sábado, 10 de diciembre de 2016

Sobrevivir en un mundo conflictivo

Hector Pavon
Revista Ñ [x]
Las relaciones internacionales y el papel de los partidos políticos son el eje de un trabajo de María Cecilia Míguez que explica los vaivenes de la conjunción económica, política y estratégica de la Argentina desde 1983.

"Uno de los objetivos del libro es poder mirar tres grandes aspectos de la política exterior: el económico, el político diplomático y el estratégico militar para poder sacar una  buena conclusión”. El subrayado es de María Cecilia Míguez, doctora en Ciencias Sociales y autora de Los partidos políticos y la política exterior argentina (editado por el sello Ariel). El investigador en Historia económica Mario Rapoport prologó el libro y allí señala: “Como lo plantea María Cecilia Míguez en ese luminoso análisis histórico y teórico de una dura época que no debemos olvidar, vivimos en un mundo multipolar, conflictivo y caracterizado por profundas crisis y asimetrías, donde se impone la necesidad de revalorizar a la Argentina como nación y de forjar un rol autónomo en el escenario internacional, fundamentos imprescindibles para construir relaciones más igualitarias con todos los países y, en especial, con los de nuestra propia región”. Sobre el papel de los gobiernos y los partidos políticos en democracia y su actuación en el plano de las relaciones exteriores se explayó Míguez.


-¿Cuál fue el desafío más importante que tuvo Alfonsín y la UCR en su relación con el mundo en el período 1983-1989?


-Creo que tuvieron dos desafíos muy grandes en lo que hace a la relación con el sistema internacional, con el mundo y con las potencias, que son Malvinas y la deuda externa. De Malvinas, la propuesta era su reivindicación, de no abandonar el tema. En el caso de la deuda, denunciar la parte ilegítima. En los dos casos se ve el abandono de esos dos postulados originales. Después del intento de armar un club de deudores en Cartagena, se llegan a acuerdos con el FMI a partir del 85 con el plan Austral y de ahí en más se reconoce esa deuda y se estatiza la deuda privada. Y se produce un desencanto respecto de lo que significaban las banderas tradicionales del radicalismo y lo que le va pasando a ese partido a lo largo de los 80 y los 90. Como se van derrotando esas líneas que por ahí sí tenían que ver con un  pensamiento más de autodeterminación nacional o de defensa de la soberanía y se imponen otras de corrientes más liberales. 

-¿Y qué pasa con el PJ derrotado? ¿Qué papel juega?

-El peronismo más progresista es derrotado, es blanco central de la dictadura, con lo cual lo que sucede en muchos casos es que las dirigencias que quedan, sobrevivientes de ese proceso, están en cierta medida en situación de posible cooptación. No es solamente que hayan sido dirigencias cooptadas por los intereses de las potencias extranjeras, sino que hay una connivencia de intereses. Lo que queda es afín a ser sumado a lo que era toda la transformación que ocurre en el plano internacional pero también en el plano local. Esto implica poder entender por qué sectores de las dirigencias políticas de partidos, que tradicionalmente habían defendido determinadas banderas, las van abandonando, se fracturan esos partidos y se produce una especie de acuerdo o consenso entre líneas hegemónicas de ambos partidos. Eso lleva a que tengamos 10 años, desde el 91 hasta el 2001, de hegemonía neoliberal indiscutida con pequeños debates, que no son significativos en términos de proyecto de país.

-¿Y la UCR acuerda con las políticas de la Cancillería?

-Desde el inicio de la gestión de Alfonsín se abren muchísimos frentes de disputa y de discusión en el radicalismo. Entonces, los ministerios de ese gobierno, también se arman teniendo en cuenta la influencia de distintas líneas. Caputo se maneja desde el principio en buena relación con Alfonsín por supuesto, y desde lo discursivo lleva adelante banderas históricas, tradicionales del yrigoyenismo. Pero, desde el año 84, también tiene muy buenos vínculos con lo que van a ser los capitanes de la industria, que empiezan a tener también cada vez más lugar en la formulación de la política económica. El primer ministro de Economía, que es Grinspun, es reemplazado rápidamente, después del fracaso del Club de deudores, ese primer plan económico. Que en realidad era un plan económico que había sido consensuado con la multipartidaria, donde también estaba el PI. Ese primer plan fue consensuado, pero el segundo es el Plan Austral, que es de Sourrouille, que es un técnico, no un hombre de raigambre radical, eso sí va a provocar un cimbronazo en los sectores más afines a elegir un ministro que fuera del riñón del partido. Sourrouille viene con un plan económico bajo el brazo que fue preacordado con el FMI.



