viernes, 30 de junio de 2017

Alejandro Vanoli. Patria o dólar

Alejandro Vanoli
Publicado el 21 de mayo de 2017

Este es mi testimonio, la historia de la política económica del país que vi, protagonicé y viví”, cuenta el ex presidente del Banco Central, en un relato atrapante sobre “un período notable de la historia nacional”.

El libro tiene dos partes. Una primera parte, que a su vez se divide en secciones que denomino el amanecer, la mañana y la tarde, incluye mi experiencia de gestión y una mirada cercana y luego protagónica de lo que fue el Gobierno y la economía del kirchnerismo, desde la reflexión que valoriza y rescata, pero también en forma de reflexión crítica y no complaciente, un período notable de nuestra historia, para entender lo que pasó y para ayudar a parir el nacimiento de un proyecto continuador, pero superador de la tradición de los gobiernos populares de la Argentina, desde Yrigoyen y Perón hasta el kirchnerismo. Se cierra con un balance preliminar pero exhaustivo de logros e insuficiencias.

Este es mi testimonio, la historia de la política económica del país que vi, protagonicé y viví. El protagonismo en un período histórico donde hubo que ser y hacer mucho más que lo que un mero economista hubiera sido en un país tranquilo o en un período de remanso. 

El plan que se hubiera adoptado en un gobierno del Frente para la Victoria con Daniel Scioli

Durante el segundo semestre tuve distintas reuniones con Daniel Scioli, Silvina Batakis, a quien en septiembre Scioli había anunciado como su ministra de Economía, y especialmente con Rafael Perelmiter, su contador personal y hombre de confianza de toda la vida de la familia Scioli.

En la primera reunión con Scioli como candidato a Presidente lo primero que me dijo era que iba a respetar mi mandato en el Banco Central hasta 2019 y que valoraba enormemente cómo habíamos enfrentado las maniobras desestabilizantes, bajando el dólar ilegal, la inflación y recuperando el crecimiento. Luego de preguntar mi opinión sobre distintas cuestiones de la política económica, coincidimos en la necesidad del gradualismo en la ejecución de la política cambiaria y en la necesidad de fortalecer las reservas. Luego  empecé a tener diversas reuniones técnicas con Perelmiter, complementarias a las que el ministro Kicillof y su equipo tenían sobre diversas cuestiones económicas.

Scioli y luego Perelmiter habían descartado de plano una megadevaluación, como así también descartaron un acuerdo a los atropellos con los buitres y la eliminación abrupta de las regulaciones prudenciales cambiarias.

En tal sentido, el equipo de Scioli, incluyendo a Miguel Bein, Miguel Peirano y otros economistas, trabajamos en un plan que consistía en dos partes. Primero, fortalecer la reservas: se comenzó a negociar desembolsos con el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Andina de Fomento para lograr mayores desembolsos de fondos netos de los vencimientos. Se trabajó en un blanqueo de capitales que incluía mayores incentivos para exteriorizar los activos en el exterior, pero que a diferencia del blanqueo de Macri, incluía la obligación del ingreso de fondos al país y se excluía del blanqueo a los familiares de los funcionarios del Gobierno. Tuve también reuniones (de las que estaban informados la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el ex ministro Kicillof) con las autoridades chinas para duplicar el financiamiento del swap con China de 11 mil a 22 mil millones de dólares.

Segundo, continuar con la estabilidad monetaria y cambiaria. Esto hubiera permitido mantener la flotación administrada y cumplir con el compromiso de mantener el tipo de cambio en torno a 10 pesos en el primer trimestre de 2016. 

En mi gestión en el Banco Central, bajamos la brecha cambiaria del 90 al 40 por ciento en pocos meses. La experiencia del funcionamiento del mercado cambiario en Argentina y los resultados obtenidos avalaban una gestión gradualista y pragmática. El compromiso era reducir esa brecha a 0 en un año, fortaleciendo las reservas y administrando la política cambiaria y los controles con gradualismo y flotación administrada. Era lógico que eliminar todos los controles de golpe produciría una megadevaluación inflacionaria y recesiva. Como ocurrió en 2016. Y lo decía desde una mirada absolutamente profesional y coherente con una postura mía pública sostenida desde varios  años, de que había que revisar algunas restricciones.

Esta combinación de mayores reservas, flotación administrada y mantenimiento de algunas restricciones a los capitales especulativos por un año hubiera permitido continuar con la recuperación del crecimiento y la baja sostenida de la inflación que se mantuvo por un año hasta octubre de 2015.

Hacia la renuncia: aprietes y últimos días de la gestión

En la primera semana posterior a la primera vuelta electoral, arreciaron los ataques hacia mi persona, que ya habían tenido su pico al asumir en octubre de 2014, cuando los gurúes del establishment auguraban un dólar a 18 o 20 pesos a fines de 2014. Luego, tuvieron que callarse ante la significativa caída de la brecha cambiaria, la reducción de la inflación que en octubre de 2015 marcó los niveles más bajos en años, y la recuperación del crecimiento. 

Posteriormente, retomaron los ataques personales en abril de 2015 a los pocos días que llevé a Carlos Accaputo al BCRA, hombre de confianza del Papa Francisco y luego de compartir el 22 de abril con Scioli el cierre de una actividad en el Banco Provincia, y se profundizaron con la confirmación de mi mandato por Scioli luego de ser oficializado como candidato único del FPV.

Por cierto, evitar una corrida y una megadevaluación y afectar los intereses de los sectores poderosos no podía resultarme gratis.

En la última semana de octubre, Prat Gay efectuó la denuncia por la política de futuros y que incluyó un allanamiento a la mesa del Banco Central dispuesta por el juez Bonadío en pleno horario del mercado de cambios.

Continuaron los pedidos de renuncia o amenaza de remoción por parte de Macri y sus voceros, desconociendo la autonomía del Banco Central. Como un anticipo de la falta de respeto a la institucionalidad que caracterizaría a la gestión de Cambiemos, para el presidente electo era el primer funcionario con estabilidad en el cargo en la mira. Más allá de la legalidad de mi designación, el acuerdo del Senado y los resultados conseguidos a pesar de las maniobras destituyentes y de un escenario global adverso.

Entre la primera y la segunda vuelta, les manifesté tanto a Cristina Fernández de Kirchner como a Daniel Scioli que presentaría mi renuncia si Macri ganaba la segunda vuelta. Hubiera sido incoherente que yo decidiera continuar ya que siempre defendí, y está en el artículo 3 y 4 de la Carta Orgánica, la necesidad de coordinación de políticas del Banco Central con el Ministerio de Economía. En mi entendimiento (y la realidad lo demostró), las políticas del nuevo gobierno no generarían estabilidad ni crecimiento, ni empleo ni inclusión social, todos estos objetivos de la Carta Orgánica del Banco.

El fin de semana del 28 y 29 de noviembre recibí amenazas de muerte a mi persona y a mis hijos en el domicilio de la madre de mis hijos, en el domicilio de mi madre y en otro domicilio familiar, lo que provocó que efectuara la denuncia ante la fiscalía de turno el día 30 de noviembre, denuncia que recayó en el juzgado de Rafecas, sin que a la fecha haya habido avances en la investigación, más allá de ser muy claro desde dónde venían esas amenazas, que más o menos sutilmente reproducían los voceros del Gobierno electo.

* Ex presidente del Banco Central.

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