domingo, 25 de junio de 2017

El "Grito de Alcorta"

Hubo una vez pequeños productores rurales…de los que ya no existen.


Eran los chacareros de origen criollo; mestizos descendientes de “indios amigos”; o los inmigrantes “rusos” formadores de incipientes cooperativas agrícolas.

Pobladores del litoral de Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires y La Pampa, que a principios del siglo XX vivían en permanente estado de precariedad obligados a trabajar en campos de los grandes terratenientes a cambio de pagar abusivos alquileres.

Estos arrendatarios, cualquiera fuera el esfuerzo que realizaran, eran irremediablemente los pobres del campo, hermanados en la miseria con el proletariado rural obligado a conchabarse en los grandes latifundios.

En la antitesis, la tradicional oligarquía argentina construía su base de poder político y económico gracias a la concentración de la gran propiedad y a coyuntura impuesta por los altos de precios que en el mercado mundial tenían las materias primas alimenticias.
 
Una combinación de sequías, la desaceleración del crecimiento primario exportador, junto con la evolución de la protesta social en las grandes ciudades, provocó en 1912 una rebelión de las clases no propietarias del campo.
 
El paro era el punto más alto de un conjunto amplio de protestas que había arrancado en Buenos Aires en 1907 con la huelga de los inquilinos, y el 1910 con las protestas de arrendatarios de origen judío -los colonos-, provenientes de Rusia, Alemania y Rumania.
 
El 25 de junio de 1912, en el municipio santafesino de Máximo Paz, cerca de Alcorta, comenzó una huelga masiva y organizada de los inquilinos del campo.

Al grito de “La tierra para quién la trabaja”, la primera huelga agraria de la Argentina reclamaba entre otros, la baja de los arrendamientos y la condonación de las deudas usurarias.

La anarquista Federación Obrera Regional Argentina (FORA), hizo causa común con los campesinos impulsando la protesta y la solidaridad en todo el país.
 
La férrea lucha logro temporariamente una rebaja en los arrendamientos y de las deudas que empobrecían a los chacareros, fueron en esas circunstancias que los campesinos dieron nacimiento a la Federación Agraria Argentina como intento organizativo para sostener las conquistas arrancadas a la oligarquía.

Sin embargo la revancha de los terratenientes llegaría tempranamente: los dirigentes de los huelguistas fueron salvaje y violentamente desalojados de las tierras que ocupaban; Francisco Netri, el abogado que valientemente los defendía, fue expulsado como docente de la Universidad y asesinado a mansalva en Rosario en 1916. Un año después caía muerto en Firmat el dirigente agrario Francisco Menna.
 
En 1919 el proletariado de Buenos Aires protagonizaba los movimientos huelguistas que desembocarían en la represión de la Semana Trágica, y tres años después, en 1921, en la Patagonia rebelde, los peones rurales de Santa Cruz eran cruelmente fusilados.
 
Casi un siglo después, los grandes medios pretenden falsamente caracterizar el look out patronal agrario como el nuevo Grito de Alcorta.

En idénticos términos se expresa públicamente la actual Federación Agraria Argentina, la es hoy decidida aliada, económica e ideológicamente, de los grandes terratenientes latifundistas de la Sociedad Rural, y cuyos asociados hace ya mucho tiempo que dejaron de ser arrendatarios para transformarse en prósperos rentistas.
 
Los pobres del campo en este siglo XXI siguen siendo los asalariados rurales y los marginados pueblos originarios, cuya problemática irresoluta se oculta prolijamente detrás de los reclamos impositivos y elitistas de los chacareros de las 4 x 4.
 
El presente nunca es igual al pasado, aunque pretendan artificiosamente que se le parezca.