Italia: El extraño gobierno de SuperMario Monti
Gorka Larrabeiti

Su reunión más comprometida tuvo lugar a puerta cerrada en el edificio del grupo Bloomberg, la mayor red de información financiera mundial. Lejos de las cámaras, Monti se encerró con varios tiburones de las finanzas mundiales: entre otros, Lloyd Blankfein, Director ejecutivo de Goldman Sachs; George Soros, renombrado especulador financiero; Peter Grauer presidente del grupo Bloomberg y Henry Kravis del Fondo KKR de private equity cuyas gestas inspiraron Wall Street, la película con Michael Douglas en el papel de Gordon Gekko. He aquí el comentario de Mario Monti, viejo conocido de muchos presentes, a la salida de la reunión: “Creo que los he convencido, aunque jamás te dirían lo contrario en plena reunión”. Así está la democracia hoy: un presidente de gobierno no elegido democráticamente debe convencer a otro electorado distinto del pueblo soberano: los mercados. Y resulta que Monti les debió de convencer, a juzgar por la trayectoria de la presión sobre los bonos italianos, que se han recuperado, y eso que Standard y Poor's castigó a 34 entidades bancarias italianas.


Este gobierno nació con un apoyo parlamentario muy extraño. Jamás había habido un gobierno con tanto respaldo en el parlamento: todos los partidos grandes -centroizquierda, derecha, democristianos- salvo la Liga Norte lo apoyaron. Muy extraña fue la rapidez con que el gobierno Monti consiguió que el Parlamento apoyara la reforma de las pensiones, que elevaba a 67 años la edad mínima. Tanta fue la rapidez de ejecución del decreto que Sarkozy no creía que estuviera en vigor en la primera reunión con Monti. Extrañísimo fue que una reforma de pensiones fuera contestada con sólo pocas horas de huelga por parte de los sindicatos. Extraño es que los trabajadores del sindicato FIOM hayan quedado excluidos de las plantas FIAT en Pomigliano, y que el acuerdo brutal que se impone a los trabajadores de esa fábrica se extienda a todas las instalaciones FIAT en Italia. Extraña es la falta de apoyo de los partidos políticos de centroizquierda al sindicato FIOM cuando denuncia la violación de la Constitución. Extrañísima fue la operación policial contra activistas NO TAV que se saldó con veintiséis detenciones el 26 de enero acusados de lesiones, violencia y resistencia a la autoridad durante los enfrentamientos de julio de 2011: una operación cuyo fin era criminalizar el movimiento de resistencia al inútil tren de alta velocidad. Extrañísima ha sido la revuelta de las horcas en Sicilia: una rebelión popular de una zona empobrecida que las mafias y nuevos caudillos han tratado de aprovechar. Extraña fue la operación mediática realizada por la policía fiscal contra los evasores en plena Navidad en plena Cortina D'Ampezzo, meta invernal de una clase muy bien acomodada. Hasta los aciertos de este gobierno resultan bien raros: por un lado, este gobierno no apoyará la candidatura de Roma a las Olimpiadas de 2020 porque se quiere evitar un mayor endeudamiento; por otro lado, este gobierno "católico" es bien probable que consiga eliminar la exención de pagar impuestos inmobiliarios a los edificios propiedad de la Iglesia en que se desarrollan actividades comerciales. Qué extraño que la Iglesia no proteste. En otro orden de cosas, resultó también extrañísima esta provocación de un hábil orador como Monti: "Los jóvenes tienen que acostumbrarse a la idea de que no tendrán un puesto fijo de trabajo para toda la vida. Por otra parte, digamos la verdad, qué monotonía tener un puesto fijo para toda la vida. Es más bonito cambiar y tener desafíos". Bajo esa provocación se anuncia una dura reforma del trabajo y una modificación del artículo 18 del Estatuto de los trabajadores, que regula el despido.
Al nacer su gobierno extraño, Monti afirmó que el horizonte temporal de su gobierno sería 2013, fecha del final de la legislatura, siempre y cuando los partidos mantengan hasta entonces su apoyo. Resulta muy extraño el silencio y el apoyo de Berlusconi. Por paradójico que parezca, en la potencial fragilidad "democrática" del gobierno Monti se basa su solidez “técnica”. De hecho, desde Il Sole 24 Ore, periódico de la patronal italiana, ya se pide que este gobierno "no sea sólo transitorio", y los democristianos sugieren que este gobierno "de armisticio" dure cinco años. Es normal. Según el historiador Paul Ginsburg, Monti "ha reconstruido en poco tiempo una auténtica derecha clásica". Que la derecha gobierne Italia no tiene nada de extraño.

Los días 12 y 13 de junio de 2011, siendo Berlusconi aún presidente, 26 millones de ciudadanos italianos defendieron varios bienes públicos: el agua, servicios públicos locales, el No a las centrales nucleares, y la igualdad ante la ley. Desde entonces, en ese triunfo se basa un nuevo sujeto político. A finales de enero se ha celebrado en Nápoles un Fórum de Ayuntamientos por los bienes comunes, que asume como indispensable la creación de una plataforma política que defienda y aplique los resultados de ese referéndum ganado por esos 26 millones de ciudadanos ante otro ataque, esta vez en forma de decreto del gobierno Monti, que reproduce y recrudece la legislación que el gobierno Berlusconi quiso, pero no pudo imponer. Aquíse lee el informe introductorio de dicho Fórum, con propuestas de actuación muy concretas.
Los días 10, 11 y 12 de febrero en el marco del Teatro Valle Okupado, un bien público que estaba a punto de ser desmantelado, acogió la campaña europea por una Europa de los pueblos que construya una alternativa europea. Una constituyente europea desde abajo que responda a esa "revolución desde lo alto", como la llama Etienne Balibar, que está sacudiendo Europa. Ya existe una Carta Europea de los Comunes. Poco a poco se va fraguando un concepto sencillo y convincente. Lo común. Un movimiento que apela al presente, al ecologismo social, evocando la tradición política comunista, agregando y no dividiendo.
Lo bonito de este movimiento es que amplía la idea de bien común. Europa, la información, los servicios públicos, el ambiente, la cultura, las Constituciones, la renta ciudadana garantizada, el trabajo y la belleza no pueden ser “extraños” ni "fuera de lo común", precisamente porque son eso: bienes comunes.