domingo, 25 de junio de 2017

El Capital de Marx. Reflexiones desde América Latina

Marta Harnecker
Publicado el 23 de junio de 2017

¡Cuán diferentes sería la situación actual de América Latina si nuestros gobiernos progresistas [...] en lugar de resolver desde arriba los problemas más sentidos de la gente, la hubiesen convocado a participar en su solución!
Por desgracia, muchas veces ha primado una visión tecnocrática: si los cuadros tienen ideas claras y acertadas, para qué perder tiempo en discutir con la gente, lo que importa es presentar soluciones rápidas. Nunca se han preguntado acerca de cuál podría ser el resultado subjetivo, humano, de las políticas implementadas. Tarde se han dado cuenta que sin esa participación muchas medidas no han logrado la eficacia esperada y, lo que es peor, no han preparado a su pueblos para defender lo conquistado.
Para concluir [...] el propósito de Marx en El capital fue exponer extensamente la lógica con la que funciona el modo capitalista de la producción. Lo hizo después de dedicarse muchos años para investigar qué estaba ocurriendo en los países capitalistas más avanzados de su época. Pero, como sabemos, él reconoció que existía una diferencia entre la vía europeo occidental y la vía rusa. Nuestro propósito, como militantes revolucionarios latinoamericanos debería ser diferente. Deberíamos ser capaces de desarrollar una vía latinoamericana para la construcción del socialismo buscando soluciones sin las anteojeras del marxismo dogmático.
Aunque los objetivos que nos proponemos alcanzar son idénticos a los que expone Marx muy brevemente en El capital, especialmente aquel que se refiere a la búsqueda del pleno desarrollo humano; se trata, sin duda, de una vía original. Estamos obligados a “inventar para no cometer los errores" –como decía Simón Rodríguez—. Sin embargo, para poder desarrollar una base económica sólida que permita ese pleno desarrollo humano, no podemos dejar de tener en cuenta la lógica del modo capitalista de la producción descrita por Marx en su obra maestra y sus efectos en el mundo actual. 


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1. Hace 150 años Marx publicó su primer tomo de El capital: un esfuerzo intelectual de gran envergadura para revelar la lógica con la que funciona el modo de producción capitalista y dotar a los trabajadores de su época de los instrumentos teóricos para su liberación. Al revelar la lógica del sistema fue capaz de prever con gran anticipación mucho de lo que actualmente está ocurriendo en el mundo en el plano económico. Pero, evidentemente no podemos aplicar mecánicamente lo expuesto en El capital a la realidad actual de AL.
2. Como explica Marx en el prólogo a su primera edición, la meta que se propuso en su obra maestra no fue estudiar una formación social concreta. Inglaterra sólo fue tomada como ejemplo ilustrativo, no como objeto de investigación, y lo fue por ser la expresión concreta más avanzada del modo de producción capitalista.
3. Su encomiable esfuerzo intelectual se orientó al estudio “del modo de producción capitalista y las relaciones de producción e intercambio a él correspondientes” [1] buscando “sacar a la luz la ley económica que rige el movimiento de la sociedad moderna” sin detenerse en el estudio de “los antagonismos sociales que resulta de la aplicación de [esa ley]” [2] .
4. No tenemos entonces que confundir el estudio del modo de producción capitalista: un objeto teórico abstracto, con el estudio de formaciones sociales concreta históricamente determinadas y el estudio de la lucha de clases que en ellas se da. No tener en cuenta estos diferentes niveles de abstracción y aplicar mecánicamente ciertos conceptos de Marx como si la realidad no hubiese cambiado en estos 150 años, llevó a muchos de nuestros intelectuales y cuadros políticos marxistas latinoamericanos a encasillar nuestra realidad en las nociones clásicas, incapacitándolos para comprender los nuevos fenómenos que estaban ocurriendo en nuestra región que escapaban a esos parámetros.
5. Exponer esos nuevos fenómenos y realizar algunas reflexiones de lo que está ocurriendo en nuestra región en las últimas décadas, viendo en qué se aproximan y en que se distancian de lo planteado por Marx en El capital, es el objeto de esta ponencia. [3]
6. Hoy, cuando el neoliberalismo recibe un creciente rechazo en el mundo, debemos recordar que fue América Latina el primer escenario donde se implantaron las políticas neoliberales y que Chile, mi país, sirvió de ensayo, antes que el gobierno de la primera ministra Margaret Thatcher las aplicara en el Reino Unido. Pero también fue la primera región del mundo, después del derrumbe del socialismo en Europa del Este y la URSS, en producir un proceso de rechazo a esas políticas, que sólo sirvieron para aumentar la pobreza, incrementar las desigualdades sociales, destruir el medioambiente y debilitar a los movimientos obreros y populares en general.
7. Creo que nuestra situación en la década de los 80 y 90 puede compararse en ciertos aspectos a la vivida por la Rusia prerrevolucionaria de comienzos del siglo XX. Lo que fue para ella la guerra imperialista y sus horrores ha sido para nosotros el neoliberalismo y sus horrores. En estas circunstancias varios de nuestros pueblos dijeron “basta” y echaron “a andar”, resistiendo primero y, luego, pasando a la ofensiva, fruto de lo cual empiezan a triunfar candidatos en nuestra región presidenciales de izquierda o centro izquierda que levantan programas antineoliberales.
8. No fueron, sin embargo, partidos políticos de izquierda sino movimientos sociales los que, de maneras muy diferentes de un país a otro, estuvieron a la vanguardia de la lucha contra el neoliberalismo, destacándose muy especialmente los movimientos campesinos e indígenas. Dada la profundidad de la crisis vivida por nuestra región estos movimientos sociales dejan de ocuparse de los temas puntuales que los afectan y pasan a preocuparse de temas nacionales. Esto no solo enriquece sus luchas y sus demandas sino que, además, les permite aglutinar en torno a ellas a los más diversos sectores sociales.
9. El gran ausente del escenario político latinoamericano, salvo muy raras excepciones, ha sido el movimiento obrero tradicional
10. En gran medida esto se debe a que ha sido muy golpeado por la aplicación de medidas económica neoliberales como la flexibilización laboral y la subcontratación y su estrategia de fragmentación social que ha logrado dividirlo internamente, [4] sin dejar de reconocer que ha ello han contribuido también las diferencias ideológicas, personalismos, caudillismos de sus dirigentes.
11. Otra forma de debilitar a la clase obrera ha sido la promoción de la cultura consumista. Convirtiendo lo superfluo en necesidad [5] —algo intrínseco al desarrollo capitalista como lo señala Marx en El capital— y facilitando el acceso a los nuevos bienes mediante la expansión del uso de las tarjetas de crédito, se ha creado un nuevo mecanismo de domesticación. [6]
12. Como dice Tomás Moulián, sociólogo chileno, el endeudamiento agudiza el pánico a perder el empleo y es un “factor importante de desmovilización social.” [7]
13. El acento puesto en forma acrítica en la clase obrera industrial nos condujo a los marxistas a no tener en cuenta las especificidades de nuestro sujeto social revolucionario ignorando las reflexiones que habían realizado al respecto pensadores latinoamericanos como Mariátegui y Haya de la Torre. Durante muchos años no fuimos capaces de percibir el papel que podían jugar los cristianos y los indígenas en nuestras revoluciones.
14. Aplicamos en forma muy mecánica las categorías de clases empleadas por Marx en El capital a nuestra realidad. No conocíamos entonces sus análisis posteriores acerca de la situación rusa donde él constató el carácter minoritario de la clase obrera industrial y el papel destacado que podía jugar el campesinado. [8]
15. Fue un comandante de la guerrilla salvadoreña, Jorge Schafik Handal, secretario general del Partido Comunista de ese país, el primero en insistir en los 80, en que el nuevo sujeto revolucionario latinoamericano no podía ser sólo la clase obrera, que en América Latina habían surgido nuevos sujetos sociales revolucionarios.
16. Todos sabemos que el mapa de América Latina empezó a cambiar radicalmente a partir 1998, cuando Hugo Chávez fue electo presidente en Venezuela. En pocos años fueron electos candidatos progresistas o de izquierda en la mayoría de los países de la región.
17. Estos gobiernos, a pesar de ser muy diferentes unos de otros, tienen al menos cuatro coincidencias programáticas: la lucha por la igualdad social, la democratización política, la soberanía nacional y la integración regional.
18. Se creó así nueva correlación de fuerzas que hizo que los Estados Unidos no pudiese maniobrar con completa libertad como lo hacía anteriormente.
18. Pero, como era de esperar, nunca cesaron sus intentos por detener el avance de nuestros pueblos, intentos que han logrado algunos éxitos temporales importantes en estos últimos años. Aprovechándose de las grandes dificultades económicas producidas por la crisis mundial del capitalismo y la baja de los precios de las materias primas: se logró instalar a gobernantes ultra neoliberales en Argentina y Brasil y se está bloqueando el avance de la revolución bolivariana.
20. Sin duda que la actual correlación de fuerzas no es tan favorable como lo era en años anteriores.
21. Exceptuando a Cuba —que más de medio siglo atrás eligió su camino al socialismo— hoy nos encontramos en nuestra región con un grupo de gobiernos de significativo peso económico y político que adhieren abiertamente al neoliberalismo (entre ellos, Brasil, Argentina, México. Colombia); otro grupo que , sin romper con las políticas neoliberales, pone énfasis en lo social (Uruguay, El Salvador); y otro grupo que está tratando de romper con las políticas neoliberales e intenta instaurar un modelo alternativo apoyándose en sus pueblos (Venezuela, Bolivia, Ecuador).

