domingo, 4 de junio de 2017

Breve historia del primer peronismo

A solo 13 días de las elecciones presidenciales de 1946, Spruille Braden –embajador de los Estados Unidos en la Argentina- da a conocer a la prensa un informe de 131  áginas, conocido como el Libro azul, destinado a desprestigiar públicamente al coronel Juan Domingo Perón y al gobierno militar.

El Libro azul acusa a camaradas de Perón cercanos a él de realizar tareas de espionaje para el Tercer Reich, y también señala al mismo coronel Perón como representante del partido nazi en la Argentina.

Un día después de que se conociera el Libro azul, en un acto multitudinario en la Plaza de la República, se lanza la fórmula presidencial Juan Domingo Perón–Hortensio Quijano.
En su discurso, Juan Domingo Perón responde a las acusaciones de Braden:

“Sepan quienes voten el 24 de febrero por la fórmula del contubernio oligárquico–comunista, que con este acto entregan el voto al señor Braden. La disyuntiva en esta hora trascendental es Braden o Perón”.

A partir de ese día, las calles de todo el país comienzan a llenarse de carteles e inscripciones con el mismo texto. Sin querer, Spruille Braden termina regalándole a Perón su mejor eslogan de campaña.

- Desarrollo -

El coronel Juan Domingo Perón comienza su ascenso en la política con la revolución del 4 de junio de 1943.

Un golpe militar que derroca al entonces presidente, el conservador, Ramón Castillo, instala en el poder al general Pedro Pablo Ramírez, que luego es reemplazado por el general Edelmiro José Farrell.

Al poco tiempo, el coronel Perón es designado al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión, y desde ese cargo comienza a impulsar fuertes medidas de carácter social, como el Estatuto del Peón, los Convenios Colectivos de Trabajo y la inclusión de más de dos millones de trabajadores en el régimen jubilatorio.

Gracias al efecto positivo de estas medidas, el coronel Perón empieza a ganar peso político propio. En el año 1944, suma dos cargos más: ministro de Guerra y vicepresidente de la Nación.

Rápidamente, la oposición comienza a ver a Perón como el hombre fuerte del gobierno militar y dirige todos sus dardos hacia él.

La derrota del nazismo en Europa y el apoyo del gobierno norteamericano a la oposición llevan al gobierno de Edelmiro Farrell a una aguda crisis política.

Cediendo a presiones internas y externas, Farrell le pide a Perón la renuncia a todos sus cargos, y lo confina, pocos días después, en la isla Martín García. La medida genera un gran descontento popular.

La noche del 17 de octubre de 1945, Juan Domingo Perón es aclamado por casi medio millón de trabajadores, que se concentran frente a la Casa Rosada para pedir por su libertad.

Ese día, Perón regresa a la política por la puerta grande, convertido en un líder popular.

A la mañana siguiente, el gobierno militar de Edelmiro Farrell designa un nuevo gabinete de ministros y confirma el llamado a elecciones presidenciales.

A esa altura, la candidatura de Juan Domingo Perón es algo obvio para todos. Para fines de octubre de 1945, Perón sabe que cuenta con el apoyo incondicional de gran parte de los trabajadores, pero no tiene armado un partido político que le permita presentarse a elecciones. Comienza entonces a buscar adhesiones en otros sectores que simpatizan con su política social, como el radicalismo disidente, pequeños grupos nacionalistas y la dirigencia sindical laborista.

Pocos días después del 17 de octubre, en el City Hotel de Buenos Aires, un grupo de dirigentes radicales al mando de Hortensio Quijano forma la UCR Junta Renovadora, que brinda pleno apoyo a la candidatura de Juan Domingo Perón. Antes del 17 de octubre, Quijano había intentado convencer a las autoridades de la UCR de apoyar a Perón, y al no lograrlo abandona el partido.

La UCR Junta Renovadora celebra las reivindicaciones sociales alcanzadas por el joven coronel, y en sus actos de campaña muestra la imagen de Perón al  lado de las de Hipólito Yrigoyen y el general San Martín.

El 24 de octubre, en un atelier del barrio de Retiro, un grupo compuesto por dirigentes de los sindicatos de la carne, el vidrio, los cerveceros y parte de los ferroviarios funda el Partido Laborista, que busca ser una versión argentina del laborismo inglés; un partido que defienda los intereses de los trabajadores y cuyo objetivo principal es impulsar una política nacional que promueva la independencia económica, ya que, para ese entonces, las principales actividades económicas del país están en manos de extranjeros.

Con la UCR Junta Renovadora y el Partido Laborista, Perón comienza a construir su frente electoral. El partido de Quijano le garantiza varios años de experiencia institucional y una red de comités extendida por todo el país, mientras que el laborismo le permite acompañar políticamente al creciente movimiento obrero, cada vez más fuerte en Buenos Aires y en las provincias del litoral.

Inmediatamente, al proyecto político de Perón se suman otras pequeñas fuerzas. Por un lado, los centros cívicos “Coronel Perón”, integrados por pequeños comerciantes de barrio de Buenos Aires y militares que formaron parte de la Revolución de 1943. Por otro lado, la Alianza Libertadora Nacionalista, una combativa organización juvenil con ideas de derecha y simpatías por el franquismo español.

Además de estos grupos, también se suman viejos nacionalistas de la época de la dictadura de José Félix Uriburu, y varios miembros de la agrupación FORJA (Fuerza de Orientación Radical para la Joven Argentina).

La FORJA está integrada por un grupo de intelectuales nacionalistas de origen radical, entre los que se encuentra Arturo Jauretche, quien, con el pasar de los años, se convertirá en una de las figuras intelectuales más importantes del peronismo.

En apenas un mes, Perón logra aunar las voluntades necesarias para armar su frente electoral. Pero rápidamente comienzan a sentirse los roces entre las distintas fuerzas que lo componen. Las viejas prácticas de comité de los ex radicales provocan recelos y desconfianzas entre la enérgica conducción sindical, inexperta en la lucha partidaria.

Y mientras el frente peronista se gesta en medio de contradicciones y discrepancias, los partidos de la oposición comienzan a agruparse bajo un mismo paraguas.

El 8 de diciembre de 1945, en la Plaza de los Dos Congresos, la UCR tradicional, los partidos Socialista, Comunista y Demócrata Progresista realizan el acto inaugural de la Unión Democrática, el frente electoral con el que planean enfrentar la candidatura de Juan Domingo Perón.

El lema era “Por la libertad contra el nazismo”. Un gran retrato del presidente conservador Roque Sáenz Peña, mentor de la reforma electoral de 1912, presidía el acto en el que hablaron representantes de todos los partidos. José Tamborini fue el orador encargado de cerrar la jornada.

Al finalizar el acto, se produjeron enfrentamientos entre los asistentes y algunos seguidores de Perón. La balacera dejó como saldo cuatro muertos y decenas de heridos.
Con esta manifestación, el frente antiperonista había afianzado su fuerza.

La fórmula presidencial de la Unión Democrática es: José Tamborini-Enrique Mosca. Inmediatamente, esta nueva alianza recibe el ferviente apoyo de una figura de peso: el ex embajador y ahora secretario de Estado norteamericano Spruille Braden.

Al gran calor del verano del 46 se suma el calor de la contienda política que, a pura violencia, gana las calles. Enfrentamientos a los puños y a los tiros muestran una sociedad dividida en dos grupos muy claros.

Por un lado, los que, amparados bajo el rótulo de democráticos, buscan imponer una democracia liberal y acabar de una vez con un régimen al que acusan de nazifascista.

Por otro lado, las multitudes que, siguiendo la influencia del coronel Perón, demandan una salida nacional y soberana que las tenga como protagonistas.

Mientras tanto, en los medios de comunicación la campaña se sigue calentando.

El 17 de enero, la Embajada norteamericana da a conocer una serie de telegramas, que tratan de involucrar a Perón con una red de financiamiento a periódicos favorables al régimen nazi. Perón, argumentando que todo es un operativo de prensa de esa Embajada, minimiza las acusaciones de Braden.

En ese momento tiene otras cosas por las que preocuparse: las disputas internas entre laboristas y radicales de la Junta Renovadora, que amenazan con debilitar la ya frágil estructura de su propio frente electoral, y el hecho de que la mayoría de las radios y diarios de la época, que están claramente a favor de la Unión Democrática, dan muy poca publicidad a sus actos y declaraciones de campaña.

El 11 de febrero, a sólo 13 días de las elecciones, el departamento de Estado norteamericano da a conocer un informe de 131 páginas, conocido como el Libro azul.

Este informe acusa a camaradas cercanos a Perón de realizar tareas de espionaje para el Tercer Reich, además de permitir el desembarco de nazis en el país.

Entre otras cosas, el Libro azul indica a Perón como representante del Partido Nazi en Argentina.

Cuando es publicado por la prensa argentina, este escrito se convierte en una bomba política.
Por esos días, en un acto multitudinario en la Plaza de la República, se lanza la fórmula Juan Domingo Perón–Hortensio Quijano.

Acto seguido, en el acto de presentación de su fórmula presidencial, Perón acusa a sus opositores de creer en una democracia ficcional y denuncia a Braden como “instigador y verdadero jefe de la Unión Democrática”. Lanza después un eslogan de campaña que divide políticamente al país en dos.

“La disyuntiva en esta hora trascendental es Braden o Perón”.

Para Perón, la división es muy clara: votar por él es votar por la dignidad de los trabajadores, el progreso y la soberanía nacional.
Votar por los socios de Braden es dar un paso atrás, volver al país manejado por la oligarquía y los monopolios extranjeros.
El 24 de febrero de 1946, multitudes de trabajadores concurren a las urnas a decidir su destino en una elección crucial para todos los sectores de la sociedad argentina.

A pie, en carreta o a caballo, miles de peones rurales se acercan a las mesas electorales siguiendo atentamente las instrucciones que da el mismo Perón para evitar el fraude.

“No concurran a ninguna fiesta a que los inviten los patrones el día 23. Quédense en casa y el 24 temprano tomen las medidas para llegar a la mesa en la que han de votar. Si el patrón de la estancia, como han prometido algunos, cierra la tranquera con candado, rompan el candado o la tranquera, o corten el alambrado y pasen para cumplir con la Patria.
Si el patrón los lleva a votar, acepten. Y luego hagan su voluntad en el cuarto oscuro”.

Luego de un mes y medio de escrutinio, el 8 de abril de 1946 se anuncia el triunfo de la fórmula Perón-Quijano,con un 55 por ciento de los votos contra un 45 de la Unión Democrática.

El 4 de junio de 1946, Perón jura como presidente. Aunque muchos en ese momento se nieguen a aceptarlo, se inicia así una nueva etapa en la historia argentina.

Cuando Perón llega al gobierno, Europa recién está saliendo de la Segunda Guerra Mundial. Los años de la guerra dejan para la economía argentina un saldo más que positivo: las arcas del Banco Central rebosan de oro, fruto de las exportaciones.

Al mismo tiempo, la floreciente industria nacional continúa creciendo, ya que fabrica los mismos productos que los países industriales dejaron de producir cuando volcaron todos sus esfuerzos hacia la guerra.

Esta política, llamada de sustitución de importaciones e iniciada en la década de los 30, va convirtiendo poco a poco a la Argentina en un importante proveedor industrial, capaz de exportar los productos de sus fábricas a toda América, incluso a los Estados Unidos.

Con este marco económico favorable, el nuevo gobierno lanza su primer Plan Quinquenal.

En su mensaje al Congreso del 19 de octubre de 1946, el presidente Perón presenta los lineamientos básicos de este plan.

Sus objetivos principales son: búsqueda del pleno empleo, aumento del salario real, crecimiento del mercado interno, y una mejor distribución del ingreso.

Para llevar a cabo el Plan Quinquenal, Perón convoca a Miguel Miranda, un empresario conocido en la city porteña como el zar de las finanzas.

Miguel Miranda comienza a delinear el rumbo de la política económica desde el IAPI. El IAPI -Instituto Argentino de Promoción del Intercambio– es un organismo estatal creado durante los últimos días del gobierno de Farrell, que tendrá un papel central en la economía de estos años.

La principal función del IAPI es centralizar el comercio exterior, pero además:

-financia exportaciones a los países europeos recién salidos de la guerra, -importa insumos industriales para luego venderlos a precio subsidiado, -subsidia los precios de productos de consumo masivo, y -participa de la adquisición de los ferrocarriles extranjeros.

Durante el primer quinquenio peronista, el IAPI sirve a los fines de transferir parte de las enormes ganancias del campo al desarrollo de la industria, actividad en la que se desempeña gran parte del electorado peronista.

Si bien Miguel Miranda es el artífice económico del primer Plan Quinquenal, este no estaría completo sin la presencia de su mejor comunicadora, María Eva Duarte de Perón.

Ex actriz de cine y radionovelas, la esposa del presidente es la portavoz elegida para difundir la política social del gobierno.

Su juventud, su belleza y su talento dramático para dirigirse a las masas la convierten de inmediato en el mejor agente de propaganda del gobierno.

En tan sólo seis años como Primera Dama, su rostro irrumpe en la vida del país en forma de afiches murales, programas de radio, giras, revistas y textos escolares, y queda como un emblema de la reivindicación social destinado a perdurar por mucho tiempo.

Como símbolo inaugural de la política de su Plan Quinquenal, el 9 de julio de 1947, en la casa histórica de Tucumán, el gobierno de Perón firma la Declaración de la Independencia Económica. Allí el gobierno enarbola una serie de postulados que son dados a conocer como las tres banderas del peronismo: soberanía política, independencia económica y justicia social.

Con estos postulados, el gobierno de Perón se lanza a una incesante actividad transformadora. Y en menos de cuatro años, la realidad comienza a ser otra.

La película La realidad de esta hora, que expresa la propaganda oficial, reseña la intensa obra de esos cuatro años:

-Se asegura y cimenta el poderío económico de la nación, centralizando el régimen bancario.
-Se nacionalizan los servicios ferroviarios.
-Las empresas de capital foráneo pasan a ser bien patrimonial del Estado, con lo que se evita la evasión de beneficios.
-Se extienden las rutas de aire, con lo que se ayuda al progreso y se abrevian las distancias, para vincular más a los argentinos con los argentinos y al país con todos los otros países del mundo.
-Se pone en ejecución una nueva política migratoria, por la que contingentes enormes de trabajadores y profesionales vienen a producir a nuestra tierra.
-Se estimulan las inclinaciones vocacionales de la juventud, facilitándole los medios de constituirse en hombres útiles a la sociedad en los oficios y manualidades de su preferencia.
-Se contempla con verdadero amor el problema del humilde, hasta hace poco un desheredado social. La esposa del primer magistrado, Eva Perón, se entrega con vehemente dedicación a la obra humanitaria y dignificadora.
-Los niños, a quienes el general Perón otorgó privilegios únicos, son grandemente favorecidos en cruzada social. Se modelan sus almas, reejercitan sus mentes y se preserva su salud, porque así se preserva el porvenir de la patria.

Aunque la propaganda oficial es excesiva, el Primer Plan Quinquenal puede mostrar logros bien concretos:

-de 1947 a 1951 se construyen en el país 217.000 viviendas destinadas a familias obreras; -se inauguran 8000 escuelas, y -con el auspicio de la Fundación Eva Perón se levantan 4300 centros de salud.

En el mismo período:

-los salarios aumentan un 40 por ciento; -el Producto Bruto Interno crece un 8 por ciento anual,y -el consumo, un 14 por ciento: de 1945 a 1948, la venta de cocinas aumenta un 106 por ciento; la de heladeras, un 218 por ciento y la de aparatos de radio un 600 por ciento.

Para la década de los 50, el Plan Quinquenal llega a ser conocido hasta en los manuales de quinto y sexto grado, y gracias a sus logros gran parte del país parece vivir en un permanente clima de  euforia económica.

Hasta que, de repente, las cosas empiezan a cambiar.

En el año 1949, la economía peronista entra en una fase de estancamiento, y el aparentemente exitoso Plan Quinquenal comienza a mostrar su costado más débil. En poco tiempo, la inflación aumenta y los ingresos de divisas disminuyen.

Esta crisis es en parte provocada por un plan impulsado por los Estados Unidos, el Plan Marshall.

El Plan Marshall es un plan concebido por el gobierno norteamericano con el propósito inicial de reconstruir Europa y evitar que se agrave la situación económica de los países aliados, aunque su verdadera intención es frenar el avance de su nuevo enemigo, el comunismo, que ha sido adoptado en toda Europa del Este y también triunfa en China.

En Occidente se teme que el comunismo se expanda por todo el viejo continente, empobrecido por la guerra.

Por medio del Plan Marshall, el gobierno norteamericano compra alimentos a sus productores agropecuarios locales para luego donarlos a sus aliados europeos, lo que inmediatamente provoca el derrumbe de los precios internacionales.

A esta actitud, el gobierno de Estados Unidos le suma un deliberado boicot a los productos argentinos.

Mientras tanto, en la Argentina, dos años de terribles sequías arruinan los cultivos y matan el ganado. Pronto, nuestro país atraviesa una grave crisis agroexportadora, que repercute gravemente en el mercado interno.

Ese año, el pan blanco desaparece de las panaderías y la carne vacuna sube a precios exorbitantes. De un día para otro, en el país del trigo y las vacas gordas se come pan de mijo y en el puchero se reemplaza la carne por la papa.

La propaganda oficial propala eslóganes como estos: Nuestro pueblo hizo siempre derroche de la tan famosa carne argentina, abusando de su consumo como si la alimentación se basara solamente en ella.Los pueblos sanos y fuertes de la tierra apenas comen unos gramosuna vez por semana.El presidente Perón pide un día a la semana sin consumo de carne.

En 1952 el gobierno lanza un Programa de estabilización. Y el mismo Perón, que hasta hace poco proclamaba la solución del consumo, ahora pide austeridad. Se recomiendan al pueblo medidas domésticas para ahorrar y hacer cumplir el plan de estabilización del gobierno.

El país, que hacía poco había salvado del hambre a España a través de envíos de alimentos, se encuentra ahora en plena economía de guerra. Pero la austeridad no es la peor noticia de 1952.El 26 de julio, a las 20.25, muere Eva Perón, víctima de un cáncerterminal. La mística peronista se queda sin su líder espiritual.

Muerta Eva, Perón parece quedar en soledad.

La tristeza y la preocupación se palpan en las calles y a la crisis se suma el luto nacional.

Para 1953 la situación de la Argentina ante la Casa Blanca ha cambiado sustancialmente. La decisión del gobierno peronista de apoyar a los Estados Unidos en la guerra de Corea mejora sensiblemente la imagen de Perón ante Washington.

En este contexto, el gobierno decide lanzar su Segundo Plan Quinquenal.

Si el primer Plan Quinquenal significó un período de desarrollo y expansión, el segundo trata más bien de aumentar la producción agrícola y de dotar al sistema industrial de sólidas bases, además de promover el desarrollo de la industria pesada y el autoabastecimiento de combustible.

El 17 de julio de 1953 llega al país, acompañado por un grupo de funcionarios del departamento de Estado, Milton Eisenhower, hermano del presidente de los Estados Unidos.
Un mes después, el Congreso promulga la ley de Garantía a las Inversiones Extranjeras, con el objetivo de desarrollar la industria pesada y solucionar los problemas de abastecimiento de petróleo. El desabastecimiento lleva a Perón a firmar un acuerdo con la empresa petrolera Standard Oil de California.

El acuerdo genera inmediatamente la crítica de los sectores nacionalistas del mismo gobierno y el repudio de gran parte de la oposición. El discurso antiimperialista que ayudó a Perón a llegar al gobierno, esta vez le juega en contra.

Por suerte para el gobierno, el programa de estabilización comienza a dar señales de estar funcionando. Para 1954 el índice de inflación baja de un 39 por ciento a menos de un 4 por ciento. Y los salarios, luego de dos años de estancamiento, vuelven a aumentar.

Llegado 1955, la economía argentina da claros indicios de volver a encaminarse, aunque el clima político continúa deteriorándose. Poco a poco, las eternas disputas entre Perón y sus opositores abandonan el ámbito parlamentario para trasladarse a las calles, y a las filas habituales de los enemigos del gobierno se añaden nuevos aliados.

Pronto, un estado de guerra interno vuelve a dividir al país en dos, como cuando Braden se peleaba con Perón.

Pero esta vez no hay elecciones de por medio y sólo se escuchan rumores de golpe de Estado.
Los casi diez años de gobierno peronista marcaron una serie de cambios, que transforman para siempre la fisonomía del país.

Poco a poco, la vieja postal de la Argentina de las vacas gordas y de las llanuras interminables da paso a las chimeneas de las fábricas y a las distintas ceremonias de trabajo.

Pero si hay algo que dejan los primeros años de gobierno peronista es la idea de que el Estado puede ser una potente herramienta de transformación social, que logra mejorar notoriamente la calidad de vida de sus ciudadanos, garantizando su derecho a una vida digna.

Historia de un país. Argentina Siglo XX – Canal Encuentro
Guión: Paula Romero Levit / Pablo Hidalgo – Asesoramiento Histórico: “Eternautas”
– Coordinador: Gabriel Di Meglio / Gustavo Álvarez / Juan Pablo Fasano –
Asesoramiento de contenidos: Jésica Tritten – Archivo histórico documental de
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