A 65 años de los asesinatos de junio de 1956

 Por Daniel Brion*

para Nacional y popular

publicado el 9 de junio de 2021

No se ha escrito mucho sobre los fusilamientos de junio de 1956, mucho menos es lo que ha trascendido a la memoria histórica nacional sobre estos acontecimientos que marcaron un hito en nuestra Patria. La “revolución fusiladora” inauguró en nuestro país historias de mártires y verdugos que nos imponen a sangre y fuego el honor y la valentía.Vamos a romper algunos mitos y algunas malas informaciones sobre el tema.

Dibujo de Francisco Solano López de la historieta «Operación Masacre»



No se ha escrito mucho sobre los fusilamientos de junio de 1956, mucho menos es lo que ha trascendido a la memoria histórica nacional sobre estos acontecimientos que marcaron un hito en nuestra Patria.

La “revolución fusiladora” inauguró en nuestro país historias de mártires y verdugos que nos imponen a sangre y fuego el honor y la valentía.

1956 fue el inicio del terrorismo de Estado, un punto en nuestra historia que llevó al movimiento peronista hacia la clandestinidad apasionada y torturante.

Marcó el principio de una Argentina signada por la muerte, el heroísmo y el recuerdo.

Con ella se pretendemos homenajear a quienes dieron la vida por una causa, por la patria y sus familias, que subsisten guardando en su memoria el sabor de la injusticia.

Hoy, sesenta y cinco años después, se siguen desentrañando detalles de aquel fatídico 9 de junio, que pasó a la historia con el título del libro de Rodolfo Walsh: Operación Masacre.

Pero estos mártires, que representan la sangre y la simiente del movimiento nacional y popular, nunca murieron continuaron viviendo en cada tiza y en cada carbón con las que un pueblo proscripto, “seco y en patas”, los recordó en las paredes de ciudades y pueblos durante dieciocho años, vivieron cada vez que una voz se levantó contra un dictador, vivieron con cada luchador popular y en el corazón de miles de compatriotas que levantaron sus banderas y las llevaron a la victoria.

Con el odio y el rencor no se construye, pero la falta de memoria destruye, y la memoria del Pueblo no ha permitido que, pese al silencio de tantos años, esta sangre derramada por la causa popular haya sido en vano.

Porque recordar es fácil para el que tiene memoria, olvidar es difícil para el que tiene corazón.

Resulta maravilloso y emocionante, como hijos y familiares de estos hombres, darse cuenta que cada vez que contamos nuestra historia a nuevas generaciones, cada vez que rescatamos del olvido su epopeya nacional, cada vez que conciudadanos a quienes nunca se habían relatado estos sucesos comienzan a enterarse de los mismos, la chispa de la utopía y la libertad, de las convicciones políticas, del amor a la Patria y a su Pueblo, comienza a encender nuevos fuegos en los corazones, que se vuelven ávidos por conocer más detalles de lo sucedido.

Vivimos actualmente en un país que se ha dado en llamar “mediático”, repleto de “influencers” y de medios gráficos y televisivos que han reemplazado a los cuarteles de entonces.

Entendemos que la noticia hoy pasa por otro lado, pero es bueno tener presente que “La vida sólo se puede entender mirando hacia atrás, pero sólo se puede vivir mirando hacia delante”, “pero hay que “conocer la realidad es empezar a dominarla”, justamente por eso los pone tan nerviosos a la oposición y quienes agrandan las denominadas grietas, que nosotros, los peronistas, continuemos recordando nuestra historia, que nos hace ver claramente el camino que debemos recorrer.

Una vez alguien me preguntó: “¿por qué su papá era peronista?”, y entonces recordé algo que, de niño, mi madre me contó cuando yo le hice la misma pregunta…

Me habló de la realidad social, el contexto que se vivía en esos momentos, el trabajo carecía de dignidad y los trabajadores de derechos.

Pero al poco tiempo apareció un Coronel que comenzó a hablar de la Dignidad del Trabajador, de Independencia Económica, de Soberanía Política y de Justicia Social, y bajo su doctrina comenzaron a alinearse las grandes mayorías postergadas, comenzaron a reivindicarse los derechos de los olvidados, la gente comenzó a vivir feliz y contenta con la dignidad de su trabajo.

Era el Coronel Perón.

