domingo, 25 de junio de 2017

Segunda Guerra Mundial. Operación Tannenbaum; Objetivo ,Suiza.


¿Por qué Hitler no invadió Suiza?
Hitler en Paris ante el vagón donde se firmó la caída de Francia en 1940
La mirada de Hitler a Suiza
Juan Carlos Tellechea
Los planes de Adolf Hitler para ocupar Suiza militarmente en un ataque por sorpresa, presumiblemente a comienzos de 1941, han sido analizados por el historiador alemán Stefan Schäfer, de la Universidad Martin Luther, de Halle-Wittenberg (este de Alemania) en su libro 'Hitler y Suiza'. La investigación de Shäfer, se basó en documentos originales sobre los preparativos de la invasión depositados en el Archivo Federal y en el Archivo Militar de Alemania. 
Según él, una de las razones principales por las cuales no se produjo la invasión a Suiza, que tenía movilizados a unos 450.000 hombres en previsión de un ataque a sus fronteras, fue el mantenimiento del alto el fuego a que se vio forzada a aceptar Francia, tras la agresión militar de Alemania entre mayo y junio de 1940. 

"En Suiza, predomina el punto de vista, según el cual el país helvético superó la Segunda Guerra Mundial, porque cumplía una importante función en su papel de suministrador de divisas para la economía de guerra  alemana", afirmó Schäfer en una entrevista con swissinfo. 

"Sin embargo, la amenaza militar que pendía sobre Suiza durante el conflicto bélico hace suponer todo lo contrario", agregó. "Si no hubiera sido así ¿cómo se explicaría la discrepancia entre la política expansionista de Hitler y la supervivencia atípica de ese pequeño Estado democrático y neutral?"

¿Estuvo amenazada alguna vez la existencia de la Confederación Helvética como Estado independiente y soberano? La respuesta es "sí", señaló el historiador. 

Hitler ordenó a su Estado Mayor comenzar la elaboración de los planes de la operación que, más tarde, pasaría a denominarse 'Tannenbaum', casi simultáneamente con la conclusión de las negociaciones del alto el fuego el 22 de junio de 1940. 

Cuando tres días más tarde entró en vigor este acuerdo, y la crisis gubernamental suiza se encontraba en su peor momento en Berna, la Sección Operaciones del Estado Mayor del Ejército alemán había concluido el primer esbozo de un eventual ataque militar contra Suiza. 

Si la campaña contra Francia hubiera continuado, con un refuerzo de los efectivos franceses desde las colonias en África, Suiza habría sido alcanzada directamente por las acciones militares de los nazis que planeaban utilizar su territorio para llegar lo más pronto posible a la zona no ocupada del sur de Francia y al Mediterráneo. 

Las tensiones internas de aquellos momentos de incertidumbre para el gobierno suizo han quedado reflejadas desde la perspectiva de los refugiados judíos que llegaban a las fronteras helvéticas buscando asilo desde 1938 por el libro 'Los justos de Suiza', de Meir Wagner, que acaba de ser presentado también en Berlín. 

Wagner, sobreviviente de los campos de exterminio nazis, destaca el heroísmo de ciudadanos helvéticos como Anne Marie Im Hof-Piguet, de la Cruz Roja Suiza, que desafiando las leyes de su país y arriesgando sus vidas hicieron todo lo posible por salvar de una muerte segura a cientos de perseguidos por el racismo en Alemania. 

Los planes del Ejército alemán quedaron finalmente aprobados, tras varios estudios, el 26 de octubre de 1940 y preveían el ataque un 'día X', mantenido bajo el más absoluto secreto, para quebrar la resistencia suiza en el tiempo más breve posible y contando con el factor sorpresa y la superioridad de los efectivos germanos. 

Si bien con algunas diferencias en cuanto a los detalles y al número de divisiones alemanas necesarias, todos los análisis militares estimaban "elevado" el poder de combate de los helvéticos. Los soldados suizos son inexpertos, pero están bien motivados, señalaban los militares del Ejército alemán en sus estudios. 

El objetivo operativo de todos los estudios era la rápida destrucción del Ejército de la Confederación Helvética y la conquista de la zona central de Suiza, debido a su importancia estratégica desde el punto de vista económico y de las vías de comunicaciones. 

