El asesinato del comandante Arturo Araya Peeters. Edecán naval de Salvador allende

Por Arturo Alejandro Muñoz
para Memoria viva Chile)
Publicado el 17 de julio de 2010

Se trató de un asesinato planificado, para ir sentando al interior de la Marina de Guerra los principios que regirían el sanguinario golpe de Estado del 11 de septiembre. La derecha fascista perpetró el crimen… Washington lo cobijó y financió. Nuestra memoria sigue viva.

 En la medianoche del día 26 de julio de 1973, el Edecán Naval del Presidente Salvador Allende, comandante Arturo Araya Peeters, fue asesinado por un francotirador, que le disparó a mansalva desde algún lugar frente a su domicilio.



 Poco antes, había llegado a su casa, tras asistir –acompañando al mandatario socialista– a una recepción en la Embajada de Cuba. Uno de los delincuentes que participó en el delito, Guillermo Claverie Bartet, fue condenado a tres años de prisión. Sin embargo, no permaneció ni un día en la cárcel, purgando esa pena. Incluso, estando prófugo, fue indultado por la dictadura, gracias a una decisión del almirante José Toribio Merino Castro.


 Se trató de un asesinato planificado, para ir sentando al interior de la Marina de Guerra los principios que regirían el sanguinario golpe de Estado del 11 de septiembre y, a la vez, un recordatorio de que todo hombre de la Armada que no estuviese de acuerdo con los planes fascistoides del almirante Merino Castro sería considerado traidor y castigado con la muerte. Así ocurrió con Araya, un hombre limpio y leal a la Constitución.


 La noche del 26 al 27 de julio de 1973, un francotirador abrió fuego contra el marino, mientras los mercenarios de Patria y Libertad armaban una algazara en la calle frente a su casa, luego de hacer algunos disparos al aire, a objeto de lograr que el edecán presidencial saliese al balcón, para investigar lo que sucedía. En ese momento, una bala impactó en el pecho del comandante Araya Peeters.


 El crimen, que en su momento la derecha y los servicios de inteligencia navales intentaron achacar a fantasmales grupos armados de izquierda, fue en realidad la obra de una sórdida conspiración ultraderechista, con apoyo de oficiales golpistas de la Marina.


 Un total de 32 miembros de Patria y Libertad –cuyo fundador era Pablo Rodríguez Grez– fueron detenidos y procesados por la Fiscalía Naval; pero, todos quedaron libres, tras algunos tirones de orejas. Sólo uno de ellos, Guillermo Claverie, luego de haber estado un tiempo prófugo, resultó condenado a tres años y un día de prisión, como autor material del crimen, pena que tampoco cumplió ya que, al final, todos los conspiradores fueron indultados en 1981 por el asesino y ladrón apellidado Pinochet Ugarte, “por servicios prestados a la Patria".


 En una entrevista publicada por el diario La Nación, Claverie juró que era inocente y aseguró que fue obligado a confesar, tras sufrir múltiples torturas efectuadas por oficiales de la Marina y de la Fuerza Aérea y que, al parecer, fue elegido como chivo expiatorio por sus jefes de Patria y Libertad, entre ellos Pablo Rodríguez.


 Aunque admitió haber estado en el lugar de los hechos, dijo que siempre permaneció en la calle y que la trayectoria de la bala que mató al Edecán, que estaba en un balcón, era de arriba hacia abajo. Afirmó, además, haber disparado su pistola después que vio caer al hombre del balcón y que en ese momento ignoraba de quién se trataba. Las declaraciones de Claverie fueron parte, en la Corte de Apelaciones, del alegato de Arturo Araya, hijo de la víctima y abogado querellante en el juicio.


 El planificado crimen cometido contra el Comandante de la Marina y edecán del Presidente Allende, ocurrido en la calle Fidel Oteíza –entre Marchant Pereira y Carlos Antúnez– de la comuna de Providencia fue, en definitiva y claramente, una bien montada operación terrorista de inteligencia y desestabilización política, estructurada por la extrema derecha junto a grupos fascistas y ultra nacionalistas insertos en las Fuerzas Armadas, quienes contaban con apoyo y financiamiento de la Central de Inteligencia Norteamericana (CIA), tal como lo reconoció –muchos años después– el gobierno norteamericano, al desclasificar sus documentos confidenciales.


 Los golpistas del SIN (Servicio de Inteligencia Naval) ya venían ejecutando decenas de atentados y autoatentados con bombas, algunos previamente ‘negociados’, como el realizado en la casa del Almirante golpista Ismael Huerta, a mediados de julio de 1973, en Viña del Mar, con el objetivo de ir construyendo un ambiente favorable al próximo golpe de Estado.


 La ametralladora Bataan, con la que el militante del Comando Rolando Matus (CRM) y agente del SIN, infiltrado en la empresa estatal ECON, Guillermo Claverie Bartet, disparó al comandante Araya, después de hacer explotar una bomba señuelo y balear el frontis de la casa, para hacerlo salir al balcón, fue suministrada por el SIN a través de Jorge Ehlers Trostel, personaje que después –en plena dictadura– ocuparía un alto cargo en el área de deportes (DIGEDER).


