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Mostrando las entradas etiquetadas como Juan Forn

El pogrom como deporte de las clases pudientes

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Por Juan Forn para Pagina 12 publicado el 6 de enero de 2019 Miren esos cuatro ataúdes abandonados sin enterrar en las puertas del cementerio de la Chacarita. Miren los balazos que llueven desde lo alto de las paredes del cementerio y la desbandada de la multitud que venía marchando desde la Boca a enterrar a esos cuatro obreros muertos por la policía y los rompehuelgas dos días antes. Miren la iglesia quemada por algunos de los que huyen, miren a otros asaltar una armería para tener con qué defenderse en el accidentado retorno a sus casas, miren la orden que dan a los niños: “Rompan a pedradas todos los faroles de la calle, que van a venir por nosotros” . Enero de 1919 en Buenos Aires, acaba de empezar la Semana Trágica. Conserven en su memoria ese “van a venir por nosotros” y sigamos. Cortejo fúnebre de las víctimas d ela casa Vasena dirigiéndose a la Chacarita (Caras y Caretas, 18/01/1919)

No eres como nosotros

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  Por Juan Forn para Pagina 12 Publicado el 15 de noviembre de 2016 En uno de los tantos campos de detenidos en tránsito en la Francia ocupada, esperando que se decida su suerte, cagados de frío en el fondo de uno de los barracones, en cuclillas y con las cabezas juntas, en el peor invierno del siglo (1941), dos judíos jóvenes dialogan en febriles susurros. El mayor guarda contra su pecho una carta del mismísimo Albert Einstein y otra de la New School de Nueva York ofreciéndole una cátedra (también recibe, de tanto en tanto, pequeñas cantidades de dinero que le hace llegar la institución hasta aquel campo). Todo indica que su situación se resolverá de un día para otro y, en señal de gratitud, quiere llevar a sus nuevos patrones un libro pequeño, fluido y de fácil lectura sobre la historia de la lógica. Pero su manera de escribir es tediosa y rebuscada. El más joven, que carece de papeles protectores, tiene en cambio una endiablada facilidad para las frases precisas, e...

Sobre el amor: André Gorz y Dorine Keir

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Juntos Por Juan Forn para Pagina 12 publicado el 23 de diciembre de 2018 Miren la parejita de la foto, proyecten esa pareja al futuro y sobreimprímanle estas frases: “Acabas de cumplir ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, sólo pesas cuarenta y cinco kilos, pero sigues siendo bella, elegante, deseable. Hace cincuenta y nueve años que vivimos juntos y te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos, porque te amo más que nunca”. 

Un fantasma recorre Europa

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Por Juan Forn para  Pagina 12 Publicado el 17 de julio de 2015 Un caballo cruza a todo galope la frontera entre Rusia y Mongolia. A pesar de los veinte grados bajo cero, el jinete va con el torso desnudo, salvo por una túnica amarilla hecha jirones y un puñado de talismanes que cuelgan de su cuello. Su única posibilidad de salvación es extenuar a sus perseguidores y perderse en la estepa, porque tanto el Ejército Rojo como el Ejército Chino han puesto precio a su cabeza. El año es 1921. El nombre del fugitivo es Roman Nikolai von Ungern-Sternberg . Es austríaco de nacimiento y ruso por educación, pero en la estepa mongola se lo conoce como Mahakala, Señor de la Ira. Budista, sádico, antropófago, antisemita y antibolchevique furioso, Ungern-Sternberg parece un villano de historieta ( Hugo Pratt le dedicó un episodio fulminante en Corto Maltés en Siberia), pero existió en la vida real y fue una desgracia para todos los que tuvieron la mala suerte de cruzárselo.

El transmisor

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Por Juan Forn para Pagina 12  Publicado el 20 e marzo de 2015 Arthur Waley tenía la costumbre de ir a todas partes en bicicleta, desde sus tiempos de estudiante en Oxford. El pequeño detalle es que no las consideraba propiedad privada. Cuando ya vivía en Londres, lo acusaron de robar una. El se presentó en el tribunal y demostró que las bicicletas eran animales silvestres y no pertenecían a nadie. Lo declararon inocente, porque en esos tiempos en Inglaterra (hablo de principios de los años ’20) los sabios eran considerados inocentes (“Lo sabe todo, y del resto lo ignora todo”, solía decirse sobre las luminarias de Oxford) y Arthur Waley era considerado un sabio aunque no había cumplido aún los treinta años y hasta pasados los veinte era una nulidad, tanto para su familia como para sus compañeros en Oxford. Salió de la universidad, sin recibirse, en 1911 y se consiguió un puesto de pinche en el Museo Británico en la sección manuscritos, subsección asiáticos. El Museo Bri...

