sábado, 17 de junio de 2017

La victoria soviética en Stalingrado cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial

Ilyá Krámnik 
El 19 de noviembre de 1942 por la mañana, apenas diez personas en toda la Unión Soviética imaginaban qué dimensiones podría alcanzar la operación que se preveía llevar a cabo en las estepas entre los ríos Don y Volga.
Dos o tres personas más que estaban al otro lado del frente, tenían acceso a los mapas y sabían analizarlos de manera imparcial, podían pronosticar el desarrollo de los acontecimientos también.
En esta fecha le llegó la hora a la Wehrmacht y a toda Alemania de pagar por el aventurerismo y la prepotencia desmedida de sus líderes y altos mandos. Y el peso de este pago dependía sólo del éxito de la primera operación soviética cuyo objetivo fue cercar estratégicamente al enemigo.

Cerco cerrado
La idea que nació el 12 de septiembre de 1942 en las consultas entre el líder soviético Iósif Stalin, el general (posteriormente, mariscal) Zhúkov y el general (posteriormente, mariscal) Vasilevski era demasiado simple. Las tropas soviéticas debían lanzar una ofensiva desde el norte y noroeste y desde el este y sureste en dirección a la ciudad de Kalach, situada en la orilla del río Don, a 80 kilómetros de Stalingrado (actual Volgogrado), para cercar a la principal unidad de choque del enemigo y cortar sus comunicaciones.
Las unidades blindadas y motorizadas del Ejército soviético tuvieron que formar el frente externo del cerco y las unidades de artillería, el frente interno.
El mando soviético logró mantener en secreto los preparativos para la ofensiva. Por eso hasta su inicio los pronósticos de la catástrofe inminente se consideraron como fruto de la imaginación de varios altos oficiales del Estado Mayor de la Wehrmacht preocupados por una extensión de los flancos demasiado amplia y una resistencia insuficiente de los aliados de Alemania.
Hacia aquel momento el Ejército Rojo ya tenía varias ventajas que podía aprovechar, ante todo, en el ámbito de comunicaciones. La red de carreteras en esta región daba la posibilidad a la Unión Soviética de llevar diariamente hacia el frente a más cargas y efectivos de lo que podía hacer su enemigo, lo que contribuyó a la acumulación de reservas.
La segunda ventaja fue la debilidad de los flancos del Ejército nazi, que era imposible reforzar. Al dividir el grupo de Ejércitos ‘Sur’ en dos fuerzas para luchar en varias direcciones estratégicas, el mando alemán ya era incapaz de enviar apoyo de manera operativa a las unidades que la necesitaban. Hacia finales de otoño de 1942 la Alemania nazi ya no disponía de ‘tropas libres’.
El 19 de noviembre, las unidades soviéticas del Frente del Don y del Suroeste lanzaron una ofensiva. El Frente de Stalingrado lanzó la ofensiva desde el este al día siguiente, el 20 de noviembre. El 23 de noviembre, las tropas soviéticas lograron cerrar el cerco, dentro del que había más de 300.000 personas. Anteriormente, se pensaba que esta cifra sería tres veces menor.
Se emprendió casi de inmediato los intentos de liberar al VI Ejército alemán cercado. Esta misión fue encomendada al grupo de Ejércitos ‘Don’ creado el 21 de noviembre, cuando la amenaza del cerco se hizo evidente, bajo el mando de uno de los estrategas alemanes más talentosos, el general Erich von Manstein.
Pero el Ejército nazi no disponía de las fuerzas suficientes para romper el cerco. Las divisiones alemanas ya sufrieron grandes pérdidas en los combates. La Wehrmacht logró encontrar sólo una unidad ‘fresca’, la 6ª división blindada.
El 12 de diciembre las tropas alemanas lanzaron una ofensiva contra Stalingrado desde el suroeste. Pero aun en estas condiciones Hitler, que se hacía demasiadas ilusiones, prohibió a las unidades del VI Ejército cercado emprender intentos de romper el cerco. Esto redujo las posibilidades de Manstein de lograr éxito.
Las tropas soviéticas tuvieron que resistir el empuje alemán en combates encarnizados, que fueron descritos en la novela del escritor soviético Yuri Bóndarev ‘La nieve caliente’, y retroceder hacia la dirección noreste.
