viernes, 1 de diciembre de 2017

García Lorca desde la Avenida de Mayo

Por Milagros Salvador
para el Centro Virtual Cervantes

Buenos Aires siglo xx

El siglo xx había comenzado para España con heridas en la piel y puedo decir que también en el corazón, como la reciente perdida de Cuba, la sangrienta guerra con Marruecos, la dictadura del general Primo de Rivera, el comportamiento de la monarquía, la decadencia y la desilusión que escritores habían hecho resonar en sus escritos, y como contrapartida, el florecimiento individual de nombres importantísimos para la cultura, una constante que con la vertiente del exilio merece la consideración de los que ahora vivimos.

Entre 1920 y 1930 llegan a Buenos Aires casi trescientos mil inmigrantes, «en su mayoría españoles e italianos», en palabras de Pablo Medina. Buenos Aires adquirió una cierta autonomía, producto de la actividad de distintos grupos intelectuales y artísticos que con una producción propia y original comenzaron a delinear un movimiento rico en matices y propuestas de la índole más variada. La industria editorial se consolidó con ediciones masivas de traducciones de autores extranjeros y con escritores nacionales.

La llegada

El viernes 13 de octubre del año 1933, Lorca llega a la capital argentina, en el Conte Grande cerrando así, con esta visita, el triángulo de las tres significativas ciudades americanas de la época, hecho que dejará poso en el pensamiento del autor y en su obra.

García Lorca en Buenos Aires, 1934
En el puerto le esperan, además de un sinfín de periodistas, Gregorio Martínez Sierra, la actriz Lola Membrives y su marido, empresario teatral, y sus tíos Francisco y María, que como dice de una manera muy gráfica Pedro Villarejo en su libro García Lorca en Buenos Aires, en su capítulo «Anoche llegó el poeta», «no dejaron en Granada el pañuelo grande que empapan las emociones». El escenógrafo Manuel Fontanals  añade que también asistió a su encuentro la que había sido su niñera en Granada, que residía en Buenos Aires desde hacía tres años. 

El periódico La Nación reflejará así el hecho: «Llegará hoy a Buenos Aires  Federico García Lorca, joven que ha alcanzado vasta fama y la consagración respetuosa y es en España uno de los exponentes más representativos quizá el más, de su nueva literatura, moderna e inquieta…».

El 27 en Buenos Aires

Pero Federico no era el primer escritor español que visitaba Buenos Aires. En la década de los años 20, antes de la decisiva fecha del año 31, la ciudad había despertado un extraordinario interés en los escritores españoles. La República Argentina disfrutaba de una situación económica mejor que la nuestra, visible florecimiento entre guerras, y un brillante ambiente cultural, lo que era una atracción para nuestros intelectuales, y a Buenos Aires llegaron, como se hace eco Irma Emiliozzi, en el libro El 27… en Buenos Aires. Estudios y documentación inédita, Xavier Bóveda y Gerardo Diego en 1928, Guillermo de la Torre en 1927, María Teresa León, estando casada con Sebastián Alfaro, y Amado Alonso también en 1927, que llegaría a ser director del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires, institución que también presidiría Américo Castro, Agustín Millares y Manuel Montoliu.

Presentación de la Avenida de Mayo

La Avenida de Mayo es una espaciosa y clásica calle dentro del barrio de Montserrat, el más español y tradicional de la ciudad, inaugurada el 9 de julio de 1894, en el que muchas de sus esquinas nos traen a la memoria ese ambiente familiar de lo conocido, nombres como Hotel Escorial, Mesón Español, Hotel Madrid o Gran Hotel Hispano. Es además la vía del escenario público, pues une la Casa Rosada con el Parlamento.

Y es la calle que merece un recorrido literario como nos presenta la alemana Sieglinde Oehrlein en su Guía cultural de Buenos Aires, donde se sitúa el lugar en el que José Hernández escribió Martín Fierro, donde se situaba el diario La Prensa, en el que Borges hizo sus primeras colaboraciones periodísticas, donde se encuentra el bar London, en el que Julio Cortázar imaginó el ambiente de Los premios, de 1960, y un largo etc. Desde 1997, la Avenida es reconocida como lugar histórico nacional.

