lunes, 7 de agosto de 2017

A la muerte del siniestro verdugo de Pinochet

Vicky Peláez
La muerte es un castigo para algunos, para otros un regalo, y para muchos un favor (Séneca, 4 a.C.-65 d.C.)
El deceso de cada ser humano nos hace reflexionar sobre el significado de la vida y la huella que ha dejado el difunto en esta tierra. Pero hay casos escalofriantes de personas que hacen inolvidables el sendero de sangre y sufrimiento que dejaron detrás de cada paso en el que avanzaban.
El caso del ex jefe de la Dirección de la Inteligencia Nacional (DINA) de Chile, Juan Manuel “Mamo” Contreras, alias “Cóndor Uno”, que falleció el pasado siete de agosto [de 2015], fue uno estos personajes siniestros que se convirtió en Chile y en toda América Latina en el símbolo de la muerte y el dolor.

Llamado popularmente el “torturador de Pinochet”, Contreras, de acuerdo a la senadora por el Partido Socialista (PS) de Chile Isabel Allende, “fue uno de los mayores criminales que conoció la historia de Chile involucrado en causas dramáticas de asesinatos, secuestros, de torturas e incluso fuera del país”. Solía jactarse “Mamo” que logró “pacificar el país en cuatro años” y que su “DINA tenía 50.000 informantes” que no dejaban caer ni una hoja sin que no lo sepa Augusto Pinochet.

La huella que dejó Contreras como el brazo siniestro de Pinochet consiste en unas 40.000 víctimas, según la Comisión Valech, y de ellos más de 3.000 muertos y desaparecidos. Sin embargo, la Agrupación de Familiares de Detenidos y Desaparecidos considera que el número de víctimas supera más de 100.000 personas. Todo es cuestión de poner fin al “Pacto de Silencio” que adoptaron los militares y que el gobierno chileno no se atreve a romper.

Para darnos cuenta de las barbaridades que cometió la Dina de Mamo, entre 1973 y 1977 vale la pena leer el escalofriante testimonio de la ex prisionera política de la dictadura Luz de las Nieves Ayres Moreno a quien entrevisté en New York cuando trabajaba en el Diario la Prensa. Ella nos contó que “en el lugar de detención “Tejas Verdes” donde entrenaban a los militares para ser torturadores, me forzaban a hacer actos sexuales con un perro que había sido entrenado para participar en las torturas. Colocaban ratas adentro de mi vagina y luego me daban choques con electricidad. Al recibir el choque, las ratas se desesperaban y hundían sus garras en la carne de mi vagina. Se orinaban y defecaban en mi cuerpo. Los torturadores me violaron en muchas oportunidades y me tocaban sexualmente, forzándome a tener sexo oral con ellos”.

También Luz de la Nieves fue torturada en presencia de su padre y hermano y una vez la forzaron a “intentar el acto sexual con su padre y hermano”. En su denuncia esta mujer vejada también señaló que “una vez fue torturada por Manuel Contreras a quien lo pude divisar porque la venda que cubría mis ojos estaba floja. Después lo reconocí en fotos… Contreras daba órdenes y supervisaba, pero también participaba directamente en las torturas. En esta sesión, él me golpeó, me dio cachetazos y me insultó”.

Luz de las Nieves logró sobrevivir y salir de Chile en 1977 debido a la intervención de la Cruz Roja y al Alto Comisionado de las Naciones Unidas, pero miles de otros detenidos por la “Caravana de la Muerte” de la DINA y posteriormente durante la “Operación Cóndor” que se extendió a Bolivia, Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Perú terminaron en los vuelos de la muerte. Les aplicaban a los reclusos la inyección de pentotal y cianuro, luego les amarraban rieles al cuerpo y los lanzaban al mar. Según la abogada experta en los Derechos Humanos Carmen Hertz, “este fue el método favorito de la DINA. En otras ocasiones… los enterraban, para posteriormente hacer desaparecer estos restos”. Se calcula que entre 1973 a 1978 fueron lanzados al mar desde helicópteros Puma unos 500 cuerpos en la Operación Puerto Montt.

Manuel “Mamo” Contreras era el hombre que dirigía todas estas operaciones y ordenaba sus ejecuciones con la venia y aprobación de Augusto Pinochet que según el jefe de la DINA, “estaba al tanto de todo de la DINA, era el jefe de la DINA”. De lo que se sabe, el instinto sádico de un “buen alumno” de la Escuela Militar de Chile se rebeló en el ejército. Obligaba a sus subalternos en casos de una mínima falta a la disciplina, según el capitán del ejército Alejandro Barros, “introducir la cabeza en las tazas de los baños y después tiraba la cadena, acción que él llamaba ‘el shampoo”.

Posteriormente en la Academia de Guerra, el capitán Contreras se convirtió en uno de los alumnos preferidos del profesor del curso de Estrategia, coronel Pinochet que le transmitió a “Mamo” su preocupación por el triunfo de la revolución cubana. Fue precisamente el coronel Pinochet quien dio recomendación al capitán Contreras para que ingresara a los cursos para los militares latinos en EEUU llamados Foreign Military Training (FMT) que fueron impartidos en la Escuela de las Américas (US Army School of the Américas) situada en Fort Gulick. Allí ya el mayor Contreras fue reclutado por la CIA y se especializó en la lucha antisubversiva y se instruyó en las técnicas de torturas.

Al retornar al país bien adoctrinado por sus profesores norteamericanos, “Mamo” se dedicó con un grupo de capitanes y coroneles a preparar condiciones para un golpe militar para poner fin al régimen de Salvador Allende que intentaba a construir un “socialismo chileno” con el apoyo de la Unidad Popular- un conglomerado de partidos de izquierda. El oficial de inteligencia Contreras se dedicó a recolectar información y diseñar un aparato de inteligencia, en coordinación con los agentes de la CIA que operaban en Chile, que sea capaz de infiltrar y desarticular la Unidad Popular y neutralizar los Cordones Industriales en Santiago de Chile. Seguía instrucciones de la CIA que en un documento de octubre de 1970 afirmó que “es imperativo de poner fin al gobierno de Allende a través de un golpe militar”.