Al Cuerpo de Ejército XVIII, por ejemplo, le era encomendada la tarea de tomar la importante región de producción de armamentos en torno a la ciudad de Solothurn, situada en el centro de la dirección del ataque alemán. 

La sustitución de las unidades blindadas del general Guderian, que hasta ese momento habían actuado en el teatro de operaciones de Francia cerca de la frontera con Suiza, por las del 12º Ejército, especialmente preparadas para las condiciones de terreno imperantes en el país helvético, hablaban a las claras de los preparativos que el Alto Mando alemán había adoptado para el ataque. 

La ocupación de Suiza no era uno de los objetivos primarios de Hitler al emprender su campaña contra Francia, pero la Confederación Helvética se convirtió en un objetivo indirecto en la conducción de la guerra a medida que los éxitos militares del Tercer Reich y el ingreso de Italia parecían permitir la anexión total de Suiza. 

Esto hubiera permitido a Hitler redondear su éxito en Europa occidental, concluye el historiador Stefan Schäfer. 

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¿Por qué Hitler no invadió Suiza?
Julio Tovar
(ABC)


Adolf Hitler anunció en febrero de 1937 al canciller Edmund Schulthess que en cualquier situación «respetaría la inviolabilidad y neutralidad de Suiza». Esta declaración, que recoge Christian Leitzen su libro sobre los estados neutrales en la II Guerra Mundial, se mantuvo incluso poco antes de la invasión a Polonia, donde volvió a afirmar que «Suiza no tendría nada que temer». La pregunta, entonces, queda clara ¿Por qué Hitler respetó a un país ubicado en el corazón deEuropa? No era una potencia periférica, como Turquía o España, y suponía una de las joyas del capitalismo mundial a través de sus banqueros. Más aún, las medidas de los años 30 en Alemania llevaron a perseguir a las fortunas judías en Suiza, tal como estudió Richard Z. Chesnoff en su vehemente obra.
Ahora bien, a lo largo de la II Guerra Mundial las opiniones de Hitler variaron, y se llegaron a establecer planes de invasión muy precisos para borrar «esa espinilla en Europa», según definición tardía del propio Führer, que también la consideraba una «aberración» en el volk alemán. Todo empezó poco después de la caída de Francia

Talar el árbol de navidad


Leitz recoge una conversación para 1941 entre Hitler con Mussolini y Ciano donde cuenta su verdadera opinión sobre el estado suizo. Para elFührer:
«Suiza posee el sistema político y la gente más desagradable y miserable. Los Suizos son enemigos mortales de la nueva Alemania (...) Ante la pregunta del Duce sobre si Suiza es un anacronismo de verdad, si tendría algún futuro, el ministro de exteriores del Reich -Ribbentrop- sonrió y le dijo al Duce que tendría que discutir de esto con el Führer»
La fecha no es casual: los planes de invasión de Suiza databan de un año antes. Es la llamada «Operation Tannenbaum» (Operación árbol de navidad), que fue iniciada el 25 de junio de 1940. La conquista y anexión de Francia, derrotada con gran facilidad, dejó al país helvético totalmente rodeado. Y, como pasó con la invasión deNapoleón, el control del Rin equivalía a dejar el lado oeste, el más frágil físicamente, a merced de una invasión externa. Un ataque simultáneo en el oeste y en el sur habría provocado el «pánico» de los suizos. El alto mando nazi llegó a planificar 21 divisiones alemanas frente apenas 13 suizas. Muy pronto las divisiones bajaron de 21 a 11, pero la planificación fue minuciosa. El dirigente suizo Henri Guisan aumentó la defensa como consecuencia, especialmente por el sur, entre San Mauricio y el paso de San Gotardo.
Para Hitler el ejército suizo no suponía ningún rival, y llama a sus soldados «de juguete» en el controvertido y disputado libro de conversaciones con H. R. Trevor-Roper. A pesar de esto, el ejército suizo preparó varias divisiones en el llamado «Réduit national», un sistema defensivo ideado a lo largo del siglo XIX con el objeto de evitar la repetición de la invasión napoleónica. Se buscaría, también, ubicar a la población al norte, donde las fronteras físicas montañosas eran prácticamente infranqueables.
La circunstancias se adelantaron a esta operación: el 11 de noviembre de 1940 una llamada de teléfono del Capitán Worgtzky acabó con esta operación. En palabras de este «esta operación ya no es relevante dado que ha sido sobrepasada por los eventos». La invasión de Rusiaaguardaba para la primavera próxima y los recursos alemanes, segúnStephen Halbrook, «no eran infinitos». Otro plan posterior, presentado en octubre de ese año, buscaba también aprovechar el flanco abierto por la frontera francesa, pero quedó en el olvido. El pánico del país helvético llevó a que, según un documento del historiador Willi Gautschi, se buscara la protección aérea de la RAF británica. A lo largo del año 41 la situación se enfrió y devino simplemente en una guerra comercial. Los suizos proporcionaron equipos ópticos y maquinaria de guerra a los nazis, a la vez que mantenían intacto su comercio con los aliados. Esto provocó una tensión diplomática, pero la necesidad de estos productos impidió cualquier acción punitiva de los dos lados.
Será en el año 43 cuando Hitler busque otra vez reactivar los planes de invasión. Al final de este año Herman Böhme planificó una invasión con doce divisiones y tres de montaña. Se buscaba esta vez una invasión por el norte y capturar las industrias intactas. La invasión aliada de Italia, a finales de este año, hizo imposible cualquier acción contra Suiza, que sobrevivió como uno de los pocos países en los cuales los nazis no pusieron sus botas.

