Los últimos adioses de Evita...
Por Felipe Pigna para Clarín Publicado el 3 de agosto de 2008 Aquel domingo 2 de diciembre de 1951 amaneció soleado en Buenos Aires; eran los últimos días de una primavera que Evita no había podido ver más que desde los ventanales de su habitación de la residencia. Quería respirar el aire de aquella ciudad a la que había llegado para triunfar hacía casi 16 años. Quería recibir sobre su piel otros rayos menos lacerantes y más vitales. Le pidió a Perón que la llevara a pasear en auto. Los médicos estuvieron de acuerdo en que le haría bien, era uno de esos permisos que se otorgan con la triste duda de que podría ser la última vez.