El 11 de setiembre de 1973 al producirse el golpe militar, el coronel Contreras puso en práctica su plan de aniquilación de los movimientos y partidos de la izquierda “para extirpar el cáncer del comunismo” en Chile con una frialdad y aprobación de su mentor Pinochet que produjo admiración y envidia de sus colegas. La formación de la DINA fue ordenada por Pinochet en 1974 y fue supervisada por uno de los más siniestros e inteligentes oficiales de la inteligencia norteamericana, el subdirector de la CIA Vernon Walters que mandó ocho agentes que daban instrucciones a sus homólogos chilenos hasta agosto de 1975 para las operaciones de persecución, secuestro, tortura y asesinatos de los opositores al régimen.

Según el libro “Archivo Pinochet” del historiador estadounidense Peter Kombluh, la CIA le pagaba 160 mil dólares a “Mamo” que el depositaba al Banco Riggs igual como su jefe Pinochet. De acuerdo a los documentos oficiales, este banco fue utilizado por la DINA para la transferencia de millones de dólares diarios que requisaban a sus víctimas y otros millones que recibían a la vez de los EEUU por su trabajo de “erradicación del comunismo” en Chile y en América Latina. También Washington no descuidó su business y le pidió a “Mamo” a intervenir en Chile a favor de la Anaconda Copper Company y la General Motors, por supuesto con una suculenta contribución corporativa.

También por el encargo de la CIA, Contreras participó en el canje de prisioneros con la KGB de la Unión Soviética en 1976 intercambiando en Suiza al secretario general del Partido Comunista de Chile Luis Corvalán por el escritor disidente soviético Vladimir Bukovski que según el jefe de la DINA “ni siquiera vino a darme las gracias”. Posteriormente “Mamo” participó en una operación parecida canjeando en Berlín el senador chileno Jorge Montes por ocho agentes de la CIA detenidos por el KGB y la STASI de la República Democrática Alemana. 

Lo que no calculó el jefe de la DINA, Manuel Contreras, igual que todos los esbirros al servicio de Estados Unidos que crean en la lealtad eterna del Gran Patrón, fue que en el vocabulario de Washington no existe la palabra lealtad. Solamente creen en sus propios intereses. Así llegó el tiempo cuando los mentores norteamericanos consideraron a “Mamo” como un agente “quemado” y en 1978 el departamento de Estado pidió a Chile su extradición por el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier en Washington D.C. Por supuesto el gobierno de Pinochet con la venia de EEUU rechazó aquella solicitud. Pero desde aquel momento empezó su ocaso como un personaje importante en el gobierno de Pinochet quien se distanció de “Mamo” pues ya no lo necesitaba más. 

Empezó a recluirse en su fundo “Rancho Verde” abandonado por su “padrino” Pinochet y la derecha, a excepción del movimiento Patria y Libertad, temeroso del largo brazo de la justicia que lo alcanzó finalmente en 1993 cuando fue recluido dos años después en la cárcel de Punta de Peuco condenado a siete años de prisión por el caso Letelier. En 2005 ingresa la cárcel Cordillera para cumplir otra condena de 12 años. En el día de su muerte el pasado siete de agosto le faltaba a Manuel Contreras cumplir 500 años y 21 días de cárcel responsable de la tortura de 7.000 chilenos y la desaparición de otras 200 personas. El siniestro “Mamo”, bravo y brutal con los detenidos era cobarde en la vida, igual como su “padrino” Pinochet.

Durante su detención en Londres, Augusto Pinochet se hacía el enfermo e incapacitado, se defecaba en sus pantalones para causar pena hasta lograr que lo devolvieran a Chile, como sucedió. Manuel Contreras, según rememora la abogada Carmen Hertz, cuando estaba en los Tribunales en 2005, “literalmente tenía los pantalones mojados. Parece que se hizo pipi del susto porque estábamos funándolo, le gritábamos asesino y cobarde. Esto le provocó un miedo atroz, atroz”.

Durante los últimos cinco años de vida este siniestro personaje estaba en una profunda depresión, sintiéndose traicionado por todos. Murió el pasado siete de agosto a la edad de 86 años al no soportar las 32 enfermedades que lo aquejaban y lo mantenían internado en estado grave en el Hospital Militar donde le inyectaban permanentemente la morfina.

Juan Manuel “Mamo” Contreras Sepúlveda, uno de los más sanguinario exponentes de las violaciones a los derechos humano solía decir antes de su deceso que “seguramente iré al cielo cuando me muera pero no sé si me encontraré con Pinochet”. Sin duda alguna y por una lógica simple “Mamo” se encontrará con Pinochet en el infierno, empujado, por todos los muertos y desaparecidos que provocó, al “séptimo círculo” del infierno destinado, según el autor de Divina Comedia Dante Aligieri, a las personas que cometieron violencia contra otros seres humanos.

El monstruo de la dictadura se fue para siempre pero su herencia sigue vigente en un 20 por ciento de los chilenos, según la reciente encuesta de la consultora CERC-MORI, quienes siguen prendiendo velas a Pinochet y a su cuadrilla de represores encabezados por Contreras. Esto significa que Chile sigue dividido y sin atreverse a dar vuelta a la siniestra página de su historia. Mientras tanto los espectros de los desaparecidos siguen clamando la justicia sin ser escuchados por las nuevas generaciones de los chilenos atrapados por las redes del individualismo neoliberal.