miércoles, 18 de abril de 2018

Arturo Frondizi: ¿el último intelectual en el poder?

Por Jorge Halperin
para Clarín 
Nota publicada el 22 de febrero de 1998

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Carlos Altamirano piensa que, cuando Arturo Frondizi ganó las elecciones presidenciales del 23 de febrero de 1958, hace 40 años, parecía el único capaz de responder a las dos grandes preguntas que dejaba el derrocamiento de Perón, en 1955: qué hacer con las masas y qué hacer con el capitalismo argentino. Altamirano -investigador del Conicet en la historia de las ideas y docente de las universidades de Buenos Aires y de Quilmes, y autor, entre otros libros, de Ensayos argentinos, junto a Beatriz Sarlo- publicará próximamente la biografía del ex presidente a través del Fondo de Cultura Económica. 
El investigador destaca en esta entrevista la amalgama poco común de hombre de acción y de intelectual que encarnó Frondizi.Usted es un intelectual socialista. ¿Qué significó Frondizi en su juventud?-Por empezar, no es una figura ajena a mi propia biografía política e intelectual. Era un hombre de referencia para el mundo de la izquierda, en particular, para la izquierda nacionalista o el nacionalismo de izquierda. Era una figura central, y yo pasé por todas las vicisitudes, desde las grandes expectativas que me provocó en su momento de apogeo hasta lo que se llamaría después la decepción frondicista. ¿Frondizi es el intelectual de la política argentina?-Sin duda. No hay ningún otro político argentino del siglo XX que encarnara como él la imagen del político intelectual. ¿Hay que remontarse a Sarmiento para encontrar una figura similar?-A Sarmiento o a Alberdi. Pero pensaría más en este último porque, aun en el más ardiente y apasionado de los libros de Alberdi, que son sus Cartas quillotanas, donde discute con Sarmiento, pudo seguir mostrándose objetivo y a distancia, capaz de comprender las razones del adversario. No perdía la cabeza en la discusión. Si algo encarnó Frondizi desde su banca de diputado fue la imagen de alguien que no pierde la cabeza en medio de una discusión e, incluso, de la provocación. El razonamiento sistemático, el no prestarse a usar las cuestiones personales, el mostrarse siempre por encima de la contingencia inmediata. Este fue el personaje que Frondizi construyó. Pero, más que Alberdi, Frondizi fue un raro caso de intelectual hábil para construir poder.-Allí, en parte, también intervino el azar. Fue la muerte del dirigente radical Moisés Lebensohn lo que resultó una brecha que Frondizi supo capitalizar políticamente. Lebensohn, que rivalizaba en Buenos Aires con Ricardo Balbín, fue un ideólogo. También Frondizi. ¿Era profunda la formación de Frondizi?-Tenía una formación sobresaliente para un partido como el radical, que nunca tuvo un sesgo ideológico y donde las cuestiones doctrinarias nunca ocuparon un lugar importante en la lucha. Era, fundamentalmente, un partido de caudillos. Era también excelente comparándolo con los miembros de la elite política. ¿Qué era: un intelectual entre los políticos o un político entre los intelectuales?-Pensemos en aquella frase de Ortega y Gasset que dice: Hay que definirse: o se viene al mundo a hacer definiciones o se viene al mundo a hacer política. Frondizi apareció como aquel que podía ir de un polo a otro. Hace medio siglo que la vida política argentina quedó fijada en el bipartidismo. Desde entonces, Frondizi parece haber representado el intento más audaz de crear una tercera opción política con su correspondiente ideología.-El momento en que él estuvo en la cumbre fue entre 1955 y 1958. Y uno de los elementos que lo caracterizaron es que era quien poseía la fórmula para responder al arco no peronista sobre las dos grandes cuestiones que dejó pendiente el derrocamiento de Perón: qué hacer con las masas y qué hacer con el capitalismo argentino. Y Frondizi parecía tener una respuesta que englobaba a ambas: integración y desarrollo. No es que entonces lo planteara con esas palabras, pero estaba latente. A partir de 1957, era el jefe de una fracción muy grande del radicalismo. ¿Cómo definir la idea que Frondizi tenía en 1958? ¿Como la búsqueda de una vía nacional de desarrollo o como el intento de integrar la Argentina al capitalismo mundial?-Yo diría que, en lo económico, el proyecto de Frondizi era una de las tentativas de continuar con la industrialización basada en la sustitución de importaciones, sólo que asignando al capital privado y, sobre todo, al extranjero, un papel decisivo en la construcción de esa empresa. En ese momento, la sustitución de importaciones era una fórmula compartida por diferentes teorías y proyectos, no sólo aquí sino en toda América latina. ¿Qué era lo singular de Frondizi?-Lo singular en Frondizi y en Rogelio Frigerio, su socio en el proyecto desarrollista, es la celeridad que hay que dar a esa transformación. Y esa velocidad es imposible sin el concurso del capital extranjero. Esto es lo que va a desatar la reacción de una parte de los votantes. A Perón tampoco le aceptaron el giro hacia el capital extranjero que intentó dar a principios de los 50.-Fue así. Entonces, la idea de Frondizi, de que después del 55 las masas quedaban sin jefe, en disponibilidad, va a revertirse por esta otra cuestión. En lugar de definir qué tipo de coalición política va a llevar adelante la modernización por sustitución de importaciones, el tema era al revés: dada la coalición política nacional y popular, cuál era el programa compatible con ella. De modo que en la fórmula de Frondizi había una contradicción que el tiempo mostraría en forma cada vez más aguda. Naturalmente, todo esto no puede pensarse al margen de la intolerancia que sufrió el experimento de Frondizi y que era característica de la sociedad argentina después del 55. Me refiero al antiperonismo y al anticomunismo.El desarrollo era la clave ¿El poder económico apoyaba a Frondizi o lo resistía como los sectores políticos?