22. Chávez fue el primero que tuvo la audacia de incursionar por este último camino y para denominarlo decidió utilizar la palabra socialismo a pesar de la carga negativa que ella tenía en ese momento, pero lo hizo agregándole una calificación. Especificó que se trataba del socialismo del siglo XXI diferenciándolo así del socialismo soviético del siglo XX, y explicó que no se trataba de “caer en los errores del pasado”: en esa “desviación estalinista” que burocratizó al partido y terminó por eliminar el protagonismo popular.
23. La necesidad del protagonismo popular era una de sus obsesiones y es el elemento que lo distancia de otras propuestas de socialismo donde el Estado es el que resuelve los problemas y el pueblo se limita a recibir los beneficios como una dádiva.
24. El dirigente bolivariano estaba convencido de que el socialismo no se podía decretar desde arriba, que había que construirlo con la gente. Y entendía, además, coincidiendo con Marx, que es a través de la participación protagónica como las personas crecen, ganan en auto confianza, es decir, se desarrollan humanamente y construyen una nueva vida.
25. Siempre recuerdo el primer programa Aló Presidente de carácter más teórico, del 11 de junio de 2009, cuando Chávez citó extensamente la carta que Pedro Kropotkin —el anarquista ruso— escribió a Lenin el 4 de marzo de 1920:


Chávez acuña el término socialismo del siglo XXI
26. Podemos decir, sin duda, que el presidente Chávez fue quien acuñó el término socialismo del siglo XXI. Y decimos lo que acuñó porque ya algunos autores lo habían empleado años antes como, por ejemplo, el sociólogo chileno Tomás Moulián en su libro: “El socialismo del siglo XXI. La quinta vía” publicado en Chile en el año 2000 [10] .
27. Consciente de la carga negativa que tenía la palabra, se dedicó desde entonces a explicar a su pueblo, en sus numerosas intervenciones públicas, todos los beneficios que podía traer la nueva sociedad en contraste con la situación que había creado El capitalismo. Fue tan exitoso su esfuerzo pedagógico que —según encuestas realizadas antes de su muerte— ya más de la mitad de la población venezolana prefiere el socialismo al capitalismo.
28. Cuando usamos el término socialismo del siglo XXI estamos pensando en una sociedad humanista y solidaria, con pleno protagonismo popular. Una sociedad que ponga en práctica un modelo de desarrollo ecológicamente sostenible, que satisfaga de forma equitativa las verdaderas necesidades de la población y no las necesidades artificiales creadas por El capitalismo en su loca carrera por obtener más ganancias. Una sociedad en la que quien decida qué, cuánto y cómo producir sea el pueblo organizado.
29. Como veremos más adelante, muchas de estas ideas recuperar el pensamiento original de Marx, sintéticamente expresado en algunas líneas de El capital y expandido en obras posteriores.
30. Pero el líder venezolano no era un iluso —como algunos podrían pensar—, sabía que para materializar ese proyecto de sociedad tendría que enfrentar a fuerzas enormemente poderosas. Pero ser realista no significó para él caer en la visión conservadora de la política concebida como el arte de lo posible. Para Chávez el arte de la política era hacer posible lo imposible, no por simple voluntarismo sino porque, partiendo de la realidad existente había que empeñarse en crear las condiciones para que ésta cambiara. El entendió muy bien que para hacer posible en el futuro lo que en ese momento aparecía como imposible, era necesario cambiar la correlación de fuerzas tanto en el plano interno de su país como en el terreno internacional. Y durante todo su gobierno trabajó en forma magistral para lograrlo, entendiendo que para construir fuerza política no bastan los acuerdos de cúpula sino que lo principal es construir fuerza social.
31. Vislumbró muy bien que una sociedad alternativa al capitalismo implicaba, al mismo tiempo, una globalización alternativa a la globalización neoliberal. Nunca pretendió intentar construir el socialismo en un solo país. Tuvo completa lucidez de que esto no era posible y por eso es que se preocupó con tanto ahínco en crear una correlación de fuerzas a nivel de la región y a nivel mundial que facilitara su construcción.