Y a la Avenida llegaron también los pulsos políticos de España y en ella se sitúan los dos cafés, El Iberia, que recoge a los republicanos, en el que lo recuerda una placa colocada en el 2006, aniversario de los 70 años de la República, y el Español,  donde se reunían los nacionales, y frente a frente como una metáfora de nuestro país.

Este es el espacio de vida que conoció Lorca, en su encuentro con la ciudad porteña y portentosa de la época en que viaja el poeta, he dicho ciudad brillante y poderosa que estaba fructificando en el período de entre guerras, adornada con las mejores galas del arte modernista europeo y universal que dejaría tan significativos vestigios de una pomposidad que aún hoy nos mueven por su belleza.

Y en la Avenida de Mayo, en el número 1152 se encuentra el hotel Castelar, llamado así porque los dueños quisieron recordar al primer presidente de la primera república española, Emilio Castelar. El hotel está construido bajo los cánones de la época y en él se hospedó nuestro poeta, en la habitación 704, que fue restaurada en el año 2003 y que se puede visitar los fines de semana. Con una placa en su fachada y un poema, hoy recuerda al paseante y al curioso la cita del tiempo con el eminente visitante.

Quiero destacar que en la Avenida de Mayo se encuentran los puntos de mayor referencia de la estancia de Lorca, La Peña Signo, el teatro Avenida, el café Tortoni, la Peña de las Gentes de las Artes y las Letras, el café 36 Billares, y las radios, como la Splendid, que registrará la voz del poeta en sus alocuciones. Este conjunto de espacios hacen de la Avenida la casa de recepción de Lorca en Buenos Aires y motivo suficiente para ensalzar su recuerdo.

Y a la llegada de Lorca, las palabras de agradecimiento no podían faltar: «En el comienzo de mi vida de autor dramático, yo considero como un fuerte espaldarazo la ayuda de Buenos Aires que corresponde buscando su perfil entre los barcos, sus mandoneones, sus finos caballos tendidos al viento, la música dormida de su castellano suave, los hogares limpios donde el tango abre en el crepúsculo sus mejores abanicos de lágrimas».

Cuando llega Lorca a Buenos Aires ya es conocido en España, en 1927 ha presentado en Barcelona Mariana Pineda, ha salido a la luz en 1928 su Romancero gitano, en 1931 sus Poemas del cante jondo, y en 1933 se presenta en Madrid, en el teatro Fontalva Bodas de sangre, y ha sido nombrado codirector de La Barraca con Manuel Ugarte. En 1928, funda la revista Gallo, con miras a dar a conocer la joven poesía, y aunque tiene una corta vida de dos números, algunas de sus participaciones marcan un interesante nivel y eco, como el de Salvador Dalí, con su «Manifiesto antiartístico catalán».

Ya desde el primer día, Lorca es el invitado imprescindible del movimiento cultural porteño, esa misma noche, invitado por Pablo Suero, que se adelantó a recibirle en Montevideo, asiste a la representación de El mal de juventud, obra del alemán Ferdinand Brücker, y es Gibson el que recoge el conocido comentario del poeta de que «en Madrid sería impensable estrenar esta obra, dado el carácter de su contenido».

Uno de los que mejor conoce a Lorca, el asturiano Pablo Suero, que residente en Argentina, lo describe así: «Ancho de hombros, con una enorme frente y una mirada color ciruela, García Lorca da la sensación  de vigor y energía. Juega y ríe. Pero de pronto dice cosas fundamentales en un lenguaje lleno de fuerza, finalizando con algo que le hace reír primero a él, con una risa un poco ronca. Su acento andaluz escamotea sílabas. Habla con vehemencia y rapidez».

Al poco tiempo de llegar, Lorca escribe a sus padres con estas palabras que han sido tan reproducidas: «Yo estoy abrumado por la cantidad de agasajos y atenciones que estoy recibiendo, aquí en esta enorme ciudad tengo la fama de un torero».

Admirado y amado será una importante atracción cultural de la ciudad, «durante seis meses será difícil abrir la prensa sin leer algo acerca del prodigio andaluz que ha caído como una bomba sobre la ciudad», escribe Gibson.

