martes, 11 de julio de 2017

15 de junio de 1905. El acorazado Potemkin ondea la bandera roja

Publicado el 15 de junio de 2017

En 1905, sobre las aguas del mar Negro, frente a la ciudad de Odessa, en Rusia, la semilla de la revolución de 1917 germinó para florecer 12 años después. Las ideas revolucionarias entre los marinos de la flota militar rusa despertaron debido a la estructura del Estado absolutista del Zar Nicolás II, que vulneraba la dignidad humana de todo el pueblo de Rusia.



La esperanza de una nueva vida, mejor y libre fue necesaria entonces. La guerra que vivía Rusia contra Japón en 1904 acabó con la economía del Gobierno y los obreros y campesinos la pagaban. El Estado ruso no quiso responder al fin de la guerra que era la esperanza más popular. La dignidad humana de los subalternos en el acorazado Potemkin fue herida varias veces; las noticias de la muerte de sus compañeros en la guerra contra Japón hicieron que su dignidad madurara. El régimen político zarista constituía un obstáculo.

El sentimiento de su dignidad

Con reuniones secretas cerca del puerto de Sebastopol -llamadas “volantes” y “de masas” según el número de asistentes- docenas de barcos más se sumaron al Potemkin. En estas reuniones el número de marinos asistentes creció de 30 a 400, para noviembre de 1904. Las mujeres allí trabajaron como las oradoras y, en diálogo con los marinos, explicaron las razones por las que se debía destruir el poder opresor y liberar a Rusia. Una de las consignas que resultaron de las reuniones fue la siguiente:

“Nuestra liberación está próxima y llamamos a todos aquellos que persigue y oprime la autocracia a unirse a nuestras filas, las de nuestro partido. Nuestra lucha solo se interrumpirá cuando la humanidad esté liberada de la explotación de las tarántulas capitalistas. Luchamos por el socialismo. ¡Abajo la autocracia! ¡Abajo la guerra! ¡Viva la Asamblea Constituyente! ¡Viva la república democrática! ¡Viva el partido obrero socialdemócrata ruso! ¡Viva el socialismo!”.

Los marinos comprendieron que los actos de insubordinación servían para mejorar sus condiciones de vida y comenzaron a organizarse junto al partido político social demócrata, de ideología socialista y que impulsaba una Constituyente para establecer una verdadera democracia. Los marinos de la flota militar fueron apoyados abiertamente por todos.

El motín

Durante el 14 de junio inició la revuelta dentro del acorazado, y el comandante Golikov ordenó que los rebeldes fueran asesinados. Uno de los marinos, Vakulinchuck, invitó al pelotón de ejecución a no cumplir las órdenes y, al final, todos sus compañeros hicieron a un lado a los oficiales. Vakulinchuck perdió su vida en ello. Los pobladores de Odessa al enterarse de la situación decidieron apoyar a los marinos.

El Zar Nicolás II envió al ejército para disuadir a sangre y fuego. El acorazado Potemkin respondió y bombardeó el edificio del mando zarista y más militares fueron enviados por el Zar. Uno de los marineros llamó “hermanos” a sus compañeros. Todos los buques se unieron al Potemkin en su gesta revolucionaria.

Finalmente, Nicolás II tuvo que hacer reformas como permitir la libertad de opinión, reunión y asociación y la creación de una Duma -parlamento- elegida por un sufragio relativamente amplio. Con el paso de los años estos derechos fueron vulnerados nuevamente pero demostraron que un cambio revolucionario era posible en la Rusia de los Zares.

La película

Tras la victoria de la revolución bolcheviche, los sóviets decidieron conmemorar el motín y así nació la película El acorazado Potemkin, realizada por el cineasta Serguei Mijailovich Eisenstein en 1927. Su experimentación en cuanto al arte de montaje cinematográfico la hacen ser una de las mejores películas de toda la historia del cine.

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