 Claverie Bartet ya había sido detectado disparando contra tropas leales a la Constitución, durante el ‘Tanquetazo’ [29 de junio de 1973], desde una terraza de ECOM [el tipo creía que, ese día, la Marina iniciaba un golpe; eso fue publicado poco antes del 11SEP73 por el quincenario dirigido por Marta Harnecker, Chile Hoy]. Fue echado de ECOM, pero no entregado a la Policía… ¡¡¡increíblemente!!!



Los asesinos fraguan coartada indignante



 Al entonces teniente del SIN, Daniel Guimpert Corvalán, junto con el capitán del Servicio de Inteligencia de Carabineros (SICARGermán Esquivel Caballero –quien más tarde participaría en múltiples ‘desapariciones’ cometidas por el Comando Conjunto y el SICAR–, le cupo realizar uno de los aspectos más sucios y cobardes del complot desestabilizador.


 Al otro día del asesinato del Edecán Naval del Presidente Allende –un sábado–, Esquivel y Guimpert recorrieron diversas comisarías buscando un ‘chivo expiatorio’ a quién cargarle el crimen. El elegido fue un preso por ebriedad, que trabajaba en una empresa CORFO (SEAM) y portaba un carnet de militante del Partido Radical, integrante de la Unidad Popular (UP).


 Como eso no era muy convincente, ni bastaba para completar sus planes, fabricaron un carnet del Partido Socialista e interrogaron privadamente al funcionario, que –sometido a salvajes torturas– se auto inculpó de haber participado en el asesinato, "junto con un comando del PS-Elenos" y algunos cubanos. El mecánico de SEAM CORFO terminó encargado reo y procesado por la Justicia Naval, bajo la dirección del Fiscal Aldo Montagna.


 El nombre del mecánico eléctrico de SEAM CORFO torturado por Guimpert y Esquivel era José Luis Riquelme Bascuñán y fue interrogado y encargado reo por el ministro conspirador de la Corte de Apelaciones Abraham Meerson y por el Fiscal Militar Joaquín Erlbaum. El desgraciado mecánico fue tan bien torturado que se echaba la culpa de haber participado en el crimen con un grupo de GAP y cubanos dirigidos por Bruno [Domingo Blanco] uno de los jefes de esa guardia de Salvador Allende.


 Al día siguiente, los medios opositores y diversos políticos –entre los que destacaron los senadores derechistas Víctor García Garzena y Fernando Ochagavía, junto al diputado demócrata cristiano Claudio Orrego Vicuña y al director del diario democristiano La PrensaJorge Navarrete– iniciaron una campaña de injurias y acusaciones contra el gobierno de la UP y la representación cubana en Chile.


 El problema, para los conspiradores de diversos pelajes y militancias que se concertaron en torno al falso hallazgo de los asesinos del comandante Araya fue que, a los pocos días, la Policía de Investigaciones detuvo a casi todos los miembros de la banda conformada por elementos del Comando Rolando MatusPartido Nacional (PN), Democracia Radical (DR) y Patria y Libertad, que habían participado directamente en el asesinato del edecán.


 Entre ellos, destacaban el presunto autor de los disparos (Guillermo Claverie), una dirigente de la Juventud del Partido Nacional y del CRM (Uca Eileen Lozano), el hijo ‘patria y libertad’ del conocido empresario panadero Castaño (Odilio Castaño Jiménez); el militante de Patria y Libertad Luis ‘Fifo’ Palma Ramírez –que, dos años después, tendría una destacada participación en el Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea (SIFA) y en las desapariciones del Comando Conjunto–, un sobrino CRM del psiquiatra de la DINA Laihlacar (de apellidos Potin Laihlacar), el dirigente de la DR Guillermo Schilling y un militante del CRM (Miguel Sepúlveda Campos) hijo de un conocido almirante retirado*.


 Los que no fueron detenidos, se escondieron en un fundo de la Región de Valparaíso y se entregaron a un comando de la Marina, al otro día del golpe. Los que estaban detenidos y procesados en las cárceles de Valparaíso y Santiago, fueron sacados de prisión el 12 de septiembre por comandos del SIN e integrados a las actividades represivas. El crimen del comandante Araya quedó impune y con expediente desaparecido.



Cambia, todo cambia



 El teniente Guimpert Corvalán salió de la Marina a fines de los 70’s y se dedicó a regentar un negocio de venta de armas, en las cercanías del Edificio de las FFAA, en la Plaza Bulnes. Gozaba de libertad bajo fianza hasta que fue nuevamente detenido, inculpado en más de una decena de casos de detenidos desaparecidos, en algunos de los cuales fue incluso indultado a principios de los años 90´s.


 Su cómplice en el intento de falsificación del asesinato del comandante Araya –Guillermo Esquivel– llegó al grado de coronel de carabineros en la DICOMCAR (Dirección de Comunicaciones de Carabineros) y fue detenido, por cheques protestados, en 1991. Falleció en extrañas y nunca aclaradas circunstancias, en 1993, mientras estaba denunciado, en diversos procesos por desapariciones y asesinatos.