32. La interpretación más difundida del marxismo antes de la revolución rusa sostenía que el socialismo debía empezar en los países más avanzados, donde el propio capitalismo había creado las condiciones materiales y culturales para ello, como lo planteaba el propio Marx en El capital: concentración cada vez mayor de El capital en pocas manos que contrasta con una cada vez mayor “socialización del trabajo”, gran desarrollo de las fuerzas productivas, “aplicación tecnológica consciente de la ciencia, explotación colectiva planificada de la tierra”, “entrelazamiento de todos los pueblos en la red del mercado mundial, y con ello el carácter internacional del régimen capitalista”, “una clase [obrera] cuyo número aumenta de manera constante y que es disciplinada, unida organizada por el mecanismo mismo del proceso capitalista de producción”, una exacerbación de la contradicción fuerzas productivas/relaciones de producción, el trabajo realizado en forma colectiva [11] .
33. Esta situación debería conducir según Marx a una toma revolucionaria del poder del estado, condición sine qua non para hacer posible la expropiación de los expropiadores llegándose a una forma de “cooperación de trabajadores libres y su propiedad colectiva sobre la tierra y los medios de producción producidos pro el trabajo mismo. [12]
34. Esta idea de la transición que nunca se dio ha sido un argumento usado en contra de Marx, pero ello sólo refleja que quienes lo han enarbolado no conocían sus textos tardíos dónde el pensador alemán modifica su visión inicial, insistiendo más en las condiciones políticas de las revoluciones que en sus condiciones económicas.
35. En 1877, en una carta a Sorge [13] vislumbra que “el tiempo de la revolución” podría empezar “esta vez en el Este” dado que todo parecía indicar que iba a estallar la guerra ruso‑turca, y era previsible que el gobierno ruso saliera derrotado, lo que tendría graves consecuencias económicas y políticas que afectarían la estabilidad de dicho país.
36. Y Marx no sólo veía la posibilidad de la revolución en un país atrasado, sino también la posibilidad de que a partir de la tradición de propiedad colectiva en el agro ruso, se pudiese transitar desde la comuna hacia el socialismo sin tener que pasar por la experiencia de la agricultura capitalista. [14]
37. La historia demostró que Marx tenía razón. El socialismo no empezó a construirse en los países de capitalismo avanzado y con una clase obrera industrial numerosa y experimentada, sino en países de incipiente desarrollo capitalista, de población predominantemente campesina, y con una clase obrera minoritaria.
38. ¿Por qué ocurrió esto así? Porque las condiciones políticas se adelantaron a las condiciones económicas.
39. El estallido revolucionario ruso en febrero de 1917 fue considerado por Lenin como la primera etapa de la primera de las revoluciones proletarias engendradas por la guerra [15] .” Según él, fueron los horrores de la guerra imperialista y la enorme ruina en que estaba Rusia, las causas que engendraron la insurrección proletaria rusa y que exigían dar “pasos prácticamente maduros hacia el socialismo” [16] .
40. Y, como ya decíamos, algo semejante ocurrió en América Latina.
La vía institucional al socialismo : Una transición difícil
41. En nuestro caso el proceso de transición se da en condiciones sociales muy diferentes a las imaginadas por Marx en El capital y —aunque con algunas semejanzas— también muy diferente a las de la revolución rusa.
42. Chávez percibió tempranamente las particularidades de este proceso de transición que se iniciaba en su país y que sería el precursor de procesos semejantes en otros países de América Latina, entre ellas que —como sólo se había conquistado el gobierno y no todo el poder del estado, ese tránsito debía empezar a realizarse a partir de un aparato de Estado heredado cuyas características eran funcionales al sistema capitalista, pero no lo eran para avanzar hacia el socialismo.
43. Sin embargo, contra el dogmatismo teórico de algunos sectores de la izquierda radical, que negaban toda posibilidad de avanzar a partir de las condiciones señaladas anteriormente, la práctica ha demostrado que se puede utilizar este aparato como un instrumento que facilite la construcción de la nueva sociedad.
44. Pero esto sólo es posible si se cumplen dos condiciones, la primera: que las instituciones estatales estén dirigidas por cuadros revolucionarios dispuestos a ir adoptando medidas que permitan ir transformándolas y, la segunda: que exista un pueblo organizado capaz de controlar su quehacer y presionar por esa transformación.
45. Pero debemos aclarar que ello no significa que el gobierno deba limitarse exclusivamente a usar el aparato heredado, es necesario que vaya simultáneamente construyendo los cimientos de la nueva institucionalidad y del nuevo sistema político
46. Y un primer paso para ello es el cambio de las reglas del juego institucional. De ahí la importancia de los procesos constituyentes que tuvieron lugar en Venezuela, Ecuador y Bolivia que plasmaron esas reglas en nuevas constituciones.
47. Pero, aunque no creemos que se pueda avanzar hacia el socialismo por la vía pacífica o institucional sin pasar por un proceso constituyente, este tema no debe ser abordado en forma voluntarista. Sólo tiene sentido impulsar procesos de este tipo cuando las fuerzas revolucionarias estiman que se puede lograr una correlación de fuerzas electoral que permita que el proceso constituyente conduzca hacia los cambios que se necesita realizar. No tiene sentido impulsarlo si se va a terminar aprobando reglas del juego institucional que frenen los cambios.
48. Fue justamente por eso que la Unidad Popular en Chile no se decidió a convocar a una asamblea constituyente: no tenía certeza de ganarla. Pero a mí me surge una duda: ¿qué hubiera pasado si hubiésemos tensionado nuestras fuerzas y si hubiésemos trabajado casa a casa con ese tema? Aquí es importante recordar que cuando la oposición plantea la revocación de mandato de Chávez, las encuestas le eran desfavorables, se corría el riesgo de que triunfara el SI opositor, pero él decidió aceptar el desafío y se puso en campaña para construir la correlación de fuerzas que luego le permitió ganar.
49. Y por eso me pregunto, ¿hasta dónde el generalizado malestar de los chilenos frente a la actual institucionalidad —que tan brillantemente la juventud de mi país ha sabido develar con sus luchas— puede traducirse en una exigencia de una asamblea constituyente a la que ningún político ni legalidad alguna puedan oponerse, si a partir de ese malestar se logra realizar un trabajo de concientización casa por casa, aula por aula, centro de trabajo por centro de trabajo, en torno a ese tema?
50. Además de cambiar las reglas del juego institucional, es necesario buscar caminos inéditos para lidiar con el aparato burocrático heredado. Fue así como el gobierno revolucionario bolivariano, para poder atender a los sectores más abandonados, decidió crear instituciones que pusiesen en marcha programas fuera de ese aparato. Ese es el sentido de las diferentes misiones sociales que se crearon en el país para atender problemas de Salud, Educación, distribución de productos esenciales a más bajos precios, etcétera.
51. Por ejemplo, el aparato burocrático del Ministerio de Salud que entonces existía no era capaz de atender a la población más humilde que vivía en zonas alejadas o de acceso intrincado: los cerros de Caracas, los barrios populares de distintas grandes ciudades, los caserío.
52. ¿De dónde provenía esa incapacidad?
53. Por una parte, del hecho que el personal médico adscrito al sistema no tenía disposición para ir a esos lugares, su objetivo era ganar dinero, la mayoría no tenía realmente vocación de servicio. Por otra parte, no estaban preparados para dar ese tipo de atención, dado que su formación era fundamentalmente como especialista y no de médicos integral (médico de familia), que es lo que se requiere para ese tipo de atención (medicina preventiva).
54. Para superar estas debilidades del aparato de Salud heredado el gobierno de Chávez decidió crear la misión Barrio Adentro instalando consultorios médicos en cerros, barrios y caseríos, y, mientras se formaba a una nueva generación de médicos venezolanos para cubrir esas demandas, decidió solicitar la colaboración de médicos cubanos. El positivo resultado y la excelente acogida que ha tenido esta misión en el pueblo venezolano, ha hecho que hoy la oposición esté diciendo en sus campañas electorales que la mantendrá, pero que la hará mucho más eficiente.
55. Pero desde el gobierno, no sólo se pueden crear nuevas instituciones más aptas para las nuevas tareas, sino que también se puede y se debe ir transformando las instituciones heredadas como las Fuerzas Armadas.
56. Y un factor que ayuda enormemente en este sentido es contar con una nueva constitución que plasme en sus diversos artículos una nueva manera de ordenar la sociedad: un orden no al servicio de una élite sino de la mayoría del pueblo, donde las riquezas naturales en manos de empresas transnacionales vuelvan a manos de nuestros estados; que oriente construir estados independientes y soberanos, y donde se propicien diferentes formas de protagonismo popular. Y como una de las funciones de las Fuerzas Armadas es defender el orden de su país, al defender este nuevo orden, estarán, entonces, defendiendo el nuevo proyecto de sociedad y los intereses de la inmensa mayoría de la población.
57. Esto fue lo que ocurrió en Venezuela. La nueva Constitución se transformó en el gran aliado del proceso, porque la defensa de la Constitución no significa otra cosa que la defensa de los cambios iniciado por el gobierno de Chávez. Fue esa Constitución la que permitió en el 2001 que la mayor parte de los militares venezolanos se declarase en rebeldía y no obedeciese las órdenes de los altos mandos golpista que buscaban derrocar al presidente.
58. Por razones de tiempo no puedo exponer una serie de otras medidas que pueden ayudar a la transformación de tan importante institución del estado.

