miércoles, 26 de julio de 2017

Churchill se Batió por el Canal de Suez, el Mejor Negocio del Planeta

Jorge Abelardo Ramos

Artículo publicado en el Diario Democracia Edición del Jueves 17 de Enero de 1952 (Pág. 1) con el seudónimo de Victor Almagro

PARIS- En Paris existe un palacio, situado en la calle de Astrorg, donde funciona el Consejo de Administración de la Compañía Universal del canal de Suez. Su director general, Michel Homolle, se encuentra muy preocupado en estos días. Se trata de una inquietud muy explicable, y cuya clave arroja una inesperada luz a la guerra no declarada planteada actualmente entre Egipto y Gran Bretaña. En Port Sald un intenso puerto de tránsito situado en el Canal de Suez se yergue una inmensa estatua que recuerda la figura del ingeniero Fernando de Lesseps, constructor del famoso Canal y padre del no menos famoso escándalo del canal de Panamá, el fraude más gigantesco del siglo XX.

Un empréstito… ¡lo de siempre!

Un monarca egipcio, Ismail, figura muy discutida, realizó grandes reformas en el orden de la cultura, restableciendo el idioma árabe como lengua oficial de Egipto y abriendo a la navegación el canal de Suez. Esas reformas originaron enormes gastos públicos que Ismail intentó sufragar con empréstitos, llegando hasta vender la parte egipcia del canal al hábil fundador del Imperio Británico, Benjamín Disraeli, en la suma de 4.000.000 libras esterlinas. Con las 177.000 acciones del canal de propiedad árabe, el control del canal paso definitivamente a manos de las potencias imperialistas. Pero el tiempo ha corrido su implacable curso y en 1968 o antes, la concesión Lesseps concluirá. Técnica y legalmente hablando, el canal de Suez ya pertenece virtualmente al pueblo egipcio.

El canal, el mejor negocio del planeta

La Compañía Universal del Canal no ha perdido el tiempo en el siglo transcurrido. Cada año, a través de las guerras locales o mundiales, de las crisis egipcias o de las tempestades políticas, un palacio blanco erguido en Port Said, ha venido cobrando a las naves en tránsito sus derechos de travesía. Así pudo la Compañía del Canal abonar a sus poderosos accionistas un 15 por ciento de dividendos en un mundo convulsionado. Esta compañía era hasta hoy una de las mas prosperas empresas del planeta. En la actualidad obtienen más de 28 millones de franco por los derechos de pasaje. Aunque son los ingleses quienes envían tropas y armamentos al Canal de Suez, pues la corona británica juega allí otros intereses, el directorio de la Compañía posee una composición bastante variada: presidido por un diplomático francés, M. Francois Roux, lo integran quince franceses, diez ingleses, cuatro egipcios, un norteamericano y un holandés. 
En 1876 el Kedive Ismail cometió la osadía de suspender sus pagos a los banqueros occidentales y se vió obligado a ceder sus tierras, que fueron administradas por una comisión europea. Más tarde celebró otro empréstito por ocho millones de francos, con la garantía de esas mismas tierras. Cuando el dinero estuvo en su poder, Ismail, al frente de su ejército, expulsó a los europeos y desconoció a sus acreedores. Pero no se podía hacer eso a Francia y a Inglaterra, tan respetuosas con los compromisos ajenos. Ismail, ante la presión de las flotas europeas, se vió obligado a abdicar bajo los cañones de la civilización (Ismail, el hombre que había abolido la esclavitud en Sudán, antes que lo hiciera Estados Unidos; Ismail, el fundador de las primeras escuelas para la emancipación cultural de la mujer árabe).
Los asuntos financieros de Egipto fueron intervenidos por dos funcionarios, uno ingles y el otro francés. El Ministerio de Obras Públicas fue otorgado a un ciudadano francés y el de Hacienda a un Inglés.

Comienzan a intervenir los cañones

El caos político y económico derivado de la penetración europea en los asuntos internos de Egipto aumento y bajo el pretexto de nuevos disturbios en Alejandría, un general inglés, sir Wolseley, se presentó en Egipto al frente de un poderoso ejército. Al derrotar en la batalla de Tel-El-kebir a las fuerzas de Arabia, se dirigió inmediatamente El Cairo, adonde entro escoltado por una guardia escocesa. 
En 1881 Mohamed Ackmer fue proclamado “Mahdi” (profeta) e inició una guerra santa contra los invasores ingleses. Se hizo fuerte en el Sudán y organizó un ejército de base popular. Sir Wolseley fue impotente para derrotarlo y el control británico se redujo únicamente al territorio de Egipto, fijando sus límites en la primera catarata del Nilo.

Churchill combatió contra Egipto

Pero en 1889, tropas británicas al mando de lord Kichtener y entre cuya oficialidad figuraba Winston Churchill, libro la famosa batalla de Ondurmán y conquistó Jartum, capital del Sudán, aplastando al “Mahdi” y con él al último vestigio de la soberanía egipcia. Lord Cramer fue nombrado cónsul general de Egipto y realizó su tarea de colonización a conciencia. Nombro en todos los cargos de responsabilidad a funcionarios británicos, tendió las líneas ferroviarias y telegráficas necesarias para la penetración y comercialización imperialista y remachó las cadenas económicas y políticas que unirían el destino de Egipto al imperio Británico por un cuarto de siglo.
No hubo un kipling para cantas esas glorias del capitalismo británico bajo las pirámides milenarias. A los banqueros británicos no les conmueven las musas.

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