-Y en los 90 hay dos actores importantes en el área de relaciones internacionales que son Guido Di Tella y Cavallo...

-Cavallo es un hombre cuyo recorrido es muy interesante para entender este consenso neoliberal y esta transformación al neoliberalismo, es un hombre colocado como diputado de Córdoba con una candidatura financiada por la Fundación Mediterránea. En el momento de crisis del gobierno de Alfonsín, él ya hace gestiones en el FMI para evitar que se le siguiera prestando dinero a la Argentina. Es aquel momento en que Pugliese va al fondo y dice, les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo. Cavallo pasa a ocupar la parte de relaciones exteriores con una excelente relación con los bancos occidentales, con el FMI, con bancos de potencias europeas, con lo cual es el gran artífice de un gran viraje en todas las relaciones internacionales argentinas. Si bien el plan de convertibilidad es posterior, la reforma del Estado del año 89, esas grandes transformaciones se dan apenas asume Menem y Cavallo es quien tiene los primeros gestos de alineamiento automático con los EE.UU. De allí surge: el envío de tropas al Golfo Pérsico, los acuerdos por Malvinas, aplicando la fórmula del paraguas de soberanía que había sido ideada por Lucio García Del Solar que era funcionario del gobierno radical, y la desactivación del misil Cóndor, el retiro de No Alineados de 1991, el cambio de voto en la ONU respecto de Cuba. 

-¿Y la Alianza logra generar una identidad propia con Rodríguez Giavarini en la Cancillería? 

-Giavarini en realidad es un economista vinculado a De La Rúa y cuando asume dice basta de relaciones carnales, vamos por las relaciones intensas... La Alianza mantiene una relación igual de estrecha con las grandes potencias. Es cierto que intenta un acercamiento a Brasil, un relanzamiento del Mercosur, que no se traduce en nada finalmente. La relación con el FMI y la política económica es la misma, a pesar de que se pueda ver un cambio en el reclamo de Malvinas, después  queda muy diluido. Los ejercicios militares conjuntos con EE.UU., eso siguió igual. Hay una cantidad de elementos que hablan de una gran continuidad. 

-En el período 2001-2003, ¿qué pasa con los puntos importantes de las relaciones exteriores argentinas?

-Los ejercicios militares disminuyen fuertemente por un tema de presupuesto. En el caso de Malvinas, todo continúa sin ningún cambio, en el de la deuda empieza primero el momento que se dice que no se va a pagar, el default y a partir de ahí, con Lavagna, las negociaciones por el canje de deuda, ese pasa a ser el eje. Uno de los grandes debates de la etapa post 2001 es del canje de la deuda externa y la relación con los organismos internacionales de crédito. 

-A partir de 2003, ¿los cambios son tan importantes cómo los ocurridos en los 90 en las relaciones exteriores?

-Ante la declinación de la hegemonía de los EE.UU., lo que se produce es un redireccionamiento de las relaciones internacionales argentinas hacia otros países: América Latina, China. Si bien EE.UU. es un actor ineludible y principal en las relaciones de Argentina con el mundo, se suman nuevas relaciones, se orienta el esfuerzo de política comercial, estratégica, diplomática, hacia otros países. América Latina ha cobrado un protagonismo inusitado respecto de los últimos 30 años. En el marco de lo que es Unasur, la relación con Venezuela, con Bolivia, con Ecuador, eso es un cambio importante. Y aparece un actor clave que es China y luego el Este del mundo. Muchos analistas de las relaciones internacionales, que en su momento promovían el alineamiento automático con EE.UU., ahora sostienen que es una potencia en decadencia y que hay que alinearse con China, la potencia en auge. Lo cual es un error, pensar que uno va a generar mayor grado de autonomía cambiando de potencia hegemónica. 

-¿Y qué importancia tiene Europa? Alfonsín, Menem viajan allí antes de asumir... 

