martes, 4 de julio de 2017

El poder invisible La sombra omnipresente de la "Embajada" en la Argentina

 Manuel Freytas (*)
(IAR)
Publicado el 4 de abril de 2008

Informe especial. De eso no se habla


En la Argentina la embajada norteamericana es algo así como un "poder omnipresente" e invisible que nadie nombra pero que está presente en todos lados.
Cuando un periodista novato comienza a trabajar en la redacción de un medio (escrito, radial o televisivo) sabe que no debe nombrar a la "Embajada" ni dar información relacionada con ella bajo ninguna circunstancia, salvo que reciba expresas directivas.
Políticos, economistas, empresarios, sindicalistas, intelectuales (salvo en la intimidad) nunca nombran en público a la "Embajada" o al embajador de EEUU, salvo por razones protocolares.
Hay una especie de código tácito y sobreentendido en el poder de mantener a la "Embajada" fuera de todo análisis y conocimiento masivo, razón por la cual la mayoría de la sociedad aprendió a transcurrir su vida ignorando que existe (incluida la izquierda, que habla de la "patronal", de la oligarquía económica, pero ya casi dejó de nombrar la Casa de Washington en la Argentina).
En otras palabras, así como en la Argentina (y en el resto de América Latina y el mundo) se hace periodismo y análisis de cualquier fenómeno de la realidad política, económica o social sin nombrar al "sistema capitalista" del cual forman parte indivisible, lo mismo sucede con la embajada norteamericana: Todos saben que está pero nadie la nombra.

Custodiado por expertos: embajador de EEUU, Lino Gutierrez, rodeado por jefes de la Policía Federal invitados a la fiesta de la  independencia americana, en julio de 2006.
El Virrey

Sólo un selecto círculo del poder (político, sindical, empresarial y mediático) es invitado a los agasajos públicos del embajador en su palacete de avenida Libertador para celebrar el Día de la Independencia, todos los 4 de julio.
Ministros del gobierno, jueces de la corte suprema, la plana mayor militar y policial, empresarios, políticos, banqueros, jefes del espionaje vernáculo, propietarios de medios, periodistas famosos, publicistas, comunicadores ,"luchadores sociales"  (como Estela de Carlotto, por ejemplo) conforman, entre otros, la larga lista de invitados del embajador norteamericano que concurre a  la celebración del día de la independencia de EEUU.
El jefe de la diplomacia estadounidense en la Argentina (aunque nadie lo nombra), es el hombre más reverenciado y homenajeado por el establishment de poder local y todos los años, en el aniversario de la independencia de EEUU, recibe en su residencia de avenida Libertador a sus más de mil invitados, quienes hacen fila en las escaleras para estrechar su mano.
Pero sólo un pequeño círculo de elegidos participan de reuniones íntimas con el embajador en calidad de "amigos de EEUU": Son los que habitualmente trasmiten al poder corporativo de la Argentina (gobierno, cámaras empresariales, medios de comunicación,  FFAA, partidos políticos, poder judicial, etc) las "señales" de la "Embajada" sobre cual o tal tema.
Si viviéramos en el siglo dieciocho, el embajador sería el representante de la Corona Española. Pero como estamos en el siglo XXI, este funcionario, generalmente de modales afables y tranquilos, es el representante de la potencia imperialista USA que controla bajo cuerda las vidas y haciendas de la Argentina. 

Sus tareas como embajador se sostienen a partir de dos funciones bien definidas: velar por los intereses estratégicos de EEUU.-el dominio imperial- y oficiar de primer lobbista de sus bancos y corporaciones trasnacionales en el país

Estar junto a él, estrechar su mano inmortalizando ese instante en una foto íntima equivale al logro del trofeo más valioso para cualquier integrante del poder doméstico. Es un diploma de honor que lo acredita como integrante del círculo exclusivo del poder imperial en la Argentina

Es un virtual Virrey de la Corona (aunque ese nombre se le haya adjudicado en particular a Terence Todman, en la era menemista) a quien todos quieren cortejar y rendir pleitesía con el objetivo de ser aceptados como "interlocutores" en reuniones íntimas con el jefe de la diplomacia imperial en la Argentina .

En los códigos del poder local (económico, militar, sindical y político), el embajador es un ser casi mítico, cuyo nombre -deslizado en suaves cuchicheos al oído- nunca se pronuncia abiertamente en público salvo por cuestiones protocolares o de Estado.
Estela de Carlottotitular de las Abuelas de Plaza de Mayo, ingresando a la fiesta de Embajada de EEUU el 4 de julio de 2006.