 Transcurridos 35 años desde el asesinato del valeroso edecán del Presidente Allende, la versión oficial que entregó la dictadura comenzó a desmoronarse en los tribunales y a emerger la verdad: se trató de un crimen planificado por la derecha en contra del comandante Araya. La medida, que la familia del oficial había solicitado, por primera vez en agosto del año 2003, se aprobó ante la aparición de nuevos antecedentes aportados por Guillermo Claverie.


 El 28 de Abril de 2008, la Corte de Apelaciones de Santiago ordenó reabrir la investigación del asesinato. Por unanimidad, la Octava Sala del tribunal de alzada determinó que el juzgado a cargo del caso procediese a la reapertura de la investigación, tomando testimonio a Guillermo Claverie Bartet y realizase otras diligencias que de ello se deriven.


 El relato que Claverie entregó a los periodistas de La Nación Domingo, hace pocos años, mueve a la duda. Aseguró que todavía sentía miedo de lo que pueden hacerle los viejos (y nuevos) miembros de las cofradías golpistas:


“Nunca pude leer mis declaraciones que me hicieron firmar en la Fiscalía Naval. Y un día que me puse a leer una de ellas, después de un interrogatorio, el secretario del fiscal naval Aldo Montagna, el oficial Jorge Garretón Iturra, se metió la mano a la chaqueta del uniforme y sacó una pistola. Y me dijo: ‘¡Oye, huevón, que leís tanto, agradece que todavía estai vivo y firma ahí!’. Y, por supuesto, que así siempre firmé todo.”


 Sus confesiones confirman lo que los hijos del Edecán han ido descubriendo en estos últimos años, hurgando en el expediente del juicio iniciado por la Justicia naval y que culminó en 1980, con una condena de tres años para Claverie, como único autor material, y con penas inferiores por delitos menores para otros miembros del grupo que actuó esa noche: "Es que esa investigación está plagada de vicios", sostiene Arturo, el hijo mayor del edecán, que es abogado.


 Con estas confesiones de Claverie, los hijos del Edecán lograron que la Corte de Apelaciones de Santiago ordenara reabrir el nuevo proceso iniciado a partir de la querella que interpusieron en 2003, pero que, en su momento, fue sobreseído y archivado por el 18º Juzgado del Crimen de Santiago.




Las preguntas quemantes


 Para hacer salir al comandante Araya al balcón, Juan Zacconi y Guillermo Necochea (miembros de Patria y Libertad) lanzaron una bomba frente a su casa. La llegada del Edecán a su domicilio fue anunciada a ellos por otra bomba que explotó en las cercanías, lanzada por un segundo grupo. El segundo bombazo, el de Zacconi y Necochea, fue la señal para que el tercer grupo, que debía entrar por la calle Fidel Oteíza, cometiera el asesinato.


 Los peritajes balísticos detectaron cinco impactos en los muros de la casa del capitán de navío. Pero las vainillas halladas frente a la casa sólo fueron cuatro. Con el proyectil que hirió de muerte al edecán y que entró directo, sin antes rebotar en parte alguna, los disparos suman seis. Pero, nunca se hallaron las otras dos vainillas. Y las pericias balísticas establecieron que las vainillas encontradas en la calle, correspondientes a los disparos hechos por Claverie, no pertenecían al proyectil que perforó el cuerpo del Edecán.

 Eso significaría que al comandante lo asesinaron con un arma distinta, y le dispararon desde otro lugar –presumiblemente desde el frente de su casa–, ligeramente desde arriba hacia abajo. A pesar de todas estas evidencias, la investigación naval concluyó que el edecán de Allende murió por uno de los disparos de Claverie. Pero, este insiste en explicitar muchas preguntas, todas ellas sin respuestas oficiales.


 ¿Quién hizo los dos disparos que varios testigos, según declararon en el proceso del Juzgado Naval, escucharon inmediatamente antes de que el Edecán lanzara su ráfaga hacia el frente y minutos antes de que Claverie hiciera sus cuatro disparos?


 ¿Contrató el ex cadete naval Jorge Ehlers Trostel a un francotirador para que asesinara al comandante Araya Peeters, aprovechando el caos que el mismo Ehlers ordenó crear al grupo de ultraderecha esa noche en las cercanías de la casa del edecán?


 ¿Por qué Ehlers, literalmente, huyó a Alemania días después de que los hijos del Edecán interpusieron la querella, en septiembre de 2003, refugiándose en ese país hasta hoy?


 ¿Por qué nadie tomó en cuenta la declaración de dos prostitutas que figura en el expediente de la Justicia naval, quienes afirmaban que, paradas esa noche en la esquina de Pedro de Valdivia con Providencia y segundos después de escuchar disparos, vieron salir de un lugar a dos hombres corriendo, uno de ellos con un fusil en la mano, y que se subieron a una camioneta que tenía un disco que les pareció de vehículo fiscal?



Torturas, presiones y amenazas


 Detenido preventivamente en la Cárcel Pública de Santiago, una mañana –aún en plena dictadura– los gendarmes sacaron a Claverie y le condujeron a la oficina de la Fiscalía Naval. En ese lugar –contó el mismo Claverie al diario La Nación– lo recibió el oficial naval Germán Arestizábal, quien oficiaba como actuario. "Me hizo subir a un Austin Mini, donde reconocí al oficial de la Fuerza Aérea de apellido Schindler, compañero de colegio". Le vendaron la vista y lo llevaron a la Academia de Guerra Aérea, en Las Condes.


