Enrique Masllorens Tiempo Argentino El núcleo duro es el de siempre. El que Evita calificaba como "oligarcas, vendepatrias y farsantes". Como se sabe, el llamado síndrome de Estocolmo define a la reacción psíquica en la cual la víctima, el rehén de un secuestro, desarrolla una relación de complicidad con quien lo ha secuestrado. Es un curioso efecto de identificación que se extiende a los campos de las relaciones familiares, laborales, sociales y hasta políticas. El nombre se originó en un resonante caso de asalto a un banco con toma de rehenes que duró seis días, en 1973, y las relaciones personales que se desarrollaron entre asaltantes y algunos de los secuestrados. Artísticamente este vínculo enfermizo fue fielmente retratado en El portero de noche (1974) de Liliana Cavani, con Charlotte Rampling y Dirk Bogarde. Además de los casos más traumáticos o notorios, ciertas inextricables conductas se visualizan en otros ámbitos. Por caso en nuestra historia...