Muhammad Ali, el hombre que de una salvajada hizo una obra de arte

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Pagina 12 publicado el 12 de junio de 2016 El aguante Marcelo Figueras En los años sesenta, el mundo entero vería emerger a uno de los iconos más notables del siglo en la figura de un boxeador negro, un norteamericano que desafió al imperio al negarse a pelear en Vietnam y pagó con su corona, de la que fue despojado y no paró hasta reconquistarla. Nacido Cassius Clay en 1942, luego conocido como Muhammad Ali tras convertirse al Islam, fue mucho más que un boxeador pero también fue uno de los grandes boxeadores peso pesado de todos los tiempos, protagonizando peleas inolvidables contra Sonny Liston, Joe Frazier y George Foreman, entre muchas otras. Luchador por los derechos civiles al lado de líderes como Martin Luther King y Malcom X, su voz sería escuchada más allá de las fronteras deportivas. Muy precozmente le diagnosticaron el mal de Parkinson, enfermedad que finalmente terminó con su vida la semana pasada. Radar despide al que se proclamó el más grande, y que probablem...

El libro negro de Mark Twain

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Por Juan Forn para Pagina 12 Publicado el 6 de abril de 2018 Mark Twain tenía un hermano gemelo en su infancia. Para diferenciarlos le ataban a uno una cinta a la muñeca. Un día los dejaron solos en la bañadera y uno se ahogó. El chapoteo en el agua había desatado la cinta, de manera que nunca se supo a ciencia cierta cuál de los dos había muerto. “Desde entonces no sé si yo soy yo o mi hermano”, remataba siempre la anécdota aquel hombre que adoraba tanto las historias apócrifas sobre su persona, que llegó a declarar alguna vez: “Mark Twain es un hombre hecho de partes, pero no todas pertenecen al mismo rompecabezas”. 

Kalulu y los afronautas

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 Por Juan Forn para  Pagina 12 publicado el 17 de marzo de 2017 En noviembre de 1964, la NASA y el Programa Espacial Soviético recibieron sendas cartas enviadas desde Zambia. Las remitía Edward Mukuka Nkoloso, Ministro de Asuntos Estelares y Director del Programa Espacial de aquel país. En dichas cartas sostenía que los hombres de raza negra estaban más capacitados que los blancos para ir a otros planetas y ofrecía sus conocimientos a cambio de un aporte de combustible para su programa o, en su defecto, que sumaran un astronauta africano a las tripulaciones yanquis o rusas al espacio exterior, siempre que fuese la bandera de Zambia la primera en izarse en el territorio alcanzado, la Luna o Marte (el remitente se inclinaba más por esta última opción: decía que en la Luna no había nada especialmente útil para la raza humana)

Días sin huella; obra maestra del cine

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Fondo blanco Juan Forn Pagina 12 En una de las mejores escenas de esa obra maestra sobre el alcoholismo que es Días sin huella, Ray Milland recorre bajo el sol rajante toda la 3ª Avenida, a la ida por una vereda, a la vuelta por la otra, hablando solo y llevando a la rastra su máquina de escribir. Está buscando desesperadamente una casa de empeño que le dé unos billetes para whisky a cambio de su máquina, pero todas las casas de empeño están cerradas porque es Yom Kippur en Nueva York. A lo largo de esas interminables cuadras, que recorre repitiéndose a sí mismo como un mantra: “El delirio es una enfermedad nocturna, ahora es de día”, Milland se cruza con otro transeúnte por la calle. La cámara muestra al transeúnte viniendo hacia nosotros y Milland interrumpe su murmullo para decirle: “Hello, Charlie”. Le dice Charlie como quien dice Carlitos, o flaco, o chabón, como quien dice “nadie”, y es uno de los momentos más estremecedores de la película, porque el Carlito que hacía es...

China. Cara a cara con la revolución

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Juan Forn Pagina 12 [ x ] En julio de 1966, el viejo Mao estaba supuestamente jubilado en provincias pero, ante las inequívocas señales de que China se recuperaba luego del catastrófico Gran Salto Hacia Adelante que él mismo había puesto en marcha en 1958 (con un saldo de veinte millones de muertos por inanición), decidió lanzarse a las aguas del Yangtzé durante un acto público en su honor y nadar quince kilómetros. En realidad sólo se dejó flotar en la mansa corriente del río durante una hora, pero el rumor que corrió por toda China fue que el Gran Conductor se había revitalizado y, a los setenta y tres años, volvía a escena. Dos días después Mao entraba en Pekín, obligando a renunciar a Liu Xaoqi, el sucesor que él mismo había dejado, y dando vía libre a los jóvenes rabiosos de las Guardias Rojas para motorizar la hoy tristemente célebre Revolución Cultural. El viejo zorro que había dicho “La política es la guerra por otros medios” iniciaba ahora una guerra total contra su ...