Las "señales" 

No importa el nombre del ocasional ocupante del palacete francés de la avenida Libertador al 2000.

La crema del poder vernáculo -empresarios, banqueros, políticos, funcionnarios, sindicalistas, directivos o dueños de los más poderosos conglomerados mediáticos- saben que ese hombre representa al capitalismo de Wall Street y al poder estratégico de Washington en la Argentina.
En los llamados "quinchos del poder" (las reuniones festivas y gastronómicas) la gravitación exitosa de tal o cual figura del mundo empresarial, político, sindical o mediático, se valora de acuerdo a su nivel de "llegada" personal al embajador y a su presencia en los grandes actos protocolares como lo es, precisamente, la celebración del día de la Independencia de EEUU, el 4 de julio.

Aunque nunca se hace explícito -ni se verbaliza demasiado sobre el asunto- los círculos del poder doméstico están siempre atentos a las luces "verdes" o "rojas" que emite la "Embajada" en relación a determinadas movidas o personajes de la vida política o empresarial.

Las luces "verdes" sólo se encienden para aquellos proyectos o jugadas políticas (por ejemplo un candidato electoral) que cuentan con el aval de la filial de Washington en la Argentina.
En cambio las luces "rojas" están reservadas para aquellas movidas o personajes que ya no cuentan con el favor de la "Embajada". 

A los que no cuentan con la "luz verde" de la "Embajada" se los llama "muertos políticos", y su presencia generalmente es rehuida por quienes construyen poder en la pirámide imperial de la Argentina.

Los personajes o periodistas -generalmente "bien informados"  (por la CIA) son los encargados de trasmitir esas "señales" entre los integrantes del staff de poder doméstico (gobierno y corporaciones), quienes se valen de las mismas para orientar sus emprendimientos sin contradecir la voluntad del Imperio.

La relación personal directa de los personajes del círculo del poder local con el Embajador, así como su presencia habitual en las fiestas y reuniones privadas del palacete imperial, obedece al rol que cumplen los "amigos de la Embajada" dentro de los postulados y las estrategias del capitalismo norteamericano en la Argentina.

Mozo cortando una de las tortas de la fiesta de la  independencia americana.

La misión estratégica

Si bien las mayorías (por la complicidad del poder para ocultarla) ignoran la existencia y la función de la "Embajada", para los que escudriñan información clasificada,  el poder de la Casa de Washington en la Argentina no tiene misterios.
Estadísticamente, hay tres misiones  centrales que cumplen la "Embajada" y el "Virrey" de Washington:
A) Velar por los  intereses estratégicos (políticos y militares) de EEUU en la Argentina.
B) Velar por los intereses económicos de los bancos y trasnacionales estadounidenses en la Argentina.
C) Preservar al país de sucesos que generan "desorden y caos"(económicos, políticos, sociales) que puedan alterar la "gobernabilidad institucional".
En resumen, la tarea concreta del "Virrey" consiste en: Hacer lobby empresarial para sus transnacionales en la Argentina, controlar (con la CIA local) cada paso de las corporaciones del poder local (empezando por el Gobierno de turno y las FFAA), y controlar y/o neutralizar los procesos políticos y sociales que puedan alterar la marcha normal del sistema capitalista en la Argentina (huelgas salvajes, estallidos sociales, cortes de ruta, etc).
El poder invisible
El primer eslabón de control de la "Embajada" es la información institucional:
La "Embajada", a través de la CIA, dispone de una red interactiva de captura de información  en todas las áreas de decisión de poder (gobierno, ministerios, gobernaciones, intendencias, cámaras empresariales, gremios, etc), que le permite tener una base de datos actualizada sobre "quién es quién" y las políticas de cada área del poder, además de las luchas internas de grupos por el poder.
Esto quiere decir, que sin la necesidad  escuchar conversaciones ni poner cámaras ocultas (aunque también lo hace), la "Embajada" cuenta con información actualizada al minuto de la actividad pública y privada de cada funcionario, empresario, sindicalista o político que maneja niveles de decisiones en el poder, el gobierno en primer término. La "Embajada" (a través de la CIA y su entrelazamiento con la SIDE y los servicios locales) sabe antes que nadie a que hora la presidenta Cristina tiene sesión con su psicoterapeuta, cuales son sus gustos de ropa íntima, sus "deslices" y "debilidades" de todo tipo, y el monto de los negociados y fusiones empresariales que su marido, el ex presidente Kirchner, realiza en sus oficinas de Puerto Madero.
Esa es la razón principal por la cual la "Embajada" es el "poder invisible" que todos temen y nadie nombra. Y esa es la razón principal por la cual el poder local (empezando por el gobierno de turno) averiguan para qué lado soplan los vientos de la "Embajada" antes de dar un sólo paso. Un error en la lectura de las "señales", le puede costar la destitución, un proceso judicial por "corrupción",  la cárcel o una muerte "extraña".
"Con la Embajada no se jode" : Primer axioma de los que quieren conservarse "saludables" en el poder, empezando por el presidente de turno.
El segundo eslabón de control son las operaciones encubiertas:
Manejando información procesada de las corporaciones de poder (empezando por el gobierno) la "Embajada" opera constantemente para direccionar los procesos de acuerdo con sus intereses y objetivos a través de empresas pantallas, instituciones culturales, económicas, políticas, etc  (por ejemplo las ONG), y agentes vernáculos  infiltrados en los distintos ámbitos.
En las fuerzas armadas, los servicios de inteligencia y la policía locales, la CIA y el Comando Sur (subordinados a la embajada) mantienen delegaciones y concertan operaciones conjuntas en el marco de la "guerra contraterrorista" y el combate contra el narcotráfico.
Para conseguir sus objetivos, la "Embajada" no trasmite órdenes sino "señales" y "evaluaciones"
Por ejemplo: Si quiere que el gobierno se entere de lo que EEUU piensa sobre el paro agrario, se contacta con algún directivo de las cámaras empresariales (industriales, bancarias, agroindustriales, etc) que luego se lo trasmite a los funcionarios de alto nivel del gobierno como "evaluación propia".
Si quiere direccionar opinión pública en contra o a favor (o mandar un mensaje público al gobierno) recurre a los "columnistas estrellas" de los grandes consorcios mediáticos que habitualmente se reúnen en "charlas de trabajo" con las primeras líneas de la "Embajada".
Generalmente, cuando los expertos que manejan información estratégica actualizada del poder en la Argentina quieren saber puntualmente que piensa la "Embajada" en tal o cual tema, no tienen nada más que leer a columnistas o analistas relevantes en Clarín, La Nación,  Ámbito Financiero, etc. Es lo que hacen los funcionarios más inteligentes del gobierno, y, en general, todos los que quieren supervivir en el poder.
Ministra de Defensa, Nilda Garré, ingresando a la fiesta de la embajada americana. Detrás, de poncho, el juez Federal Rodolfo Canicoba Corral, en julio de 2006

