viernes, 16 de junio de 2017

Informe sobre las victimas del bombardeo de junio de 1955. La Plaza de Mayo tuvo 308 muertos

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Cadáveres de civiles luego del atentado terrorista.
Martina Noailles
Nota publicada el 17 de junio de 2009
El Gobierno presentó los resultados de la investigación sobre el atentado contra el entonces presidente Juan Perón. Ubicó a Massera, Cacciatore y Suárez Mason como los responsables de la acción militar. La causa judicial sigue abierta.

ras cincuenta y cuatro años de silencio oficial, el Estado le puso número y nombre a los muertos del 16 de junio de 1955. Según pudo reconstruir una comisión creada por la Secretaría de Derechos Humanos, 308 personas fueron asesinadas bajo las bombas del frustrado golpe cívico militar contra el gobierno de Juan Perón. La investigación también puso el ojo sobre los culpables de aquella masacre que, aunque la Justicia ya la consideró delito de lesa humanidad, continúa impune. El juez Ariel Lijo está a cargo del caso.

En un sangriento anticipo de la dictadura de 1976, Eduardo Massera, Carlos Suárez Mason y Osvaldo Cacciatore conforman la extensa lista de militares responsables de la maniobra golpista. 

Mujer con la pierna destrozada por el ataque de los aviones
Hace dos años, el Archivo Nacional de la Memoria decidió llenar de información un agujero negro de la historia argentina. Si bien la fecha quedó registrada en la memoria como el prólogo de un derrocamiento que finalmente se concretó tres meses después, la cantidad de hombres, mujeres y niños asesinados por toneladas de explosivos siempre fue una incógnita. En realidad, se trató de “una decisión política aunque equivocada”, como la definió el secretario Eduardo Luis Duhalde. Después de leer extractos del informe preliminar, el funcionario consideró que en pos de “no exacerbar los ánimos, el gobierno peronista no dio el número oficial de muertos y heridos, lo que le terminó quitando dimensión al genocidio perpetrado”.

Los datos que conforman el rompecabezas de la investigación fueron tomados de registros de cementerios y hospitales, actas de defunción, relevamiento de fuentes documentales, archivos periodísticos y entrevistas. También, de las búsquedas que en todos estos años hicieron las propias víctimas y familiares como Daniela Marino, nieta de uno de los asesinados. “Mi abuelo trabajaba en la Aduana y como ese día dieron asueto, estaba yendo a tomarse el subte para volver a casa. Una bomba lo mató en la entrada”, relata la joven que decidió continuar con la investigación que inició su papá y que llegó a la Justicia cuando solicitó, sin éxito, formar parte de las reparaciones del Estado a las víctimas de la última dictadura.

En la conferencia de prensa en la que se dio a conocer el informe, Duhalde leyó uno a uno los nombres de los 308 muertos. Sentado en primera fila, Francisco Robledo escuchó en silencio. Minutos después, cuando le dieron el micrófono, este granadero que aquel mediodía defendió como conscripto la Casa de Gobierno, dejó una reflexión: “Después del bombardeo los pilotos se fugaron a Uruguay. Los aviones tenían que entrar a aquel país vacíos de municiones. En lugar de tirar sus explosivos sobre el Río de la Plata, regresaron a Plaza de Mayo y volvieron a tirar sus bombas sobre la gente”. 
El bombardeo del 16 de junio de 1955 regó la ciudad con más de diez toneladas de explosivos, la mitad de lo que utilizó la aviación alemana en el ataque a Guernica durante la Guerra Civil Española. El intento de golpe fue coordinado por oficiales y suboficiales de la Armada con el apoyo de un sector de la Aeronáutica. Su objetivo era matar a Perón. Los muertos fueron 308. 

Los militares y civiles detrás de la masacre

Milicianos y obreros peronistas
disparan contra el Ministerio de Marina
La investigación sobre el bombardeo del 16 de junio de 1955 no sólo echa luz sobre las víctimas. También hace hincapié en los militares y civiles que estuvieron detrás de la masacre. Muchos de ellos fueron partícipes de las distintas dictaduras que gobernaron el país años después. El informe subraya algunos ejemplos del continuismo golpista: “Los tres ayudantes del contraalmirante Aníbal Olivieri –uno de los jefes de la conspiración– eran los capitanes de fragata Eduardo Massera, Horacio Mayorga y Oscar Montes. El primero fue miembro de la junta militar de 1976; el segundo estuvo involucrado en la Masacre de Trelew y en la última dictadura, de la que Montes fue canciller”.

Los aviones que escaparon a Uruguay fueron recibidos, según la investigación, por el capitán Carlos Guillermo Suárez Mason, luego comandante del Primer Cuerpo de Ejército. Entre los pilotos también se repiten los nombres: Osvaldo Cacciatore (intendente porteño en la dictadura), Jorge Mones Ruiz (ex delegado de la SIDE en La Rioja) y Horacio Estrada (luego jefe de grupo de tareas de la ESMA).