domingo, 4 de junio de 2017

4 de junio de 1946. Discurso del Gral. Perón al prestar juramento como Presidente de La Nación

Resultado de imagen para juan peronPatria, Nación y Pueblo.

“Cuando en momentos de duda o desaliento me asaltaba el temor de que llegara a malograrse la oportunidad de enfrentar resueltamente las fuerzas ocultas que detenían el progreso económico de país y regateaban las concesiones mas insignificantes a los trabajadores, me preguntaba donde estarían a los reductos de la virilidad criolla, de aquella hombría tan neutra que sabe armonizar perfectamente la altivez con la ternura.
Pero no tuve que escudriñar mucho para dar con ella, porque en cada tapera semidestruida, en cada erial inculto, en lomas y quebradas, en los riscos andinos y en los vergeles de nuestras llanuras, en la selva, en las encrucijadas de los caminos sin fin de nuestras pampas y hasta en los sombríos callejones del mas tortuoso suburbio, pude entrever primero y contemplar nítidamente después que el mas modesto obrero de nuestras fabricas y el mas olvidado peón de nuestros campos, a pesar del aplastamiento en que los había sumido el abandono de muchos años, sabían erguirse firmes y altivos al percibir que la Patria no estaba ausente de sus angustias y se acercaba la hora de serles reparados los agravios que se les había inferido y las injusticias que se les había prodigado.

Por esto, el triunfo del pueblo argentino es un triunfo alborozado y callejero, con sabor de fiesta y talante de romería, y con el espíritu comunicativo de la juventud y la alegría contagiosa de la verdad, porque rebaso el marco estrecho de los comités políticos habituales, para manifestarse cara al sol o bajo la lluvia, pero siempre al aire libre, con el cielo como único limite a sus anhelos de redención y libertad. ¡Fiestas de redención de los trabajadores, de liberación de los seres útiles de la Patria! ¡Fiestas de redención de la Patria misma al tener cabal noción de su libertad y concepto claro de la soberanía!

Por esto, el triunfo del pueblo argentino ha dejado deslumbrados a los que vivían de la semipenumbra del interés creado, al margen del caudal de sentimientos en que se deleitaba al alma popular. Se había creado una atmósfera artificial a fuerza de repetir que somos un país rico y callar que eran extraordinariamente pobres las masas trabajadoras; se había creado un falso concepto de la vida al favorecer el desarrollo de las malas artes políticas y fomentar las actividades al margen de la ley; se vivía una simple apariencia de legalidad estrujada aun por la hidra de los privilegios.

Se comprende que al derrumbarse el tablado de la antigua farsa, toda la comparsería quedara deslumbrada ante la insólita exposición de la verdad desnuda. Este ha sido el estilo que ha conmovido a las masas trabajadoras, que ha prendido en las restantes clases sociales y que acabara por imponerse definitivamente, como sucede con todos los sentimientos que anidan en la entraña del pueblo.

Recuperado el sentimiento, volvemos a lo nuestro, a lo que es esencialmente nuestro, a lo que se ha formado a través de múltiples generaciones por obra del amor a al tierra y a fuerza de luchar con cuerpo y alma para consolidar y defender palmo a palmo cada conquista. Volvemos a lo nuestro, al ser intimo de esta alma nuestra, que, a fuerza de querer dotarla de una "personalidad destacada", haciéndola asimilar culturas ajenas, se despersonalizaba, perdía sus características peculiares y quedaba sin los rasgos que definen la reciedumbre de su potente individualidad.

Al recuperar nuestra alma, han vuelto las manifestaciones ingenuas y espontáneas de nuestras muchedumbres, de estas masas que en momentos oscuros para la Patria vieron claro el porvenir y que, andando por caminos difíciles, intuyeron cual seria la ruta que las conduciría a la realización de sus destinos. Merced a la fe y a la confianza del pueblo argentino, ha sido posible recuperar el brillo de las instituciones una vez desposeídas del moho que en ellas habían acumulado el egoísmo, la violencia y la mala fe.

Juntos hemos recorrido el camino de retorno a la normalidad constitucional, y al termino de la jornada, llevamos un convencimiento y una decisión; el convencimiento del daño que se ha causado a la Patria por los que han lucrado a su costa y a costa del esfuerzo de cada trabajador, y la decisión irreversible de no consentir nuevos atropellos. La decisión argentina de que jamás sea posible la entronización de la arbitrariedad y la injusticia es tanto mas irrevocable cuanto que se ha templado al fragor de una lucha despiadada, en la que han convergido tiradores procesadores de todos los vientos y emplazados a inverosímiles distancias, y que fue aceptada con la energía, serena y fría reflexión de los actos definitivos que comprometen al éxito absoluto o al fracaso total.

El Esplendoroso pronunciamiento del pueblo me autoriza a pedir y me mueve a esperar la colaboración de todos. La pido con la sinceridad y la humildad compatible con la dignidad con que un gobernante puede pedir para el bien de la Nación. No me guían intenciones ocultas, no hay ni jamás hubo doblez en mis palabras; nada desvía ni empaña la trayectoria de mis convicciones. Llamo a todos al trabajo que la Patria tiene derecho a esperar de cada uno. Quienes quieran oír, que oigan; quienes quieran seguir que sigan. Mi empresa es alta y clara mi divisa; mi causa es la causa del pueblo, mi guía es la bandera de la Patria.”