domingo, 4 de junio de 2017

Asesinato del Gral. Sucre

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 Efrén Avilés Pino*

A mediados de 1829, sintiéndose ya cansado de tanto luchar, enfermo y sufriendo el abandono y la traición de aquellos a quienes había dado la libertad, Simón Bolívar escribió desde Popayán una carta al Gral. Juan José Flores, en Quito, para anunciarle su deseo de separarse del mando de Colombia, destacando además en ella que “probablemente será el Gral. Sucre mi sucesor”. ¡Qué lejos estaba el Libertador de suponer que sus enemigos -que eran los mismos que los de Sucre- habían decidido lo contrario!: “Bolívar no tendría sucesor”.

Un año más tarde empezó a derrumbarse el sueño de Bolívar, cuando el 6 de mayo de 1830 el Gral. Antonio Páez proclamó la separación de Venezuela de la
 Gran Colombia. Pocos días después, sin conocer que el 13 de mayo de ese mismo año el Gral. Flores se había tomado el poder en Quito buscando crear un estado independiente con los pueblos que comprendían el Distrito del Sur, el Gral. Domingo Caicedo -encargado de la Presidencia de Colombia ante el retiro de Bolívar- envió al Gral. Sucre -desde Bogotá hacia Quito- para que trate de que la Gran Colombia subsista al menos de la unión de Nueva Granada y Ecuador. Inmediatamente y en cumplimiento de esa misión, Sucre partió a caballo por la vía Neiva, Popayán, Pasto, Ipiales, Tulcán...

Durante su peligroso viaje el Mariscal de Ayacucho sufrió una serie de atentados, uno de ellos en Neiva, cuando al cruzar el río Magdalena manos criminales intentaron volcar la canoa en que viajaba. Conociendo de éste, sus amigos de Popayán le insistieron para que cambie la ruta del viaje o al menos acepte una escolta para que lo acompañe, pero Sucre, ansioso por llegar a Quito para cumplir con su misión y poder encontrarse con su esposa y con su pequeña hija, a quienes no veía desde hacía ocho meses, desechó todo tipo de seguridades y continuó apresuradamente su viaje.

En los primeros días de junio se adentró en las montañas de Berruecos, al sur de Pasto. Los asesinos, que habían seguido y controlado todos sus pasos desde que inició su viaje, y conocían todas las jornadas, habían escogido el lugar donde cometerían el crimen, por lo que se adelantaron y tomaron ventajosa posición en espera de su víctima.

El 4 de junio de 1830, Sucre y su comitiva, formada por el diputado García Trelles, su asistente Lorenzo Caicedo, su sirviente Colmenares y un negro llamado Francisco; cabalgaban confiados por un sendero quebradizo, angosto y oscuro, rodeado de bosques a uno y otro lado.

Era un poco más de las 8 de la mañana cuando los asesinos: Andrés Rodríguez, Juan Cuzco, Juan Gregorio Rodríguez, Juan Gregorio Zarria, José Erazo y Apolinar Morillo, puestos al acecho los miraban acercar por entre el tupido follaje del bosque. De pronto, uno de ellos disparó y su bala golpeó el pecho del Mariscal. “¡Ay... balazo..!, exclamó Sucre soltando las riendas de su cabalgadura para llevarse las manos a la herida. En ese momento, el resto de los asesinos abrió también fuego acertándole en la cabeza y el cuerpo.

Sucre cayó al suelo mortalmente herido y pocos momentos después moría al tiempo que la comitiva huía despavorida.

Nunca se pudo descubrir ni demostrar quiénes fueron los autores intelectuales del crimen. “Alguno como J. A. Lemos Guzmán entreteje una macabra combinación de amor, celos y ambición para descifrar el, según él, inextrincable misterio del asesinato. Insinúa un tácito y clandestino pacto entre el Gral. Flores, doña Mariana de Carcelén y Larrea de Sucre, Marquesa de Solanda y esposa del Gran Mariscal e Isidoro Barriga, segundo marido de la Marquesa y según Lemos amante ya de ella al momento del asesinato” (Carlos de la Torre Reyes.- Piedrahíta: Un Emigrado de su Tiempo, p. 44).

“El año 1906 se publicó en Quito una edición del libro de M. A. González intitulado “El asesinato del Gran Mariscal de Ayacucho” en que el autor acusa en forma directa al Gral. Flores aduciendo varios argumentos y, en especial, una carta dirigida por éste, el 16 de mayo de 1830 (19 días antes del asesinato) al Gral. Agustín Gamarra en la que le comunica el asesinato de Sucre, con la particularidad de que en forma exacta hace alusión al mismo sector en que efectivamente se perpetró. He aquí la parte alusiva al respecto: “No tiene otro objeto la presente, que participar a usted la muerte desastrosa del general Sucre, acaecida hacía apenas diez días en la provincia de los Pastos... no se dan detalles; pero por lo poco que ha logrado averiguarse, parece que cerca de un punto llamado La Venta, en las montañas de Berruecos, tiraron los asesinos a mansalva y sobre seguro sobre la víctima” (ídem p. 45)

El mismo señor González, que acusa al Gral. Flores como único responsable, entre otras cosas dice: “¿Cómo pudo escribir Flores el 16 de mayo dando una noticia de un crimen que no se efectuó hasta el 4 de junio y asegurando que se había efectuado el 6 de mayo?  Porque no contaba con la detención de Sucre en Popayán...” (ídem)

Para aumentar las dudas y la incertidumbre al respecto, en su célebre libro publicado en Lima, el Gral. Obando, al referirse al autor intelectual del delito dice: “o Flores o yo”. Finalmente y fundamentándose en relaciones posteriores al crimen y en cartas de ambos caudillos juzgadas comprometedoras, una tercera opinión sostiene que hubo complicidad entre los dos. 

*Miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador