domingo, 6 de agosto de 2017

Corrupción peronista

Sobre perros y honras
Miguel Bonasso

El 29 de abril de 1953, tres días antes de dejar la presidencia de la Cámara de Diputados, que había ejercido durante cinco períodos consecutivos, Cámpora se presentó ante el entonces presidente Perón y le dijo: "Señor, mi nombre anda en los dientes de los perros. Yo por usted me juego la vida y el honor, pero no puedo jugarme el honor de mis hijos. Aquí le traigo la declaración de bienes. Le ruego que me investigue. Si soy honesto que se sepa. Si no lo soy, que se me sancione".

 Perón le dijo que no había motivo para investigarlo y le ofreció hacer publicar su declaración de bienes, sin más trámites. Cámpora aceptó, aunque hubiera preferido una investigación en regla. Los diarios publicaron entonces que Héctor Cámpora poseía una casa en San Andrés de Giles, una quinta cercana a esa ciudad, una participación en el sanatorio De Cusatis y diez hectáreas de campo "heredadas de una tía de nombre Bernarda Lescano". El número 4 en la línea de sucesión se iba del poder con los mismos bienes que tenía en 1946, cuando fue elegido diputado. Dos años más tarde, cuando Perón fue derrocado por los militares, Cámpora fue sometido a la lupa inquisitorial de 52 comisiones investigadoras, que no lo encontraron culpable de ningún ilícito. Dieciocho años más tarde, durante su vertiginosa presidencia de 49 días, ordenó que no se tocara "ni un centavo" de los fondos reservados y otra serie de medidas de austeridad y transparencia que la Casa Rosada sólo había conocido en los tiempos de otro político honesto, el radical Arturo Umberto Illia. En 1976, durante la dictadura militar y cuando estaba asilado en la embajada de México Cámpora, tuvo que sortear abrumadores problemas burocráticos para que su hijo, Carlos Alberto, que estaba en libertad, pudiera presentarse ante la nueva inquisición castrense de la CONAREPA (Comisión Nacional de Recuperación Patrimonial) para demostrar la legitimidad de sus bienes. Por ironía o perversidad, la CONAREPA demoró su dictamen hasta el 30 de enero de 1981, cuando Héctor Cámpora llevaba ya cuarenta días muerto. Muy a su pesar, los inquisidores militares debían admitir que el patrimonio era legítimo. Se levantaba el embargo que había pesado sobre todos los bienes familiares. Los herederos podían disponer de ellos libremente. Al investigado Cámpora no le habían hecho falta ni tormentas, ni biblias, para defender su honra de los perros.

**********
La "corrupción" del sindicalismo peronista
Roberto Roth*
(Del libro "Los años de Ongania. Relato de un testigo pag. 67)

El célebre Borlenghi , Ministro del Interior de Perón, a quien siempre había tenido por funcionario deshonesto, había resultado ser todo lo contrario. El primer cargo que se le habia hecho era el de aceptar el regalo de una fastuosa quinta.  efectivamente había aceptado el regalo...pero había hecho escriturar la quinta a nombre del sindicato en cuyas filas había hecho la mayor parte de su carrera sindical y política. La viuda vivía en un hotelito de la calle Chile, llamado Napoleón, si bien recuerdo.  Como en ocaciones la plata no le alcanzaba, solia mudarse a una pensión que quedaba a la vuelta, hasta que los ahorros le permitían otro tiempito en el hotel. Los bienes incautados a Nicolini, otro ministro de Perón, era algo así como un par de autos viejos, cuyo costo de deposito para el Estado había superado largamente  su valor. Guardandolo algunos años mas, quizás pudieran venderse como antigüedades.


Secretario Legal y Técnico de la Presidencia de la Nación durante la dictadura de Onganía