Pocas son las voces que no están de acuerdo con los bellos adjetivos que artistas e intelectuales prodigan a Lorca. Las más conocidas, la de Jorge Luis Borges, que recuerda César Tiempo y recoge Sieglinde Oehrlein: «Me parece un “andaluz profesional”» y añade «que tuvo la suerte de ser fusilado», y le parece un poeta «sin pasión». «Ciertamente la muerte lo favoreció, solo sirvió para que Machado escribiera un poema admirable», palabras solo comparables con las que le dedica Arturo Cambourg, que le llama «boludo, gordo charlatán y petulante», palabras que más parecen hijas de celos literarios. No llegan a tanto en nuestro país las que le dedica González Ruano en Mi medio siglo se confiesa a medias, porque le reconoce su talento.

El Teatro Avenida

Y es en el Teatro Avenida, en el que se representan las obras de Lorca. El teatro inaugurado en 1908, se incendio en 1979 y aunque se ha reconstruido no tiene la magnificencia original.

Lola Membrives será la actriz. Según Ian Gibson, «es tal vez en sus conversaciones con ella (refiriéndose al 8 de marzo de 1933 en España) cuando nace el deseo de Lorca de probar fortuna en la gran ciudad del Plata. Y en 1933, será ella quien en un brillante montaje de Bodas de sangre, convierta a Lorca en figura famosísima en Argentina».

Lorca recuerda el día del estreno en una carta a la familia en la que cuenta el éxito de la obra que llegó a alcanzar las 100 representaciones, y que la prensa anunció así: «La compañía de comedias de la actriz Lola Membrives celebrará esta noche en el Teatro Avenida, con una función extraordinaria en honor del autor las cien representaciones del poema dramático de Federico García Lorca, Bodas de sangre». Obra que fue llevada también a otras ciudades de la Argentina. Y en el mismo Teatro se representaron Mariana Pineda y La zapatera prodigiosa, que durante meses llenó la sala, estrenada en Madrid por Margarita Xirgu en 1930 en Teatro Español, así como la adaptación de La dama boba, de Lope de Vega en el Teatro Lla Comedia.

El 1 de marzo de 1934, también se celebrará en el Avenida el homenaje a Lorca. Queda una interesante fotografía, en la que aparece Federico rodeado de los amigos que asistieron, entre el innumerable público. El Retablillo de don Cristóbal lo haría en el Teatro La Comedia.

La felicidad por los éxitos del poeta se alternaba con su tristeza por el sentimiento de lejanía de su familia, y en especial de su madre. Leslie Stainton, profesora en Michigan que ha estudiado la obra de Lorca durante 14 años y consultado sus cartas y documentos personales, refleja en su reciente libro Lorca, sueño de vida, los sentimientos filiales del poeta: «Yo no me he casado porque soy de mi madre». Por otra parte, Sara Tormú, que Pablo Medina nos recuerda en Lorca. Un andaluz en Buenos Aires a quien sus íntimos la llamaban «la Rubia», casada con Rojas Paz, destaca que cuando Lorca se retiraba del teatro estaba melancólico, «extrañaba a su madre, tenía miedo de que enfermase y no volverla a ver», y por último Sieglinde Oehrlein también se hace eco de estos cambios frecuentes en nuestro poeta.

Puedo recordar aquí como muestra de fervor por Lorca, que fue en Buenos Aires donde tuvo lugar el estreno mundial de La casa Bernarda Alba, en 1945.

Las conferencias

Una vez más Gibson recoge las palabras que Lorca pronuncia en Buenos Aires, el 20 de octubre de 1934, y en esta ocasión con motivo de su primera conferencia «Teoría y juego del duende»: «El dirigir la palabra esta noche al público no tiene más objeto que dar las gracias bajo el arco de la escena por el calor y la cordialidad y la simpatía con que me ha recibido este hermoso país, que abre sus praderas y sus dos ríos a todas las razas de la tierra…».

Otros títulos de sus conferencias son «La imagen poética de Luis de Góngora», «Las nanas infantiles», «Poeta en Nueva York», «Como canta una ciudad de noviembre a noviembre» y «El cante primitivo andaluz».

