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Argentina. Parte del aire

 Martín Rodríguez* (Le Monde diplomatique) Mayo de 2017 El primer año del macrismo en el poder estuvo marcado por una actitud defensiva y antikirchnerista. Pero la marcha del 1A y el año electoral introdujeron cambios en esa estrategia. El gobierno empieza a percibir que hay un campo fértil para explorar su pedagogía y moverse hacia temas antes soslayados.

El rol de Tinelli en el año electoral que comienza. The Boss

Martín Rodríguez Le Monde Diplomatique Un mes y medio atrás Marcelo Tinelli recibió el premio de “personalidad destacada de la cultura”, lo que generó la reacción en masa del progresismo, y luego escenificó en su programa la interna del peronismo bonaerense. Más que puro rating, Tinelli es un terreno en el que se juega la disputa política. Vamos a tener un gato de primera dama” Elisa Carrió, 2014

(¡La anti clase media es el gorilismo del siglo 21!)

Por Martín Rodríguez para Panamá Publicado el 28 de octubre de 2013 “Y por eso nuestra clase media, que fue instrumentada muchas veces, nunca van a encontrar la solidaridad de la oligarquía argentina. Sí van a encontrar la solidaridad de los trabajadores, de los intelectuales, de los estudiantes, de toda la patria entera. Por eso la clase media argentina se encuentra acá…”, así hablaba Néstor Kirchner en 2008 durante un acto en Congreso.  Detrás, Moyano y Scioli. Los cortes de ruta agrarios junto a las cacerolas lo pusieron loco. Cuando dijo la clase media “se encuentra acá” quiso decir: acá está su condición de posibilidad. Porque no estaba: lo que estaba era una ronda de sujetos políticos mostrando su vacío. Los políticos peronistas, los sindicalistas, la militancia, Carta Abierta, todos, en una ronda que mostraba ese hueco donde debía estar lo que Kirchner quería: la clase media. Porque si hay Estado fuerte, consumo, mercado interno, intelectuales, trabajadores… Kir...

La historia, las cacerolas y sus interpretaciones

El hecho maldito Martín Rodríguez * Un ideal democrático diría que todo es representable. Cada nota del gran concierto social puede tener su canal de representación, su político, su partido, su “colectivo”. Empieza en la garganta y termina en la urna. Como si fuera posible una sociedad democrática sin intemperies o lagunas, o baches de demandas. Contra esa idea demasiado utópica, las cacerolas también reflejan un síntoma (no el único) de que la democracia incluye zonas vacías, aún vacías, de representación. Digámoslo así: quizá la gobernabilidad kirchnerista incluye ese sonido de intemperie. Un detalle bastante elocuente de la cobertura del último cacerolazo es descriptiva de una de las dificultades de esa representación: no se podían poner testimonios. No se podía a riesgo de no poder filtrar a algún energúmeno o energúmena que destiñera la imagen colectiva. Porque toda protesta, aun las más espontáneas, intenta dar “una imagen”. El canal TN, vinculado afectivamente a la pro...