La Alemania del este y el banco de Europa


Suiza fue vista siempre por los jerarcas nazis como parte del tronco alemán, a pesar de su composición multiétnica. Se concretaba en un concepto de anexión especial del país, Zusammenwachsen(«amalgamiento»), con el III Reich alemán. De hecho, en 1942 Heinrich Himmler intentó crear una sucursal de las SS bajo este precepto y siguiendo las divisiones flamencas o valonas: «SS Schweiz». El propio Himmler nunca concibió un estado títere, sino más bien una provincia más del III Reich, en el estilo de la planificación de los jerarcas nazis con parte de la Polonia dominada por colonos alemanes. Esto traería, también, problema con los estados cuyas comunidades lingüísticas se contenían en el país helvético. Este era el caso de Italia o la Francia de Pétain. De ahí el interés de Mussolini en el cantón de Tesino, parte del irredentismo italiano y que llevaría a la citada discusión con Hitler en el año 41.
En ese sentido, todos estaban interesados en Suiza, pero todavía estaban más interesados en su poder económico. Según Klaus Umer, cualquier intervención en Suiza habría blindado el Banco de Pagos Internacionales en Basilea. Para Walker Funk, ministro económico del III Reich, «este debe ser especialmente protegido y resguardado». Este interés económico, innegable, se une al industrial que hemos citado. Leitz es totalmente preciso y cita una ampliación de 66 millones de francos suizos en 1938 a nada menos que 375 millones para 1942 en exportaciones de productos bélicos. Los aliados en su comercio con Suiza nunca pasaron de los 20 millones.
La industria helvética era una aportación fundamental, en definitiva, que permitía mantener la guerra, y también gran parte de la electricidad del sur de Alemania. El propio Führer, en una conversación que recoge Leitz, dijo claramente que «en caso de conflicto con Suiza no debemos llevarlo al extremo, y sería mejor una solución de compromiso».

Un país entre dos mundos


Suiza jamás dejó de comerciar con los dos bandos y a pesar de la tensión en el año 41 su posición quedó bien resguardada. Tanto su sistema de defensas como la necesidad de todos los países de sus industrias la resguardaron. Irónicamente, los soldados de la Wehrmacht cantaban esta canción en los años de la guerra donde hablaban de una conquista próxima de Suiza:
«Die Schweiz, die ist ein Stachelschwein
Die nehmen wir zum Dessert ein
Dann geh'n wir in die weite Welt
Und holen uns den Roosevelt»
«Suiza es un puercoespín
Que tomamos de postre
Entonces iremos a por el mundo entero
Y traednos a Roosevelt»
Y esa imagen de un puercoespín, con sus púas como metáfora de las montañas, bien vale para el papel que jugó en una guerra donde sus banqueros e industriales fueron acreedores de todos. Ellos fueron su verdadero Guillermo Tell.