La polea de trasmisión del poder

Para la franja mayoritaria de los argentinos que consumen "información" por diarios, radios y televisión- la embajada de EE.UU. es una representación diplomática más, con apariciones formales y protocolares en los medios que en nada difieren de las demás delegaciones de otros países en la Argentina.

Sin embargo, en los códigos de los asociados locales del Imperio, la embajada de EEUU no es una embajada más: es LA EMBAJADA: un organismo omnipresente y determinante en todos los procesos económicos, políticos, electorales, sindicales y mediáticos de la Argentina.


Para conseguir sus objetivos estratégicos, la "Embajada" cuenta con una columna vertebral: Las cámaras empresariales (el poder económico), y los medios de comunicación (el poder mediático).
Con las cámaras empresariales (la corporación de poder capitalista), presiona y controla al gobierno de turno, y con los medios de comunicación (la corporación de poder comunicacional), direcciona la conducta masiva y presiona al gobierno de turno hacia el objetivo buscado.
Las corporaciones del poder económico y de los medios de comunicación representan el único límite que no pueden traspasar los gobiernos de turno en la Argentina: El que se mete con ellos, muere.
Los Kirchner, por ejemplo, domesticaron los sindicatos, compraron a un sector de la izquierda y de los piqueteros, avanzaron contra las FFAA, la Iglesia, y todo lo que se le opusiera, construyeron un poder político-económico inédito con la corrupción política, pero empezaron su "ocaso" cuando se metieron con la principal corporación del poder económico (el lobby agropecuario) y los medios de comunicación (los ataques de Cristina) durante el último paro del campo.
La corporación mediática, los altos directivos o propietarios de consorcios mediáticos mantienen una relación de "intereses comunes" con la embajada de Estados Unidos.
Son como parte de la familia. Sus integrantes forman parte del establishment de poder económico, y en muchos casos (el del Grupo Clarín, por ejemplo) mantienen intereses comerciales diversificados en otros rubros, al margen del negocio mediático.
La relación de la "Embajada" con los medios (consorcios mediáticos) se desarrolla en tres niveles:

A) el contacto personal directo -y a veces amistoso- del embajador, o altos funcionarios de la embajada, con los directivos superiores, propietarios, o periodistas "estrella" de los más importantes medios de la Argentina. 