Eric Hobsbawm. El viento de la Historia

Juan Forn Pagina 12 [ x ] El niño Eric Hobsbawm pasea con su niñera por las calles de Alejandría en el año 1918. Un pordiosero chino les pide una moneda. La niñera se la niega. El chino ignora a la niñera, mira fijamente a la criatura y le dedica una exquisita maldición de su país milenario: “Ojalá te toquen vivir tiempos interesantes”. Ochenta y cinco años después, cuando es un venerable historiador y se sienta a escribir sus memorias, sabe que ya tiene el título: Tiempos interesantes. En esas memorias, hace una breve enumeración de las cosas que presenció a lo largo del siglo que le tocó vivir y uno no puede dejar de pensar en aquel monólogo que recitaba el replicante en el final de Blade Runner, con la mirada perdida en la lluvia ácida que caía del cielo y el afán de dejar al menos ese testimonio de los inéditos fenómenos que habían contemplado sus ojos: “He visto atardeceres de dos lunas en Júpiter...” A los 86 años, Hobsbawm dice: “He visto cómo se extinguían de la faz de ...

Una maldita pastoral

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Juan Forn Pagina 12 En 1999, la revista Time la eligió desde su tapa como la canción más importante del siglo XX, “la Marsellesa de la lucha contra la segregación racial”, pero sesenta años antes, cuando Billie Holiday la estrenó, la opinión había sido levemente diferente: en un pequeño suelto, la revista lamentaba que la politización hubiese llegado al jazz, e incluso daban a entender que Billie Holiday la cantaba y la había grabado sin entender la letra. La letra decía: “Un fruto extraño cuelga de los árboles del galante Sur / un cuerpo negro que se balancea en la brisa como en una pastoral / los ojos saltones, la boca en una mueca / el aroma dulzón de las magnolias y la carne quemada / que a los cuervos les gusta picotear / a la lluvia empapar y al viento balancear / es el fruto de una amarga cosecha”. Se refería a una foto que había aparecido con escándalo en un diario en 1939: mostraba el cadáver de un negro ahorcado y carbonizado colgando de un árbol en medio del campo.

Bushido

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Juan Forn Pagina/12 [ x ] Los Juegos Olímpicos de 1940 iban a celebrarse en Tokio pero, después del trip de supremacía aria que Hitler y Leni Riefenstahl montaron en Berlín en 1936 y el símil militarista japonés del año siguiente, cuando su ejército invadió China, los capitostes del Comité Olímpico Internacional decidieron ahorrarse otro papelón y anunciaron un precipitado cambio de sede: los Juegos se harían en Helsinki. La guerra lo impidió. Los finlandeses debieron esperar hasta 1952 para ser sede. Luego fue el turno de Melbourne, y luego de Roma, y recién entonces decidió el COI (por “sugerencia” de Estados Unidos) concederle a Japón el honor de ser anfitrión.

Una tumba para Danilo Kis

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 Juan Forn Pagina/12 [ x ] En los confines de la Hungría rural, durante la Segunda Guerra, un chico de ocho años participa como batidor en una partida de caza (los batidores son los campesinos pobres que marchan delante de los cazadores, agitando con una vara los pastos altos para que las aves remonten vuelo y los cazadores les disparen). El chico no es húngaro ni campesino, pero igual cumple sumisamente su papel; se impide soñar con un futuro “sin perros ni señores ni cuernos de caza” mientras azota los pastos, tal como horas más tarde cantará con la mente en blanco “Pastores a Belén” y el himno húngaro en el coro de la escuela, y al volver a casa tranquilizará a su madre: nadie ha sospechado nada tampoco hoy. El chico en cuestión se llamaba Danilo Kis y había nacido del otro lado de la frontera, en Yugoslavia, donde vivían su padre húngaro y su madre montenegrina, pero el padre también era judío y lo descubrieron: logró zafar por un pelo de la matanza de Novi Sad y cruzó...

