viernes, 16 de junio de 2017

16 de junio de 1955. La Marina arroja 6.000 kg de bombas irracionales contra el país

Eduardo Rosa
Miradas al Sur
Junio de 2014

(Nota completa de la versión parcial publicada  en Miradas al Sur, enviada por el autor Eduardo Rosa para la fundación Villa Manuelita)

El clima enrarecido del año 55

La historia da lecciones. Y si estas lecciones no la aprovechamos corremos el riesgo de volver a cometer los mismos errores.

Antes de continuar quiero advertirles que no deben interpretarse mis palabras mas que como el aporte de alguien que era muy joven y como tal era - y tal vez lo soy todavía, lo que sin duda es una inmadurez - muy apasionado en su forma de pensar y obrar.

Yo, en junio de 1955 tenía 18 años recién cumplidos. En mayo, una semana después de mi cumpleaños a unos compañeros y a mí nos había detenido la policía repartiendo volantes que nosotros mismos habíamos redactado e impreso en nuestro viejo mimeógrafo. El texto de los volantes era de poca importancia. Simplemente deslindaba del nombre Nacionalista a la actuación de la Alianza, convertida por entonces en un mero grupo de choque. Aclaro que yo militaba en la UNES, (Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios). Mis dos camaradas - menores de edad quedaron en libertad, en cambio yo, que ya había pasado por cinco días el umbral de los 18 fui por un mes al penal de Villa Devoto.¿Cuál era el delito?: "Atentado a la seguridad pública".

No fue esa la primera vez que me detenían y ni habría de ser la última. Pero no estamos aquí para relatar cosas tan insignificantes.

Me propongo primeranente descrbir el clima que había en los años 54 y 55, para entender -si fuese posible- las irracionales cinco horas del bombardeo y sus ecos subsiguientes.

La necesidad de rememorar esos acontecimientos es señalar que en esos años no solo hubo un encuentro entre los "buenos" y los "malos", que no solo hubo inconscientes que tiraron bombas con odio racial sino que también de nuestro lado se cometieron errores que costó muchos años restañar.

Tal vez para analizar con detalles los acontecimientos debamos remitirnos al 15 de abril de 1953, día en que la CGT convocó a la Plaza de Mayo para pedirle a Perón que pusiese coto a la incesante suba de los precios, atribuida a los que en esa época se llamaba "los agiotistas". Esa tarde explotaron en los alrededores de la plaza algunas bombas (no recuerdo si fueron cuatro). Lo llamativo era que eran bombas destinadas a amedrentar a los concurrentes, no hay otro fin explicable. El enemigo eran los peronistas, no ya Perón, no ya su entorno.... ERA LA GENTE.

Entre la gente que concurría a la plaza estaba yo, aún de 15 años. Cuando estallaron las bombas a nadie se le ocurrió moverse; no hubo pánico y corridas.... el grito de ¡LA VIDA POR PERÓN! comenzó a tener significado para mi pecho henchido de coraje adolescente... Y recuerdo que me puse a revolear una bandera que llevaba lo que sirvió para que muchos años después, ya de viejo me haya reconocido viendo las filmaciones hechas ese día.

Pero esas bombas no solo despertaron el coraje cívico de tanta gente. Marcaron la medida enorme del desencuentro. El objeto de estas bombas era provocar pánico, o es decir TERRORISMO.

Comprendimos que había gente que estaba dispuesta a enfrentar a sus adversarios políticos con otra herramienta que no era la política. Y esa noche hubo una respuesta similar: Fueron incendiados el Jockey club y las sedes del Radicalismo y el Socialismo. ¿Fue algo que se salió de cauce? ¿Quién ganó?. Pensamos ahora que nadie, pensamos que simplemente se estaba cavando una zanja cada vez más profunda que solo beneficiaba a quienes pudieran imponerse por las fuerza.

No sé -tal vez alguna vez se sepa- si este camino llegó a obnubilar el pensamiento de Perón, pero sin duda marcó a fuego tanto al peronismo como a la oposición.

Ya la racionalidad y la comprensión no tendrían lugar. Y dentro de un movimiento con fuerte tendencia al autoritarismo soberbio, como debemos admitir con culpa que era el Peronismo de principios de los cincuenta, los que comenzaron a cobrar importancia fueron los obsecuentes, los que creían ganar méritos interpretando "la media palabra" y adelantándose a hacer lo que ellos consideraban méritos.

No es explicable el 16 de junio de 1955 sin hablar del conflicto con a Iglesia. No nacen estas cosas por generación espontánea. Hubo un conflicto – como tantos que hubo en nuestra historia y fue muy mal manejado desde nuestro lado y muy bien aprovechado desde la vereda de enfrente.

He leído algunos intérpretes que hablan alegremente de una reacción de cierta jerarquía eclesiástica frente a leyes que no estaban dispuestos a admitir. Esto es una simpleza. Es poner el carro delante del caballo. Las leyes de marras, posteriores todas al conflicto,no hicieron otra cosa que agrandar una zanja que ya existía y que la oposición cavaba alegremente. Esa zanja ya no solo separaba a la clase trabajadora de la oligarquía. Estaba avanzando en forma horizontal, separando del peronismo a muchos que ingenuamente no estaban dispuestos a cambiar de convicciones religiosas, como parecía ser la consigna. Y la religión es tal vez la más profunda de las convicciones.

En su discurso del 17 de octubre de 1954 Perón señalaba tres enemigos: Los Políticos, los comunistas y los "disfrazados de Peronistas".¿Quienes eran estos "disfrazados"?, A poco lo supimos. Los enemigos - lo señalarían artículos publicados en La Prensa, por entonces en manos de la CGT eran "Los católicos". El 6 de noviembre sale un artículo titulado "Inquisición no es cristianismo", donde advertía sobre le "trabajo de infiltración" en el movimiento sindical y político y el 9 el secr. Gral de la CGT Di Pietro en una reunión plenaria vuelve a hablar de "infiltración" y llama a ejercer la máxima vigilancia para "no permitir la siembra de una semilla que pretenda desunir la clase trabajadora".

¿A que se referían estos artículos? ¿Cuál era la semilla que no debía dejarse crecer?. Todo parecía indicar que se trataba del naciente partido Demócrata Cristiano, de gran desarrollo en Italia y Alemania de entonces y cuya clientela se temía que sea reclutada dentro de la misma franja social en la que actuaba el Peronismo.

Se dice que era una iniciativa del Papa Pío XII quien impulsaba a la Democracia Cristiana para una europa amenazada por el avance comunista.
Allí comienza una cadena de errores y tonterías propagandísticas que Perón, viejo zorro de la política local debió haber previsto.

El primer gran error fue suponer que los dirigentes de Acción Católica argentina tenían capacidad para hacer algo serio fuera de la sacristía y de su corta preparación, en la que no era un dato menor el horror a la política y a la acción de los sindicatos.

Solo una minúscula fracción del catolicismo organizado eran los por entonces llamados "Círculos católicos de obreros", y este grupo tenía más de parroquia rezadora que de punta de lanza de clase.

Hicieron falta muchos años y un concilio y mucha reflexión y vuelta a las fuentes para que apareciesen los sacerdotes del tercer mundo y la opción preferencial por los pobres.

Disculpen que vuelva a mis recuerdos personales. Yo, por entonces militaba en un grupo en el que habíamos algunos Peronistas y otros que no lo eran. Los artículos de La Prensa y el clima que comenzaba a enrarecerse nos llevaron a reunirnos con un joven sacerdote jesuita en el colegio del Salvador. Recuerdo que mi aporte fue intentar armar una contraofensiva desde el lado peronista, para que - si estos artículos eran un globo de ensayo quién debía sopesar su impacto, que era el General Perón, tuviese espacio para dar marcha atrás. Pero me sorprendió la intransigencia tanto de algunos compañeros míos como del sacerdote.

No; se debían atacar frontalmente esos brotes desde la institución Iglesia. Por entonces yo tenía 17 años y mi argumento no convenció. Pero mi conciencia quedó tranquila - yo había hecho lo que podía, que era bien poco.

Así quedaron planteadas las cosas: Aparentemente Perón había señalado como "enemigo" a la Iglesia y esto ya había pasado a manos del nefasto Raúl Apold, secretario de informaciones que inmediatamente orquestó una campaña periodística de corte "come-curas". La campaña se ubicó en diarios como "Crítica" (donde seguramente aún quedaban plumíferos formados por Damonte Taborda, que tal vez fuesen los mismos que el 17 de octubre del 45 balearon a la multitud matando al Unista Darwin Passaponti).

Desde noviembre del 54 fue in crescendo una campaña muy sucia y muy primara en los diarios, donde se intentaba ridiculizar todo lo religioso, se fabricaban incidentes bochornosos protagonizados por curas vestidos con sotana - cuando se sabía que los curas y monjas, por órdenes de sus obispos vestían de civil. (Y permítanme una sonrisa cuando recuerdo a aquellas mujeronas absolutamente mal vestidas, con ropas regaladas que no correspondían ni a la moda ni a la estación, como eran aquellas monjas a las que los muchachos asustábamos diciéndole un piropo al pasar).

Pero mejor que yo veamos que dice un buen testigo de aquella época. Me refiero a Abelardo Ramos, al que no es posible tildar de clerical: "Luna (se refiere a Félix Luna) - afirma que en el enfrentamiento de Perón con la Iglesia, yo escribí en el diario "Democracia" una sección injuriosa titulada el "obispero revuelto", donde se vejaba sin límite los obispos. Eso es falso. ...Lo curioso es que esa sección escandalosa la escribían algunos periodistas sin definición ideológica, pero también algunos de ellos eran radicales, que trabajaban en el diario oficial del Presidente. Lo hacían como profesionales. Su larga experiencia había transcurrido bajo empresas distintas. En todas ellas se habían adaptado a la línea del diario. La suerte los llevó a "Democracia". En cuanto a los redactores verdaderamente peronistas de "Democracia", eran muy pocos y diría que se trataba de hombres intelectualmente calificados, algunos de ellos católicos, que precisamente veían con malestar el conflicto con la Iglesia y que no eran los más indicados para echar leña al fuego. A los que hacían el "obispero revuelto", por el contrario, el asunto los divertía. Eran indiferentes, como casi todos los radicales, a la problemática religiosa. En la agitada vida política del país, los periodistas de profesión de aquella época pasaban de un medio a otro... . Y escribían lo que les ordenaban escribir.(...) La crisis era muy grave y de ambos lados se tendía a desnaturalizar el debate... Al General Perón, por lo común tan lúcido y realista, se lo veía perturbado y fuera de sí. A su vez, no pocos obispos y gran parte de la iglesia parroquial habían perdido el sentido episcopal de la prudencia. Fue un episodio absurdo, que concluyó con la victoria de la partidocracia y la sinarquía. Fue el triunfo de los amigos de Luna, masones, conservadores, izquierdistas portuarios y enemigos del pueblo, la Nación y la Iglesia.", concluye Ramos.

Y la iglesia mordió el anzuelo; esa iglesia dinosáurica que pronto iría a ser sacudida por los vientos renovadores del concilio Vaticano II.

La idea era irritar, echar leña al fuego. Y así se impusieron leyes y decretos sin discusión pública previa, absolutamente innecesarios pero que marcaban un antes y un después. Una gran redada de homosexuales reales y supuestos se hizo para justificar que pocas horas después se hiciera la llamada "ley de profilaxis", que permitía la prostitución. Se cesantearon los sacerdotes que tenían cátedras y se cerró el diario católico "El Pueblo" encarcelando, a su director y a los principales dirigentes de la Acción Católica, No se permitieron pesebres símbolos o representaciones religiosas para la navidad de 1954, se suprimieron los capellanes de las cárceles, se cesantearon empleados públicos por llevar distintivos de acción católica, servicio sacerdotal de urgencia o cualquier otro símbolo religioso, se redujeron los feriados por cuestiones religiosas, se suprimió el juramento "por los santos evangelios" del protocolo oficial... en fin pareciera que la idea era que en la Argentina la religión católica era anatemizada.

Y ANTE ESTO, NUESTROS ENEMIGOS DE SIEMPRE, AQUELLOS QUE SE CONSIDERABAN PROPIETARIOS DESPOJADOS SE FROTABAN LAS MANOS.

El 11 de junio de 1955, día de Corpus Christi, la celebración religiosa, autorizada exclusivamente dentro de la catedral fue desbordada por una multitud calculada en 100.000 personas. Por supuesto que a nadie le cupo ninguna duda que a esa multitud no la convocaba su fervor religioso. Al día siguiente los diarios mostraban una bandera quemada supuestamente por esa gente. La enormidad de la acusación, descartable aún para un simple lector de novelas policiales, que ante el asesinato se pregunta ¿A quién beneficia?, hizo pensar que esa bandera había sido quemada a propósito para desprestigiar el acto que era indisimulablemente masivo. La extraña forma de combustión (aparecía en la foto de los diarios una bandera con un agujero quemado en el centro) hace creíble la hipótesis que esa bandera haya querido ser irresponsablemente usada para sofocar una llama votiva que por entonces había en el congreso. Lo cierto es que ya nadie quería la verdad. Las zanjas que dividían a los argentinos eran cada vez más profundas y ya no habría retorno.

Al día siguiente, fueron expulsados del país dos obispos, sindicados de ser los movilizadores del acto del día anterior.

Finalmente llegamos al aciago día del bombardeo. Jóvenes pilotos, cuya educación y modelos profesionales fueron las guerras internacionales -vistas el cine, se imaginaron disolver el MAL destruyendo y aterrorizando al “enemigo”, obnubilados por la idea de combatir contra algo diabólico, idea que era fomentada y acicateada por quienes no buscaban casualmente que "venza cristo", como “Cristo vence” que para vergüenza de cristo y de los cristianos verdaderos, habían pintado en las alas de los aviones que arrojaron 6.000 kg. de bombas y mataron niños, mujeres, radicales, obreros, empresarios, peronistas, y tanta gente que aún no se puede establecer su número.

El número correcto no quiso ser difundido oficialmente. Se impuso una censura de fotografías para no horrorizar ni exacerbar venganzas. Durante muchos años solo se oyó la campana de la sedicente “Libertadora” que campearía tres meses despúes y solo relataría una heróicas reacción de marinos que no pudo llegar a cumplir sus altos fines (solo tuvieron dos muertos y uno de ellos por suicidio) y una salvaje venganza de quienes tuvieron cientos de muertos “quemando las iglesias”.

Y sobre esto es interesante lo que trae Pedro Bevilaqua en su documentado libro “Hay que matar a Perón”.

Consigna Bevilacua el testimonio del periodista Ricardo Day, quién al pasar por San Nicolás, de cuya torre salía una densa columna de humo vio un grupo de bomberos forzando la puerta con una barreta y se preguntó ¿Los incendiarios cerraron la puerta con llave?. Investigó y supo que en las 8 iglesias quemadas (todas en el centro), las puertas estaban cerradas con llave. Que ningún vecino vió a nada paracido a una turba de asaltantes, Que preferentemente se había hecho fuego en las torres, para que el efecto chimenea MOSTRASE el incendio, Que en algunas se habían acumulado cajones y pedazos de cubiertas para hacer mucho humo, Que TODAS habían recibido un aviso el día anterior que no hubiese sacerdotes. Que los civiles complotados fueron advertidos que “se esperaba la quema de algunas iglesias, pero que no debían intervenir”. Y finalmente que salvo la curia, cuyo incendio se produjo por una bomba de aviación, el resto de los incendios había comenzado antes que terminase el bombardeo a la plaza.
La única explicación que el periodista Day encuentra a esto es que se quería mostrar los incendios para provocar la reacción de muchos militares que, aún siendo no peronistas – no estaban dispuestos a secundar a los terroristas sublevados.

Aquella noche, al calor del incendio de iglesias y el clamor de tantas muertes, Perón comprendió que se había puesto en marcha una maquinaria perversa y que debía ser detenida.

No sirvió para mucho la tardía apertura de las radios a la oposición ni sus llamados a la cordura. Pocos días mas tarde. El 30 de agosto cambiaba de rumbo, y con el famoso discurso de "por cada uno de nosotros caerán cinco de ellos" intentaba volver a reunir su desconcertada tropa y hacer un punto fuerte desde el que se pudiese negociar.... pero ya se habían cometido demasiados errores de ambas partes para solaz del imperialismo que nos tenía como un forúnculo a extirpar....

Ya los Argentinos estábamos sumergidos en la locura.

Por eso, como les dije al principio: LA HISTORIA NOS DEBE ENSEÑAR PARA NO COMETER LOS MISMOS ERRORES.