Marta Dillon Pagina12 Cada uno con su petit reclamo contra la política kirchnerista. La mirada al frente, el mentón erguido y una botella de agua mineral que se agita con la convicción marcial de la bastonera que marcha al frente de la banda musical. Hay que adivinar su edad –¿unos 35?– porque no la dice. Tampoco su nombre, ni su ocupación, ni el barrio donde habita. Ella va a cumplir con la consigna del silencio de la palabra y va a aturdir todo lo posible con su instrumento; tanto que la amiga que la sigue pregunta con qué lo hace. “Son monedas, nunca las uso para que no me pese la billetera”, dirá con una risita que le desarma el gesto recuperado de inmediato. Está en Callao y Santa Fe, ahí donde el perfume le gana la pulseada a la transpiración y las campanitas de bronce robadas a la vitrina de los adornos encuentran por fin una utilidad concreta. “Hoy no es el día para hablar”, dirá una señora de bronceado parejo que parece haber cruzado la frontera de los 70. ¿No es ...