La FAO y el acaparamiento de tierras
Vicent Boix
Alainet
Si hay un negocio
que tiene el futuro garantizado, no es otro que el de la alimentación. Se puede
prescindir de todos los objetos que nos rodean y que supuestamente nos hacen la
vida mejor, sin embargo, llenar el estómago siempre será una obligación. Así lo
han entendido esas pocas multinacionales que controlan el comercio de alimentos
y los inversionistas que han volcado su dinero en los mercados agrícolas.
Pero en la
búsqueda frenética de oportunidades dentro del agronegocio, se ha extendido el
“acaparamiento de tierras”, en el que inversores, empresarios, estados, etc.
están adquiriendo millones de hectáreas en diferentes países, sobre todo en los
africanos, desde los subsaharianos hasta los mediterráneos. Algunos buscan
especular con las tierras, otros sembrar agrocombustibles para los países ricos,
y otros aprovechar el agua y la tierra ajena para cultivar alimentos y luego
exportarlos a sus naciones.
Sea como sea, algunos cálculos
ya establecen que en África se han tramitado proyectos por una extensión total
de 67 millones de hectáreas (la superficie conjunta de Italia y Alemania).[1] Los atropellos se han
sucedido sin parar y aquellos maravillosos beneficios que gozarían los pueblos
que se amoldarían a la nueva inversión agrícola, se han quedado en papel mojado.
De esta forma, las personas desalojadas de sus tierras se cuentan por decenas de
miles. Además se han reportado expulsiones violentas, encarcelamientos, procesos
judiciales contra campesinos, precariedad laboral en los nuevos proyectos
agrícolas, acaparamiento de otros recursos naturales como el agua, deforestación
de bosques, alteración de cauces en ríos, etc.
Los muchos
discursos de la FAO
La FAO,[2] como buena hija de
Naciones Unidas, acoge todo tipo de ideas por muy contradictorias que puedan ser
entre ellas. Por ejemplo, ante la reciente crisis alimentaria en Sudán del Sur,
el responsable de este organismo en el país africano manifestaba que “Hay que
lograr que las familias tengan en primer lugar acceso rápido a alimentos inocuos
y nutritivos, así como a otras necesidades básicas (…) Podemos hacerlo ayudando
a la gente a retomar las actividades agrícolas, ganaderas y de otro tipo en las
que basan sus medios de subsistencia”.[3]
La realidad es
que si se quiere ayudar a la gente a retomar sus actividades agrícolas, habrá
que garantizar las tierras, las aguas y los recursos económicos. Por eso este
escenario propuesto por el responsable de la FAO en Sudán del Sur, choca de
frente con el masivo acaparamiento de tierras en el continente, que está
ayudando a la gente a abandonar las actividades agrícolas, ganaderas y de otro
tipo en las que basan sus medios de subsistencia.
Sin embargo y a
pesar de la gravedad de los hechos, la FAO también apoya sin titubeos el
acaparamiento de tierras. Junto al Banco Mundial o el Fondo Internacional de
Desarrollo Agrícola, trabaja en los “Principios para una inversión agrícola
responsable”. Como se desprende del propio título, para estos organismos el
acaparamiento de tierras es una inversión que para las naciones empobrecidas
deparará, supuestamente, ciertos beneficios como puestos de trabajo,
transferencia tecnológica, infraestructuras rurales, seguridad alimentaria, etc.
En general, el brazo filantrópico y propagandístico de la nueva inversión
agrícola, no ofrece nada que no se haya escuchado mil veces para justificar la
inversión extranjera en general, y nada que no se escuchara por ejemplo hace un
siglo, cuando ciertas transnacionales fruteras transformaron estados
independientes centroamericanos en “repúblicas bananeras”. A día de hoy y como
se decía antes, los atropellos y las expulsiones se imponen a las
benevolencias.
Y hablando de benevolencias,
dejen que les cuente un caso. En 2009, la empresa suiza Addax Bioenergy
arrendó 20.000 hectáreas en Sierra Leona para cultivar caña de azúcar y generar
bioetanol.[4] Se ha denunciado que
las comunidades no fueron consultadas para ver si accedían a arrendar sus
tierras y el acuerdo fue secreto entre la compañía y el consejo de la aldea. Las
cosechas de algunos campesinos fueron destruidas y la indemnización recibida fue
tres veces inferior al precio real. Los agricultores han revelado que ahora
tienen que recorrer varios kilómetros hasta llegar a las nuevas tierras que les
asignaron y se ha constatado que la empresa no está cumpliendo sus compromisos
sociales (empleo, mejora de la agricultura local, etc.). Estos datos fueron
recabados por miembros del Consejo de Iglesias de Sierra Leona y por un
activista de derechos humanos, que además estuvieron acompañados en el terreno
por una ONG local. El Observatorio del Derecho a la Alimentación y la Nutrición
tomó estas reseñas y las incluyó en un informe sobre acaparamiento de tierras
que publicó en 2010.[5]
Se explica esto porque en marzo, la FAO hizo públicas
una serie de noticias sobre el “Proyecto sobre la bioenergía y criterios e
indicadores para la seguridad alimentaria” (BEFSCI, por sus siglas en inglés).