 “Ahí, me amarraron a un catre y empezaron a golpearme en la planta de los pies con un palo o un fierro. Después, me inyectaron en la vena lo que yo creo que fue pentotal, porque todavía no me sacaban mi propia confesión del crimen del edecán, como ellos querían. Nunca supe lo que respondí, pero no puedo haber dicho algo que era falso", expresa.


 Días después, al salir de una oficina donde había comenzado a trabajar, se le acercó un auto desde el cual descendió un individuo que él conocía, el que le obligó a subir al vehículo.


 “Era el ‘Fifo’ Palma [Luis Palma Ramírez, que después integró el Comando Conjuntoy en el auto vi como cinco metralletas. El Fifo me dijo. ‘¿Sabís que ahora te podemos matar por andar hablando, huevón? Vos sabís que en esto está metida gente que ahora es muy importante. Que no se te olvide’".


 Esa última frase del tal ‘Fifo’ Palma –suponiendo que Claverie dice la verdad– es la que deberá dilucidar el juzgado a cargo de la reapertura del caso, pues resulta vital establecer la identidad de aquella “gente que ahora es muy importante”. ¿Qué tan ‘importante’ es hoy esa gente? ¿Parlamentarios? ¿Empresarios? ¿Diplomáticos chilenos en el extranjero? ¿Oficiales retirados de las Fuerzas Armadas? ¿Oficiales aún activos? ¿Dirigentes políticos? ¿Dirigentes de gremios patronales? Tarde o temprano, el país conocerá sus nombres, los que serán agregados al de Guillermo Claverie, quien sí estuvo en uno de los grupos sediciosos y criminales aquella infausta noche. 


* La lista de integrantes del comando asesino, publicada por la revista CAUCE nº 15, del 9 de julio de 1984:


René Guillermo Claverie Bartet
Mario Eduardo Rojas Zegers 
Guillermo Francisco Necochea Aspillaga 
Miguel Víctor Sepúlveda Campos [hijo de un Almirante (r)
Uca Eileen Lozano Jeffs (CRM-JN
Guillermo Adolfo Schilling Rojas (primo del ‘Mamo’ Schilling, dirigente del Partido Socialista
José Eduardo Iturriaga Aránguiz 
Luis Guillermo Perry González 
Luis César "Fifo" Palma Jiménez (posteriormente, fue miembro del Comando Conjunto
Ricardo Vélez Gómez 
Rafael Mardones Saint Jean (primo hermano de José Luis Mardones Santander, Presidente del Banco Estado
Adolfo Palma Ramírez (hermano del ‘Fifo’ Palma
Enrique Quiroz Ruiz
Wilfredo Humberto Perry González 
Odilio Castaño Jiménez (actual co-dueño de la cadena de panaderías Castaño
Carlos Fernando Farías Corrales 
Juan Zacconi Quiroz 
Andrés Pablo Potin Laihlacar 
Tito Alejandro Figari Verdugo




7 de Febrero 2006 La Nación
Oficial (R) naval dice que crimen del edecán fue “en defensa propia” 
Interrogado sobre su participación en el crimen del edecán del Presidente Allende, capitán de navío Arturo Araya Peeters, el oficial de la Armada (R) Jorge Ehlers Trostel declaró recientemente en el nuevo proceso que se instruye en el 17° Juzgado del Crimen de Santiago, que a Araya se le disparó “en defensa propia” y calificó el hecho como “absolutamente casual”.
Sin embargo, los hijos del edecán, asesinado la madrugada del 27 de julio de 1973, evalúan pedir el procesamiento de Ehlers por el delito de “homicidio calificado”, como lo informó a La Nación Arturo Araya Corominas, abogado querellante e hijo mayor del ex asesor presidencial.
Ehlers Trostel, que se desempeñó como jefe de la Digeder durante el régimen de Pinochet, salió con destino a Alemania el 15 de octubre de 2003, cuando el caso se activó por una querella interpuesta por los hijos de Araya. Estos afirman que el proceso que en la década de los ‘70 instruyó el Juzgado Naval de Valparaíso estuvo plagado de irregularidades y “cosas extrañas”.
De hecho, Ehlers fue sindicado múltiples veces en este proceso por los participantes del grupo de ultraderecha que esa madrugada protagonizó la asonada como quien los convocó y proveyó parte de las armas, además de oficiar de “nexo” entre ellos y la oficialidad de la Armada.
No obstante, el abogado Araya sostiene que Ehlers “apenas” fue interrogado una vez por el fiscal naval, no fue procesado ni menos condenado con las bajas penas que afectaron a quienes la investigación naval sindicó como los responsables del “maltrato de obra a un oficial naval”.
“En el crimen de nuestro padre, Jorge Ehlers fue el nexo entre la cúpula de la Armada que pretendía el golpe militar, y el grupo de ultraderecha que esa noche actuó para hacer salir a nuestro padre al balcón y exponerlo a los disparos”, afirma Arturo Araya.
El abogado dice que la teoría del complot entre la Armada y la ultraderecha civil para asesinar al comandante cobra “cada vez más fuerza” en la nueva indagatoria, donde se siguen acumulando evidencias en ese sentido
27 de Julio 2006 La Nación
Por primera vez la Armada recuerda hoy al ex edecán naval de Allende
Por primera vez, la Armada recordará hoy con una misa al ex edecán naval, capitán de navío Arturo Araya Peeters, tras treinta y tres años de su asesinato producto de un complot para debilitar el Gobierno de Salvador Allende y acelerar el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. La ceremonia religiosa se efectuará a las 08:30 en la Escuela Naval de Valparaíso, y contará con las asistencia de su madre Fanny Corominas y sus hijos. El comandante en jefe de la institución, almirante Rodolfo Codina, no podrá asistir ya que está fuera del país, al igual que el secretario general de Marina, contralmirante Cristián Millar. Los actos recordatorios se originaron en un encuentro que el almirante Codina sostuvo con los hijos del capitán Araya, Arturo y Enrique, constituyendo el primer contacto desde su muerte la madrugada del 27 de julio de 1973. Actualmente se instruye un nuevo proceso para determinar a los reales autores intelectuales y materiales del crimen del edecán de Allende.

