Me pareció ver un lindo gatito

 Por Gustavo Campana

para Pagina12

publicado el 8 de junio de 2026

Solemos simplificar el pesadísimo costo de la impunidad del “poder real” intentando convencernos de que existe una Argentina amnésica. Un país que padece la imposibilidad del recuerdo, aun de hechos imposibles de traspapelar en la memoria, porque nadie puede eludir las marcas en la piel que llevamos ante la falta de trabajo, la pobreza y el hambre. Acusan a este territorio supuestamente gobernado por el olvido de perdonar culpables y condenar inocentes, porque increíblemente nunca queda “documentado” el ilícito.


Sin embargo, a partir de Papel Prensa en el comienzo de la última dictadura y luego con la consolidación del relato hegemónico ficcional a lo largo de la década del 90, hay que tener a mano una obviedad que casi siempre es “invisible a los ojos”: solo se puede recordar lo que alguna vez supimos y por supuesto es imposible alojar en nuestro archivo lo que para millones nunca existió. Entonces el dolor permanece intacto, pero mediáticamente le ocultaron a un muy alto porcentaje de la población; las causas de ese padecimiento y fundamentalmente los nombres de los autores materiales de esa decisión política que nos achicó la vida. Duele, pero no se sabe por qué.

Si cada habitante de este lugar traicionado por la historia contara con una balance del pasado de Mauricio Macri, sería imposible que a mediados de 2026 se lo viera como un articulador de lo que viene. Pasó antes, cuando su conversión de contrabandista de autopartes vía Sevel a jefe de Gobierno porteño y más tarde de impulsor de todo tipo de medidas antipopulares en CABA a padre de la “revolución de la alegría” que lo instaló como presidente de la Nación. Y ahora la leyenda quiere continuar, tras haber protagonizado el tercer industricidio de nuestra historia con 24.500 empresas menos, de dejar al país en manos del Fondo Monetario, crear el lawfare para terminar con opositores, nombrar dos jueces de la Corte por decreto, manejar Comodoro Py para que no exista justicia, gozar de los servicios de Bonadio, la “mesa judicial” de “Pepín” Rodríguez Simón y la “doctrina Irúrzun”.

El que habló de la “angustia de nuestros próceres” en 1816, el que señaló que los pobres “caen en la escuela pública”, el que impulsó el negacionismo frente a las huellas del terrorismo de Estado, el que denunció el imaginario “curro de los Derechos Humanos” y promovió el 2 x 1 para genocidas, resulta que renace de sus cenizas como el “gato Félix”.

El que entregó Malvinas en el Foradori-Duncan y nunca se inmutó por las muertes de Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, Sandra y Rubén, surge como titiritero de la derecha pensando en el 27. Se presenta sin ninguna autocrítica y liberado del ruinoso resultado de sus fracasos; esa restauración conservadora que generó su derrota en primera vuelta en 2019 después de cuatro años de gobierno. Se trata de un extraño personaje que moldeó el relato de la meritocracia, pero siempre laburó de hijo. El que ahora habla de la necesidad de jueces y fiscales independientes, después de llevarlos con total naturalidad a jugar al fútbol a “Los Abrajos” o al paddle en Olivos.

Si respetamos la línea de tiempo del hombre público como parte de la “patria contratista”, fue heredero de un grupo económico que tenía siete empresas antes del 76 y que en el regreso de la democracia, curiosamente poseía poco más de 40. Un holding salvado junto a otras 69 corporaciones por la estatización de la deuda externa privada en 1982, el grupo que intentó estafar al pueblo de Morón con las cloacas y que desde 2001 le debe casi 300 millones de pesos por el canon del Correo Argentino.

Ante el recuerdo solo del funcionario, aparece un dirigente incompatible con la democracia en todos sus actos. Un candidato a liderar la Ciudad de Buenos Aires en 2007 que arrancó su campaña sobre los cadáveres de Cromañón y el cinismo de un mensaje con una nena en un basural de Lugano.

Votaron para ser presidente al jefe de Gobierno porteño que aumentó en ocho años un 740 por ciento los impuestos y triplicó la deuda de la Ciudad de 574 millones de dólares a 1794 millones. Eligieron al de la ineficiente inscripción on line, las aulas containers o de durlock, el 0800 de persecución ideológica a maestros y los descuentos a los docentes por los días de paro. Buscaron para que los representara al que protegió el “Niembro gate” y al que mintió con 10 kilómetros de subte y 10 mil viviendas por año. Le pusieron la banda presidencial al que ordenó la represión en el Borda, al que nunca se hizo cargo por las siete muertes de las inundaciones de 2013, ni de la pérdida de nueve bomberos y un rescatista en Iron Mountain al año siguiente. Acompañaron al que se lavó las manos con las denuncias de trabajo esclavo en los talleres de Awada y rajaba violentamente de la Ciudad con la UCEP a gente en situación de calle.

La derecha puso en marcha la campaña presidencial de 2015 convirtiendo en héroe a Nisman, hablando de “paritarias fascistas” y ocultando que en caso de ganar, asumiría un jefe de Estado procesado por escuchas ilegales. Contó con socios sensibles, que enamoraron al electorado con aquello de la plata de los planes se va por “la canaleta del juego y la droga” y “las chinitas se embarazan para cobrar una platita”.

Optaron por el partido político que no votó la nacionalización de YPF, se opuso al matrimonio igualitario, la fertilización asistida, la Ley de Medios y el aborto.

Ahora quiere otra oportunidad, el que comenzó sus cuatro años en la Rosada con una devaluación salvaje, el que rajó 42 mil empleados del Estado, reactivó apertura indiscriminada de operaciones, impulsó los tarifazos de Aranguren, recuperó la “bicicleta financiera” de Martínez de Hoz con Caputo y promovió el levantamiento del cepo sin anestesia, como lo más parecido a la toma de la Bastilla. Espera un segundo tiempo, el que le mintió al Norte con el fantasmal “Plan Belgrano”, el que hizo espionaje sobre los familiares de los muertos en el ARA San Juan, el que le recomendó a los fabricantes reconvertirse en importadores o service e impulsó como salvación económica de los desocupados la producción de cerveza artesanal.

Un gobernante que administraba sorpresas para propios y extraños, como Panamá Papers, el fideicomiso ciego, Parques Eólicos, Avianca y Odebrecht.

El mismo que nombró a Arribas en la AFI, porque de los amigos era el que “más sabía de trampas”, el que reprimió a los docentes que estaban armando la Escuela Itinerante y el padre de la reforma previsional de 2017. El que cerró el Conectar Igualdad y degradó a secretarías a los ministerios de Trabajo, Cultura y Ciencia. El de la persecución a Gils Carbó y los desplazamientos de Arias y Rozanski. El que mandó pertrechos represivos para ayudar al golpe boliviano contra Evo. El que ordenó eliminar de los billetes los retratos de Evita, Rosas y el Gaucho Rivero.

Hay más, mucho más, pero con esto alcanza y sobra para entender que si un porcentaje de este resumen incompleto golpea la puerta de esa porción del pueblo argentino, desarmada de información y realidad, habría historias que jamás tendrían revancha.

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