Juan Bautista Bustos, el héroe perdido del federalismo argentino

Por Hernán Lanvers (W)

Creó decenas de escuelas, mejoró la Universidad, trajo una Imprenta creando así la posibilidad de que hubiera diarios y periodismo. Luchó por el federalismo contra el centralismo de Buenos Aires, que intentaba acaparar todos los recursos de las provincias. No se lo perdonaron. Pasó al olvido absoluto.

Estatua ecuestre del brigadier Bustos en la ciudad de Buenos Aires


Cuando el 88 de Infantería, el famoso Regimiento Británico, sufrió una increíble derrota ante un provinciano de Punilla…

La élite del Ejército Imperial Británico era su infantería, esos que vestían chaquetas rojas para disimular la sangre al ser heridos, para no desanimarse mientras atacaban, con ese paso lento pero siempre imparable.

El Regimiento 88 era uno de sus cuerpos más destacados.

Pelearon desde Egipto hasta la India, con la eficacia que sólo tienen los ejércitos profesionales, esa que le permitió a los ingleses gobernar la cuarta parte del mundo.

Fue hasta que vinieron a tomar Buenos Aires en 1807.

Allí, junto a 10.000 soldados británicos más, se encontraron con un enemigo que los atacaba desde el techo de cada casa, disparándoles con mosquetes y lanzándoles agua hirviendo y todo tipo de elementos contundentes, mientras las milicias del lugar los enfrentaba desde las calles.

Cuando los del 88 se encontraron acorralados, no muy lejos de donde hoy está la Casa Rosada, se guarecieron en una gran edificación, mientras una granizada de balas les llegaba por las ventanas.

Un capitán de las milicias locales, no muy sutil, decidió terminar con el problema a lo bestia.

Ordenó, entonces, demoler las paredes a pico y a golpes de maza.

Y así, martillando sobre las paredes blancas de cal, en su base, los criollos lograron tirar abajo la construcción, que se derrumbó en medio de una nube de polvo, sobre los sorprendidos ingleses, cubriéndolos de ladrillos, trozos de mampostería y de tejas.

El jefe británico decidió rendírse. Cuando la tierra y los escombros se hubieron asentado y los británicos estuvieron atados en fila, fueron contados.

Eran 13 oficiales y 200 soldados.

Los atacantes eran sólo 30, de los llamados Arribeños, porque venían de arriba de Buenos Aires, es decir de Córdoba y del norte.

Los comandaba Juan Bautista Bustos, un cordobés que naciera en Santa María de Punilla y que con ese acto se transformaría en el héroe insólito del día y en teniente coronel.

Bustos luego actuaría en la Revolución de Mayo y en el Ejército del Norte.

Pero cuando Buenos Aires quiso usar sus fuerzas para reprimir a las provincias, él se negó, en el llamado Motín de Arequito.

Más tarde fue el primer gobernador del país elegido por elecciones.

Creó decenas de escuelas, mejoró la Universidad, trajo una Imprenta creando así la posibilidad de que hubiera diarios y periodismo.

Luchó por el federalismo contra el centralismo de Buenos Aires, que intentaba acaparar todos los recursos de las provincias.

No se lo perdonaron.

Pasó al olvido absoluto.

Su enemigo, el unitario General Paz, dió su nombre a la avenida principal, a plazas, a decenas de escuelas, a un barrio arbolado y de amplias veredas al lado del centro.

Con el nombre de General Paz, así, es que fueron llamados un Liceo Militar, una localidad y cientos de importantes plazas y colegios.

Y es que este general manco, que no sabía montar a caballo pero era un verdadero genio militar, una suerte de Napoleón criollo, fue quien venció finalmente a Bustos y a ese otro olvidado y temido federal, Facundo Quiroga,

El Tigre de los Llanos, en la Batalla de La Tablada, librada en donde hoy está el Parque Autóctono y el Cerro de las Rosas, en Córdoba.

Bustos, para no rendirse, debió saltar desde lo alto de una altísima barranca al río, con su caballo con los ojos vendados con un poncho, para que no se echara atrás y avanzara.

Logró huir, sí, pero sus heridas en ese galope demente e increíble hacia el vacío y el Río Primero terminaron con su vida, días después.

Y entonces, llegó su otra muerte, la más injusta de todas: el olvido.

Desapareció, por venganza de sus enemigos de Buenos Aires, de la Historia Argentina y hasta de los libros.

Fue como si nunca hubiera existido.

Hasta hace una década, apenas un barrio alejado del centro de la ciudad de Córdoba lo recordaba.

En cambio, el nombre del General Paz es el que tiene la enorme avenida que rodea y separa a la Ciudad de Buenos Aires del resto de la Provincia y, quizás, también, del mundo.

Un verdadero símbolo.

Una avenida que más que vía de comunicación es una grieta concreta, una que no deja crecer un país que debería ser muy rico.

El Brigadier General Bustos ni siquiera fue enterrado en Córdoba, hasta que hace poco se trajeron de Santa Fe los que se cree, son sus restos.

El gobernador más federal de todos, democrático, gran impulsor de la Educación, el único que apoyó a San Martín en su Campaña Libertadora cuando la Capital le negaba casi todo, el Brigadier Bustos, es el Héroe Perdido del Federalismo Argentino.

Un símbolo casi desconocido de una Argentina profunda y rebelde.

Un destino extraño para un hombre que a sus 26 años, como capitán, realizó acciones que aún hoy, el Ejército Británico trata de olvidar.

Un destino justo es que todos, ahora, tratemos de recordarlo..

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