20 de abril de 2008 Por La Nación Domingo
 Guillermo Claverie, condenado como autor del crimen del edecán de Allende “Yo no maté al comandante Araya”
Su historia es de novela. Sostiene que fue torturado y dopado para arrancarle una confesión, y que en la Fiscalía Naval firmó sus declaraciones a punta de pistola. Los hijos del edecán, que ya no creen que él haya sido el asesino de su padre, son hoy su única luz de esperanza. Por primera vez cuenta su drama. Abre la puerta de su casa con una sonrisa, aunque dice que para él su existencia está destrozada. Cigarrillo en mano, chal al cuello y bien peinado, su saludo amable no logra disimular un rictus de sufrimiento. Pero una luz, que parece salida de un buen guión de cine, se enciende ahora al final del negro túnel que cruza ya por 35 años.
"¡Yo no maté a su padre, yo no asesiné al edecán Araya, créanme por favor!", clama Guillermo Claverie Bartet (62 años) con voz desgastada por el tiempo que lo ha tratado con rigor. Acechado por fantasmas que nunca se han rendido para seguir recordándole las horas y los disparos de aquella noche del 26 de julio de 1973 en calle Fidel Oteiza, en Providencia. La noche del crimen del edecán naval del Presidente Salvador Allende, Arturo Araya Peeters.
"Me golpearon, me torturaron, me amenazaron con la muerte y perdí a mi familia y las ganas de vivir, pero jamás lograron que confesara el crimen que no cometí, aunque la justicia naval me condenó como el autor material", afirma mirando a los ojos.
Su nombre quedó grabado en la memoria colectiva como el asesino oficial del edecán de Allende, después de que a los instigadores del complot para apurar el golpe de Estado un grupo de ultraderecha y algunos altos oficiales en servicio activo de la Marina de 1973 se les derrumbó la trama que habían planeado para culpar del crimen a un grupo de izquierda, incluidos algunos miembros de la guardia personal de Allende.
Escuchar el relato de Claverie sobrecoge. Es primera vez que cuenta su historia y no resulta fácil convencerlo que hable con LND, porque todavía siente miedo.
"Nunca pude leer mis declaraciones que me hicieron firmar en la Fiscalía Naval. Y un día que me puse a leer una de ellas, después de un interrogatorio, el secretario del fiscal naval Aldo Montagna, el oficial Jorge Garretón Iturra, se metió la mano a la chaqueta del uniforme y sacó una pistola. Y me dijo: ‘¡Oye, huevón, que leís tanto, agradece que todavía estái vivo y firma ahí!’. Y por supuesto que así siempre firmé todo".
Sus confesiones confirman lo que los hijos del edecán han ido descubriendo en estos últimos años, hurgando en el expediente del juicio iniciado por la justicia naval y que culminó en 1980 con una condena de tres años para Claverie, como único autor material, y con penas inferiores por delitos menores para otros miembros del grupo que actuó esa noche: "Es que esa investigación está plagada de vicios", sostiene Arturo, el hijo mayor del edecán, que es abogado.
Los hijos buscan desde hace casi cinco años que un nuevo juicio establezca la verdad del crimen de su padre y se conozca al o a los verdaderos autores, materiales e intelectuales. Pero se han encontrado con "situaciones extrañas" que los hacen sospechar que todavía hay manos que quieren tapar más de algo.
Con estas confesiones de Claverie, los hijos del edecán pretenden que la Corte de Apelaciones de Santiago ordene reabrir el nuevo proceso iniciado a partir de la querella que interpusieron en 2003, pero que hace unos meses fue sobreseído y archivado por el 18º Juzgado del Crimen de Santiago.
Aquella noche
El recuerdo de Guillermo Claverie de lo que sucedió aquella noche aún está nítido. Cuando entran por la calle Fidel Oteíza, donde vivía el edecán, era cerca de la medianoche.
"Vi a un señor que se asomó a un balcón y le gritamos que se entrara. Poco antes habíamos estado creando caos por los alrededores, como nos ordenaron. De repente sentí unos disparos aislados y al poco rato una ráfaga de ametralladora que salió desde el balcón. Entonces vi al señor que con su mano izquierda sostenía una ametralladora, y apuntaba hacia el frente y no hacia abajo, por donde pasábamos nosotros".
Acto seguido, dice Claverie, vio cuando la persona del balcón se inclinó hacia abajo como doblándose. "Yo todavía no había disparado", aclara.
Afirma que la luz artificial de la calle le permitió vislumbrar que el hombre del balcón vestía una bata "medio de color verde, como con unos dibujos en el pecho que me parecieron manchas. Hoy creo que eran manchas de sangre, porque se veía que la persona estaba herida".