Las peñas y tertulias

El café Tortoni sigue siendo acaso el más célebre de la ciudad, amplio, de gusto modernista, conserva en sus adornados muros fotografías y recuerdos de los nombres famosos que lo visitaron, entre los que se encuentra el grabado que Lorca donó al café «solo el misterio nos hace vivir, solo el misterio». El café, de reconocida historia, se fundó en 1858, en recuerdo de uno parisino que fue lugar de reunión de intelectuales franceses, y hoy sigue siendo visitado con el sabor que guardan sus recuerdos.

  A pesar de la lluvia yo he salido
  a tomar un café. Estoy sentado
  bajo el toldo tirante y empapado
  de este viejo Tortoni conocido.

Así dicen los versos del poeta Baldomero Fernández Moreno.

En sus bajos, se celebraba la Peña de las Gentes de las Artes y las Letras, tertulia creada en 1926 por el pintor Benito Quinquela Martín, el crítico teatral Arturo Romay y el crítico musical Gastón, tertulia a la que acuden además los redactores de los diarios Crítica, La Prensa, Noticias Gráficas, El Argentino, la Época y La Razón, que sería tanto como decir las voces de Buenos Aires.

Y la Peña Signo, que se reunirá en los bajos del hotel Castelar, y que será la primera en la que confraternizarán hombres y mujeres en un lugar público, las primeras escritoras que serán las valientes de una época que romperán con muchos usos sociales. En palabras del conocido periodista del Diario Crítica Edmundo «Pucho» Guibourg uno de los entretenimientos de esta peña era también el baile, donde por supuesto, el tango era el rey, «serán las más representativas, pero no las únicas que salpicarán las noches porteñas».

Las peñas que tanto han representado una avanzadilla cultural en Buenos Aires durante varios lustros, a la llegada de Lorca están en su apogeo, y asisten a ellas escritores, pintores, artistas y políticos, como el presidente de la República, Alvear, como da fe de ello el poeta Antonio Requeni en su libro Cronicón de las peñas de Buenos Aires, interesante lectura que nos introduce de una manera directa en el ambiente de la época, con alguna anécdota que adorna su lectura.

Por las peñas pasará, como hemos dicho, también nuestro poeta, y allí transcurrirá gran parte de su tiempo, establecerá vínculos de amistad y hablará de sus obras en las interminables noches literarias.

El mismo día que llega, Federico concede la primera entrevista de las muchas que tendrá que sufrir, así parece que se expresa el poeta, y celebrará el encuentro en casa de Pablo Rojas Paz y su esposa Sara Tormú, con nombres que pasarán a ser sus amigos, como Pablo Neruda, Oliverio Girondo, Norah Lange, Raúl González Muñón, Amparo Mom, Jorge Sacco, Conrado Nalé Roxlo, María Luisa Bombal y Amado Villar, nombres a los que se añadirán Pablo Suero, Edmundo Guibourg, Elena Sansinena de Elizalde, Victoria Ocampo, Eva Franco y Rosa María Oliver.

Lorca – Neruda

Lorca en Buenos Aires con Neruda
Los dos poetas llegan a Buenos Aires el año 1933. Neruda sería uno de los primeros nombres que Lorca conocería, y se encuentran en el abrazo de la amistad duradera, lástima que no fuera tan duradera, ya que entonces no sabían que el 10 de julio del 36, sería la última vez que se verían.

Neruda ya había escrito Residencia en tierra y Veinte canciones de amor y llegaba a Buenos Aires como cónsul de su país.

Es interesante reproducir la opinión de uno sobre otro: «Y digo que os dispondréis para oír a un auténtico poeta de los que tienen sus sentidos amaestrados en un mundo que no es el nuestro y que poca gente percibe. Un poeta más cerca de la muerte que de la filosofía, más cerca del dolor que de la inteligencia, más cerca de la sangre que de la tinta, un poeta lleno de voces misteriosas que afortunadamente él mismo no sabe descifrar, de un hombre verdadero que ya sabe que el junco y la golondrina son más eternos que la mejilla dura de la estatua». Son palabras de Lorca, que recoge Villarejo.

