viernes, 7 de julio de 2017

Bernardino Rivadavia y Gran Bretaña


Carta de George Canning  a Woodbine Parish, representante de los intereses britanicos en Bs As, fechada el 26 de septiembre de 1825 
Jorge Murillo

En la interna de la historia política del país, algunas voces importantes, lo vendieron a Rivadavia como “estadista eminente”, pero nadie como Bartolomé Mitre profetizó que“Rivadavia pertenece a esa raza de los hombres selectos, cuyo molde rompen y renuevan las naciones cada cien años”…aunque en nuestro país el molde se repitió con más frecuencia de lo que nuestra salud nacional lo hubiese requerido, y para colmo siempre estuvieron financiados, y no “casualmente” en altos cargos, por el presupuesto nacional.

Pero bien dice el refrán que “el diablo hace la olla, pero no la tapa”. ¿Por qué? Porque en el escenario de la historia del país, en 1914 aparece un libro de un señor inglés llamado Charles Kate Webster. Les quiero confesar que en varias ocasiones, cuando me encontraba recorriendo librerías en Washington DC, la capital de Estados Unidos, había llegado a suponer que este “Webster” debía ser el inventor o el dueño de los diccionarios americanos, ya que existía una gran cantidad de ediciones y formatos de diccionarios en inglés o inglés-español, o inglés-francés, o inglés-alemán, etc.,  cuyo título principal era, y es, “Webster Dictionary” o “Webster Edition”. A tal punto que, en Estados Unidos, pedir un Webster equivale a pedir un diccionario de idiomas.
Bernardino Rivadavia por Augusto

“Webster” en USA, es como la Coca Cola en diccionarios, pero yo ignoraba en ese entonces que detrás de ese apellido se ocultaba un afamado jurista internacional y un serio y detallado investigador de la historia. Hasta que un buen día, por una gentileza de mi amigo Alberto Camarasa, ex Director de la Editorial Universitaria de Buenos Aires, EUDEBA, y Director Ejecutivo por Argentina en el Banco Mundial, me topo con un libro de 1914 de la Editorial Kraft y me entero que Webster, era Sir Charles Kate Webster, un diplomático inglés, abogado, un jurista de gran nivel profesional y vasta erudición, que había influido tanto en la historia diplomática de Gran Bretaña como en la elaboración de la Carta de las Naciones Unidas. Fue Miembro del “Real Instituto de Asuntos Internacionales”. Catedrático en las universidades de Liverpool, Gales y Harvard y en la Escuela de Economía de Londres y en sus “ratos libres”, asistió como funcionario del gobierno británico a las conferencias de Versalles y San Francisco.

Entonces, en relación a este tema que nos ocupa de la “cultura rivadaviana”, les introduzco una carta cursada entre ingleses, y es la que le envía en 1825 el canciller inglés a su representante en Buenos Aires, referido al amigo Rivadavia. Parece que las gestiones de Don Bernardino en Londres, llegaron a un punto tal, que preocuparon al propio imperio británico y a los sectores comerciales del mismo. La correspondencia diplomática entre 1812-1830, clasificada, seleccionada y comentada por Charles K. Webster, incluye  la siguiente carta:

1825. Septiembre 26. En esa fecha desde Londres escribe Canning.

“Mr. Woodbine Parish: Más de una vez he observado en Mr. Rivadavia, una inclinación a reclamar como “derecho” lo que sólo puede propiamente solicitarse como “favor”...Mientras permaneció aquí, Míster Rivadavia estuvo en constante relación con establecimientos comerciales de este país, establecimientos muy respetables pero que, sin embargo, están integrados por personas profundamente interesadas en la gestión de sus asuntos comerciales. Deseo que no pierda oportunidad de convencer al Secretario de Hacienda, Mr. Manuel J. García de lo inconveniente que resulta que el gobierno de Buenos Aires ponga la gestión de sus asuntos, en manos de cualquier persona en semejante situación.Confío en que el Ministro que elija Míster Manuel García para residir en esta Corte, recibirá instrucciones para evitar tales relaciones. Es absolutamente necesario para el prestigio del Gobierno de Inglaterra, evitar toda comunicación que pueda influir, o que pueda suponer que influya, en las transacciones comerciales de la Metrópoli. George Canning.

Fuentes: 1914. Professor Charles K.  Webster en “Britain and the Independence of Latin America, 1812-1830: Select Documents from the Foreign Office”. “Gran Bretaña y la independencia de América Latina, 1812-1830”. “Carta de George Canning a Woodbine Parish de septiembre 26 de 1825”. Documento de la Cancillería británica 6/7. Páginas 181 y 182.  Ediciones Kraft, 1914. Bs. As.

