Las claves de la pericia que desmiente la "versión oficial" de la Masacre de Trelew

Gerardo Aranguren
Tiempo Argentino


Una investigación del Centro Atómico Bariloche que fue incorporada a la causa desmiente la explicación de la dictadura de Agustín Lanusse de un ataque e intento de fuga. El físico que dirigió el estudio declarará en septiembre.


Al cumplirse 40 años de la Masacre de Trelew, los acusados que están siendo juzgados por el fusilamiento de 16 presos políticos en la Base Almirante Zar en la madrugada del 22 de agosto de 1972 todavía sostienen como defensa la explicación difundida por la dictadura de Agustín Lanusse: que hubo un intento de fuga, que Mario Pujadas atacó al capitán Luis Sosa y que los guardias reaccionaron y masacraron a todos los detenidos. A pedido de la justicia, una pericia realizada por el Centro Atómico Bariloche reconstruyó cuatro décadas después la zona de las celdas y dio por tierra con la versión oficial de la Armada. 
El estudio, realizado en 2008 e incorporado a la causa, estuvo a cargo del físico forense Rodolfo Pregliasco, quien trabajó en casos como la masacre de Avellaneda, el asesinato de Teresa Rodríguez y la desaparición de Miguel Bru, y declarará como testigo el próximo 11 de septiembre. La pericia significó un respaldo científico de la prueba testimonial de conscriptos, marinos y de los tres sobrevivientes para desmentir la explicación de la Armada y confirmar que se trató de un fusilamiento y que muchos fueron rematados, como lo declararon María Antonia Berger, Alberto Miguel Camps y Ricardo René Haidar. 
Con un trabajo arqueológico sobre las paredes, pisos, techos y puertas originales que todavía permanecen en la Base Almirante Zar de Trelew, Pregliasco logró reconstruir el ala Oeste y las diez celdas donde fueron alojados los 19 presos luego de fugarse del Penal de Rawson. Para eso pasó con sus colaboradores un mes completo en el lugar y debió diseñar experimentos específicos para las necesidades que tenía la justicia de obtener alguna referencia material sobre lo que pasó. “Nos parece importante porque es una aproximación técnica a lo que han declarado tanto los sobrevivientes en posterioridad a los hechos como algunos marinos que participaron de la reconstrucción. Viene a dar la apoyatura científica a esos dichos y es coherente con el abundante plexo probatorio que confirma cómo sucedieron los hechos, distinto a lo que sostienen las defensas”, explicó a Tiempo Argentino Germán Kexel, abogado querellante por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación en el juicio por la Masacre de Trelew, que comenzó en mayo y que pronto ingresará en los alegatos.    
La primera etapa del trabajo del Grupo de Física Forense fue la reconstrucción de ala Oeste de la Base, escenario de la Masacre. Esto comenzó con el estudio de las capas de pintura que, como los anillos de un árbol, sirven para leer las épocas en las que hubo modificaciones o reconstrucciones. Además de la pintura, trabajaron también sobre los relieves de paredes y techos que a simple vista no se detectan y que permiten conocer si hubo reformas o una pared fue quitada, como es el caso de los calabozos. 
Con la información obtenida, Pregliasco y su equipo lograron darle forma a un plano exacto de las dimensiones de la Base, que les permitió determinar el lugar preciso donde debían estar los detenidos, guardias y la orientación de los disparos a las 3:30 del 22 de agosto de 1972.     
La segunda etapa de los trabajos consistió en el análisis a través de rayos gamma (similar a una radiografía) de la pared del final de pasillo de las celdas, donde deberían haber impactado las balas de las armas automáticas de los guardias que masacraron a los detenidos. 
Si bien las gamagrafías no detectaron rastros de balas alojadas en la pared, permitieron sacar conclusiones determinantes sobre lo que sucedió esa noche. Descubrieron que en la época de los hechos, la pared había sido “picada hasta el ladrillo y reemplazada con material nuevo” desde el piso hasta 1,6 metros de altura, señala la pericia. Y agrega: “Si la reparación fue realizada para eliminar los rastros de balas, la forma irregular responde al afán de incluir todos los impactos de la pared. Podemos concluir que, en este caso, los disparos en la pared no llegaban hasta una altura de 1,6 m del piso.” 
Si bien parece un dato accesorio, la altura en la que fue realizada la refacción indica que los guardias estaban apuntando hacia sus blancos y afirmados, ya que de otro modo las armas automáticas se hubiesen disparado hacia arriba, lo que descarta una reacción intempestiva o nerviosa de quienes apretaron los gatillos. 
Por último, los peritos se volcaron a tratar de determinar la veracidad de las fotos de la Revista Así, que pocas horas después de la masacre ingresó al lugar y fotografió la escena. Las tomas no fueron en la dirección de los calabozos por lo que no hubo imágenes de las balas que asesinaron a los 16 detenidos, pero sí del lado opuesto para mostrar lo que, según la versión de la Armada, serían los disparos que realizó Pujadas luego de atacar al capitán Sosa y sacarle el arma. En la foto se pueden ver tres marcas de disparos y en el epígrafe se señala que serían los “orificios producidos por los disparos de Pujadas”.
Luego de 40 años, Pregliasco halló uno de los orificios en la puerta y pudo determinar la dirección desde donde se debería haber realizado el disparo y la distancia máxima a la que podría haber estado el tirador. A partir de esa información pudo concluir que el ángulo de disparo no corresponde con la ubicación que habría tenido Pujadas, según la declaración de los marinos. 
A días de un nuevo aniversario y con el juicio por la Masacre ya avanzado, los acusados siguen sosteniendo la versión que difundiera la Armada en 1972. La única excepción fue Jorge Bautista, imputado por el encubrimiento de los hechos, ya que estuvo a cargo de la investigación militar de los hechos, quien declaró durante un reconocimiento judicial de la base que “no hubo un tiroteo” ya que “no hubo tiros de los dos lados”.  «