El arte de la evasión en puntas de pie

Juan Forn Pagina12 [ x ] Cuando Chejov llegaba a su casa de campo en Melikhovo, ochenta kilómetros al sur de Moscú, hacía izar una bandera para que los campesinos de la zona supieran que estaba. Había comprado esa casa, donde tenía viviendo a toda su familia, con el dinero que ganó como escritor, pero había empezado a escribir sólo para pagarse la carrera de médico (de hecho, firmaba con seudónimo esas “bagatelas”, para no arruinarse el nombre). Cuando triunfó, casi sin proponérselo, y sin creerse nunca del todo su calidad como escritor, a los únicos pacientes que atendía los atendía gratis, a la hora en que le golpearan la puerta. Una noche, tarde, estaba en Melikhovo sentado frente al fuego con amigos cuando lo mandaron llamar de afuera. Se demoró en volver y cuando le preguntaron el motivo de la tardanza dijo secamente: “Era una consulta”. ¿Tan tarde? ¿Alguien conocido? Chejov contestó, mirando al fuego: “Era una campesina. No la había visto en mi vida. Necesitaba láudano”....

Cuarenta días de 1936

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Juan Forn Pagina/12 Las dos personas que resumen como ninguna otra, para mí, la Guerra Civil española son el anarquista Buenaventura Durruti y Simone Weil, la mística judeofrancesa que quería ser católica. Sus vidas se cruzaron sólo cuarenta días y apenas tuvieron trato. Nada habría cambiado si se hubieran conocido más porque fueron, en vida, demasiado viscerales los dos. El único diálogo posible entre ambos tendría que haberse dado después de muertos, y levante la mano quien sepa qué nos ocurre después de morir. Llovía cuando los enterraron, a uno en Barcelona, a la otra en Londres. Pero si se empieza por sus muertes, por la desesperante manera en que murieron los dos, no hay manera de remontarla, así que probemos por otro lado.

Libros para todos

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Juan Forn Pagina12 Un joven empleado de la editorial Bodley Head espera el tren en Devon para volver a Londres. Ha ido hasta ahí a llevarle unos papeles a Agatha Christie y soportar sus quejas (“Es imprescindible que mis libros sean más baratos, mi público no puede pagar tanto”), y ahora descubre con malhumor que no trajo nada para leer en el viaje de vuelta y que en la estación no se venden libros. Sin lecturas para distraerse, al joven Allen Lane no le queda más remedio que hacer el viaje pensando y así se convirtió en el santo patrono de los autodidactas de su país y del mundo. Los libros baratos de bolsillo ya existían en Inglaterra en 1935, pero su contenido y sus temas eran acordes con su precio; lo que hizo Allen Lane cuando inventó los Penguin Books fue poner a disposición del bolsillo más humilde los mejores libros de todas las épocas al equivalente de cinco pesos nuestros de hoy. Porque ésa era la idea: hacer libros que costaran lo mismo que diez cigarrillos sueltos...

El enemigo interior

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Juan Forn Pagina12 Y cuando también en Rusia la Revolución devoró a sus hijos, quedaron sueltos los hijos de ellos: hijos de enemigos del pueblo, hijos de muertos en la guerra civil o en las hambrunas o en las purgas de Stalin o en el barro y la nieve de la Gran Guerra Patriótica, que es como llaman los rusos a la Segunda Guerra. En todas las ciudades de la URSS había manadas salvajes de ellos, los besprizornye, o niños perdidos. Todos habían aprendido a la fuerza el arte de sobrevivir, robar, engañar, enseñar los dientes, resistir los golpes y beber. Las madres les decían a sus hijos: “Si sigues en la calle te llevarán los besprizornye”. Entonces murió Stalin y, como dijo Anna Ajmatova, dos Rusias se encontraron: la que denunció y la que fue denunciada, y ambas miraron para otro lado, avergonzadas hasta el asco, y mientras tanto todo adolescente soviético harto de la vida de mierda de su casa soñaba despierto con tomar la calle y el código de los besprizornye. Para ser besprizo...

El camaleón

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Juan Forn Pagina12 Imaginen el avance incontenible de las tropas nazis en el frente oriental. Han llegado hasta Finlandia. Con ellas marcha un oficial fascista italiano, que cubre la guerra para el Corriere della Sera. Su nombre es Curzio Malaparte. Mussolini mantiene con él una relación de amor-odio; le inventó esa misión para sacárselo de encima. El frente está a sólo dos horas de distancia, pero Malaparte está cenando en un palacio de Helsinki, entre duques y baronesas. El anfitrión es el conde de Foxá, embajador franquista en Finlandia. Los vinos españoles dan al salmón y a la lengua de reno ahumada “un delicado sabor a sol”. Todos los comensales escuchan a Malaparte, que está contando lo que ha visto en el frente un par de días antes, cuando las fuerzas alemanas y finlandesas hicieron retroceder a la caballería rusa hasta las orillas del Ladoga, incendiando un bosque para cortarles la retirada. Caballos y jinetes tratan enloquecidamente de cruzar a la otra orilla, los fin...