Todavía Claverie no disparaba, pero lo hizo instantes después de escuchar la ráfaga que disparó el edecán hacia el frente. "Lo hice cuando ya no lo tenía a la vista, porque cuando escuché la ráfaga me agaché y busqué refugiarme debajo del balcón apegándome hacia el muro, dejé de verlo y entonces recién hice unos disparos. Es imposible que mis disparos ni siquiera hirieran a la persona del balcón que estaba a 4,5 metros sobre el nivel de la calle, porque yo ya no lo veía para nada".
Los imposibles
Todos estos detalles, que Claverie ha ido aportando a los hijos del edecán y que ahora accedió a contar a LND, coinciden plenamente con las pericias balísticas realizadas por la Policía de Investigaciones para el proceso iniciado en 1973 por la justicia naval. Y ratifican el resultado de la autopsia realizada al edecán Araya en el Hospital Militar por el doctor Tomás Tobar Pinochet, considerado una eminencia por sus pares y el mismo que practicó la autopsia al Presidente Allende.
Respecto de la bala que mató al edecán impactándole en el pecho, el informe forense del doctor Tobar establece: "La trayectoria intracorporal seguida por el proyectil estando el cuerpo en posición normal [de pie], es de adelante hacia atrás, de izquierda a derecha, y ligeramente de arriba hacia abajo. El disparo corresponde a los llamados de larga distancia en medicina legal y es de tipo homicida".
La precisa descripción científica derriba cualquier posibilidad de que los disparos de Claverie, como él también afirma, pudieran dar muerte o herir al edecán. A no ser que se profanen las leyes de la física y la balística, o interesadamente se quiera alterar las circunstancias del crimen.
La definición del doctor Tobar de que el disparo que causó la muerte del comandante Araya correspondió "a los llamados de larga distancia en medicina legal" coincide con la versión de Claverie respecto de su ubicación esa noche: casi pegado al muro de la casa y 4,5 metros por debajo del balcón donde estaba el comandante. Tal como está registrado en el expediente del juzgado naval. Vale decir, estaba casi al lado de la víctima.
Las huellas de la verdad
Los peritajes balísticos detectaron cinco impactos de bala en los muros de la casa del capitán de navío. "Tres adyacentes a la ventana del dormitorio, uno en el borde superior de la persiana de la ventana [del dormitorio], y uno en las inmediaciones del lugar donde fue herido el comandante Araya [inmediatamente debajo del borde del balcón]".
Pero las vainillas halladas frente a la casa sólo fueron cuatro. Con el proyectil que hirió de muerte al edecán, y que entró directo sin antes rebotar en alguna parte, los disparos suman seis. Pero nunca se hallaron las otras dos vainillas. Y las pericias balísticas establecieron que ninguna de las vainillas halladas en la calle, correspondientes a los disparos hechos por Claverie, pertenecen al proyectil encontrado en el cuerpo del edecán.
Eso significa que al edecán lo asesinaron con un arma distinta, y le dispararon desde otro lugar presumiblemente desde el frente de su casa , ligeramente desde arriba hacia abajo.
A pesar de todas estas evidencias, la investigación naval concluyó que el edecán de Allende murió por uno de los disparos de Claverie. ¿Quién hizo los dos disparos que varios testigos, según declararon en el proceso del Juzgado Naval, escucharon inmediatamente antes de que el edecán lanzara su ráfaga hacia el frente y minutos antes de que Claverie hiciera sus cuatro disparos?
Este antecedente cuadra con los seis disparos hechos esa noche hacia el balcón del edecán: cuatro vainillas halladas y dos no encontradas nunca.
¿Contrató el ex cadete naval Jorge Ehlers Trostel a un francotirador para que asesinara al comandante Araya, aprovechando el caos que el mismo Ehlers ordenó que el grupo de ultraderecha creara esa noche en las cercanías de la casa del edecán?
¿Por qué Ehlers literalmente huyó a Alemania días después de que los hijos del edecán interpusieron la querella en septiembre de 2003, refugiándose en ese país hasta hoy?
¿Por qué nadie tomó en cuenta la declaración de dos prostitutas que figura en el expediente de la justicia naval (cuyos nombres LND se reserva), afirmando que, paradas esa noche en la esquina de Pedro de Valdivia con Providencia y segundos después de escuchar disparos, vieron salir de un lugar a dos hombres corriendo, uno de ellos con un fusil en la mano, y que se subieron a una camioneta que tenía un disco que les pareció de vehículo fiscal?
