viernes, 5 de mayo de 2017

La liberación del campo nazi Mauthausen. Una traición multiple

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El 5 de mayo de 1945 las tropas estadounidenses entraron en el campo de concentración nazi de Mauthausen, donde los republicanos españoles recibieron a las tropas aliadas con el cartel: "Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras".
Los españoles presos en Mauthausen y Gusen recibieron con una pancarta a las tropas aliadas
Los españoles presos en Mauthausen y Gusen recibieron con una pancarta a las tropas aliadas

MADRID.- El 5 de mayo de 1945, las tropas estadounidenses liberaban la red de campos de concentración nazis Mauthausen-Gusen, por donde habían pasado cerca de 10.000 republicanos españoles. Los presos recibieron al ejército norteamericano con una enorme pancarta que rezaba: "Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras". Sin embargo, no habría liberación para los republicanos. 


El preso José Alcubierre relató la experiencia que vivió durante los días que siguieron a la liberación: "Los soviéticos se iban a Rusia, los franceses a Francia y los españoles nos quedamos allí, solos. Nadie nos quería, así que nos quedamos un mes en Mauthausen". 



De esta manera, la liberación del campo, sin embargo, no significó para los republicanos el final de la guerra comenzada en 1936. Muchos no pudieron volver a la España del franquismo y habrían de encontrar asilo en otros países, sobre todo en Francia, tras una etapa en la que fueron convertidos en rehenes de las tropas estadounidenses.

La geopolítica dejó, por tanto, a los liberados sin un hogar a la que regresar. Habían salido de los campos nazis con vida, pero eran apátridas.
De hecho, el soldado estadounidense Álvaro Rodríguez se refiere de esta manera a la suerte que corrieron los republicanos : "Algunos españoles empezaron a trabajar para nuestro ejército. Hacían de traductores, de conductores o, simplemente, limpiando las instalaciones. Sin embargo, poco después, les echaron porque decían que eran comunistas".


La mayoría de los republicanos españoles presos en los campos nazis habían combatido con Francia en la II Guerra Mundial y esperaban que los aliados les ayudaran a acabar con la última dictadura fascista de Europa, la del general Franco. Pero nada más lejos de la realidad. Los aliados determinaron que Franco ya sólo era un problema para los españoles y prefirieron no intervenir en España. Estados Unidos y Gran Bretaña ya solo pensaban en su siguiente enemigo, Stalin. La geopolítica dejó, por tanto, a los liberados sin un hogar a la que regresar. Habían salido de los campos nazis con vida, pero eran apátridas. 

Traicionados por la España del general Franco, que les había negado la condición de españoles y los había abandonado a su suerte; traicionados después por los aliados, que renunciaron a derrocar a Franco; y traicionados también por la España democrática, que fue incapaz de honrar y rendir homenaje a los miles de españoles que sufieron la barbarie nazi.   


El cordobés Virgilio recordó en declaración a Carlos Hernández en el libro Los últimos españoles: "La muerte de Franco y la llegada de la democracia fue una enorme alegría para todos nosotros. Pero, poco después, nos dimos cuenta de que nos habían dejado abandonados. Por eso nos llaman 'los olvidados', porque nadie se ha ocupado de nosotros.No le hemos interesado a nadie". Así fue y así sigue siendo. Los deportados españoles fueron víctimas del llamado "espíritu de la Transición", que más bien puede denominarse como la amnesia, la impunidad y el olvido de la misma.