Homenaje de Ramón Carrillo a Eva Perón

Al medio día anocheció

Buenos Aires, 12,00 hs.

 Allá en la tierra santiagueña, en el viejo cementerio  – entre unas piezas dispersas – se encontró hace tiempo una lápida con esta inscripción “Chaupi Punchaupi Tutyarca”. Según la leyenda, tales palabras se grabaron en la tumba de un príncipe hijo del sol, muerto en plena juventud, mereciendo en grado sumo el cariño de sus súbditos; la inscripción quiere decir sencillamente “A mediodía anocheció”.

Acabo de recordar la frase ahora, el corazón oprimido por la angustia  ante el destino de Eva Perón. Destino misterioso y profundo el de esta mujer que entró en la inmortalidad como una princesa del sol. El mediodía es la plenitud del día. Sol alto y esplendoroso derramando su fuerza creadora, haciendo brotar de las entrañas de la tierra el máximo de las potencias que en ella se encierra.

Así, Eva Perón, asciende en breves  años hasta el ápice de su mediodía y con cariño inconmensurable por la humanidad doliente de su patria  – y de más allá de la patria – derrama el conjunto increíble de sus obras y acciones, todas ellas enderezadas al mismo fin: la felicidad de los más humildes, de los más olvidados, de los más desgraciados; también a su conjuro, mediante su fuerza sin límites físicos, aquilatada por un sufrimiento tremendo, Eva Perón transforma al lado de su Líder – y el nuestro – la fisonomía y  esencia del pueblo argentino. Los niños, los ancianos, las mujeres, los obreros, los enfermos de la carne y el alma, los rebeldes, los sin paz interior, los escépticos, los desesperanzados, los señalados por los aciagos signos del infortunio, reciben el amor de Eva Perón, hecho creaciones que perdurarán mientras perdura la vida de los pueblos.

Transcurrirá tal vez mucho tiempo para valorar las gigantescas y universales dimensiones del espíritu de Eva Perón, que ahora la contemplamos sólo como un hecho nacional e histórico. Quienes hemos tenido el honor de trabajar cerca de ella sabemos que era imposible substraerse al influjo inextinguible de Eva Perón, a su singularísima captación de las necesidades del pueblo, las permanentes y las circunstanciales, a su magnético dinamismo, a su fortaleza realizadora. Subía su vida, como el sol a mediodía.

Y ahora también comprendemos por qué para ella no hubo pausa en la lucha, ni reposo alguno, ni baladí entretenimiento, ni un paso atrás ante los obstáculos de la incomprensión, de la mala fe, y hasta de la hostilidad que surgían ante ella, como surgen siempre ante los visionarios porque su personalidad evade el orden común. Su fiebre de amor por el pueblo era contagiosa; emanaba de ella y transcurría por todos los canales de la vida de la vida argentina, haciendo surgir de la nada, esas realidades que se llaman Fundación Eva Perón, Ciudades Infantiles, Hogares Escuelas, Ciudades Estudiantiles, Hogares de Tránsito, Hogares de Ancianos, Policlínicos, Escuelas de Enfermeras y también la ayuda oportuna al sumergido para dignificarlo, la participación femenina en la vida política, social y gremial de la Nación – incluso económica con su “plan agrario” – todo, en fin, lo que recibe hoy en beneficios el pueblo de la patria; este pueblo que antes jamás, entregó a nadie su corazón y que ahora lo ha encerrado en un solo nombre: Evita.

Y al mediodía anocheció. Belleza, juventud, satisfacciones, descanso, todo ofrendó Eva Perón, en aras de su amor por el pueblo, generado en su amor por el Líder, compañero, guía y esposo. Sobre ella anocheció. Pero la hermosura del destino de Eva Perón, es la hermosura del bien. Y lo impresionante de esta noche humana que nos atribula a todos los argentinos como la pérdida de algo propio, se compensa apenas con el convencimiento absoluto de que, hoy, mañana y siempre, Eva Perón vivirán en el amor de los humildes que son los elegidos de Dios y por  eso Dios la recibirá en su seno entre el canto de los ángeles

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