59. Estos gobiernos pueden ir aplicando una estrategia coherente para ir cambiando las relaciones de producción materializando la idea de Marx de que los productores de la riqueza social sean quienes deben tomar en sus manos los destinos de ésta.
60. Pero ¿qué entender por riqueza social? [17] Según Marx, sólo hay dos fuentes de la riqueza social: la naturaleza y el trabajo humano, siendo éste el factor más decisivo ya que sin su intervención la riqueza potencial contenida en la naturaleza nunca lograría transformarse en riqueza real. [18]
61. Marx nos advierte que además del trabajo humano actual (trabajo vivo) hay que considerar el trabajo pasado, aquel incorporado en las herramientas, máquinas, mejoras hechas a la tierra y, por supuesto, los descubrimientos intelectuales y científicos que aumentan sustancialmente la productividad social. Todos estos elementos son una herencia social, una riqueza del pueblo, que se transmite de generación en generación.
62. Pero, ¿a quién pertenece esta riqueza o patrimonio social? El capitalismo, gracias a todo un proceso de mistificación, nos ha convencido de que los dueños de esa riqueza son los capitalistas. El socialismo, en cambio, parte por reconocer que esos bienes, en los que está incorporado el trabajo de generaciones, no pueden pertenecer a personas específicas, ni a países específicos, que son una herencia social que debe ser usada en interés de la sociedad en su conjunto y no para servir a intereses privados.
63. La cuestión es ¿cómo asegurar que esto ocurra? La única forma de hacerlo es desprivatizando estos medios y transformándolos en propiedad social.
64. Pero, propiedad social no es lo mismo que propiedad estatal. El paso a manos del estado de los principales medios de producción muchas veces sólo ha significado un cambio jurídico de propietario, pero el proceso de laboral ha sufrido muy pocas variaciones. Ha continuado la supeditación de los trabajadores a una fuerza externa: la nueva gerencia ahora socialista. Se trata de una propiedad formalmente colectiva, porque el Estado representa a la sociedad, pero la apropiación real todavía no es colectiva.
65. Por eso Engels sostiene:


