martes, 11 de julio de 2017

Rudolf Abel, el espía que ayudó a la URSS a crear la bomba atómica

El coronel Rudolf Abel, quien dirigió a mediados del siglo pasado la red de inteligencia rusa en EEUU, es un hombre leyenda conocido en todo el mundo. 
El 14 de octubre de 1957 se inició en un tribunal de Nueva York el escandaloso proceso contra Rudolf Ivánovich Abel. La acusación de espionaje a favor de la URSS podía derivar en la sentencia de muerte o cadena perpetua.

Solamente en la década del 90, terminada ya la Guerra Fría, el Servicio ruso de Inteligencia (SVR) hizo público el verdadero nombre del agente que en el momento del arresto se había identificado como Rudolf Abel.

Datos biográficos

Rudolf Abel se llamaba en realidad Vílyam Guénrijovich Fisher. Nació el 11 de julio de 1903 en Newcastle-upon-Tyne (Inglaterra), en una familia de emigrados políticos rusos. Su padre, de ascendencia alemana, procedía de la provincia de Yaroslavl; y la madre era oriunda de Sarátov. Ambos habían militado en el movimiento revolucionario y fueron deportados en 1901. Se asentaron finalmente en Inglaterra, que es donde nació su hijo.

Vílyam era un niño tácito, tenaz y de honestidad extraordinaria. Leía mucho y aprendía fácilmente pero tuvo que dejar la escuela a causa de problemas financieros y se puso a trabajar como dibujante auxiliar en una oficina de diseño. Paralelamente, siguió estudiando las asignaturas escolares en plan autodidacta. Gracias a su talento, pudo matricularse en una universidad británica cuando tenía 16 años pero, al poco tiempo, los Fisher decidieron repatriarse a Rusia.

Una vez en Moscú, Vílyam ingresó en el Instituto de Estudios Orientales pero pudo estudiar solamente un año. Le llamaron al servicio militar y le enviaron a un regimiento de radiotelegrafistas. Más tarde fue trasladado a un centro de investigación del Ejército del Aire y, en 1927, al servicio de seguridad. Poco a poco, Fisher fue escalando posiciones en la red de inteligencia hasta ascender a jefe de Radiotransmisiones. Se le encomendaban las tareas más importantes, incluidas dos misiones secretas en el extranjero.

En 1938 fue despedido sin explicaciones algunas. Se cree que Lavrenti Beria, nuevo jefe del poderoso NKVD (Comisariado del Interior), desconfiaba de cualquier persona que hubiese tenido contacto con los llamados "enemigos del pueblo". Durante largo tiempo, Vílyam Fisher no pudo encontrar trabajo alguno y, cuando estaba totalmente desesperado, optó por un último recurso: escribió una carta al Comité Central del Partido Comunista. La medida surtió efecto. Fisher consiguió empleo en una planta aeronáutica y trabajó allí hasta que Alemania atacó a la Unión Soviética. En septiembre de 1941, a Fisher le propusieron volver al NKVD.

Operación Berezinó

Durante la guerra, Fisher trabajó en la Dirección IV del Comisariado de Seguridad, estructura que se especializaba en la labor subversiva y de inteligencia en las zonas del país ocupadas por el enemigo. Hay poca información sobre aquel período de su biografía pero se sabe que Fisher participó en la Operación Berezinó.

Cuando Bielorrusia ya estaba liberada, el servicio secreto usó a los prisioneros de guerra alemanes para formar en su territorio un importante grupo guerrillero, que supuestamente continuaba peleando con el Ejército Rojo desde la retaguardia. La dirección del grupo mantenía comunicación regular con los mandos militares en Alemania y les informaba sobre diversos actos de sabotaje que, en realidad, eran ficticios. Para apoyar a la guerrilla, los alemanes les enviaban equipos de radio, víveres, municiones y agentes. Todo ello caía en manos rusas.

Fisher se encargó del control sobre el equipo de radiotelegrafistas enviados desde Berlín para pasarle al enemigo la información conveniente. Algunos espías alemanes aceptaron colaborar; otros fueron eliminados. Aquel juego, conocido como Operación Berezinó, se prolongó desde agosto de 1944 hasta mayo de 1945.

Se supone que en aquel período Vílyam Fisher hizo amistad con un colega, R.I.Abel, cuyo nombre usaría durante el arresto.

Secretos nucleares de EEUU

Después de terminada la Segunda Guerra Mundial, Vílyam Fisher, alias Mark, fue enviado a EEUU. En noviembre de 1948 se inició una misión que se prolongó por 14 años.

Usando un nombre falso, de Emil Robert Goldfus, Mark se instaló en la zona de Brooklyn, en Nueva York, y procedió a la creación de una amplia red de agentes que mantendría comunicación constante con Moscú, generaría su propio sistema de codificación e iba a funcionar exitosamente durante muchos años.

Entre los agentes reclutados por Mark estaban Morris Cohen y su esposa Leontina, la cual demostró una valentía y un ingenio extraordinarios para obtener datos secretos desde el laboratorio nuclear estadounidense de Los Álamos. Gracias a esta información, la URSS pudo fabricar su primera bomba atómica en plazos más breves.

El grupo de Mark informaba a Moscú sobre los preparativos estadounidense para la Tercera Guerra Mundial. Entre otras cosas, había un plan para lanzar contra el territorio soviético 300 bombas atómicas. Ocho bombas se reservaban para la capital, Moscú, y otras tantas, para Leningrado, la segunda en importancia ciudad del país.

Arresto

La red de espionaje montada por Mark funcionó con éxito hasta la llegada de Reino Heihanen (Konstantín Ivanov), teniente coronel de la KGB que Moscú le envió en calidad de auxiliar. Mark le entregó a Heihanen una suma importante para crear un laboratorio fotográfico, y para que ayudara a la esposa de un agente que estaba en prisión. Sin embargo, Heihanen prefirió gastar el dinero en bebidas alcohólicas, amantes y otras diversiones. Faltó en varias ocasiones a las citas fijadas y en 1955, cuando Mark estaba de vacaciones en la patria, colocó toda la red al borde del fracaso. Moscú decidió revocarlo pero Heihanen incumplió las órdenes. Es más: delató a su jefe a la CIA y empezó a colaborar con los servicios secretos de EEUU.

En 1957, Mark fue arrestado por detectives del FBI en un hotel. A título oficial, la URSS no se dedicaba al espionaje en aquella época, de manera que Mark, para informar al Centro sobre el percance, se identificó con el nombre de un amigo y colega suyo, Rudolf Abel, muerto anteriormente en una misión secreta. Cuando la prensa dio a conocer la detención de un espía soviético, llamado Rudolf Abel, los jefes de Mark se dieron cuenta de que era Vílyam Fisher.

Durante la investigación, él rechazó todo vínculo con servicios secretos, se negó a prestar declaraciones ante el tribunal y no se dejó tentar por las propuestas de colaboración.

Rudolf Abel fue condenado a 37 años de cárcel. Después de emitida la sentencia, en 1957, lo pusieron en una celda solitaria de la prisión preventiva de Nueva York y, más tarde, lo trasladaron a un centro penitenciario de Atlanta. Mientras iba cumpliendo la condena, él se entretenía resolviendo problemas matemáticos, estudiaba la teoría del arte y pintaba al óleo.

Repatriación

El 10 de febrero de 1962, Rudolf Abel fue canjeado en Berlín por Francis G. Powers, piloto estadounidense que cumplía condena en una cárcel soviética, bajo la acusación de espionaje, después de que su avión fuese derribado en la región rusa de Sverdlovsk, en mayo de 1960.

Después de un período de reposo y tratamiento médico, Fisher se integró en la dirección del servicio de inteligencia y participó, entre otras cosas, en la formación de nuevos agentes.

Murió el 15 de noviembre de 1971 y fue enterrado en el cementerio Donskoie de Moscú.

El coronel Vílyam Fisher fue condecorado con numerosas órdenes y medallas soviéticas por su inapreciable contribución a la defensa de la seguridad nacional.

Su trayectoria inspiró tres libros: "El escudo y la espada" ("Schit y mech"), de Kozhévnikov; "Desconocidos sobre un puente" ("Strangers on a bridge"), de James B. Donovan, el abogado estadounidense de Rudolf Abel; y "Un cazador patas arriba" ("Ojotnik vverj nogami"), de Kiril Jenkin, amigo y discípulo del famoso agente soviético.

Fuente: RIA Novosti (Rusia)