Como es de imaginar, esto en 1914, cayó en Buenos Aires como un balde de agua fría sobre algunos conspicuos personajes que se encontraban siguiendo las huellas de Don Bernardino en cuanto a las prácticas del endeudamiento y al armado de otros negocios con los ingleses del sector privado.  Don Bartolomé Mitre había fallecido en 1906, pero esto hizo recordar a algunos espíritus memoriosos, los  mordiente comentarios hechos a su tiempo por Manuel de Sarratea, quien había hecho notar la “ostensible proclividad” de Rivadavia,  a “lisonjear a quien le introduzca dinero en el bolsillo sea en acciones de minas o empresas de otro género”.
Los directores de la editorial Kraft, una de las más prestigiosas en el medio, habrán pensado: Lo sentimos por la memoria del general Mitre, pero esto es una documentación del doctor Webster, por lo que se descuenta la seriedad y autoridad del trabajo, máxime que su erudita compilación cubría la “política Británica entre 1812 y 1830 en América Latina”. Se trataba de una selección de documentos que ya estaban desclasificados y entonces el “Foreign Office”-Relaciones Exteriores- lo abrió al nivel del público y de los investigadores provocando entre determinados círculos de Argentina, el escozor que es de suponer. Creo que el párrafo de la carta que dice… “he observado en Míster Rivadavia una inclinación a reclamar como “derecho” lo que sólo puede propiamente solicitarse como “favor”…no requiere comentarios adicionales.

Pero las transgresiones de Rivadavia recién comenzaban. Rivadavia regresó a Buenos Aires en Octubre de 1825, 14 meses después de su partida. Llegó como director local de la “Sociedad de Minas del Río de la Plata –Río de la Plata Mining Association-”, cargo por el que recibía un sueldo de 1.500 libras anuales.

Pero a 3 meses escaso de su llegada, en enero de 1826, y aunque parezca inverosímil, Bernardino ya es designado “truchamente” como Presidente Permanente de las Provincias Unidas del Río de la Plata. ¿De dónde recibiría Rivadavia tamaña influencia como para convertirse a los 3 meses de su nuevo arribo a Buenos Aires en “presidente permanente no constitucional del país?

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 1824-1825. Triptico de las relaciones anglo-argentinas, ejecutado en 7 meses
Jorge Murillo

En este análisis del “Tríptico”, vamos a poder verificar el verdadero rol de “servidores estructurales” que jugaron Bernardino Rivadavia y Manuel José García, a favor de los intereses ingleses. 

La figura de Rivadavia, a partir de las alabanzas de Mitre, fue elevada a niveles desproporcionados por el liberalismo, cuando en realidad con su “compadre y socio” Manuel José García, fueron algunos de los gobernantes que con mayor eficiencia tributaron a Su Majestad Británica.

Se puede observar el total de la obra maestra de la cancillería británica en relación a las Provincias Unidas del Río de la Plata. Es a partir de este hecho del  préstamo del 1° de julio de 1824, que nos vamos a encontrar con el desarrollo de un “tríptico anglo-argentino” que se consolidó en el increíble término de 7 meses, en épocas en que un viaje a Europa por mar demandaba 40 días y que se constituyó en el primer “paquete” internacional, que tuvo profundas e incalculables consecuencias para la historia económica y social de nuestro país.

Banco de Descuentos que luego sería el Banco de la Provincia de Buenos Aires. Gozaba del monopolio de la emisión de billetes y monedas, pero no era estatal, sino privado; controlado inicialmente por comerciantes rioplatenses y luego por comerciantes británicos. Grabado puede observarse a Rivadavia y su gabinete, título en parte inferior dice: "Fundadores del Crédito Público"

 1824. Julio 1° hasta 1825. Febrero 2. 
En este período se produce lo que aquí denominamos como el “tríptico anglo-argentino ejecutado en 7 meses”. 
Los tres actos del tríptico anglo-argentino al que nos estamos refiriendo:
a)  1° julio 1824: “Otorgamiento del Primer empréstito nacional con la Banca inglesa Baring Brothers”, por un millón de libras esterlinas.
b) 14 Diciembre 1824: “Inglaterra reconoce la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata”.
c) 2 Febrero 1825: “Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, celebrado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Su Majestad Británica”.

Esto nos demuestra la habilidad y experiencia del “Foreign Office” (Cancillería inglesa) en este relacionamiento con las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Es el comienzo en nuestras relaciones internacionales, repetidas tantas veces, donde juegan las habilidades y las asimetrias de poder. Pero obviamente, alguna vez comenzó el modelo, y este “tríptico” fue un modelo magistral, que habla de la capacidad de los dirigentes ingleses y de la “diligente funcionalidad que a través de los años se tornó crónica”, de nuestros dirigentes. 

Obviamente, que este “tríptico” debió estar concertado desde el primer acto con Bernardino Rivadavia y Manuel José García, y estos lo deben haber compartido con el gobernador Martín Rodríguez*, pues han sido tres actos de firmas sustantivas, importantes y comprometedoras en tan escaso tiempo, y lo hicieron con el convencimiento de la “gloria” de estar firmando con la primera potencia financiera y naval del mundo de aquel entonces.

Desde la consolidación de ese “tríptico anglo-argentino”, se ha desarrollado entre nosotros, una especie de cultura ingenua donde durante 200 años hemos pensado que los países más poderosos venían a negociar con nosotros para hacernos, alegremente, más ricos y más fuertes. Obviamente, esto no hubiera sido nunca posible sin los Rivadavia y los García de turno, que desde adentro hacían el “lobby” local, funcional a los intereses foráneos.

Y debe quedar muy en claro que esto no es una acusación a los británicos. En el concierto internacional cada país trata de hacer el mejor negocio que puede en beneficio de los suyos. Luego el problema no consiste en analizar el negocio que hicieron los funcionarios ingleses con las Provincias Unidas, el problema consiste en la carencia de identidad nacional de los dirigentes locales que le permitieron hacer a los ingleses, y a otros tantos extranjeros, pingües negocios, en desmedro de los intereses locales.

En la situación que estamos analizando, la habilidad del “Foreign Office”, queda obviamente demostrada, porque 45 días antes del tercer acto que es el “Tratado de Amistad, Comercio y Navegación”, Inglaterra como segundo acto, “reconoce la Independencia de las Provincias Unidas”. 

De este modo, los británicos se aseguraban que el “Tratado” era firmado entre Inglaterra y una nación independiente. Esto es tan así, que el cónsul inglés ya tenía en sus manos, el reconocimiento de la Independencia firmado desde el 14 de Diciembre de 1824, y se lo entregó al gobierno argentino “como intercambio de favores” exactamente en el momento que el gobierno argentino firma el 2 de Febrero de 1825 el “Tratado de Amistad, Comercio y Navegación”. 

El equipo local contó para el “engrupimiento” del mercado nativo, al equipo formado por Rivadavia, García, Agüero, Costa, Castro, los Parish Robertson, Sáenz Valiente, etc.**, mostrando el efecto brindado por un primer dulce: Un préstamo de un millón de libras esterlinas. Pero aclaremos que una cosa es firmar un préstamo y otra es lograr su desembolso. 

El préstamo fue dado a la Provincia de Buenos Aires, no a las Provincias Unidas, pero eso consistía en un detalle menor para la estrategia inglesa. De hecho, la deuda con Baring asumida por la provincia de Buenos Aires, se convirtió con Mitre a partir de su presidencia en 1862, en deuda nacional. Es decir, todo el país se hizo cargo de un préstamo que sólo recibió la Provincia de Buenos Aires.

Volvamos. 

Frente a un gesto tan magnánimo de Su Majestad Británica, no podía extrañar entonces que 6 meses después, el 14 de Diciembre de 1824, Inglaterra nos reconoce como nación independiente, bajo el nombre de “Provincias Unidas del Río de la Plata”.

Luego de dos dulces puntuales: un “Empréstito” y un “Reconocimiento de Independencia”, apenas un mes y medio después del segundo acto, el 2 de Febrero de 1825, llegará el tercer acto, el que verdaderamente perseguía Inglaterra: “El Tratado de Amistad, Comercio y Navegación celebrado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Su Majestad Británica”.  

No se encuentra en la historiografía liberal un relato que enlace estos tres hechos como parte de una misma ópera, magistralmente dirigida por una batuta experimentada, que contó con el concurso inapreciable de calificados ejecutantes locales. 

Notas:
*  Gobernador de la provincia de Buenos Aires elegido por una Junta de Representantes, el 26 de septiembre de 1820; y que contaba con el apoyo de los propietarios rurales de la campaña y de la clase media-alta y alta de la ciudad.
** Rivadavia constituyó un consorcio que representara al Gobierno de Buenos Aires para la colocación del empréstito al 70% e incorporó al mismo a Braulio Costa, Félix Castro, Miguel Riglos, Juan Pablo Sáenz Valiente y a los hermanos Parish Robertson.

El 1 de julio de 1824 el consorcio de acuerdo al poder concedido contrató el empréstito con la firma inglesa Baring Brothers por un millón de libras. Los Robertson adelantaron parte del dinero al gobierno y ayudaron a garantizar el préstamo de la Baring Brothers.

Como la colocación en el mercado sería fácil, la Baring propuso al consorcio colocarlos al 85%, pagando 70% a Buenos Aires y repartiéndose el 15% de diferencia con el consorcio por lo que los gestores se llevaron 120.000 libras del monto total del crédito en carácter de comisión.


Fuente: 2009. Jorge Murillo en “Historia de la Deuda Externa Argentina. Cuentos para Adultos”. “Cuento N° 1. Bernardino Rivadavia”. Página 39. 

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