67. Estos planteamientos de Marx y Engels fueron interpretado en los socialismos del siglo XX como la necesidad de que una autoridad central que debía fijar las metas y los medios para alcanzarlas, coordinando desde arriba todos los esfuerzos por construir la nueva sociedad. Esto derivó en una planificación burocrática que solía no tener en cuenta las necesidades de la gente.
68. El proceso de planificación en el socialismo del siglo XXI debe tener un enfoque muy diferente. Debe ser un proceso eminentemente participativo, en que sea la propia gente la en sus lugares de habitación y en sus lugares de trabajo lleve adelante el proceso.
69. Y es aquí donde me parece importante el aporte del economista inglés, Pat Devine. El distingue distintos niveles de participación en relación con los distintos niveles de propiedad social existentes, cada uno de los cuales estaría definido por “los grupos que se ven afectados por las decisiones que se toman sobre las cosas que se poseen, en proporción al grado en que son afectados.” [21]
70. De acuerdo a esta lógica, una panadería que produce pan y dulces para una determinada área geográfica —una aldea rural, por ejemplo—, cuyos trabajadores viven en dicha aldea y cuya materia prima proviene de agricultores de dicho territorio, debería ser de propiedad de esa aldea. No tiene ningún sentido que sea propiedad de la nación.
71. En cambio, en el caso de una empresa estratégica como la del petróleo, sería un absurdo que el colectivo de trabajadores petroleros se atribuya la propiedad de esa riqueza que pertenecen a todos los habitantes del país (¿o de la humanidad?). El excedente que allí se produce no puede ser destinado únicamente a mejorar las condiciones de vida de sus trabajadores, sino que debe ser destinado también a nuevas inversiones en la empresa, a apoyar el desarrollo de las comunidades aledañas, y, al ser una riqueza de toda la nación, una parte significativa de esos excedentes debe ser aportada al presupuesto nacional. La propiedad jurídica de esta empresa debería estar en manos del Estado en representación de la nación, el control del proceso de producción debería estar en manos de los trabajadores de la empresa, pero el destino de los frutos obtenidos en el proceso de producción —una vez descontado lo que debe ir a inversiones necesarias para la reproducción del proceso productivo y a retribución por el trabajo— deberían ser definidos por toda la sociedad.
72. Comparto con Pat Devine la idea de que los actores del proceso de planificación participativa deben variar de acuerdo a los distintos niveles de propiedad. En el caso de la panadería, quienes se deberán pronunciar acerca de cuánto producir, con qué materia prima, con qué calidad, con qué variedad, a qué hora debe estar listo el producto, cómo distribuirlo, cuánto invertir en el mantenimiento o ampliación de la empresa, etcétera, deberán ser las personas que producen la materia prima empleada, las que trabajan en la panadería y las que consumen el pan y los dulces en dicha aldea.
73. Si bien los trabajadores petroleros deben de dicha entidad deberán participar en la gestión del proceso de producción de su empresa, en las decisiones en lo que se refiere a reinversión, ampliación de las inversiones, comercialización, y uso social del resto del excedente, deberá participar toda la sociedad a través de sus diferentes representantes o voceras y voceros.
74. Estamos convencidos de que el instrumento que permite que la propiedad que ha pasado jurídicamente a manos del estado —y que es una de las características centrales del socialismo— se transforme una propiedad realmente social, es el proceso de planificación participativa, cuyas modalidades dependerán del nivel de propiedad social de que se trate.
Estrategia para ir cambiando las relaciones de producción
75. Si tenemos claro que cambiar las relaciones de producción no significa sólo pasar a manos del estado las empresas, que no se trata simplemente de un cambio jurídico, de traspasar la propiedad a otros dueños, en este caso el estado popular, entenderemos que no se trata de una tarea fácil. Cambiar las relaciones de producción significa cambiar actitudes e ideas.” [22] y estos cambios no pueden ser realizados de un día para otro. Se trata de un proceso complejo que requiere tiempo.
76. Es necesario, por lo tanto, elaborar una estrategia coherente para ir transformando las relaciones de producción existentes en las nuevas relaciones que caracterizan al socialismo del siglo XXI. Los pasos y la rapidez con la que éstos pueden implementarse dependen del punto de partida y de la correlación de fuerzas con la que se cuente.
77. Aclarando esto, sintetizo aquí los pasos que —según Michael Lebowitz— sería necesario dar en el caso de las empresas de propiedad estatal, en el caso de las cooperativas y en el caso de las empresas capitalistas.
78. Sin lugar a duda, la transición más fácil es la que se puede emprender dentro de las empresas estatales, ya que éstas son formalmente propiedad de la sociedad en general y tiene como directiva explícita actuar en función de los intereses de esa misma sociedad.

79. En estas empresas se podría ir avanzando de la propiedad formal a la apropiación real mediante: 
a) la creación en ellas de consejos de los trabajadores que permitan la participación de los trabajadores en la gestión de la empresa;
b) la orientación de su producción a satisfacer las necesidades de las comunidades; 
c) la apertura de libros y la total transparencia que nos permite a los trabajadores la contraloría social y combatir el despilfarro, la corrupción y el interés burocrático;
d) la elección de gerentes que compartan esta a visión y que cuenten con la confianza los trabajadores;
e) el logro en ellas de una eficiencia de nuevo tipo, que al mismo tiempo que mejore su productividad, permita un cada vez mayor desarrollo humano de sus trabajadores (la puesta en práctica en ellas de una jornada laboral que incluya formación de los trabajadores para que su participación en la gestión sea realmente efectiva y no puramente formal) y que respete el medio ambiente.

80. Según Michael Lebowitz es posible que empresas específicas que se guían por este tipo de políticas sociales puedan ser inicialmente ‘no rentables’, pero como se trata de políticas que pueden ser consideradas como una inversión social, toda la sociedad debería solventar su costo.
81. Es necesario estimular a las cooperativas a superar su orientación estrecha hacia el sólo interés del grupo de cooperativistas. ¿Cómo lograr esto? Una forma de hacerlo es ir desarrollando vínculos orgánicos con el resto de la sociedad.

82. Para ello es importante estimular:
a) el establecimiento de vínculos entre cooperativas para que éstos lleven a establecer relaciones de cooperación entre ellas en lugar de relaciones de competencia. En algunos casos se podría intentar integrar sus actividades directamente sin que éstas estén separadas por las operaciones mercantiles.
b) Pero también es muy importante establecer vínculos entre cooperativas y las comunidades. Esta es la mejor forma de irse apartando de los intereses particulares de cada cooperativa y enfocarse en los intereses y necesidades de la gente.

83. Se podría ir transformando gradualmente las empresas capitalistas buscando diversas fórmulas para que la actividad económica de éstas se subordine a los intereses del plan económico nacional. Esto es lo que Michael Lebowitz ha llamado: la “condicionalidad socialista”.

84. Entre estas medidas podrían figurar:
(a) la exigencia de transparencia, de libros abiertos para hacer posible la inspección de los trabajadores y las comunidades;
(b) la utilización de un sistema de precios e impuestos que las obligue a transferir parte de sus excedentes a otros sectores de la economía permitiendo la creación de nuevas empresas o a mejorar los servicios sociales para la población;
(c) el uso de la competencia con empresas estatales o cooperativas subvencionadas para obligarlas a bajar sus precios y reducir el monto de sus ganancias;
(d) la utilización de directivas gubernamentales que exijan que las empresas transformen la jornada laboral para que incluya la formación y formas específicas de participación de los trabajadores en la toma de decisiones respecto a la marcha de la empresa.