Pero los alemanes no consiguieron romper el cerco. En el momento más exitoso, la distancia que les separaba de las tropas cercadas era de unos 40 kilómetros. Al mismo tiempo, las tropas soviéticas lanzaron una nueva ofensiva en el curso medio del Don, donde se enfrentaron con divisiones italianas y húngaras. En este momento, se puso en evidencia el destino de las unidades alemanes cercadas.
Operación ‘Saturno’
El éxito inicial de la operación soviética hizo al Gran Cuartel General pensar sobre su posible continuación, y el Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de la URSS elaboró el plan de la operación ‘Saturno’.
Esta operación debía ser espectacular. Al derrotar a las tropas italianas y húngaras en el curso medio del Don, el Ejército soviético tuvo que lanzar una ofensiva a lo largo del río en dirección suroeste, hacia la ciudad de Rostov del Don, para aislar a todo el grupo de Ejércitos ‘Sur’.
Sería imposible suministrar productos alimenticios, municiones y medicamentos a los asediados a través del estrecho de Kerch y la península de Tamán, mientras que la Wehrmacht no logró tomas los puertos del mar Negro.
En caso de que esta operación hubiera tenido éxito, las tropas nazis habrían sufrido una derrota cuyas dimensiones superarían cualquier éxito estratégico de la Wehrmacht conseguido durante el primer año del conflicto bélico entra la Unión Soviética y la Alemania nazi.
Pero hacia el fin de noviembre el Gran Cuartel General de la URSS revisó sus planes y sustituyó a la operación ‘Gran Saturno’ por ‘Pequeño Saturno’. Se decidió definitivamente renunciar al ataque contra la ciudad de Rostov del Don después de que los alemanes emprendieran un intento de liberar a las tropas rodeadas.
Muchos historiadores consideran que la renuncia de la operación ‘Gran Saturno’ era el error más grave cometido en 1942, incluso imperdonable. Pero tales opiniones aparecieron ya después de la Segunda Guerra Mundial.
Mientras, en 1942, se apostó por ‘Pequeño Saturno’ por motivos muy claros. Hacia aquel momento, la guerra ya duraba un año y medio. Durante todo el tiempo desde el inicio del conflicto bélico, el enemigo demostraba un alto nivel de preparación y de la cultura de mando, al detener y aislar de manera regular a las tropas soviéticas que lanzaban ofensivas bien planeadas.
El mando soviético actuaba con prudencia, recordando el fracaso de las contraofensivas lanzadas por el Ejército Rojo en verano de 1941, la derrota de las unidades soviéticas cerca de la ciudad de Járkov (Ucrania) y del 2º Ejército soviético de choque en el Frente de Leningrado (actual San Petersburgo) en mayo de 1942.
Últimamente las tropas soviéticas habían sacado muchas lecciones también, pero en aquel momento no eran capaces todavía de planear operaciones ofensivas de muchas etapas, como lo hacían en 1944 y 1945.
Las unidades blindadas de la URSS no cobraron todavía aquella fuerza, como pasó hacia finales de la guerra. La historia de las misiones importantes de los legendarios tanques T-34 acababa de empezar.
En esta coyuntura, el éxito logrado por la URSS al cercar a las tropas alemanas en las proximidades de Stalingrado y al derrotar a las unidades de los aliados de Alemania en el Frente del Este parecía demasiado importante y permitía renunciar a la atrevida operación ‘Saturno’.
Los nazis no pudieron aprovechar los resultados de la batalla de Stalingrado, que acabó con la capitulación de los restos del Ejército alemán cercado, que tuvo lugar el 2 de febrero de 1943 sin la operación ‘Gran Saturno’.
Desde el verano de 1942, las pérdidas de la Wehrmacht y de las tropas de los aliados superaron  el millón de personas, lo que era casi dos veces más que las pérdidas de la URSS. Fracasó el plan de Hitler de aislar a la URSS de las fuentes del combustible y de la ruta del sur de suministro a la URSS por EEUU del equipo técnico, víveres y materias primas de importancia estratégica en el marco del programa del Préstamo y Arriendo.
Una vez cerrado el cerco alrededor de las unidades alemanas en las proximidades de Stalingrado, el Ejército nazi se vio obligado a retirarse de la región del Cáucaso, donde ya alcanzaron la Gran Cordillera del Cáucaso.
Ya se podía pronosticar con certeza quién lograría victoria en la Segunda Guerra Mundial. Sólo no estaba claro cuánto más duraría el conflicto y como serían su balance.