Este proyecto es financiado por el Ministerio Federal Alemán de Alimentación, Agricultura y
Protección del Consumidor, y según la información contenida en la web de la FAO, pretende
desarrollar “… una serie de criterios, indicadores, buenas prácticas y
opciones políticas sobre el desarrollo de la bioenergía moderna que promueve el
desarrollo rural y la seguridad alimentaria…”.[6]
Huelga decir que este proyecto
es un espaldarazo claro al desarrollo de los agrocombustibles y al acaparamiento
de tierras. Demagógicamente relaciona el cultivo energético con la seguridad
alimentaria, obviando la tragedia de un continente, África, que debe importar
decenas de millones de toneladas de alimentos básicos. Sin ir más lejos Sierra
Leona, el país donde desarrolla sus actividades Addax Bioenergy, ha
llegado a destinar el 24% de su PIB para importar comida.[7]
La cuestión es que en uno de
los materiales de BEFSCI, titulado “Buenas prácticas socio-económicas en la
producción moderna de bioenergía”, se menciona el caso de Addax Bioenergy
como un ejemplo de nitidez, participación ciudadana, solidaridad, etc. Las
benevolencias de la compañía suiza que se mencionan en este manual fueron
aportadas por productores locales, aunque sin ser contrastadas por la FAO. No
hay duda de que algunos lugareños se han podido beneficiar de los proyectos de
Addax Bioenergy, pero no se entiende que una organización de Naciones
Unidas se olvide de la otra cara de la moneda, de los otros testimonios y de las
injusticias. No se entiende que un proyecto de la FAO utilice este controvertido
ejemplo como un modelo a seguir, sin comprobar los hechos. Incluso llegó a
utilizar en sus informes una fotografía que aparece en la web de Addax
Bioenergy, en la que se ve a acaparados y acaparadores dándose la mano
amigablemente.[8] Este hecho no tendría
la menor importancia si se hubiera indicado el origen de la instantánea. Pero no
hacerlo y además reconocer que no se contrastó la información, permite pensar
que los datos fueron recopilados de una sola fuente, sin valorar las graves
irregularidades que algunas organizaciones han desvelado.
Las
directrices voluntarias sobre la gobernanza responsable de la
tierra
El Comité de
Seguridad Alimentaria Mundial de la FAO (CSA) fue reformado en 2009 para
proporcionarle más versatilidad, peso específico y capacidad de decisión para la
creación de políticas relacionadas con la seguridad alimentaria. El logro más
importante de esta reforma fue el espacio de participación que se proporcionó a
las partes interesadas, especialmente a las que se ven más afectadas por la
inseguridad alimentaria.
Desde hace tres
años, se vienen discutiendo y consensuando en el seno del nuevo CSA, las
directrices voluntarias sobre la gobernanza responsable de la tierra. Estas
directrices pretenden salvaguardar el acceso a la tierra y a otros recursos
naturales para los sectores de la sociedad más vulnerables, y ayudarán a que los
estados que se ven afectados por el acaparamiento de tierras puedan legislar
para garantizar estos derechos.
El pasado 11 de
mayo y tras muchas reuniones, las directrices fueron aprobadas por los estados,
el sector privado y los colectivos sociales que habían participado en su
elaboración dentro del CSA. Las primeras reacciones de las organizaciones
sociales involucradas -que representaban en algunos casos a millones de
campesinos y agricultores- han sido positivas porque por una parte se han
aprobado unas pautas que pueden ayudar a frenar la impunidad reinante hasta el
momento, y por otra, consolida el CSA reformado como un espacio de participación
y toma de decisiones.
No obstante,
algunos colectivos sociales también han manifestado que las directrices se
quedan cortas en muchos aspectos, siguen legitimando el acaparamiento de tierras
y pueden entenderse de manera desigual dependiendo de los actores. Todo, porque
la acción de ciertos estados y sobre todo del sector privado, obligó a
consensuar ciertas posiciones ambiguas y muy generales, y por eso al final,
tuvieron el mismo peso los intereses de aquellos que se juegan el poder comer y
trabajar, que los intereses de aquellos que si no invierten en agrocombustibles
en África lo harán en factorías chinas de alpargatas y bolígrafos. Muy
democrático sí, pero muy asimétrico también.
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Página 3 del informe “Buenas prácticas socio-económicas
en la producción moderna de bioenergía”
Website de Addax
- Vicent
Boix es Investigador asociado de
la Cátedra “Tierra Ciudadana - Fondation Charles Léopold Mayer”, de la
Universitat Politècnica de València. Autor del libro El parque de las hamacas.
Artículo de la serie “Crisis Agroalimentaria”, ver más aquí.
[1] INTERMON OXFAM: “Intermón Oxfam advierte de que la
actual compra masiva de tierra está sumiendo a miles de personas en la pobreza”,
22 de septiembre de 2011.
[2] Organización de
las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
[3] FAO: “Elevada inseguridad alimentaria en Sudán del
Sur”, Juba/Roma, 8 de febrero de 2012.
[5] “Hambre y
acaparamiento de tierra en Sierra Leona”, en el informe “El acaparamiento de
tierras y la nutrición, desafíos para la gobernanza mundial”, Observatorio del
Derecho a la Alimentación y la Nutrición, 2010
[7] MARTÍN, M.A.:
La agricultura africana, Los libros de la Catarata y Casa África, Madrid,
España, 2012, pag. 83.
[8] BEALL, E. y ROSSI, A.:
“Buenas prácticas socioeconómicas en la producción moderna de bioenergía”,
FAO, Roma, Italia, año 2011, pag. 3. http://www.fao.org/docrep/015/i2507s/i2507s00.pdf
http://www.alainet.org/active/54995