Al estudiar las seis mil fojas del expediente del Juzgado Naval, como lo hizo LND, y analizar las declaraciones de los jóvenes ultraderechistas (algunos de Patria y Libertad) que actuaron esa noche, queda establecido que tres grupos coordinados actuaron a la espera de que el edecán llegara a su casa desde la Embajada de Cuba, donde había acompañado al Presidente Allende a una recepción por el aniversario del triunfo de la Revolución Cubana. Para hacer salir al comandante Araya al balcón, Juan Zacconi y Guillermo Necochea lanzaron una bomba frente a su casa. La llegada del edecán a su casa fue anunciada a éstos por otra bomba que explotó en las cercanías, lanzada por otro grupo. El segundo bombazo, el de Zacconi y Necochea, era la señal para que el tercer grupo, que debía entrar por la calle Fidel Oteiza, lo hiciera.
Torturas en la AGA
Estando Claverie detenido en la Cárcel Pública de Santiago, una mañana los gendarmes lo sacaron y condujeron a la oficina de la Fiscalía Naval. Allí, cuenta, lo recibió el oficial naval Germán Arestizábal, quien hacía de actuario. "Me sacó y me hizo subir a un Austin Mini, donde reconocí al oficial de la Fuerza Aérea de apellido Schindler, compañero de colegio". Le vendaron la vista y lo llevaron a la Academia de Guerra Aérea, en Las Condes.
"Ahí me amarraron a un catre y empezaron a golpearme en la planta de los pies con un palo o un fierro. Después me inyectaron en la vena lo que yo creo que fue pentotal, porque todavía no me sacaban mi propia confesión del crimen del edecán, como ellos querían. Nunca supe lo que respondí, pero no puedo haber dicho algo que era falso", expresa.
Cuando lo liberaron desde la cárcel, un año y medio después, cuenta que en su casa en Santiago se armó una pequeña fiesta que le dio el grupo con que actuó la noche del crimen. Pero durante el ágape se llevó más de una sorpresa.
"Esa tarde también llegaron el secretario de la Fiscalía Naval, Garretón Iturra, Arestizábal y otro oficial a quien no conocía, que dijo que venía en representación de la Armada. También llegó Jorge Ehlers, que extrañamente me regaló un queso entero, lo que en el lenguaje de la inteligencia significa que estás haciendo un regalo a un traidor".
Días después, al salir de una oficina donde había comenzado a trabajar, en la calle se le acercó un auto desde donde lo obligaron a subir.
"Era el Fifo Palma [César Palma Ramírez que después integró el Comando Conjunto] y en el auto vi como cinco metralletas. El Fifo me dijo. ‘¿Sabís que ahora te podemos matar por andar hablando, huevón?’. Le pregunté si era porque yo decía que no era el asesino del comandante Araya, y me contestó: ‘¡Ah, parece que te estái avispando, huevón! Vos sabís que en esto está metida gente que ahora es muy importante. Que no se te olvide’".
Un epílogo de emoción
Claverie se queda largo rato en silencio. Luego mira a Enrique, uno de los hijos del edecán presente en la conversación, y dice con tono sereno: "Haberlos conocido y hablar con ustedes ha significado para mí, después de 35 años, la desaparición de esa culpa que yo nunca tuve, pero que al final me grabaron en mi mente a golpes y amenazas. Ahora siento que con ellos, los hijos del comandante Araya, comparto un dolor y les he tomado tanto aprecio que cuando no los escucho por teléfono los echo de menos".
El indulto que Augusto Pinochet le otorgó a él y a todo el grupo el 22 de julio de 1981, "por servicios prestados a la patria", no logró sanar sus heridas. "¡Nunca he visto a tanto maricón junto!", expresa, como poniendo el sello a todo lo que después del crimen debió vivir.
29 de abril de 2008 La Nación
Ordenan reapertura de caso por crimen de edecán Araya
En un fallo unánime, la Octava Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago ordenó ayer reabrir la investigación por el homicidio del edecán naval del Presidente Salvador Allende, Arturo Araya Peters, ocurrido en calle Fidel Oteíza, comuna de Providencia, el 27 de julio de 1973.
El dictamen da curso a la solicitud de sus familiares respecto de realizar nuevas diligencias en la causa, como judicializar la declaración del ex miembro de Patria y Libertad, Guillermo Claverie Bartet (62), condenado en 1980 por la fiscalía naval a tres años de presidio como autor material del crimen, quien en su testimonio legalizado ante notario- asegura que él no disparó al fallecido edecán.
Esta confesión de Claverie permitió a los hijos de Araya pedir la reapertura del caso luego de que el 18º Juzgado del Crimen decretara el sobreseimiento tras estimar que se había agotado la investigación.
Los ministros Cornelio Villarroel, Mario Carroza y el abogado integrante Carlos López dispusieron que la causa sea remitida al tribunal correspondiente, ya que el antiguo juzgado que instruía el proceso se fusionó.
Cronología de un Asesinato: Complot para Asesinar al Comandante Araya 
Enviado por: Miguelmo el Jueves, 09 de Octubre de 2003 - 10:21 PM AST
Ex Fiscal Naval, acusado como cómplices de estos hechos hoy ocupa el cargo de Jefe del Consejo de Defensa del Estado en la V Región. 

