jueves, 22 de junio de 2017

La crisis actual en la mirada de Michal Kalecki, un precursor de Keynes

Mario Rapoport
Diario BAE
 Publicad el 24 de julio de 2009.

Como ocurre muchas veces en descubrimientos científicos o en inventos que se traducen en innovaciones tecnológicas significativas, en las ciencias económicas y sociales puede darse también el caso de la paternidad simultánea o casi simultánea de ideas que implican un punto de inflexión decisivo en la construcción teórica existente. Tal es el caso en los años ’30 de un profundo cambio en el pensamiento económico, que va a permitir comprender de una manera distinta la problemática de las crisis del capitalismo y de las políticas económicas necesarias para superarlas, creando a su vez los fundamentos de la macroeconomía.
Nos estamos refiriendo a dos autores: uno de ellos considerado el más grande economista del siglo XX, el británico John Maynard Keynes. El otro, mucho menos conocido, era un economista de origen polaco, Michal Kalecki. Se reconoce a este último el hecho de haber publicado tres años antes que viera a luz la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero de Keynes, un artículo en donde plantea conceptos y argumentos que anticipan los contenidos en ese libro. Posiblemente el escribir en polaco o el pertenecer a un país marginal en el escenario europeo contribuyó a que su pensamiento innovador no fuera apreciado en la época. Sin embargo, sus ideas sobre el ciclo económico en medio de la crisis mundial actual que ocasionó una caída sustancial en la inversión y una desocupación creciente en las economías más avanzadas, extendiendo sus efectos a todo el orbe, resultan muy oportunas.

Nacido en Lodz en junio de 1899, Kalecki tuvo una formación autodidacta influenciada por economistas críticos del sistema. De allí que los problemas de la acumulación capitalista y de los ciclos económicos, inspirados en los sistemas de reproducción marxistas, y la cuestión del grado de monopolización de la economía, constituyeron sus principales preocupaciones, aunque estudió una cuestión no contemplada por Marx: la subutilización de las capacidades de producción.

Por un lado, Kalecki, al igual que Schumpeter, pensaba que el desarrollo del capitalismo en el largo plazo dependía del dinamismo de las innovaciones, aunque a diferencia del economista austríaco sostenía que cuando ese dinamismo era insuficiente, el Estado debía satisfacer las necesidades de la demanda. Por otro lado, se anticipa a Keynes señalando que en épocas de crisis los sectores de más altos ingresos, la mayor parte de los cuales no veían afectados sus niveles de vida, debían gastar inmediatamente en consumo e inversión todos sus beneficios adicionales. Una manera de retornar al pleno empleo ante la disminución de la demanda de los trabajadores y del resto de la población afectada por la desocupación. Pero el consumo de esos sectores cambia muy poco a lo largo del ciclo económico y todo dependía de la inversión, que los empresarios retrasaban ante la caída de la rentabilidad y la acumulación de stocks. Surge así la demostración de que las crisis son un resultado del funcionamiento del propio capitalismo.

La solución estaba en la intervención del Estado, pero Kalecki advierte que esa intervención, incluso para salvar al sistema, no es necesariamente bien vista por sus presuntos beneficiarios. Esto se verificó en la práctica en la época del New Deal de Roosevelt, muchas de cuyas medidas de política económica fueron resistidas y hasta forzadas a ser abandonadas, como fue el caso de la Ley de Ajuste Agrícola o la Ley Nacional de Recuperación Industrial. Ambas apuntaban a la reactivación de dos sectores clave de la economía norteamericana y a paliar el problema de la desocupación, pero terminaron siendo derogadas por la Corte Suprema de los Estados Unidos, donde predominaban sectores conservadores adversos al gobierno.

Kalecki creía que aún en épocas de crisis los empresarios, y sobre todo las grandes corporaciones, tenían aversión a que el gobierno interfiriera en la actividad económica subsidiando bienes de consumo y servicios públicos que competían con el sector privado, y se oponían a las nacionalizaciones por lo que éstas significaban como un ejemplo negativo para el sistema. Como lo destaca en un artículo reciente Florencia Médici (“Un abordaje al ciclo económico de Kalecki desde la demanda semiautónoma”, Revista Circus, 2008), si bien las políticas gubernamentales de estímulo a la demanda destinadas a incentivar el empleo y la producción beneficiaban a los empresarios, éstos apreciaban más, en palabras de Kalecki “(...) la ‘disciplina de las fábricas’ y la ‘estabilidad política’ que las ganancias mismas”. Consideraban, en cambio, contra las ideas keynesianas y kaleckianas, que el desempleo era parte integrante de un régimen capitalista normal y que aunque el gobierno llevará adelante una política de gastos para recuperar la senda de crecimiento en una depresión, al alcanzar el auge debía volver a practicar políticas ortodoxas. Allí funcionaba la presión de los “líderes empresariales”, quienes tendían a conformar un “(...) bloque entre los intereses de las grandes corporaciones y de los rentistas, y es muy posible que encuentren a más de un economista dispuesto a declarar que la situación es manifiestamente enfermiza”.

El pensamiento de Kalecki puede aplicarse en este último punto a la coyuntura argentina actual. Después de varios años de crecimiento ininterrumpido, muchos sectores de poder económico se posicionan en contra del gobierno, que si bien posibilitó la recuperación de la economía y el empleo, incluyendo mayores ganancias para los sectores más concentrados, es criticado y jaqueado por intereses corporativos. Éstos argumentan un agotamiento del modelo de crecimiento y procuran volver a las reglas de juego existentes antes de la crisis de 2001-2002. También en los Estados Unidos la recuperación económica de posguerra hizo reaparecer el poder de las grandes corporaciones y dio lugar al renacimiento de sectores de derecha, que en medio de furibundas campañas anticomunistas pusieron en tela de juicio a muchos ex funcionarios de la administración Roosevelt, a quienes acusaron de izquierdistas e incluso llegaron a enjuiciar.

En lo que denominaba el ciclo económico de origen político, Kalecki pronosticaba que las grandes empresas y los rentistas siempre encontrarían defectos y contradicciones de todo tipo al intervencionismo de Estado. En particular, a que el gasto estatal se destinara a inversiones públicas y a una mejora en la distribución de los ingresos, actuando sobre la demanda efectiva con un alto contenido social. Para él, justamente, lo más importante en la intervención del gobierno frente a una crisis no era el salvataje de los bancos o empresas en quiebra sino la necesidad de subsidiar consumos de la población más desfavorecida. En cambio, los préstamos a los capitalistas para salvar el sistema no creaban necesariamente un mayor poder adquisitivo que permitiese relanzar la actividad económica. Avanzado para su tiempo, incluso con respecto a Keynes, aunque partiendo de premisas en muchos casos similares, Kalecki consideraba que la crisis era una oportunidad para conseguir, sin cambios revolucionarios, una organización económica y social más justa y equitativa.