Horacio González * Pagina/12 [ x ] No es que no estuviera en el memorial público. Sus imágenes –en la época misma de la proliferación de imágenes que nos acosan incesantemente– aún perduran. Brazo levantado señalando algo a la distancia –la preocupación estaba en ese brazo–, frases lanzadas con cierto intento de separar el período en sílabas percutientes, un poco implorantes, pero con trasfondo enérgico, en plena acción. Invectivas, chispeantes alusiones, advertencias, apóstrofes, solemnes invocaciones. En su último discurso en el Museo del Bicentenario, la Presidenta comparó la voz de Alfonsín con la voz de Perón. Mirando la cosa de cerca, no es tan así, pero vale la comparación. En ambos, además, un ligero temblor angustioso estaba en una cuerda interna de todo lo que decían. Parecían consejos paternalistas o advertencias coléricas, pero un coágulo final de angustia estaba encapsulado en ciertos pasajes más afónicos o tensos. Ahora, esta comparación puede tener varias interpr...