El diario «La Nación» publicó una entrevista y reportaje del periodista Jorge Escalante a los dos hijos del asesinado comandante y edecán naval del Presidente Allende comandante naval, Arturo Araya Peeters. El oficial fue asesinado -por balazos de una metralleta- en el balcón de su casa de la calle Fidel Oteiza de la comuna de Providencia en la madrugada del 27 de julio de 1973. Todo apunta a que su muerte fue un frío y planeado asesinato digitado por el mando golpista de la Marina y organizado por el Servicio de Inteligencia Naval (SIN), con la colaboración de dos agentes civiles que reclutaron un comando formado por militantes del Comando Rolando Matus del PN, de Patria y Libertad y de la Democracia Radical. 


FUENTE: www.lafirme.cl  - 9-10-2003

En 1986 o 1987 la periodista Mónica Gónzalez tuvo acceso al expediente de la «Justicia Naval» y publicó una extensa y documentada crónica sobre el asesinato de 1973 y sus hechores en la revista «Cauce». El 28 de enero del 2003 el periódico «La Firme» -a propósito del procesamiento por varias desapariciones de uno de los agentes del SIN que participó en el complot de 1973 Daniel Guimpert Corvalán- publicó una ampliación de las investigaciones de Mónica González, dando cuenta de los políticos PN y PDC -a los que habría que agregar al senador PN Ochagavía- que participaron en los aspectos mediáticos del complot, para acusar a militantes socialistas y «cubanos» del asesinato del edecán naval de Presidente Allende. Ese texto está disponible en: http://www.memoriaviva.com/Boletin/Boletin59.PDF Los agentes civiles del SIN que recibieron y operaron la metralleta «Baatan» -que nunca apareció- fueron Jorge Ehlers -un conocido ex deportista que en dictadura fue nombrado Director de la DIGEDER- y Guillermo Claverie Bartet, un funcionario civil de la empresa estatal ECOM, que había actuado en los grupos civiles armados que intentaron apoyar el fallido «tanquetazo» del 29 de junio del 73. Pocos días después del asesinato del edecán naval, comenzó en la Marina la brutal persecución de los golpistas y el SIN -con todo tipo de torturas- a un centenar de marinos y suboficiales constitucionalistas que habían denunciado los preparativos golpistas a dirigentes políticos de la UP y del MIR (Carlos Altamirano, Oscar G. Garretón y Miguel Enríquez). Pocos días antes -en julio del '73- habían comenzado los curiosos «atentados explosivos» a casas de oficiales navales con explosivos suministrados por el propio SIN. Uno de los más escandalosos, fue el realizado a principios de julio del '73 contra la casa del Almirante golpista Ismael Huerta Celis, posteriormente Ministro de RREE de la dictadura. El 2 de septiembre del 2003 en «El Mercurio» el ex dirigente de «Patria y Libertad» Roberto Thieme reconoció que a partir de abril de 1973 el grupo fascista recibió asesoría, planos y explosivos del SIN para realizar atentados a torres eléctricas y oleoductos, además de ayudar a «Patria y Libertad» en labores de protección a los camioneros golpistas en paro. El «atentado dominical» a la vacía casa del almirante Huerta fue develado por la Policía de Investigaciones del Valparaíso a mediados de julio, que detuvo e hizo confesar al jefe de la «celula SIN-Patria y Libertad» -que se juntaba en la panquequería «Gipsy» de Viña- el ex teniente naval y ayudante de órdenes del propio «bombardeado almirante» Jorge «Cote» Montecinos Johnstone, primo hermano del dirigente gremialista, ex Alcalde pinochetista designado de Valparíaso y hasta el 2001 diputado UDI Francisco Bartolucci Johnstone. La revista «Punto FInal» reveló en agosto de 1991 la participación que también tuvo en esa «autobomba» -destinada a agudizar el clima golpista en la Marina- la propia hija de Huerta y cófrade «gremialista» de Bartolucci en la UCV doña Mina Huerta Dunsmore, hoy Presidenta de la «Corporación 11 de septiembre». El Prefecto de Investigaciones Juan Bustos Marchant que detuvo al comando y al ex teniente «terrorista» fue detenido, torturado y acusado de «complicidad con el narcotráfico» después del golpe militar. El 2 de mayo de 1974 la Marina comunicó a la prensa y a su familia que «el Prefecto Bustos se había suicidado con su arma de servicio mientras estaba detenido y a disposición de la Fiscalía Naval». Sólo en septiembre de 1996 -ya que la familia no se atrevió a concurrir en 1990-91 a la «Comisión Rettig»- la Corporación Nacional de Reparación (CNRR) declaró formalmente que la muerte del Prefecto Juan Bustos Marchant fue un asesinato y violación de DDHH. Este crimen de «lesa humanidad» sigue aún impune y no hay querella de la familia. Hace algunas semanas el quincenario «The Clinic» -sin ser hasta ahora desmentido- denunció que uno de los cómplices de ese asesinato fue el ex Fiscal Naval Enrique Vicente, que hoy ocupa el cargo de Jefe del Consejo de Defensa del Estado en la V Región. 

Fuente: memoriaviva.com