Y añade la opinión de Neruda: «He visto en Buenos Aires el apogeo más grande que un poeta de nuestra raza haya recibido, las grandes multitudes oían con emoción y llanto sus tragedias de inaudita opulencia verbal. En ella se renovaba cobrando nuevo fulgor fosfórico el eterno drama español, el amor y la muerte bailando una danza furiosa, el amor o la muerte enmascarados o desnudos».

Uno de los actos que más ecos tuvo fue la conferencia sobre Rubén Darío, celebrada el 20 de noviembre de 1933, en el local del Pen Club de Buenos Aires, que decidieron presentar al alimón, con el regusto de taurino, dos toreros con una sola capa y que dejaron un valor testimonial de gran importancia y el recuerdo de la creatividad de dos grandes poetas y que ha dejado en la memoria el «Señoras, señores» alternando la voz y la palabra a lo largo de la celebración, para terminar conjuntamente levantando los vasos en un brindis poético.

Las amistades femeninas de Lorca

Eduardo Blanco Amor, gran amigo de Lorca nacido en Orense en el 1897, llegó a la Argentina con 22 años. En «Evocación de Federico» que aparece en el diario La Nación el 21 de octubre de 1956, reproduce unas significativas palabras del poeta: «La mujer argentina es el verdadero amigo, tal vez porque está más liberada, porque duda menos, porque espera menos de sí, o porque le importa menos el juicio ajeno. Son grandes amigas…».

Son muchísimas las fotografías y otros documentos gráficos en los que se puede ver a nuestro poeta en compañía de amigas, que por alguna razón han sido conocidas y reconocidas en el panorama cultural de la época. Podemos citar como muestra representativa algunos ejemplos:

Elena Sansinena

Quisiera comenzar por Elena Sansinena de Elizalde, acaso un poco eclipsada con el paso del tiempo, conocida como «Bebé», que nace en 1883, y su muerte se data en 1970, y que fue la presidenta de la Asociación Amigos del Arte durante 18 años. La profesora de la Universidad de Las Lomas la llama, y no sin razón, «promotora de la modernidad», que fue quien invitó a Lorca a dictar las conferencias en Buenos Aires. Durante el tiempo que presidió la asociación pasaron por ella españoles de la talla de Ortega y Gasset, Maruja Mallo, y nombres de la Generación del 27. En una conocida fotografía podemos leer: «A Bebé Sansinena, por quien tanto cariño siento. Federico García Lorca».

Victoria Ocampo

Perteneció a una familia aristocrática y patricia porteña, fue una pionera de la cultura que, en su tiempo ya conducía su propio coche, nada habitual en la época. Defendió los derechos de la mujer y fue la primera mujer que entró en la Academia Argentina de la Letras. En 1931 había fundado la revista Sur, en la que colaboraron importantes escritores y con el mismo nombre fundaría una editorial en 1933.

En su mansión de rojos ladrillos —como nos la describe Oehrlein— con columnas y mirador a un extenso parque, se alojaba una biblioteca de más de 15.000 libros, y allí, en su residencia de Tigre, en San Isidro, recibirá al poeta, que tendrá oportunidad de hablar de temas españoles y de la reciente República, leerá sus poemas y tocará el piano.

Victoria Ocampo había conocido al poeta en Madrid, así nos lo recuerda José Luis Cano en su biografía de Lorca. «Al constatar que no encuentra en las librerías bonaerenses un solo título del poeta, Ocampo se ofrece a sacar una edición argentina del Romancero gitano, Lorca está de acuerdo, agotándose  enseguida». Son palabras de Gibson en Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca.

En 1937 Victoria Ocampo publicará en la revista Sur una carta de encendido dolor por la muerte del poeta, que reproduce Medina en su libro, carta que termina con estas palabras, «Trescientas rosas morenas… No han logrado ahogar tu sonrisa de niño. ¿Me oyes, Federico García Lorca?».

Norah Lange

He visto, muchas, muchísimas fotos de viaje de Federico a Buenos Aires, esos instantes en blanco y negro que nos regalan el recuerdo para la posteridad, y una de ellas, el retrato de Norah Lange, de rostro limpio y mirada soñadora, acaso igual que la de nuestro poeta, poetas los dos.

Norah había escrito en 1925  La calle de la tarde, y El rumbo de la rosa en 1930, más tarde  habría visto la luz su libro Las noches y los días, en 1936, y Cuarenta y cinco días y treinta marineros, además de ser colaboradora de las revistas Prisma y Proa. Fue compañera inseparable del entonces ya famoso Oliverio Girondo, recibió en su casa, muchas noches a Federico, celebrando reuniones y tertulias que el poeta recordó, con otros nombres como el de Neruda, lo que testimonia Norah con estas palabras, «la presencia de Federico y Neruda, durante los meses de 1933 y 34, alteraba completamente el tono de la atmósfera artística de la ciudad».

Eva Franco

Tanto Pedro Villarejo en su libro García Lorca en Buenos Aires, como Pablo Medina en Lorca, un andaluz en Buenos Aires, como otros muchos, no olvidaron destacar el nombre de Eva Franco.

Entre las fotografías que quedan de esta relación existe una de Federico dedicada con expresiones de afecto a Eva Franco. Esta mujer, que desde muy niña vivió, entre ambiente de escenarios y se hizo actriz, llegó a ser una figura de la época, y repitiendo palabras que recoge Pablo Medina «dotada de una voz cálida y sonora, estudiosa y dedicada plenamente a su quehacer artístico […] realizaba estudios y prácticas de canto, piano y pintura».

En muchas ocasiones en su dilatada vida, concedió entrevistas y en todas recordó de una manera especial al poeta, cuando ella tuvo la oportunidad de trabajar en la adaptación de La dama boba que el poeta hizo de la obra de Lope, recordó asimismo el mono azul con el que Lorca iba informalmente vestido en los ensayos, y «por muchas razones, mi carrera está ligada al autor granadino. Federico fue un amigo, un compañero de trabajo encantador».

Actos de conmemoración en el 75 aniversario de la visita de Lorca a la ciudad

Con motivo del 75 aniversario de la visita de Lorca a Buenos Aires, esta ciudad ha celebrado la efemérides con distintos actos, lo que nos dice lo vivo que permanece el poeta en el corazón de los argentinos. Algunos actos patrocinados con la colaboración de la Embajada Española, la Diputación Provincial de Granada y la Sociedad de Escritores Argentinos tienen por escenario los lugares de mayor significación lorquiana: el hotel Castelar, el café Tortoni, el Teatro Avenida, y el Bar del número 825, también en la Avenida.

— El 5 de junio, organizado por el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, en el marco de Buenos Aires, capital Mundial del Libro 2011 y coincidiendo con el 113 aniversario del nacimiento del poeta, se celebró una Jornada Internacional en Homenaje a Lorca, en el Hotel Castelar. La jornada consistió en una lectura de poemas, de la obra El diván de Tamarit, conectando con las ciudades de Fuente Vaqueros, La Habana, Nueva York y Madrid.

— Un espectáculo de danzas de sevillanas, una conferencia y el espectáculo musical «Recordando a Lorca», de Inés Rinaldi y «Tierra», de Lidia Catalano.

— Inauguración de una exposición en la que fue habitación del poeta, que ha sido abierta al público para su visita todos los fines de semana desde el pasado 13 de octubre.

— Presentación de la «Ruta Lorca», un circuito turístico que seguirá los pasos de nuestro poeta en la emoción de su recuerdo.

— En el café Tortoni, dirigido por Marc Fleta, los días 22 y 29 de octubre se celebró «De noviembre a noviembre», con cuatro actrices españolas, María José Moreno, Carmen de la Osa, Ruth Palleja y Pepa Luna.

— «Flamenco» Homenaje a Lorca en febrero en el Teatro Avenida, un musical  producido con las obras de Federico, tomando escenas de Bodas de sangre, Yerma y fragmentos del Romancero gitano, presentado en soleares, bulerías, alegrías, tarantos y otros palos del flamenco, en el que participarán bailarines, músicos y cantaores, dirigido por Jorge Mazzini.

Y termino con palabras de Lorca al abandonar Buenos Aires:

«Me voy con gran tristeza, tanta, que ya tengo ganas de volver».

El poeta no volvió, pero hoy, una vez más, Federico García Lorca ha vuelto a nuestro recuerdo, el continuado recuerdo del que nunca ha salido, y en el que nos hemos unido en este acto. En la Casa de América, su querida América y también la nuestra.

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