-A los ojos de Frondizi, el problema de los problemas era la falta de desarrollo. Por lo tanto, el desarrollo era la clave para solucionar todos los otros problemas, incluso el de la enemistad política que fracturaba a la sociedad argentina. Yo pienso distinto: para mí, el problema de los problemas era el político, y no porque la modernización económica dejara de ser apremiante. Pero lo que obstaculizaba todo era la presencia del hecho peronista. Me refiero a la falta de acuerdo acerca del lugar que se le iba a dar al peronismo en una normalización institucional. ¿Cómo pensaba cada sector?-Una parte de la oficialidad veía a Frondizi como un posible agente comunista. Temían a los elementos asociados a Frondizi como ex comunistas, ex nacionalistas y ex peronistas. Por eso, la respuesta es: el plan económico podía ser aceptado por una parte considerable de los sectores económicos poderosos del país. Incluso, dos de los cuatro años de la presidencia de Frondizi contaron con la garantía de la presencia de Alsogaray. De modo que la frustración de Frondizi no reside en que hubiera sufrido la obstrucción económica. ¿No querían echarlo los grandes empresarios?-No. Lo que querían de Frondizi era que se liberara de la idea integracionista. No les gustaba la idea de incluir a los sindicatos en la coalición política. En parte, porque había sospechas acerca de lo que significaba la integración. Y lo que es llamativo es que suscitaba sospechas tanto entre los peronistas como en los antiperonistas. Para el propio Perón, la pregunta era si la integración significaba la legalización del peronismo o el nacimiento de un nuevo movimiento en el cual el peronismo se diluía bajo el mando de un nuevo caudillo político, que era Frondizi. ¿Y qué temían los antiperonistas?-Se preguntaban si era la resolución del viejo problema peronista o significaba el retorno liso y llano del peronismo al poder en poco tiempo más. Consideraban que la Ley de Asociaciones Profesionales que el presidente hizo aprobar el primer año significaba la restauración del ordenamiento laboral peronista, que consideraban incompatible con la expansión del capitalismo y con modernización laboral. Pero ese era el punto central de la alianza que Frondizi y Frigerio buscaban con la clase obrera peronista. Pedirles que rompieran con eso era llevarlos a romper el acuerdo. Como única experiencia de un intelectual en el poder, ¿usted cree que dejó un déficit?-Para mí, el momento en que él se mostró más hábil fue en la etapa de su ascenso al poder y en su capacidad de unir lo imposible, desde que fue nombrado presidente del Comité Nacional de la UCR hasta que llegó a la presidencia del país. Los problemas empezaron después. Con todo, lo que uno extrae de su historia política es el Frondizi animal político. Lo que uno ve invariablemente es que todo es cerebral. Incluso, su realismo, más que intuitivo, espontáneo, empírico, es razonado. Frondizi encarna -y esto sí es un rasgo de político intelectual- a aquel que cree que todos sus pasos tienen que estar fundados en el pensamiento. Y se ve como la contracara de Perón, que es el animal político que se siente más cómodo en la acción. Traigamos imaginariamente a Frondizi a 1998. Sabemos dónde se ubicaba en sus últimos años, pero ¿qué posición política hubiera adoptada hoy el Frondizi de sus décadas jóvenes?-El Frondizi de la segunda mitad de los 50, claramente en la oposición al actual gobierno y, probablemente, aspirando a ser el líder de una oposición modernizante. Pero Frondizi también fue un personaje importante durante varios años después de su caída. Siguió siendo una figura de referencia: cuando él anunciaba algo, era porque algo de peso sucedía. Era el político más informado de la vida civil argentina. Más aún, él y las ideas desarrollistas ganaron a las Fuerzas Armadas y, en particular, al Ejército, en los años 60. ¿Por qué se hubiera opuesto al gobierno actual?-Entre otras razones, porque el modelo actual tiene en las exportaciones el resorte básico de su propuesta, mientras que el desarrollismo frondicista era mercadointernista. O sea, hace del mercado interno la instancia principal del desarrollo económico. Y por razones políticas también se hubiera opuesto. ¿Qué deja la figura de Frondizi para la historia de las ideas?-Hay dos capítulos: uno es el radical y el otro comienza con su asociación política e intelectual con Rogelio Frigerio y se despliega como obra de gobierno y, luego del 62, como prédica ideológica. En el primer capítulo, Frondizi contribuye a abrir un cauce ideológico-político para lo que llamamos la izquierda radical. Pero abre un cauce que luego va a marcar todo el partido con una mezcla de izquierda, nacionalismo, antiimperialismo, aprismo, que le asigna al Estado un lugar importante y que busca ligar liberalismo político e intervencionismo estatal en la economía. Luego, en el capítulo de las ideas desarrollistas, Frigerio fue el doctrinario y se formula todas las preguntas sobre la cuestión nacional. En los dos momentos hay componentes marxistas -algo que el cerrado anticomunismo de la época obligó a ignorar- y siempre Frondizi consideró que los problemas de fondo eran los soioeconómicos. Sólo que en el período radical hay una visión liberal-democrática, y en el otro capítulo hay una visión nacional-populista del proceso político. Copyright Clarín, 1998.