-Europa es un actor económico central para las relaciones argentinas, pensemos desde la génesis de la Argentina contemporánea. Las relaciones de Alfonsín con la socialdemocracia europea generan expectativas de tener condiciones para mejorar la deuda por ejemplo, cosa que también fracasó. Porque también Europa vive un proceso de avance del neoliberalismo, aun los países gobernados por la socialdemocracia. Europa hacia fines de los 80 empieza a orientar sus inversiones hacia América Latina y es uno de los principales actores que reclaman la posibilidad de acceso del capital extranjero en condiciones de privilegio, como hacen en los 90, es el continente principal beneficiario del proceso de privatización. Y en el momento actual Europa está viviendo una crisis feroz, entonces las relaciones económicas, en lo que hace al comercio exterior, están orientándose a China.

-¿Qué importancia tiene EE.UU. para el gobierno actual? 

-Es una relación que tiene puntos de tensión y de encuentro, según los distintos momentos. Desde la primera etapa de Cristina ha tenido más acercamiento o más tensión, pero es cierto que algunas medidas políticas que se han tomado muestran determinado nivel de distancia de 2003 para acá respecto de lo dictaminado por EE.UU.. Lo más significativo es el fracaso del ALCA en 2005.

-Donde hay una decisión política en bloque...

-Pensemos que hoy todo lo que es Unasur, CELAC, se han manifestado a favor del reclamo argentino por la reapertura del diálogo con Gran Bretaña por Malvinas. Lo mismo el Grupo de los 77 más China, eso también es resultado de una política exterior que busca diversificar puntos de apoyo. 

-¿Y el Mercosur?

-En el Mercour hay ahora una alianza estratégica muy importante con Brasil, que se ha visto reforzada por la coincidencia en algunos aspectos entre los primeros mandatarios. Creo que la mejor opción es la de una integración regional más amplia, pensando especialmente en Unasur. 

-Hay una palabra que aparece al principio y al final del libro, que es autonomía. ¿Cómo ha variado  el significado de esa palabra en tre los 80 y el presente?

-La búsqueda de la autonomía, podemos decir que es un objetivo de todos los países que buscan autodeterminarse. Pero es un tema fundamental para los países dependientes, que no la tienen de por sí, pensemos que la Argentina fue una colonia, ha tenido que conseguir su independencia, con lo cual la dependencia es algo previo. Y debe conseguir su autonomía en función de recuperar resortes estratégicos y fundamentales del manejo de su economía, de su política, de los recursos naturales. En los 80, funciona como hegemónico un paradigma discursivo de la autonomía, ese paradigma se expresa en la mayoría de los discursos de Alfonsín por ejemplo, los de Caputo y en esta intención de mantener relaciones maduras con los EE.UU., de reafirmar la soberanía de las Malvinas, revisar la deuda externa. Si bien algunas políticas sí se mantuvieron y siguieron siendo autónomas respecto de los EE.UU., lo cierto es que al asumirse en el plano económico el tránsito a políticas cada vez más afines a las demandas de las potencias, esa autonomía quedó reducida al aspecto de alguna que otra medida política, no por eso menos significativa. Por ejemplo, no ratificar el tratado de proliferación nuclear, que el menemismo ratifica. Ahora, referirse a una inserción internacional autónoma implica tener en cuenta las tres dimensiones de la política exterior que señalé al principio. Se puede tener políticas exteriores autónomas en temas puntuales, pero para que la inserción internacional sea en forma autónoma, se necesita que esos tres aspectos de la política exterior sean tenidos en cuenta y en función de esa autonomía nacional. En el proceso actual hay políticas diplomáticas y estratégicas que van aumentando el margen de autonomía. Hay políticas económicas que refuerzan la autonomía y otras en las que pervive el modelo anterior. Creo que la línea a seguir es la que refuerza la autonomía, como por ejemplo obligar a mineras, petroleras y aseguradoras a liquidar sus divisas en el mercado local, seguir reclamando la soberanía por Malvinas, pero no sólo desde lo diplomático, sino como fue en 2007, anulando los acuerdos del 95 sobre hidrocarburos. La recuperación de la mayoría del paquete accionario de YPF. Son medidas significativas respecto de la autonomía. Faltan otras, como la modificación de la ley de entidades financieras, que es algo pendiente.