesión colectiva planteando una relación microscópica con el individuo.
El territorio, la necesidad de los intendentes de mantener gobernabilidad y la lectura de la derrota de Scioli introdujeron variaciones en la presentación de CFK. Se resituó. Dejó de lado la hiperpolitización e introdujo elementos importantes de las estrategias electorales actuales, tal como lo hicieron derechas e izquierdas latinoamericanas. A la ex presidenta le vale ganar o ganar. Frente a ello, La Cámpora acompaña la necesidad de los intendentes de reducir la conflictividad discursiva, de “esconder a los dirigentes impresentables” (muchos resistidos por las clases medias) y de hablar para los ciudadanos y ciudadanas, y no exclusivamente para los militantes. CFK cambió un relato lleno de alusiones simbólicas e ideológicas por una visualidad de “alto impacto” de los “afectados”. “Miren. El modelo macrista está aquí. Esto es lo que hace.” Y propició la palabra individual, el microrelato.
En el escenario no hubo simbologías que remitan a adscripciones partidarias, ni presentación de las narraciones cargadas de épicas y de viejas memorias, sino personas que padecen el proyecto económico y político del macrismo. Fue un escenario de los “padecientes”, condición que permite construir una identificación con otros. Un dolor universal, aprehensible. Palpable y tan concreto como la fuerza de los números. Esto le permite construir una nueva representación. No la representación de lo que fue el kirchnerismo en el pasado, sino de los reclamos del presente. El aquí y ahora del descontento.
Lucas Ontivero
La estrategia no es novedosa.  Similares tácticas usaron los republicanos con la figura del “plomero” para atacar a los demócratas –y luego, éstos para atacar a los primeros- o el mismo Macri para impugnar al kirchnerismo. CFK no tuvo más alternativa que actualizarse. Flexibilizó su metodología e introdujo las reglas de interpelación de las campañas actuales. Su GPS la posicionó en el individuo. Se sacó de encima las viejas desconfianzas sobre esta “figura” posmoderna. Retiró de su menú discursivo las alusiones moralistas. Buscó establecer así una campaña que logre limitar la propuesta excluyente macrista. El lugar de apelación y de construcción de lo individual para proyectarse a lo colectivo es el padecimiento. Del macrorelato al microrelato. CFK vuelve a una conexión y empatía con el dolor, como lo había manifestado con la muerte de Néstor (y que pese a consideraciones morales, ayudó electoralmente). Fue una primera historia del vínculo sensible que entabla CFK y que ahora reedita con la campaña contra Macri. Esto la coloca en otro lugar. Una vuelta a la sensibilidad de lo cotidiano, a la cual le había “escapado” en sus últimos años de gestión. En el escenario estaba la vida cotidiana proyectada para construir una identificación y una plataforma electoral.
Su discurso político fue integrado por un universo de historias personales. Las grandes figuras de la historia del kirchnerismo estuvieron ausentes. En el escenario había historias recientes.  Ellos –ahora ellos- son los que van por todo. Por eso una nueva expresión política debe cargar con esas historias y esta tarea no puede ser llevada a cabo por  el Partido Justicialista. CFK, casi como un viejo sueño se cargó al partido con el apoyo de los intendentes. Ella escucha la voluntad de los intendentes y éstos le permiten “salirse” y “vaciar” el partido. Es tanta la erosión de las estructuras partidarias que el peronismo puede admitir un libro de pases en continuado.
Lucas Ontivero
Mientras la juventud militante esperaba una suerte de “misa ricotera” (como llaman los seguidores del Indio Solari), CFK ofreció una nueva puesta en escena. Una propuesta electoral decidida a tomar la caja de herramientas del marketing político, que espectaculariza la política, que busca llegar a lo colectivo desde lo individual (en este caso, desde el padecimiento). Pero por sobre todo se coloca en el centro del ring como una show-woman donde lo importante no es el conflicto sino la unidad y ese individuo concreto –no ya el “otro”- que sirve de teatro viviente de las políticas económicas macristas.
CFK desmantela su estrategia anterior y también algo propio del kirchnerismo. No parece por el momento la reedición de un kirchnerismo duro. Sus posibilidades pueden aumentar si hace de éste algo más maleable y menos épico, a la vez que el peronismo una memoria que se vaya disolviendo en el tiempo.

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