85. Pero, ¿por qué las empresas capitalistas aceptarían tales imposiciones si pueden trasladarse a otros lugares en el mundo donde estos costos no existen? Podrían estar dispuestas a hacerlo si en sus dueños primara la conciencia patriótica, y si el gobierno revolucionario premiara su actitud de colaboración en el plan de desarrollo nacional facilitándoles el acceso al crédito de los bancos estatales y asegurando la compra de sus productos a precios convenientes. O sea, el Estado puede utilizar su poder para cambiar las reglas del juego bajo las cuales sería posible la supervivencia de las empresas capitalistas.
86. Pero, si el objetivo del gobierno revolucionario es ir avanzando hacia una sociedad sin explotadores y explotados, ¿por qué, entonces, realizar una estrategia para incorporar a las empresas capitalistas al plan nacional si éstas siguen explotando a los trabajadores?
87. La razón es muy sencilla: porque el Estado no es capaz, de un día para otro, de asumir la gestión de todas esas empresas: no tiene ni los recursos económicos, ni la experiencia empresarial requeridas. Jamás debemos perder de vista, sin embargo, que las empresas capitalistas puestas en esta situación van a intentar, constantemente, reducir el peso de dicha “condicionalidad socialista”. A su vez, el gobierno revolucionario, con la cooperación de los trabajadores y las comunidades, va a tratar de introducir más y más características socialistas en esas empresas. Existirá, por lo tanto, un proceso de lucha de clases en el que unos intentarán recuperar el terreno perdido volviendo al pasado capitalista y otros avanzar en la sustitución de la lógica dEl capital por una lógica humanista y solidaria que permita a todos los seres humanos su pleno desarrollo.
88. En general, de lo que se trata es de ir avanzando hacia una propiedad cada vez más social de los medios de producción, sin negar el papel que puede jugar la pequeña propiedad privada.
89. Otra de las grandes tareas que tienen nuestros gobiernos es la de poner en práctica un modelo de desarrollo económico que no se base en la explotación indiscriminada de los recursos naturales como lo señala Marx en el El capital [23] , sino que vaya restableciendo gradualmente ese necesario metabolismo entre los seres humanos y la naturaleza.
90. Esta es una tarea nada fácil. El gran dilema que tienen por delante es cómo sacar a sus pueblos de la pobreza y responder a sus necesidades básicas por siglos postergadas, y hacerlo respetando a la naturaleza. Pretender un “crecimiento cero”, como algunos proponen, para evitar el consumo de energía contaminante y sus consecuencias degradantes del medio ambiente, significaría congelar las actuales desigualdades existentes entre los países ricos y los países pobres. Es muy fácil pedir a los otros que no crezcan cuando se tienen satisfechas las necesidades propias.
91. Consideramos que para que pueda darse un debate fructífero sobre este tema se debería partir por aceptar dos hechos: el primero, que el ser humano siempre ha tenido que extraer y que tendrá que seguir haciéndolo. El problema no es extraer o no extraer, sino cómo extraer para mantener un necesario equilibrio en lo que Marx denominó el “metabolismo entre el hombre y la naturaleza”. Los primeros habitantes del planeta extraían frutos de los árboles, peces de los mares, etcétera, pero en esos tiempos y en siglos posteriores se extraía de la naturaleza pero, por lo general, de alguna manera, lo que se extraía regresaba a ella, manteniéndose un sano metabolismo. El afán de lucro inherente al modo de producción capitalista lo lleva, en cambio, a explotar al máxima a la naturaleza sin importarle los efectos que sobre ella tenga su actividad extractiva, destruyendo así el sano metabolismo que antes existía. Cada vez se extrae más y se empiezan a agotar los bienes naturales, con todas las consecuencias que ello tiene para el cambio climático.
92. El segundo hecho a tener en cuenta para poder iniciar un debate fructífero es que dueños de las riquezas naturales que están en nuestro territorio: minerales, petróleo, gas, fuentes acuíferas, reservas forestales, no son los habitantes de esos lugares. La existencia de petróleo en Venezuela y Ecuador, de gas en Bolivia, de cobre en Chile, es un don caído del cielo. Esas riquezas no fueron creadas ni por los pueblos originarios, ni por los trabajadores del petróleo o del cobre; esas son riquezas que pertenecen a la sociedad entera. Y si es así, debería ser entonces la sociedad entera la que debería pronunciarse acerca de si se extrae o no. Por supuesto que también hay que consultar a quienes viven en la zona, pero, al mismo tiempo, ellos deben entender que ahí se juegan intereses que trascienden sus fronteras.
93. Si logramos un acuerdo sobre los dos puntos anteriores, de lo que se trataría, entonces, es de debatir acerca de propuestas concretas de cómo usar en el presente nuestros recursos naturales para ir avanzando poco a poco hacia un modelo económico de desarrollo ecológicamente sustentable.
94. No se trata, entonces, de decir no al desarrollo, sino de “concebir y concretar modelos de desarrollo auténticamente humanos” que satisfagan “de forma equitativa las necesidades de sus habitantes sin poner en peligro la satisfacción de las necesidades de las generaciones futuras [24] , una sociedad en la que quien decida qué y cómo producir sea el pueblo organizado.
95. En este sentido deberían avanzar nuestros gobiernos y se han dado algunos pasos significativos en muchos casos aunque todavía quedan en gran medida en los enunciados, pero que, por lo menos, demuestran que hay una intención de avanzar en ese sentido.
97. Como el desafío es enorme y las tentaciones son muchas me parece muy interesante que la Constitución boliviana plantee que el pueblo organizado —en lo que la Carta Magna llama "acción popular"— puede y debe reaccionar contra cualquier violación y amenaza contra una serie de derechos, entre ellos el del medio ambiente [25] y que, además cree la figura de un tribunal especializado en jurisdicción agroambiental (temas agrícolas, forestales, ambientales) [26] con autoridades electas por el pueblo en las elecciones sin precedentes de octubre de 2011.
98. Hemos dicho que una de las características fundamentales del socialismo del siglo XXI es que no puede ser decretado desde arriba sino que tiene que ser construido por la gente.
99. Nuevamente aquí se recata el pensamiento original de Marx quien afirmaba que el trabajo no solo transforma a la naturaleza sino que, al mismo tiempo, transforma a la persona que ejecuta ese trabajo [27] : la aliena y tritura en el caso dEl capitalismo [28] y permite su“pleno y libre desarrollo”, constituyendo éste el principio fundamental de la “formación social superior” [29] .
100. El investigador canadiense, Michael Lebowitz, ha sido quien más ha explorado en este terreno identificando la combinación de desarrollo humano y práctica como el eslabón clave en Marx. Según el autor [30] , toda actividad humana necesariamente da por resultado “un doble producto: la transformación del objeto de trabajo y la transformación del trabajador mismo.” [31]
101. Compartiendo plenamente sus planteamientos, yo he preferido hablar de un producto material (el objeto producido), y de un producto subjetivo (el cambio en la persona que realiza ese trabajo o esa práctica)
102. Y como anteriormente nos hemos referido a rol fundamental que otorgamos al proceso de planificación participativa en la construcción del socialismo, quisiera usar este ejemplo para ilustrar la idea del doble producto. Cuando los habitantes de una comunidad elaboran su plan comunitario, esa actividad crea dos productos: un producto objetivo material: el plan construido en forma participativa, que es algo palpable porque está a la vista de todos, y, a la vez, un producto subjetivo, espiritual, que es mucho menos tangible, sólo una mirada atenta logra descubrirlo: la transformación de las personas a través de esa práctica, su crecimiento humano
103. Se trata de un proceso educativo en el que quienes participan van aprendiendo a indagar las causas de las cosas, a respetar las opiniones de los otros, a entender que los problemas que confrontan no son exclusivamente de su calle y de su barrio, sino que están relacionados con la situación global de la economía, la situación social nacional, inclusive con la situación internacional. Aprenden que los problemas de cada persona y de cada comunidad deben examinarse dentro del contexto de la realidad de otras personas y otras comunidades y que quizá ellas tengan una situación mucho más difícil y más urgente que la propia. Con todo eso se van creando nuevas relaciones de solidaridad, de complementariedad, que ponen el acento más en lo colectivo que en lo individual.
104. Al participar en el proceso las personas se politizan —en el sentido amplio de la palabra— y eso les permite tener una opinión independiente que ya no puede ser manipulada por los medios de comunicación predominantemente en manos de las fuerzas conservadoras.
105. Las personas involucradas en dicho proceso crecen humanamente, se dignifican, aumenta su autoestima, amplían sus conocimientos en aspectos políticos, culturales, sociales, económicos, ambientales. Y lo más importante, dejan de sentirse mendigando soluciones del Estado. Se sienten, por el contrario, constructoras de su propio destino.
106. Este producto subjetivo es lo que nunca tienen en cuenta los tecnócratas. Prefieren documentos perfectos a los de menor calidad pero que tienen el mérito de haber sido hechos por la propia gente.
107. Creo que después de esta explicación podemos entender mejor por qué la participación popular ocupa un papel tan central en el socialismo del siglo XXI. La participación, el protagonismo en todos los espacios, es lo que permite a las personas crecer, ganar en auto confianza, es decir, desarrollarse humanamente.
108. Me parece interesante hacer notar que la Constitución bolivariana aprobada por la Asamblea Constituyente del 1999, es quizá la única en el mundo en relacionar explícitamente este protagonismo con el pleno desarrollo, tanto de la persona como del colectivo. [32]
109. ¡Cuán diferentes sería la situación actual de América Latina si nuestros gobiernos progresistas hubiesen tenido siempre presente en las políticas adoptadas este tema del doble producto; si en lugar de resolver desde arriba los problemas más sentidos de la gente, la hubiesen convocado a participar en su solución!
110. Por desgracia, muchas veces ha primado una visión tecnocrática: si los cuadros tienen ideas claras y acertadas, para qué perder tiempo en discutir con la gente, lo que importa es presentar soluciones rápidas. Nunca se han preguntado acerca de cuál podría ser el resultado subjetivo, humano, de las políticas implementadas. Tarde se han dado cuenta que sin esa participación muchas medidas no han logrado la eficacia esperada y, lo que es peor, no han preparado a su pueblos para defender lo conquistado.
111. Para concluir y como decíamos en el comienzo, el propósito de Marx en El capital fue exponer extensamente la lógica con la que funciona el modo capitalista de la producción. Lo hizo después de dedicarse muchos años para investigar qué estaba ocurriendo en los países capitalistas más avanzados de su época. Pero, como sabemos él reconoció que existía una diferencia entre la vía europeo occidental y la vía rusa. Nuestro propósito, como militantes revolucionarios latinoamericanos debería ser diferente. Deberíamos ser capaces de desarrollar una vía latinoamericana para la construcción del socialismo buscando soluciones sin las anteojeras del marxismo dogmático.
112. Aunque los objetivos que nos proponemos alcanzar son idénticos a los que expone Marx muy brevemente en El capital, especialmente aquel que se refiere a la búsqueda del pleno desarrollo humano; se trata, sin duda, de una vía original. Estamos obligados a “inventar para no cometer los errores" –como decía Simón Rodríguez—. Sin embargo, para poder desarrollar una base económica sólida que permita ese pleno desarrollo humano, no podemos dejar de tener en cuenta la lógica del modo capitalista de la producción descrita por Marx en su obra maestra y sus efectos en el mundo actual.

[1] . Carlos Marx, El capital Tomo I, Libro primero, Siglo XXI editores, Argentina, 1975, p.6.
[2] . Ibíd., p.8.
[3] . Gran parte de las reflexiones sobre América Latina que aquí se exponen han sido extraídas de mi libro Un mundo a construir (nuevos caminos) escrito en 2013 y publicado en varios países. Puede accederse a él en : en http://www.rebelion.org/docs/178845.pdf
[4] . El sector de los trabajadores sometidos a trabajos precarios, inseguros, y los marginados o excluidos por el sistema aumenta día a día. Disminuye la clase obrera industrial y minera, las grandes empresas estratégicas subcontratan muchas de las tareas que antes asumían reduciéndose así enormemente el peso de la fuerza laboral en los sitios estratégicos, muchos de los cuales pasaron a propiedad de capitales extranjeros.
[5] . Herbert Marcuse, El hombre unidimensional. Ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada, Ed. Planeta/Agostini, Barcelona, 1993 (1ª ed. 1954) p. 39.
[6] . T. Moulián, Chile actual, anatomía de un mito, Ed. Arcis/LOM, Santiago de Chile, 1997, op.cit. p.105.
[7] . Op.cit
[8] . Ver carta de Marx a Engels del 10 febrero 1870 donde se refiere con gran entusiasmo al libro de Flerovski “La situación de la clase obrera en Rusia” citando en ese idioma el siguiente texto de ese libro: “En nuestro país el proletariado es escaso; en cambio, la masa de nuestra clase oib rera consiste en destajeros cuya suerte es peor que laq de cualquier proletario.” (Carlos Marx, Federico Engels, Carta sobre “El capital” Editora Política, La habana, 1983, pp.262-263).

[9] . La cita sigue: “En el momento actual, son los comités del “Partido”, y no lo soviets, quienes llevan la dirección en Rusia, y su organización sufre los efectos de toda organización burocrática.
Para poder salir de este desorden mantenido, Rusia debe retomar todo el genio creativo de las fuerzas locales de cada comunidad.” [sigue la cita, pero yo me detengo aquí MH] Ver: http://dubardmac.pitzer.edu/anarchist_archives/kropotkin/kropotlenindec203.html

