viernes, 4 de agosto de 2017

La familiaPerón en San Jose de Flores

Aurelia Gabriela Tizón y Juan Domingo Perón.
Gabriel Osca Turone

Corría 1926 cuando dos personas entradas en años adquirieron la propiedad sita en la calle Eleudorio Lobos 3259, en el prestigioso barrio porteño San José de Flores, encerrada por Quirno y avenida San Pedrito. Los nuevos dueños del lugar, decían en la zona, tenían un hijo que revistaba como oficial del Ejército Argentino con el grado de Capitán.
Pronto los vecinos supieron que aquellas personas afincadas en la Capital se llamaban Mario Tomás Perón y Juana Salvadora Sosa Toledo, padres del más conocido Juan Domingo Perón. En 1938, las autoridades municipales implementan un plan para modificar la casi totalidad de los nombres de las calles, por lo cual Eleudorio Lobos pasó a denominarse Gregorio de Laferrere, que es como la conocemos al presente.

DE CHUBUT A FLORES
Al momento de aquerenciarse en la tranquila nomenclatura florense, Mario Tomás Perón y Juana Toledo dejaban atrás su estadía en la Ea. “La Porteña” de la localidad de Sierra Cuadrada, Provincia de Chubut, confiándole a gente de su entorno el cuidado de dicha estancia.
Ya por entonces, encontramos que la salud del padre de Juan Perón había empeorado lo suficiente como para tomar ciertos recaudos, entre ellos, su acercamiento a la ciudad capital a fin de tener centros hospitalarios disponibles en un corto lapso de tiempo. Su decadencia física lo llevó al empleo de una silla de ruedas. Va a decir el historiador Hipólito Barreiro que “La vieja dolencia, el paso del tiempo y los largos años de gran sacrificio en la Patagonia habían menguado las fuerzas de este hombre bueno”.[1] Y así, cumpliendo los mandamientos sagrados del matrimonio, uno de los cuales advierte la unidad tanto “en la salud como en la enfermedad”, la tehuelche Juana Sosa Toledo acompaña a su esposo Mario Tomás Perón en la calidez del hogar de Flores.
Existe otro dato que viene a corroborar la presencia de los Perón en esos pagos, como ser que, ante el quebrantamiento de la salud del hombre de la casa, Juana Sosa instala una verdulería sobre la misma calle Lobos. Ella lo atiende junto a su hermano menor, Pedro Pablo Toledo, el cual se ocupa de “las entregas de mercadería con un carrito”. Este local sería, por entonces, la única entrada que tenían los padres de Perón para cubrir los gastos del solar.
En paralelo, tenemos las visitas intermitentes que a ellos les dispensa Juan Domingo Perón, joven que se iba abriendo un destino insospechado a través de la vida militar de la nación. Cuando sus mayores deciden irse a vivir a Flores, Perón era capitán y comenzaba a asistir a cursos en la Escuela Superior de Guerra. De ese tiempo (año 1928), es también la obtención del campeonato del ejército en esgrima, disciplina que practica asiduamente con su amigo Pedro Nazar Anchorena, campeón nacional de la misma.[2]
EL CLUB “JUAN PERON”
Juan Perón solía visitar con frecuencia a sus padres en Flores, al punto de quedarse a pernoctar en la casa de Lobos 3259 “durante los fines de semana o cuando sus actividades en el ejército lo permitían”, sostiene Barreiro.
Un antiguo vecino de Flores, don José Delfino, de 85 años de edad, dijo en el diario La Nación del 20 de agosto de 1999, que “Perón vivió en Laferrere 3259, cuando aún era capitán y no se había casado con su primera mujer (Aurelia Tizón)”. El testimonio dado por este memorioso vecino que lo alcanzó a conocer a Perón cuando pateaba las cuadras de San José de Flores, era cierto.
En 1925 se conocen Juan Domingo Perón y Aurelia Gabriela Tizón, hermosa dama e hija del dueño de un negocio fotográfico de Buenos Aires que ejercía, entonces, como maestra de escuela primaria. Para 1927, Perón frecuentaba el solar de sus padres en Flores en compañía de Aurelia Tizón. Sin embargo, la casa florense de los Perón fue testigo del deceso de Mario Tomás Perón, hecho que acontece el 10 de noviembre de 1928. De ello, Juan Perón dirá: “En 1928 murió mi padre a los 61 años, y me casé con María (sic) Tizón. Era una buena chica, concertista de guitarra. Tocaba muy bien”. Al parecer, el casamiento estaba pensado para ese mismo 1928, pero al ocurrir el deceso de Mario Perón se pospuso para el 5 de enero de 1929. Se dice que los recién casados eligieron vivir en una vivienda de Flores ubicada en Lobos (actual Gregorio de Laferrere) 1453, en vez de la que ya habitaban desde hacía algunos años los padres de Perón. De acuerdo al biógrafo oficial suyo, Enrique Pavón Pereyra, esta etapa representó para el futuro mandatario una etapa feliz en su vida.
En un terreno baldío que quedaba cerca de la casa de los Perón en Flores, los pibes del barrio solían improvisar partidos de fútbol, algunos de los cuales eran organizados por Juan Perón y su esposa, al igual que con la proyección de algunas películas. De esta manera, Perón se relacionó de manera importante con los vecinos de Flores Sur.
Uno de esos muchachos que participaba de los picados de fútbol era José Delfino, quien vivía en la calle José Martí 830, a una cuadra del solar de Gregorio de Laferrere 3259. En 1999, Delfino recordaría la ayuda que les dispensaron Perón y su esposa cuando aquél tenía 13 o 14 años de edad. Ya octogenario, memorará que algunos de ellos “iban descalzos” a jugar, por eso cuando Perón notó la falta de calzados, “un día, él se apareció con zapatillas para todos”.[3]También les regaló camisetas, botines y les enseñó la práctica de otros deportes. Tan agradecidos quedaron los jóvenes con la actitud dispensada por Perón hacia ellos, que en su honor crearon un club al que dieron en llamar “Juan Perón”.
Por durante algún tiempo más habrían de vivir en Flores los recién casados, o hasta que decidieron irse a un departamento sobre la avenida Santa Fe. La casa de Gregorio de Laferrere sigue en pie, aunque con otros dueños. Pero no existe ninguna placa que la señale como la morada de los Perón en el querido barrio de Flores. Tampoco hay memoria o registro alguno sobre el mentado club “Juan Perón”. En el epílogo de esta nota hago un pedido expreso para que se reivindique esta historia, para que se preserven los lugares donde transcurrieron sus protagonistas y para que nunca más arranquemos los jazmines del Flores histórico y señorial.
Notas:
[1] Barreiro, Hipólito. “Juancito Sosa: el Indio que cambió la Historia”, Ediciones Tehuelches, Buenos Aires, 2000.
[2] Chávez, Fermín. “Perón y el Peronismo en la Historia Contemporánea”, Editorial Oriente, Buenos Aires, Argentina, página 26. También hace lo propio con otros consagrados, a saber: Floro Lavalle, César Viale y Oscar Viñas.
[3] “De Perón a ministros de Yrigoyen”, diario La Nación, viernes 20 de agosto de 1999.

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