A partir de ese momento mi padre se hizo peronista y defensor de la justicia social, y por estas convicciones entregó su vida.

Recordar estos hechos es recordar estos mártires en la plenitud de sus vidas y de sus ideales, para que nos demos cuenta de que las utopías existen, y que los ideales son importantes, tan importantes como para que alguien alguna vez intente callarlos torpemente y sin darse cuenta que esas palabras se transformarán en gritos que llegaran a cientos, miles, millones de oídos que entenderán el mensaje y continuarán su historia.

Porque estoy convencido que estas epopeyas merecen ser contadas, que estas vidas son ejemplos de vida, que esta entrega es modelo de una moral digna de ser imitada, pretendo hacer un recuento de lo sucedido en la esperanza de que llegue a manos de todos aquellos que siguen buscando esos modelos y esos ejemplos de vida, en fin, continúan buscando un País mejor donde vivir.

Hoy, 30000 compañeros desaparecidos pueden atestiguar que esa es la realidad.

También debemos recordar que ninguno de los ejecutores e ideólogos de las muertes fue juzgado ni castigado con el posterior retorno de la democracia.

Simplemente fueron beneficiados por amnistías dictadas, oportunamente, por ellos mismos o sencillamente jamás resultó posible que se sometiera a juicio a ninguno de los implicados en estos actos de terrorismo de Estado.

Es más, se camuflaron, camaleonizaron en los gobiernos democráticos y participaron asesorando o activamente con las dictaduras que les sucedieron.

Estoy convencido que si se hubiera juzgado su accionar y se hubieran aplicado las penas que la Constitución y la Ley les imponían a estos responsables, años más tarde otros delirantes no hubieran procedido como procedieron pues hubieran tenido en claro que accionar como el que estaban dispuestos a llevar adelante sería juzgado con toda la severidad, y que las penas serían aplicadas en consecuencia; o tal vez no, pues en su delirio asesino tampoco hubieran tenido reparos, pero es una duda que siempre tendremos como ciudadanos de este país.

La historia -que es verdad y es justicia o no es historia- ha debido reconocer el extraordinario valor de estos héroes frente a la confabulación de otros.

Ellos fueron los hombres de una causa: la causa de la Patria. No lograron hacerlos retroceder ni la calumnia ni la intriga, porque el corazón granítico de los hombres templados no cede ni ante la acción destructora del tiempo, ni ante la calumnia o la intriga de los hombres.

Por todo esto es que reivindico la gesta de nuestros padres y espero contribuir, en alguna medida, a reinstalar en nuestra Patria la memoria histórica para que todos estos hechos nunca vuelvan a suceder, porque nos duelen los 31 fusilados/asesinados de Junio de 1956, nos duelen los muertos en los bombardeos a Plaza de Mayo de Junio de 1955, nos duelen todos los muertos y perseguidos en la Resistencia Popular, nos duele el Plan CONINTES, nos duele la triple A, nos duelen los 30.000 desaparecidos, y no queremos más que nos vuelva a doler ninguna otra muerte ni ninguna otra violación a ningún derecho humano.

Quiero aprovechar para aclarar unos puntos que, a mi parecer, nunca han sido debidamente aclarados en relación a los reunidos/asesinados de Florida.

Vamos a romper algunos mitos y aclarar algunas malas informaciones sobre el tema.

1 – Fueron a escuchar la pelea.

Contaba mi madre: ““Desde el golpe de 1955, siempre comentábamos con mi marido, que la vida estaba cada vez peor, y él siempre me decía que prefería morir a servir de rodillas ante un gobierno de facto, anti nacional.

Comencé a darme cuenta de que “en algo andaba” cuando sus llegadas a casa, luego del trabajo, se hacían cada vez más tarde, ya entrada la noche, él era un hombre que trataba de llegar temprano para estar más tiempo junto a mí y a nuestro pequeño hijo.

Le pregunté, entonces, por el motivo de esas llegadas tarde que se habían hecho cada vez más frecuentes y me contó su verdad.

Me dijo que estaban formando un grupo en la zona, en el barrio, para luchar contra la tiranía intentando retomar la soberanía del pueblo sojuzgado.

Comentamos también que se realizarían reuniones en varias casas de los alrededores, incluyendo la nuestra, le di todo mi apoyo y colaboré con él en la medida de mis posibilidades: callando, guardando silencio y secreto del tema, ni nuestros demás familiares supieron lo que estábamos organizando.

Fueron varias noches de reuniones en nuestra casa (Franklin 1812 en Florida), recuerdo que todos llegaban caminando, Rodríguez, Don Horacio (Di Chiano) y también tengo presente una moto en la que unos jovencitos llegaban y dejaban en el jardín, los Lizaso (Jorge y Carlitos).

Mientras ellos aguardaban la llegada de otros compañeros, Mario (Brión) los convidaba con una “picadita” de jamón y queso, que compraba, antes del regreso, en el frigorífico “Armour”

No eran muchos, se reunían a veces en la casa de Lizaso, por la calle Córdoba, o en un boliche de la calle Olaguer Feliu, o en casa de otros compañeros, todos de la zona, en distintos grupos.

Uno de ellos, con Julio Troxler, Víctor Aldae, Jorge “el Nono” Lizaso, Arnaldo “El Toto” Lizaso, Gonzalito, y Carlitos, el menor (los Lizaso).

Precisamente con Jorge, en su vieja moto, íban hasta Escobar donde se estaban preparando para la lucha allí, en un campo, otro compañero al que llamaban “el alemán”, conseguía armamento y precarios elementos que necesitarían.

Pasaron los días, las noches, y la orden no llegaba. Yo acostaba al nene (algunas veces lo tenía en brazos –el nene era yo) y espiaba desde detrás de la persiana, apenas entreabierta, vigilando cualquier movimiento “raro”, por suerte nunca sucedió nada en esos momentos.

Un día Mario me dijo: “prepará la habitación porque el General Tanco se va a quedar unos días con nosotros” pero no sé, y nunca pregunté el por qué, finalmente no vino.

Por fin, el 9 de junio Mario me dijo que la reunión de ese día era en la casa de Don Horacio (Di Chiano), recuerdo que lo pasaron a buscar el mismo Don Horacio y Rodríguez.

Era una noche muy fría, se puso una polera blanca, que yo acababa de tejerle, me dio un beso, abrazo a nuestro hijo y me dijo que escuchara la radio, que ese sería el día.

2 – No había armas

Relataba mi madre: “En el comedor teníamos un hogar a leña, que tenía semi oculta una puertita, dentro de ese lugar, yo guardaba las armas que todos los compañeros traían; como mi esposo no tenía una propia un vecino muy querido, Don Varela, le entregó un revolver para que utilizara.

Entonces salta la pregunta de ¿por qué no las encontraron y Livraga cuenta que no había?

Mucho tiempo yo mismo me hice esa pregunta, busque investigué, me reuní con compañeros de aquellos años hasta que finalmente Luego de muchos años, un encuentro fortuito me puso frente a frente con un compañero que deseaba conocerme, llegó a mí por medio la arquitecta Irene Pellegrini, ella me dice que había una persona que quería hablar conmigo, para contarme algo de cuando se llevaron a mi padre su nombre: Antonio Tripodoro.

Antonio Tripodoro, había participado en el intento revolucionario del 9 de junio, tenía a su cargo un vehículo que estaba estacionado a tres cuadras del lugar –en Florida–, donde “guardaron los fierros” mientras estaban reunidos en la casa, con ese vehículo se dirigió a la Escuela de Mecánica del Ejercito (predio del actual Hospital Garrahan) para que, quienes tomaban la escuela, le pasaran mas armas y municiones (portón por medio con la Escuela estaba el Arsenal Esteban de Luca, hoy enorme plaza frente al Hospital) que Don Antonio llevaría a Florida, pero cuando llegó las fuerzas represivas ya estaban actuando, por lo que se vio obligado a regresar.

Nuevamente en Florida comprobó que allí también había llegado la represión y se los habían llevado. Por suerte, el logró salvarse y nos da su testimonio.

3 – Juan Carlos Livraga

El muchacho colectivero que sólo fue a escuchar la pelea -ajeno al Movimiento de Recuperación Nacional- la intención de Carranza al llevarlo era la de poder, en caso de necesidad, utilizar el colectivo que manejaba Livraga para trasladar a los compañeros hacia los objetivos que tenían pre fijados luego de escuchar la señal en la radio.

Me da pena por todo lo que tuvo que pasar al ser detenido y llevado al basural, su penuria ya herido gravemente de balas posterior a los asesinatos y el que haya decidido refugiarse finalmente en California (USA)

Es prácticamente sobre su relato que Rodolfo Walsh escribe su ora Operación Masacre, el relato de un “perejil”, el único de los DOCE que llevaron y SIETE que lograron escapar, que no estaba comprometido políticamente ni con el Movimiento de Recuperación.

Me da mucha bronca que a pesar de los años que han pasado, de los testimonios que ha podido comprobar, de los otros sobrevivientes de la Operación Masacre –recordemos que cayeron 5) siga insistiendo en su errónea declaración, su equivocada idea de que hacía el grupo en ese lugar.

Ejemplo de vida y testimonio lo podemos encontrar en Héctor Benavidez, era muy amigo de Julio Troxler, otro de los sobrevivientes, ellos escaparon juntos A Bolivia, era Julio para Benavidez como su propio hijo.

Vivió en el Barrio Obrero Ferroviario de Boulogne hasta que falleció ya anciano y enfermo.

Es decir que todos los sobrevivientes han podido dar la real versión sobre que hacían allí, en la casa de Hipólito Yrigoyen ese día.

En definitiva, allí estaban esperando la señal para que un grupo de ellos se dirigiera al gasómetro de Av. Gral. Paz y Constituyentes para amenazar a Rojas con su misma amenaza del día del golpe: hacerlo volar.

El otro grupo, usando el colectivo de Livraga, se dirigiría a Campo de Mayo a reunirse y apoyar a los militares allí detenidos.

No pudo ser.

Pero Librara continúa aceptando homenajes cada vez que se lo invita para la fecha sin aclarar que el tiempo le ha hecho ver lo equivocado de su primera declaración, porque insisto, la muerte es algo secundario que a todos nos sucede, lo que importa compañeros es el ¿por qué se muere y en qué circunstancias?

De esa manera seguramente muchos lectores del libro dejarían de pensar que eran 12 amigos reunidos para jugar a las cartas y escuchar el relato de una pelea de box para comprender que representaban a un pueblo sometido y esclavizado que estaba por intentar recuperar lo perdido.

4 – ¿Dónde estaba Tanco?

Fue el grito furioso de Desiderio Fernández Suárez cuando de un golpe abrió la puerta de la casa de Hipólito Yrigoyen.

No estaba allí.

Y al 14 de junio todavía no habían encontrado al responsable de la columna Norte o ubicado su paradero.

Las primeras versiones llevaron a un allanamiento en Quilmes, sin resultado alguno.

Una mujer denunció haberlo visto por la localidad de City Bell en un automóvil, pero tampoco pudo comprobarse esa afirmación.

El jefe de la columna Norte visto siempre en el sur…

Realizaba también maniobras de despiste:

Arturo Jauretche le organiza una ingeniosa maniobra: se presenta en el Hotel Brasil de Montevideo, con un acompañante y solicita habitación para él y para el General Tanco, que acaba de llegar de la República Argentina.

Una radio uruguaya –“Radio El Espectador”– difunde la falsa noticia: “se ha tomado conocimiento que el General Raúl Tanco se encuentra en el Hotel Brasil, frente a la principal plaza de Montevideo, allí un argentino –de aproximadamente 48 años– se registró como Raúl Tanco, entrando clandestinamente al Uruguay dado que su entrada no se encuentra registrada por las autoridades correspondientes.

Ha llegado aproximadamente a las 13 horas del 14 de julio de 1956 a Montevideo, y al intentar varios periodistas entrevistarlo rehusó sistemáticamente hacer cualquier declaración”

Posteriormente el dueño del hotel, Señor Núñez, declaró “…que había dejado su equipaje y se había retirado del mismo sin volver.

Por otra parte, también se ubicó en nuestra ciudad, en el Hotel Piran, a otro ciudadano argentino, de apellido Arce, que sería identificado posteriormente como el contraalmirante Arce, su contacto en la fuga”

El general Quaranta al enterarse de esto, enfureció aún más de lo que ya estaba desde su odio genético al peronismo.

Hasta el mismísimo Desiderio Fernández Suárez en persona había irrumpido en la casa de Florida buscándolo, y sin resultado llevándose a los compañeros que luego asesinarían en el basural…

La falsa ubicación de Tanco en Montevideo permite que ya no se lo busque en la Argentina.

En realidad, al comprobar que el movimiento revolucionario había fracasado, mientras Valle se refugiaba en el domicilio de su amigo Andrés Gabrielli, en pleno centro porteño, apesadumbrado por la suerte de sus compañeros y meditando su entrega; Tanco se había dirigido a Berisso, a casa de Alberto Prodia, quien coordinaba en esa ciudad los grupos civiles de apoyo a la sublevación.

Ahí, por boca de Prodia, se enteró de los primeros fusilamientos.

¿Y ahora qué hago?, se preguntó Tanco, solo y aislado en un barrio obrero, donde lo habían recibido y alimentado.

Poco le costó imaginar cuál era el destino que le tenían reservado, el mismo que sufrieron sus compañeros.

Convencido de esto, vistiendo un sobretodo, se sube a un tren en la estación de La Plata con destino a terminal Constitución, eran –aproximadamente– las 22 del 12 de junio, justamente quiso el destino que ese día, a esa hora, en ese preciso instante, el general Valle cayera infamemente fusilado, entregando su vida para que cese la matanza.

De esa manera el Grl. Raúl Demetrio Tanco, originalmente a cargo de la columna Norte del Movimiento de Recuperación Nacional, llegó desde La Plata a Constitución y, de allí en un colectivo de la línea 60, hasta Vicente López, bajando –siendo la madrugada del 13– en la Av. Maipú y Monasterio, desde allí es llevado a la residencia por el Embajador en persona, que lo pasó a buscar con su vehículo y al aproximarse a la residencia le dijo: “… un general argentino debe entrar a territorio de Haití con todos los honores…”, pidiéndole que se sentara a su lado y asegurar su protección.

El Jefe de la columna Norte finalmente llegaba a zona Norte.

El 14 a la tarde colocan a un policía de custodia en la puerta de la residencia, simulando cuidar la misma, en realidad debía controlar que no accediera nadie más en pedido de asilo.

Compañeros, les propongo que cerremos esta charla como se debe, entre compañeros peronistas, que nuestras voces se escuchen hasta el Comando Celestial,

Asesinados en Lanús, simulando fusilamiento

10 de Junio de 1956

• Tte. Coronel José Albino Yrigoyen,

• Capitán Jorge Miguel Costales,

• Dante Hipólito Lugo,

• Clemente Braulio Ros,

• Norberto Ros y

• Osvaldo Alberto Albedro.

Asesinados en los basurales de José León Suárez, disparando por la espalda

10 de junio de 1956

• Carlos Lizaso,

• Nicolás Carranza,

• Francisco Garibotti,

• Vicente Rodríguez y

• Mario Brión

Muertos por la represión en La Plata 10 de junio de 1956

• Carlos Irigoyen,

• Ramón R. Videla y

• Rolando Zanetta.

Fusilados en La Plata 11 y 12 de junio de 1956

• Teniente Coronel Oscar Lorenzo Cogorno,

• Subteniente de Reserva Alberto Abadie

Fusilados en Campo de Mayo 11 de junio de 1956

• Coronel Eduardo Alcibíades Cortines,

• Capitán Néstor Dardo Cano,

• Coronel Ricardo Salomón Ibazeta,

• Capitán Eloy Luis Caro,

• Teniente Primero Jorge Leopoldo Noriega y

• Teniente Primero Maestro de Banda de la Escuela de

• Suboficial Néstor Marcelo Videla

Asesinados en la Escuela de Mecánica del Ejercito 11 de junio de 1956

• Sub Oficial Principal Ernesto Gareca;

• Sub Oficial Principal Miguel Ángel Paolini;

• Cabo Músico José Miguel Rodríguez;

• Sargento Hugo Eladio Quiroga.

Ametrallado en el Automóvil Club Argentino 11 de junio de 1956

(falleció el 13 de junio de 1956 en el Hospital Fernández)

• Miguel Ángel Mauriño

Asesinado, simulando suicidio por ahorcamiento, en la Divisional de Lanús, 28 de junio de 1956, donde estuvo detenido desde el 9 de junio de 1956

• Aldo Emil Jofré

Fuente