[10] . Lom Ediciones, Stgo. Chile, 2000. Sobre la polémica de quien empleó primero el término ver artículo de Javier Biardeau, El nuevo socialismo del siglo XXI. Una breve guía de referencia , Aporrea, 2 abril, 2007. Ver: https://www.aporrea.org/ideologia/a32781.html.
[11] . Carlos Marx, El capital, Tomó I, Vol. 3, Siglo XXI editores, Argentina, 1975, p. 953. Marx agrega: “La concentración de los medios de producción de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan un punto en que son incompatibles con su corteza capitalista. Se la hace saltar. Suena la hora postrera de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados”.
[12] . Op.cit. p. 954.
[13] . Carlos Marx, Carta a Friedrich Adolph Sorge, Londres, el 27 de septiembre de 1877 en: Marx and Engels, Selected Correspondence; Progress Publishers, Moscow, 2a ed. Revisada y aumentada, 1965, p. 308. En: http://www.marxists.org/archive/marx/works/1877/letters/77_09_27.htm
[14] . Sobre este tema ver: Late Marx and the Russian Road, Marx and “The Peripheries of capitalism Various authors Compilación de autores editada por Teodor Shanin, Monthly Review Press, New York, 1983.
[15] . Lenin, “Resolución sobre el momento actual” en II Conferencia (abril) de toda Rusia del POSDR (b) (24-29 abril de 1917), en   Obras Escogidas en tres tomos, tomo 2, Editorial Progreso, Moscú, 1960, p. 137.
[16] . Ibidem, p 138.
[17] . Michael Lebowitz tiene todo un capítulo destinado a analizar este tema en su libro , The socialist alternative: Real Human Development, op,cit. Chapter 1: The wealth of people, pp. 31-45.
[18] . “El trabajo” – decía Marx citando a William Petty, es “el padre de la riqueza, y la tierra la madre.” (2. Doble carácter del trabajo representado por las mercancías, El capital Tomo I.)
[19] . F. Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico, en K. Marx y F. Engels, Obras escogidas en tres tomos, tomo 3, Editorial Progreso, Moscú, 1974, p. 153.
[20] . Marx imaginaba “el proceso material de producción” alternativo al capitalismo como “producto de hombres libremente asociados” sometido a su “control planificado y consciente” (Carlos Marx, El capital, Tomó I, Vol.1, Siglo XXI editores, Argentina, 1975, p.97) “como una asociación de hombres libres que [trabajan] con medios de producción colectivos y [emplean], conscientemente, sus muchas fuerzas de trabajo individuales, como una fuerza de trabajo social. [...] El producto todo de la asociación es un producto social. Una parte de éste presta servicios de nuevo como medios de producción. [...] Pero los miembros de la asociación consumen otra parte en medios de subsistencia. Es necesario, pues, distribuirla entre los mismos. [...] Su distribución, socialmente planificada, regulará la proporción adecuada entre las varias funciones laborales y las diversas necesidades ( Op. cit., p.96). En el programa de Gotha Marx precisará más las características que debe tener esta distribución.
[21] . “Podemos definir mejor la propiedad social como aquella propiedad que pertenece a los grupos que se ven afectados por las decisiones que se toman sobre las cosas que se poseen, en proporción al grado en que los afecta. Tiene bastante en común con el concepto de stakeholding. Siguiendo el principio de subsidiaridad que sostiene, por lo menos en teoría, que en la estructura de gobierno de múltiples niveles de la Comunidad Europea, los propietarios sociales serán diferentes respecto al grado de generalidad y el alcance de las decisiones a tomar. Las decisiones tomadas en los niveles más altos de generalidad involucrarán posesiones mayores y afectarán a una mayor proporción de personas e intereses que las realizadas en los niveles más bajos. En cada nivel, los propietarios sociales necesitarán negociar entre ellos para llegar a un acuerdo acerca del uso de las cosas que se poseen para que ellas satisfagan los intereses colectivos, los cuales habrán sido definidos por ellos mismos. (Pat Devine, “Social ownership and democratic planning”. Este artículo es una versión revisada de “The political economy of twenty-first century socialism”, Soundings, 37, Winter 2007, pp. 105-115. Sobre el tema de la planificación participative ver su libro: Democracy and Economic Planning: The Political Economy of a Self‑governing SocietyPolity Press, 1988.
[22] . Michael Lebowitz, “Construir ahora mismo las nuevas relaciones de producción en Venezuela”, texto inédito, 13 dic 2006. La mayor parte de las ideas que expongo a continuación son desarrolladas con mayor profundidad en este trabajo.
[23] . Al crecer incesantemente “la población urbana [...] perturba el metabolismo entre el hombre y la tierra”. “[...] todo progreso de la agricultura capitalista no es sólo un progreso del arte de esquilmar al obrero, sino a la vez en el arte de esquilmar el suelo [...]. La producción capitalista, por consiguiente, no desarrolla la técnica y la combinación del proceso social de producción sino socavando, al mismo tiempo, los dos manantiales de toda riqueza: la tierra y el trabajador.” Marx, El capital, Tomo I, Vol.2, Siglo XXI editores, México, 3a.Ed. 1975, pp. 612‑614.
[24] . Enric Tello, Economía en el camino hacia ciudades sostenibles, en Papeles de la FIM, No 8, Madrid, España, p. 135.
[25] Artículo 135. La Acción Popular procederá contra todo acto u omisión de las autoridades o de personas individuales o colectivas que violen o amenacen con violar derechos e intereses colectivos, relacionados con el patrimonio, el espacio, la seguridad y salubridad pública, el medio ambiente y otros de similar naturaleza reconocidos por esta Constitución.
[26] . Capítulo Tercero. Jurisdicción Agroambiental, artículos 187 al 190.
[27] . “[...] Al operar por medio de ese movimiento sobre la naturaleza exterior a él y transformarla, transforma a la vez, su propia naturaleza. ( Carlos Marx, El capital, Tomó I, Vol.1, Siglo XXI editores, Argentina, 1975, pp. 215-216).
[28] . En el Capítulo XIII de El capital, dedicado a la maquinaria y gran industria, Marx dedica más de 120 páginas a analizar los diferentes efectos que tiene el sistema capitalista en su etapa de reproducción ampliada sobre la clase obrera. (Carlos Marx, El capital, Tomo I, Vol. 2, pp.451 a 613.
[29] . Carlos Marx, El capital, Tomo I, Vol. 2. Op.cit. p. 731. Ver también: “[El trabajo] Desarrolla las potencias que dormitaban en ella [su naturaleza] y sujeta a su señorío el juego de fuerzas de la misma. [...] ( Carlos Marx, El capital, Tomó I, Vol.1, Siglo XXI editores, Argentina, 1975, pp. 215-216).
[30] . Ver su libro: La alternativa socialista: el verdadero desarrollo humano, Primera parte, Capítulo II. La producción de los seres humano, Escaparate Ediciones, Chile, octubre 2012, pp. 51 a 66. El autor usa le término “joint product” que se usa en el lenguaje económico. En castellano se tradujo por “doble producto”.
[31] . Op.cit., p. 55.
[32] . Aunque hay varios artículos de la Constitución que se refieren a este tema, probablemente el más completo es el artículo 62, donde se señala la forma en que este desarrollo se logra. Allí se dice que la “ participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para lograr el protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual como colectivo” , señalándose a continuación que es “obligación del Estado y deber de la sociedad facilitar la generación de las condiciones más favorables para su práctica . ”  Además, el artículo 70 señala otras formas que permiten al pueblo desarrollar “sus capacidades y habilidades”: “la autogestión, cooperativas en todas sus formas […] y demás formas asociativas guiadas por los valores de la mutua cooperación y la solidaridad.” ( Nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela Capítulo IV: De los derechos Políticos y del Referendo Popular, Sección Primera: de los derechos políticos. Gaceta Oficial 30 de diciembre de 1999, Caracas, Venezuela)..

*Ponencia de Marta Harnecker para la Conferencia Internacional "El Capital de Marx a los 150 años de su publicación: Reflexiones para el siglo XXI ", Atenas del 14 al 15 de enero del 2017, organizada por la revista marxista Theseis en colaboración con la fundación Rosa Luxemburg.

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