B) la red de periodistas "prestigiosos", con amplia llegada al público masivo, que mantienen un aceitado contacto -en carácter de informantes u hombres de consulta- con los más altos niveles de la representación diplomática estadounidense. Y que, en muchos casos, trabajan como agentes mediáticos encubiertos de la CIA. 

C) la red de periodistas (columnistas, corresponsales, o cronistas acreditados en organismos oficiales o empresariales clave) quienes se relacionan indirectamente con los canales secretos de la "Embajada" a través de sus "fuentes".

Estas pueden ser un funcionario oficial, un empresario, un banquero, un político, un sindicalista o un gobernador con llegada al embajador o a los más encumbrados funcionarios de la delegación diplomática.
En muchos casos, algunas de estas "fuentes" del periodista- son agentes de la CIA infiltrados en el gobierno o el mundo empresarial. La CIA cuenta con diversas empresas, fundaciones, ONG y organismos sociales y empresarios-, que sirven como pantalla para sus operaciones mediáticas en el país.
Los periodistas de "prestigio" que cumplen con esa función, están ligados (por derecha o por izquierda) con los planes estratégicos de la filial diplomática de Washington en el país. 

Sus contactos con la "Embajada" están ocultos y disimulados dentro de una compleja estructura de inteligencia manejada por la estación local de la CIA que funciona en la representación diplomática.

Sus nombres y sus estrategias operativas son conocidos por todo el espectro de la inteligencia y el poder político local que frecuenta información emanada de la representación norteamericana.

Su función de "sumos sacerdotes" del periodismo del sistema, los hace invulnerables a cualquier crítica ante la opinión pública. Así por ejemplo, si Verbiztky o Morales Solá -uno "progre" y el otro de derecha- dicen que la desocupación y el hambre no parten de la explotación capitalista sino de la corrupción política y de la "falta de transparencia democrática de las instituciones", hay que creerles sin poder siquiera sonreír ante el chiste. 

Tienen la impunidad masiva para esconder el poder real (simbolizado en la "Embajada" y sus redes de influencia), y para presentar a los administradores políticos del Imperio (los políticos y el gobierno de turno) como si fueran los actores principales de la película del saqueo capitalista y sus emergentes sociales en la Argentina.

Los consorcios periodísticos tienen -además- intereses económicos concretos conn las empresas y bancos representados por la Embajada en el país. La mayor parte de la "torta" publicitaria que financia la rentabilidad de esos multimedios, proviene de las corporaciones, los bancos y las empresas privatizadas ubicadas bajo el paraguas "lobbista" del embajador norteamericano de turno.

Estos grupos -por medio de sus hóldings y redes mediáticas- son los fabricantes hegemónicos de la información direccionadora de conducta masiva que a diario consume la mayoría de la sociedad argentina.

Los encubridores
Daniel Hadad, titular del grupo que controla Canal 9, Radio 10, y diario Infobae, un habitué de la casa, ingresa a la fiesta de la  embajada USA en Argentina, en julio de 2006.

Así como las corporaciones económicas controlan el mercado interno y el comercio  externo, y "forman" la cadena de precios, los medios de comunicación "forman" y controlan el cerebro colectivo y la opinión pública a través de la manipulación informativa.

Esos multimedios concentradores (a través de la "selección y valoración de la noticia") deciden -en tácita complicidad corporativa- de qué se habla, o de qué no se habla en el país. Son los dueños de los contenidos y de los ejes de la información del día. Y, por razones obvias, esa información -recreada masivamente por sus periodistas y analistas en diarios, radio y televisión- nunca debe contraponerse a los intereses estratégicos del sistema capitalista, cuyos intereses esenciales están defendidos por la embajada de EEUU en la Argentina.

Los consorcios mediáticos (al margen de su discurso con la "objetividad" y la "libertad de prensa") tienen  como misión central: "analizar" e "informar" sobre todos los procesos de la vida económica, política, social o institucional del país, sin nombrar a la "Embajada" ni a las trasnacionales que los financian a través de la publicidad comercial.
Esta costumbre (analizar la "realidad argentina" sin mostrar los vasos comunicantes que la ligan a los intereses estratégicos del capitalismo transnacional representados por el embajador norteamericano de turno) responde a un objetivo principal: sacar de escena el poder real (la "Embajada") y mostrar sólo el poder formal (el gobierno de turno).
Esa es la razón principal de porqué, en la Argentina, de eso (la "Embajada" y el sistema capitalista) no se habla.

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(*) Manuel Freytas (
manuelfreytas@iarnoticias.com) es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más referenciados de la red. Ver sus trabajos en Google.

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