lo que dijo la armada
Aunque con el paso de los días la dictadura encabezada por Agustín Lanusse fue modificando detalles sobre los hechos que ocurrieron el 22 de agosto de 1972, el jefe del Estado mayor conjunto, el contralmirante Hermes Quijada, fue el encargado de transmitir por cadena nacional en radio y televisión el informe oficial tres días después de ocurrida la masacre.
"Con el objetivo de realizar el control previsto para esa hora (3:30), el jefe de turno (Sosa) recorrió el pasillo hasta el fondo y, a su regreso, cuando llegaba al extremo de salida del mismo, fue tomado por Pujadas del cuello, al tiempo que le quitaba su arma automática. Es de hacer notar que estando (Mario) Pujadas en ese extremo del pasillo (era el primero), al tomar contra su cuerpo al jefe de turno, prácticamente cubría tras de sí al resto de los reclusos. Instantáneamente y con gran destreza, Pujadas (que era especialista en karate) dispara contra uno de los tres guardias, pegando su primer impacto muy próximo a la cabeza de uno de ellos", comenzó a leer el marino el 25 de agosto de 1972.
"A pesar del rehén, se cumplen las claras órdenes existentes de que se tirara aun en esas circunstancias, por lo que uno de los guardias abre el fuego a tiempo que los detenidos aprovechan el cubrimiento para avanzar sobre los guardias. A pesar de ello, Pujadas rápidamente efectúa otro disparo que tampoco dio en el blanco, dificultado por el forcejeo que mantenía el oficial para zafarse. Dicho disparo pasó muy cerca de la cadera de uno de los guardias y se incrustó en una puerta. El oficial logra zafarse de Pujadas y hace cuerpo a tierra. La acción de las armas no se hace esperar contra los reclusos agrupados y en tren de fuga. Cuando cesa el fuego, se comprueba que 13 de los detenidos están muertos, mientras que los seis restantes quedan heridos", concluyó Quijada al dar cuenta de la versión oficial.
 



"lo tomé como un desafío, una aventura intelectual"
“Cuando el juez me cuenta lo que necesita no me imaginé cómo hacerlo, la base había sido alterada tras 35 años y no tenía ninguna expectativa. Por eso lo tomé como un desafío, una aventura intelectual”, cuenta Rodolfo Pregliasco, director del Grupo de Física Forense del Centro Atómico Bariloche, la única entidad que desde el Estado se dedica a realizar investigaciones forenses. 
Para el trabajo, Pregliasco y su equipo viajaron tres veces a Trelew y permanecieron un mes completo en ese lugar reconstruyendo la matanza. Recordó la "carga emocional" de haber vivido cuatro semanas en la base trabajando sobre un caso "que marcó a una generación".
Al momento de comenzar esta investigación, el Grupo de Física Forense ya contaba con credenciales importantes y antecedentes de casos de represión estatal. Participaron en la reconstrucción de la Masacre de Avellaneda donde fueron asesinados Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, y en el asesinato de Teresa Rodríguez. En ambos casos utilizaron una técnica creada especialmente para la investigación, que les permitió determinar a través del audio de videos desde donde proviene un disparo. 
El grupo de física forense también estudió las imágenes y videos de la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001 por pedido de la justicia e intervino en el caso de la desaparición de Miguel Bru en La Plata. Allí lograron probar el paso del joven estudiante por la Comisaría 9ª de esa localidad al reconstruir el libro de ingresos que había sido borrado y tachado.



las pruebas del estudio
Tiempo accedió al documento en el que el Grupo de Física Forense expone sus conclusiones. Se destaca el análisis realizado a una puerta, fotografiada tras la masacre por la revista Así, que recibió impactos de bala que la Armada atribuyó a Pujadas. El Grupo de Física Forense encontró la misma puerta, levantó la pintura y descubrió una reparación con enduido en uno de los orificios. Determinó que esa reparación fue realizada en la misma época en que se reparó la pared del fondo del pasillo donde fueron fusiladas las víctimas, la posición del tirador y que el disparo fue realizado de arriba hacia abajo. Todos estos datos desmienten las declaraciones de los marinos sobre la posición que habría tenido Pujadas.