Los gritos
Por Jorge Elbaum Para Pagina 12 Publicado el 14 de abril de 2017 Richard tenía dos años. Y Floreal quince. Al primero se lo puede ver con un grupo de niñas y niños al costado de las vías de un tren. Está destrozado. Los mocos, las lágrimas, los gritos y los rulos rubios son un pegajoso engrudo de sufrimiento. Es la mañana del 7 de agosto de 1942 en Pithiviers y recién despegaron a Richard de los brazos de su madre, Esther Horonczyk de Frankel. Esther patalea, insulta, suplica por Richard, pero los uniformados franceses la depositan brutalmente en un tren. Esther, en la más nublada desesperación, garabatea una carta que desliza por las hendijas del vagón de carga con la esperanza de que algún familiar, conocido o alma solidaria pueda seguir el rastro de su pequeño hijo de dos años. La carta vuela. Es el mensaje dentro de una botella lanzado a un océano de miedo y odio: “Me han subido al tren. Y no sé que ha sido de mi Richard. Él está todavía en Pithiviers. ¡Salvad a mi niño,...