Ramón Carrillo. El exilio de Belem
Por Ernesto Salas* para Mestiza de la Universidad Nacional Arturo Jauretche En 1954, Ramón Carrillo viajó a Estados Unidos para tratarse la dolencia que finalmente lo llevaría a la muerte. Tenía hipertensión arterial maligna, una enfermedad grave y progresiva que le provocaba intensos dolores de cabeza. Ese año había renunciado al ministerio de Salud Pública por diferencias con la política llevada adelante desde la muerte de Evita. El ascenso de la entonces fulgurante figura del almirante Alberto Teisaire le había significado dos problemas: uno, el hombre conspiraba contra él; y dos, Perón lo escuchaba. Acorralado por las intrigas, el 16 de julio le escribe una carta sincera a Perón. Al igual que Arturo Jauretche no abandona sus convicciones y, pese a las diferencias y a las cuestiones personales, sigue confiando en el proyecto que encarna el conductor del movimiento: